De fotos y otras historias

Las redes sociales llevan dos semanas alteradas por culpa de las fotos. Y las entiendo, porque últimamente nuestros políticos parecen entusiasmados con transmitir cercanía y demostrar que son personas como tú y como yo, pero el tiro les está saliendo por la culata.

Y si no que se lo pregunten a Rajoy, que la semana pasada fue la estrella, no una sino dos veces con sus fotos. Primero con Sarkozy y luego con la cena homenaje al rey Juan Carlos, no solo no consiguió el efecto que buscaba, sino que fue el objetivo de muchos memes y centro de las burlas en Internet.

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Pero además, es que las fotos estaban mal hechas. Sin un buen enfoque, sin controlar la luz ni el espacio… eran como las que nos hacemos cualquiera de nosotros una noche de fiesta. Está bien que los políticos traten de demostrar que hacen las mismas cosas que nosotros, pero por favor, con un poco más de buen gusto. Que ahora se pueden hacer tantas fotos como se quiera hasta que haya una en la que salgan todos bien (la cara de agobio del rey en la foto es demasiado, ¿tanto costaba repetirla y que saliese con una imagen más relajada?).

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Esta semana, las fotos que están dando más juego, al menos por estos lares, son las de Ximo Puig y su sofá. La imagen que transmiten es mejor que las de los sillones separados de antes, hay más cercanía entre los interlocutores y menos formalismo. Pero, ¿no había otro sofá en la Generalitat? Si la respuesta es no, se descuelga el teléfono y se pide a alguna empresa valenciana (que mira que hay) que mande uno de exposición, seguro que en 24 horas tenían uno en modo préstamo.

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Pero además, en las imágenes se puede ver a un Puig que todavía no está cómodo con en su nuevo puesto. El lenguaje corporal habla por si solo. Juan Roig y Goirigolzarri están relajados, sentados como si fueran ellos los anfitriones, mientras que Ximo Puig parece el invitado (bueno, casi se podría decir que eso es así, no nos engañemos).

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Y hablando de imágenes, otro que ha dado mucho que hablar ha sido el renovado logo del PP. Están que se salen, entre declaraciones, logos y fotos las redes sociales están más felices que nunca por el juego que les están dando.

El resto de los partidos son más comedidos en este aspecto, aunque siempre nos queda Pablo Iglesias, que últimamente tiene que convivir entre el aparente rechazo de Tsipras, con lo que se querían, y sus problemas con Air Nostrum. Todo ello contado, comentado y adaptado en las redes sociales, que están disfrutando de lo lindo con el filón que pueden suponer estos meses que quedan hasta las elecciones generales.

Nuevos tiempos, viejas formas

Las elecciones autonómicas y municipales han cambiado el panorama político. Nuevos partidos, más fragmentación en los parlamentos y nuevas formas de entender la cosa pública. En definitiva, un soplo de aire limpio que buena falta nos hacía. Y un toque de atención a todos los poderes (no solo a los políticos): los ciudadanos ya están hartos de que se olviden de ellos y que no se preocupen de lo que de verdad importa (y lo que importa no son los pitidos en la final de la Copa del Rey).

Sin embargo es difícil perder las viejas costumbres y están apareciendo comportamientos, tanto en unos como en otros, que me hacen dudar de las buenas intenciones de nuestros gobernantes. Sigo viendo soberbia, afecto por la vara de mando y afán de protagonismo, cuando lo que los ciudadanos han dicho claramente es que todo eso desaparezca.

Y si no echen un vistazo a la prensa. En Barcelona, Xavier Trias, que en un principio había reconocido su derrota frente a Ada Colau, dio marcha atrás y aseguró que contaba con el apoyo del PP para formar gobierno con PSC y ERC… La cuestión es no perder el poder, aunque para ello haga falta hacer pactos contra natura.

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Otro ejemplo. Esperanza Aguirre y sus ocurrencias. La última su afirmación de apoyar un gobierno de concentración, en el que estaría incluida Carmena, pero sin que salga adelante la propuesta de los soviets. ¿Soviets en el sigo XXI? Sé que los de Podemos (o Ahora Madrid en este caso) son de izquierdas, pero que yo recuerde no he escuchado esa idea a ninguno de sus líderes. Eso sí, jugar con el miedo y el que viene el coco puede dar buenos resultados, pero ¿de verdad quieren entrar en ese juego con todo lo que está pasando en su partido? A mi ese coco me da más miedo que la suposición, imposible de realizar pero eso es otro debate, de que lleguen los comunistas.

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Y para que no me tachen de partidista pongo un último ejemplo: Mónica Oltrá y Ximo Puig y su pelea por el sillón de la calle Caballeros. Un tira y afloja para ver si gobierna la lista más votada o la que más tirón ha tenido. Una pelea en la que parecen olvidar que lo que deben hacer es ponerse de acuerdo en el programa de gestión de estos cuatro próximos años y no en el nombre del presidente o presidenta de la Generalitat.

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Podéis tacharme de inocente, pero esperaba más elegancia y educación de unos y otros. Aceptar la derrota y la victoria de manera sosegada y reflexiva no haría mal a nadie. Al fin y al cabo, aunque se ha producido un cambio, tanto PP como PSOE siguen siendo con diferencia las listas más votadas y hay que seguir contando con ellos, guste o no. Y los partidos minoritarios, aunque han ganado mucho poder, siguen siendo eso, minoritarios. Que la victoria no se les suba a la cabeza, pues tienen mucho que perder si se equivocan. Y que la derrota no devenga en actitudes revanchistas y de no facilitar la transición, porque a la vuelta de la esquina hay otras elecciones y pueden seguir cayendo en picado.