Qué difícil es decir adiós

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Adiós creo que es la palabra que menos me gusta y una de las que más nos cuesta pronunciar del diccionario. Cuando nos despedimos, somos más de un ‘hasta luego’ o un ‘Nos vemos’. Incluso preferimos decirlo en otros idiomas, ‘Ciao’, ‘Au revoir’, ‘Bye’, cualquier otra palabra o expresión es buena, porque parece que no tiene el carácter definitivo de un adiós.

¿Cuántas veces hemos dicho u oído: ‘a mi las despedidas no me van’? De hecho, yo cuando me despido, siempre digo hasta pronto o cualquiera de sus mil variantes, antes que pronunciar un simple adiós. Siempre me da la sensación de que si digo adiós ya no volveré a ver más a esa persona.

Si incluso aceptamos a amigos en Facebook de los que no sabemos nada desde hace años y a los que luego ignoramos, pero los mantenemos en nuestra lista de contactos por si acaso. O los números de teléfono o direcciones de mail que no borramos, aunque no utilizamos nunca… es una manera de no despedirnos, de no decir adiós. Intentadlo, probar a borrar un número de teléfono de vuestro móvil, uno que no hayáis gastado en dos años, seguro que os cuesta.

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Un político no dice adiós, él se retira de la escena política (y siempre está disponible, por si acaso). ¿Acaso Rubalcaba la pronunció cuando anunció que se apartaba?

Un rey abdica, pero no dice adiós y hay que ver la que hay montada con su papel para el día después. Igual el hombre querría irse a disfrutar de su jubilación a Marivent o a otro lugar, pero aquí ya están trabajando en el perfil que tendrá como ¿rey padre?

Y en comunicación pasa lo mismo. Llevamos años despidiéndonos de los medios en papel, a favor del online, pero estos siguen aquí y no parece que vayan a desaparecer por el momento. También hemos intentando decir adiós a la publicidad tradicional, buscando nuevas estrategias, pero tampoco conseguimos abandonarla del todo. Todo indicaba que las redes sociales y los nuevos sistemas de comunicación iban a obligarnos a decir adiós a una costumbre tan buena como es quedar a tomar una cerveza con los amigos simplemente para charrar, pero tampoco lo han conseguido.

Adoptamos muy rápido las novedades, pero las viejas costumbres están tan arraigadas que nos cuesta abandonarlas, no sabemos decir adiós.

Y por eso cuando llega el momento de despedirse de verdad de alguien no podemos hacerlo. No nos sale la palabra. Y buscamos refugiarnos en recuerdos, en amigos comunes, en las fotos, para mantener la ilusión de que una parte de esa persona sigue con nosotros. Pero no es más que una ilusión y hay que decirle adiós. Llorar su pérdida, recordarle con todo el cariño del mundo, asumir que ya no está y soportar el dolor cuando quieras contarle algo y no puedas, cuando quieras ir a alguna parte y sea sin él. Es difícil decir adiós, pero es necesario para seguir adelante.

 

P.D.: Sé que no te gustaría esta canción y me llamarías DJ Muermo, pero así soy yo y esta es mi manera de decir: “Adiós José, te echaremos muchísimo de menos”.

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Dos años contigo

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Y comenzamos una segunda quincena de noviembre, allá por 2011.

Y dijimos quienes somos y reflexionamos sobre la idea de por qué, ahora, un blog.

Y cumplimos nuestro primer mes en la blogosfera e incluso, con el tiempo nos planteamos hacerlo mejor, otra cosa es que lo consiguiéramos y hasta cerramos por vacaciones, como cualquier negocio que se precie y dejamos a la audiencia con unos minutos musicales.

Y en esto que celebramos un año de blog y nos hicimos buenos propósitos de Año Nuevo.

Y hasta juntamos 100 post en uno, para luego salir y buscar bloguero/a. 

Os dijimos a cada uno: pon un blog en tu vida y disfrutad de lo bueno que es que te premien.

Y así llegamos a los dos años y me voy sacudiendo poco a poco el pudor que supone que te lean amigos, incluso, familiares, hermanos y hasta mis propios padres. Así es la red, lanzas un mensaje anónimo, cuasi privado, en una botella, sin importar en manos de quien caiga o quien lo lea, pero es algo que te cuesta expresarlo cuando a este espacio se acercan también ‘los tuyos’.

¡Qué lujo que te felicite el Gatopardo!

¡Qué lujo que te felicite el Gatopardo!

Microrrelato

Y así sumaron los dos años. Se conocían de mucho antes, de buen rollito, pero sin más. Y de repente, una tarde sin saber porqué se miraron de manera diferente y ambos cayeron en la cuenta de ello. Pero se dejaron llevar y una mano rozó otra mano y sus voces se susurraron al oído, y él la atrapó entre sus brazos y ambos se rindieron a sus sentidos.

Y así sumaron los dos años, enredados, íntimamente ligados, unidos por un lazo invisible que les impedía alejarse el uno del otro.

Y cumplidos los dos años les asaltó el raciocinio. Ambos recuperaron su camino. Uno con paso más firme que el otro, pero convencidos.

Es lo que tiene el amor cuando se enfrenta a la razón, casi siempre pierde.

¡Larga vida, pues, al blog!

El imparcial del señor Ansón

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La objetividad en la comunicación es una falacia. Las personas somos subjetivas porque tenemos sentimientos y memoria por lo que difícilmente no añadiremos aspectos personales a nuestra percepción del mundo.
Me da por preguntarme por qué le pedimos entonces objetividad a la prensa. Cabe cierto grado de imparcialidad/objetividad (¿es lo mismo? tal vez otro día reflexione sobre eso?) en la narración de los acontecimientos sucedidos pero, ¿en los artículos de opinión?
El señor Ansón (a quien no le preocupa que le quiten la tilde) lidera una cabecera con El Imparcial por nombre. No sólo me parece presuntuoso sino que, al incluir columnas de opinión, falta a su nombre. Además de velar el mensaje de que el resto de medios no lo son. ¿Se entiende así o estoy hilando muy fino?

25anson_d No, no me he molestado en leer El Imparcial. ¿Por qué debería hacerlo?