Un Cuento de Navidad (parte II)

Recordad que dejamos a Pilar en plena calle (ver parte I) a escasas dos horas de la cena de Nochebuena, sin sus compras, sin móvil, sin zapato… sin ganas de nada:

De pronto escucha una voz familiar que le dice: ¿Te puedo ayudar, Pilar? Y suena a música celestial. Una voz fuerte y una mano que se posa en su brazo. ¡Es Josep! ¿Cuánto hace que no lo veía? ¿Cuánto hace que lo dejó? ¿Cuánto que lo desterró de su pensamiento?

Fin de la primera parte

Parte II:

Aquella tarde Josep la acompañó a los comercios. Pilar estaba presa de un estado de nervios y en shock al toparse con su inesperada y ¿olvidada? presencia y ella recogió todos los encargos, mientras él se ofreció a pasar por una zapatería cercana y hacerse con un par de zapatos de su número, sacar el coche del parking y lo más insólito, conseguir poner de nuevo operativo su móvil tras acercarse a una tienda de su compañía. Él siempre fue así de dispuesto.

Apenas hubo tiempo de hablar, Josep le entregó las llaves del coche, su móvil resucitado y un par de zapatos nuevos, de sobra conocía sus gustos. Se despidieron con un beso y un ligero abrazo amistoso. Ni un quedaremos, ni dame tu número, tan sólo un sencillo y sincero:

–          Feliz Navidad, Pilar.

–          Feliz Navidad, Josep.

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Josep transmitía en su rostro serenidad y alegría por el fortuito encuentro y Pilar, ya algo más relajada y, sobre todo, muy agradecida, aún no salía del todo de su asombro. Pero cual Cenicienta que escucha sonar las campanadas, salió corriendo a la cita con los suyos.

Ya en casa, Pilar, se recompuso como bien sabía hacer por fuera, sin mostrar qué cuerno le pudiese suceder por dentro y se refugió, de nuevo, en su rol de madre, esposa y anfitriona perfecta.

La aparición inesperada de un antiguo amor volvía a diluirse en la noche de los tiempos, o eso creía, o eso pensaba o ¿eso es lo que quería?

Hasta que antes de sentarse a la cena, mientras disfrutaban del aperitivo, el mayor de sus hijos que le había cogido el móvil le dijo:

– ¡Mami, qué curiosa esta app nueva que te has instalado hoy! Ya me explicarás para qué sirve.

– ¿Cuál tete? –le responde su madre.

– Pone ‘TND’ -explica el adolescente.

– No sé cual me dices, cariño –insiste Pilar.

– Son las siglas de ‘Todo lo que Nunca me Dijiste’ -concreta el listillo de su hijo.

Pilar se quedó de piedra y ruborizada, mientras se hacía un silencio entre el resto de comensales que supo cortar su marido:

– Tete, ya sabes lo tecnológica que es la mami, pero ahora todos a la mesa y ya dejaremos que nos lo cuente en los postres…

Y los compases de fondo que dejaban escuchar un melancólico ‘ordinary day’ subieron de tono. El CD de Perry Blake fue un regalo de Josep y Pilar lo puso inconscientemente, mientras todos ocupaban su sitio en la cena de Nochebuena.

Un cuento de Navidad (parte I)

(Se aconseja acompañar lectura con audio final)

Deja apresurada el despacho. Cuando apaga las luces y sale al rellano ya es noche cerrada. La iluminación navideña de la calle le devuelve una luz especial al frío ambiente que se respira y le hiela la cara. Los comercios apuran su hora de cierre y en todas las esquinas le llegan entrañables melodías navideñas. Pero se agobia, al recordar los encargos que debía cumplir antes de llegar a casa. Enumera mentalmente: el salmón marinado, los salazones, el vino  blanco,  los frutos secos… ¿qué más? pensó… y los regalos, el que le correspondía hacer a ‘su amigo invisible’, otra vez su cuñada, ese tutorial vivo de ‘marisa vidilla’ por dios, pero y qué más…

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Los tacones no son buen aliado para sortear las duras aceras donde ya se acumula algo de nieve o lo peor, hielo, pero el glamour siempre fue así de exigente. Ataviada con guantes, foulard, abrigo, el preceptivo ‘sac’ donde cabe encontrar de todo menos lo que buscas y un ‘pies quietos’ repentino al cambiar el semáforo a rojo. Momento que aprovecha para buscar la lista de encargos en el bolso. Pasan los segundos y su desespero va en aumento mientras sigue escarbando en ese bolso de ilusionista sin fondo. Semáforo verde para peatones y la lista no aparece. “¡No pasa nada!” Se dice sin convicción. Ha pasado las notas a su smartphone y se detiene, mientras bullen las calles de transeúntes acelerados. Y al sacar su móvil un ligero empujón de un viandante es el culpable de que esa pieza de última tecnología sin la que ya no somos nadie se le desprenda de su mano izquierda y dé con sus elementos en el frío y gélido suelo. Como si de un transbordador espacial challenger se tratara, la parte delantera se desprende de la tapa y esta a su vez de la batería; tres cuerpos extraños esparcidos por el suelo y un gesto rápido y preciso que se apresta a recogerlos.

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Lo monta con ciertos nervios pero el móvil parece herido de consideración. Es Nochebuena, su marido y los niños se encargan de preparar el salón y de decorar la mesa. Ella debe llevar el grueso de la cena, acuden sus suegros y las dos hermanas de su marido con sus respectivas parejas. Nunca pensó que casarse con el marido perfecto implicara tener la suegra y las cuñadas perfectas (ironía). Cena para diez a las diez y ya son casi las siete. Cansada y agobiada su nerviosismo va in crescendo. Calcula: está a diez minutos andando de las tiendas, de las que tendrá que volver al parking donde tiene el X1, diez minutos más y a veinte minutos de casa en coche, en el mejor de los casos. En el trabajo le ha resultado imposible ahuecar antes, son días de cierre de balances, pese a que, ingenua de ella, pensaba tomarse la tarde libre. ¿Es necesario todo esto? se pregunta acongojada. Demasiado agobio y esfuerzo para tener que cenar con su familia política, lo piensa, pero siempre negará reconocerlo en público, es una norma de politesse que tiene bien aprendida como esposa ideal y mejor madre. Era todo tan fácil cuando se trataba de su propia familia y su madre lo coordinaba todo…

Comienza a andar y su tacón derecho se incrusta en una rejilla y éste parece gemir de dolor mientras ese preciso punto señala el final de su taconeo. Todo acompañado de un traspié que le hace dar con sus rodillas y manos en el suelo. Se alza ya con menos vigor que cuando había recogido el móvil y queda muy tocada física y mentalmente. Ahora qué hago, qué hago, no voy a llegar, no puedo más… se dice para sí.

De pronto escucha una voz perdida en el tiempo pero íntimamente familiar que le dice: ¿Te puedo ayudar, Pilar? Y suena a música celestial. Una voz fuerte, acompañada de una mano no menos fuerte que toma su brazo. ¡Es Josep! ¿Cuánto hace que no lo veía? ¿Cuánto hace que lo dejó? ¿Cuánto que lo desterró de su pensamiento? …

Fin de la primera parte.

 

La comunicación cívica o cínica

Tengo la extraña sensación de que cuanto más les exigimos a las marcas ese esfuerzo por desarrollar con sus públicos una comunicación personal, que enganche, emocione, que nos despierte los sentidos, que nos llegue… más alejados estamos nosotros de predicar con el ejemplo en nuestra vida cotidiana.

¿Sentimos en directo o sólo lo expresamos de boquilla, o por guaxap? donde es más fácil plasmar nuestra sensación con un emoticono que expresarlo a través de nuestras propias carnes.

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Sigo sin saber si ganamos o perdemos con el paso del tiempo. Desde luego nadie tiene aprendido como desenvolverse, por ejemplo, en un hospital, tanatorio o cementerio, pero me enojan esos comportamientos inmaduros tipo: ‘yo no voy a hospitales, me dan grima’. Está claro que cada uno tendrá sus razones. A veces nos enfrentamos a situaciones extremas y difíciles para las que no hay palabras que aporten consuelo.

Pero tengo la sensación que hay cuestiones que exigen dar la cara y últimamente nos servimos de canales o medios que nos parapetan y nos hacen el trago más llevadero, pero ¿aprendemos con ello o sólo nos sobreprotegemos?

Cuando la comunicación se vuelve esquiva, cuando utiliza otros derroteros nos aleja de nuestro entorno y nos hace por decirlo de alguna manera… más cínicos. Y desde luego, cínico es exigirle, por ejemplo, a las marcas (porque les pagamos) algo que nosotros podamos estar perdiendo.

Nos conmueven los sucesos de Lampedusa, nos ha abatido la marcha de María de Villota (tremendo artículo de mi amigo Fernando Miñana), el trágico y aún inexplicable final de Asunta. La red y los medios convencionales descargan comentarios, especiales, suplementos, homenajes y todos nos sumamos a ese duelo. ¿Pero respondemos igual cuando la tragedia llama a la puerta de al lado, sacude a nuestros vecinos, a parientes o amigos?

Ya no sé si es un mecanismo de defensa el que activa nuestro organismo, pero la estrategia que adoptamos es la de pasar rápido por ello, superarlo porque se hace imposible vivir con ello. Quizá eso nos disculpe a todos, pero no olvidemos que no se le puede racanear un abrazo a un amigo que no halla consuelo.

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Yo apuesto por la comunicación cívica frente a la cínica. Cada día aprendo a comunicar para lo malo y para lo bueno. No es fácil. Creo que eso nos forma, nos forja y pese a lo que puedan creer los reservados, esa falta de pudor nos hace más humanos, más enteros. Es la manera más básica de comunicar: dejar aflorar nuestros sentimientos. Es como coger un DAFO y despedazarlo hasta convertir la debilidad en fortaleza.

PD: Hoy he sabido que un mochuelo que inició su migración desde Silla (Valencia) hacia tierras más duras (norte de Europa) recorrió casi 5.000 kilómetros, para sorpresa de especialistas que le colocaron un chip. No habían imaginado que este tipo de ave rapaz, nocturna, pesada, pudiera recorrer una distancia tan grande. La noticia tenía el punto positivo del caudal de conocimiento adquirido por parte de biólogos y ornitólogos sobre esta especie de aves. El dato triste: el chip había permitido hallarla, aunque sin vida ya que fue víctima de un atropello por un vehículo en tierras rusas.

Y dirán ustedes qué tendrá que ver todo esto con lo anteriormente expuesto. Pues mi mente ha activado enseguida ese mecanismo de autodefensa que nos permite sobrellevar las noticias luctuosas de los informativos y he imaginado al mochuelo recorriendo toda Europa a ras de cielo, surcando el Sistema Ibérico, cruzando el Ebro, sobrevolando los Pirineos, disfrutando de las brisas del Loira, pernoctando en la Selva Negra, compartiendo experiencias con otros mochuelos en Polonia y cruzando Bielorusia hasta adentrarse en la estepa rusa, donde seguro se reencontró con los suyos y descansó tras tan largo viaje. Seamos positivos y comunicativos: ¡Cuánto mundo vio el mochuelo! 

Mi doble en las redes

Accedió al exigente mundo de las redes como casi todos, en plan autodidacta. Fue creando sus perfiles, ganando amigos y seguidores, ‘alimentando’ sus cuentas, generando movimiento. En definitiva,  conociendo y dejando conocerse.

Así fue transitando en su día a día digital. Compartiendo, comentando, en plan ‘me gusta’, retuiteando… Y añadiendo algunas nuevas amistades, siguiendo páginas afines, acercándose a sus marcas favoritas. Todo ello alternando periodos inactivos con otros de mayor presencia, como todos.

Y así fue creciendo virtualmente, pero sin que su vida digital perdiera el tono gris que ya había adquirido su existencia analógica. Y así fue, como digo, hasta que un día, comprobó que en twitter tenía un nuevo seguidor, no uno cualquiera de los apenas 20 que tenía. Uno diferente. Y constató que en linkedin tenía una invitación, una distinta, del mismo seguidor que había ganado en la red del ‘pajarito’. Y justo ese día recibió una solicitud de amistad vía facebook. Pero no como tantas otras de marcas, juegos, conocidos o de conocidos de conocidos… Se trataba del mismo perfil que en las otras redes ya se había manifestado.

¡Qué raro! Pensó. Otras veces había ignorado solicitudes de desconocidos y esta lo era, pero empezó a ver cosas que le resultaron familiares. Y se detuvo a ver esa petición especial en face, y pese a no contar con ningún vínculo con él, le resultó extrañamente familiar el nombre, misteriosamente reconocible su foto; e igual de extraña su mirada, que parecía clavarse desde la pantalla en sus propios ojos. Y sin dudarlo, pero sin aceptar aún su solicitud de amistad, comenzó a indagar en su perfil público.

No podía ser verdad lo que veía. Guardaba un extraño parecido con él, pero a diferencia de su persona, aquel contaba con abundante pelo y no se escondía tras unas aparatosas gafas. Curiosamente su perfil era bastante público. Vivía en la capital, era director general de una compañía de energías renovables, lucía un traje ajustado sin corbata, tenía una relación estable y tres hijos, apasionado de los deportes de riesgo, coleccionista de arte y vehículos antiguos.

Vaya, todo lo que él había anhelado y curiosamente había perdido o simplemente, no había alcanzado.    

Mi doble en Los Alpes, 1967

Mi doble en Los Alpes, 1967

En cambio, Miguel Pérez, como así se llamaba el sorprendido y metido a investigador internauta,  estaba separado, con una hija que apenas veía, con más entradas que pelo, lentes de aumento y gris, muy gris. Ejercía como mando intermedio, sin posibilidades de ascenso, en una compañía tan gris como él.

¿Qué querría de él su clon, Bruno P. (de Pérez, podía ser) de los Cobos? (¿quién iba a omitir en cambio este segundo?). Sin relación de parentesco, amistades comunes, sin vinculaciones posibles… Era como su alter ego, pero mejorado, más cool. Desde luego, su versión premium.

Miguel se apartó de la pantalla asustado, superado por la situación y abortó la consulta. Le ‘atrapó’ pensar que pudiera circular por la red un doble de sí mismo. Eran dos clones, exactamente iguales salvo honrosas cuestiones de estilo y de cuidado respecto al paso del tiempo.

Con el paso de los días obvió las peticiones de su alter ego y no se atrevió a comunicárselo a nadie. Tampoco es que tuviera muchos amigos. Ni siquiera a su psicoterapeuta del área de Salud Mental, ese uruguayo excéntrico que triunfaba en el barrio, precisamente por sus rarezas a la hora de desarrollar tratamientos.

Una noche recibió un mensaje privado de Bruno advirtiéndole que viajaba a Palencia por trabajo y que sería una ocasión idónea para, definitivamente, conocerse. Miguel dudó hasta el último momento, y el día de antes respondió con un frío monosílabo accediendo al encuentro. La curiosidad le pudo.

Entró en la cafetería acordada, se sentó en la última mesa más alejada de la barra y mientras iban cayendo lentos los minutos, cada vez se sentía más nervioso y contrariado. No vio entrar a nadie que se le pareciera. Finalmente, agachó la cabeza y hundió su mirada en los restos de la taza de café. En ese momento una voz familiar le preguntó:

¿Esperás a alguien, Miguel? ¿Quisás a Bruno?

Miguel alzó la mirada ya relajado. Y su psicoterapeuta  continuó:

¡Vos podés componer una mejor versión todavía de Péres de los Cobos! Llevo meses indicándole el camino que no querés ver. Recupere su mejor versión, no renuncie a su funsión de padre, saque sus ideas del cajón en la factoría… Sea un poco Bruno.

Aquella tarde Miguel recuperó algo que había extraviado hacía tanto tiempo que no sabía ni que un día lo tuvo: autoestima.

Y el uruguayo, por su parte, perdió un paciente.

 

Violencia de género vs violencia machista

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En poco más de 24 horas han sido asesinadas 4 mujeres la semana pasada.

Las estadísticas de los últimos 10 años son en 2012, 49, en 2011, 61, … 73, 56, 76, 71, 69, 57, 72 y en 2003, 71 víctimas. Poco mas de una por semana.

Cómo yo soy de ciencias no tengo muy claro la diferencia entre los dos conceptos.

Los políticos y, a veces, los periodistas utilizan indistintamente violencia de género y violencia machista así que he decidido enterarme.

Las primeras sensaciones son que lo de género hace referencia a masculino/femenino y que violencia machista hace referencia a que todos los hombres somos unos asesinos.

Mas de una mujer por semana acaba en el cementerio asesinada. De vez en cuando algún hombre también.

Mas de una mujer por semana acaba en el cementerio asesinada. De vez en cuando algún hombre también.

Sólo sensaciones, veamos en la RAE.

género.

  1. m. Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes.

No me aclara mucho pero parece que se refiere al género humano.

El María Moliner me lo complica aún más:
2
 Biol. Grupo taxonómico formado por especies que presentan características similares; es una categoría superior a especie e inferior a familia.

Veamos en la Wikipedia que ya nos lo cuenta todo de una tacada.

Violencia de género:

La violencia de género es un tipo de violencia física o psicológica ejercida contra cualquier persona sobre la base de su sexo o género …

… normalmente se la asocia a la violencia contra la mujer, aunque no son sinónimos …

… no toda la violencia contra la mujer puede identificarse como violencia de género, ya que el término hace referencia a aquel tipo de violencia que tiene sus raíces en las relaciones de género dominantes existentes en una sociedad, por lo que es habitual que exista cierta confusión al respecto …

Esto me deja más tranquilo, lo de la confusión.

Vamos a ver que es eso de la violencia machista.

Primero la RAE.

machismo.

  1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.

prepotente.

  1.  adj. Más poderoso que otros, o muy poderoso.
  2.  adj. Que abusa de su poder o hace alarde de él.

Esto si me queda muy claro: violencia por parte de un varón hacia las mujeres abusando de su poder.

Y me pregunto, ¿habrá violencia feminista? ¿Que es eso del feminismo?

feminismo.

1. m. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres.

2. m. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.

Esto me deja más tranquilo: soy feminista y no soy machista. De hecho muchas veces sé que las mujeres sois superiores en muchos aspectos, excepto en la fuerza.

Cantidad de mujeres viven atrapadas sin denunciar a sus maltratadores.

Cantidad de mujeres viven atrapadas sin denunciar a sus maltratadores.

Yo creo que  nos complicamos demasiado la vida. Al pan, pan y al vino, vino.

imbécil.

1. adj. Alelado, escaso de razón.

Imbécil no es un insulto, es un adjetivo que refleja claramente lo que quiere decir.

¿Porqué no somos tan claros con toda esta panda de hijos de puta y les llamamos por su nombre? ¿Porqué complicamos tanto la comunicación?

A mi se me ocurren un par de palabras que los dicen muy clarito:

asesinar.

1. tr. Matar a alguien con premeditación, alevosía, etc.

homicidio.

1. m. Muerte causada a una persona por otra.

3. m. Der. Delito consistente en matar a alguien sin que concurran las circunstancias de alevosía, precio o ensañamiento.

Más protección, mejores leyes y menos palabrería rara.

Lo dicho: Al pan, pan y al vino, vino.

Mejor legislación una justicia más ágil y mas protección.

Mejor legislación una justicia más ágil y mas protección.

¿Novela negra o literatura fúnebre?

Necropolis de Argiñeta

Siempre puedes elegir entre la literatura funeraria y la novela negra. Necrópolis de Argiñeta, Elorrio, Bizkaia.

Todo empezó el puente de Todos los Santos de 2012.

En mis manos cayó un libro “Aquí yace … o no”, el libro que tienes que leer antes de morirte, de Marta Sanmamed. Estaba calentito, recién publicado y con la tinta todavía húmeda.

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de Marta Sanmamed

Marta toca todos los temas … fúnebres, sólo con leer el índice te puedes morir de la risa, pero la historia de las esquelas de El País de cada 21 de marzo -recordando a Elena Lupiañez Salanova- es realmente interesante.

Encuadernada para morirte de gusto excepto el efecto de las fotos, en blanco y negro sobre el papel color crema, que pierden mucho con ese fondo.

En temas fúnebres lo de las fotos no está arreglado porque los autores en muchos casos no se pueden recorrer todos los cementerios, o no son fotógrafos profesionales, por lo que tiran de imágenes facilitadas por otros. Además los cementerios no tienen por que ser los sitios ideales para hacer fotos alegres, con mucha vidilla.

Jesús Pozo escribe “De cuerpo presente”, Vida, anécdotas y curiosidades de 13 sepultureros. Yo creo que le sobra uno porque con Fray Tobías, el fossor poeta, me da la sensación que se rayó un poco. Jesús nos explica en el glosario que cadáver es “el cuerpo humano durante los cinco primeros años siguientes a la muerte”, en cuanto cumples ese plazo te conviertes en resto cadavérico, que suena peor incluso.

Así que ya sabes, al morir nos dividimos en dos. El cuerpo se convierte en cadáver y a los 5 años (si no te han incinerado) en restos cadavéricos. El alma se va por otro lado y puede acabar en 4 lugares diferentes que son el cielo, el infierno, el purgatorio o seguir vagando por este mundo como un fantasma.

Me atreví con un tercero de Nieves Concostrina, “Polvo eres”, con una gran colección de esquelas, epitafios y anécdotas aunque las fotos … lo dicho antes. Una especie de Celtiberia Show de Luis Carandel, pero en siniestro.

Sinceramente hay que disfrutar poco a poco este género literario que es la literatura fúnebre, un género atípico. Me quedo con ‘Aquí yace…’ si tengo que elegir.

Para otro puente he dejado los libros de Paco Belmonte, sepulturero y escritor.

De ahí decidí pasar a la novela negra, por dar un poco de alegría a mi experiencia literaria que estaba un poco gris en esos momentos. Y me atreví con 3.

Por cierto si quieres saber algo de detectives y de sus autores este es tu blog  del cacereño Eugenio Fuentes.

Leí una novela de Raymond Chandler del detective Philip Marlowe, un clásico. Fuera de las películas no sabía que existiera Marlowe: un clásico delicioso. No recuerdo el título.

Después leí “Tatuaje” de Manuel Vázquez Montalbán con el detective Pepe Carvalho con el que disfruté desentrañando los misterios de un asesinato.

Y por último leí “Los que hemos amado” de Willy Uribe, una novela de dos surfistas de Getxo que en los años 80 viajan a Marruecos a hacer surf (o es a comprar hachis?) y … más muertos que en una película del Oeste. Willy ya lo dice, “Trataré de explicarte lo que pueda, aunque Sergio Santos era un tío muy complicado”.

Ahora he decidido pasarme a la novela negra nórdica, la trilogía de Stig Larsson a base de:

  • Los hombres que no amaban a las mujeres.
  • La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina.
  • La reina en el palacio de las corrientes de aire.

Este autor tuvo la mala pata de morirse justo antes de publicarse la primera de ellas, en fin.

De todas formas como ya las leí en su día voy a re-visionar los DVDs de las tres películas: cine sueco, planos cortos, la “alegre” Noomi Rapace y pocas sonrisas. No va a ser la alegría de la huerta pero … al leer el título de esta entrada, ¿te esperabas algo más alegre?

La Fatiga de Facebook, o no?

Facebook, que fatiga!

Facebook, que fatiga!

Hace ya tiempo que me ocurrió. Fue en una cafetería en la que coincidimos con unos vecinos a los que no habíamos tratado casi. Habían trabajado y viajado por países exóticos como Irán (cuando era Persia?) y algunos mas del lejano oriente.

Ella era guapísima, morena, alta y con esas cosillas en el pelo como las que se ponía Bo Derek en la película 10! Muy elegante, tranquila y callada.

Hablábamos de países lejanos y hubo un momento en que pregunté como eran los (el gentilicio es inventado, se refería a otro país) coreanos. A ella se le descompuso la cara, se le pusieron los pelos como a Pipi Calzaslargas, le saltaron los chirimbolos del pelo y habló con voz muy fuerte, casi gritando

¡las coreanas (inventado) son unas “@#π~™©øϕ”! y no volvió a hablar.

Recientemente me he encontrado en varias ocasiones con parejas de recién casados de unos treinta y tantos. Cuando sale el tema Facebook a alguna de ellas se le reproduce el “efecto Bo Derek”, echa pestes de Facebook mientras su marido aprovecha el momento para ir a atender a los niños balbuceando algo así como “pero si es por motivos profesionales, soy community manager …”.

Me ha pasado también con señoras en los cuarentas y en los cincuentas.

Pero que está ocurriendo con Facebook, que hasta en la bolsa les va regular?

De entrada tienen 1.100 millones de seguidores, que no está mal!

El 61% de los usuarios dicen que se han tomado algún descanso de varias semanas.  Y otros lo dejan para siempre, el 20% de los adultos online que no utilizan FB lo hicieron en su día y lo dejaron.

El 38% de de los estudiantes dice que lo utilizará menos este año.

Y cuales son los motivos?

El 21% están demasiado ocupados

El 10% no tienen interés en FB

El 10% no encuentran actualizaciones interesantes de sus amigos

El 9% demasiado chismorreo

El 8% esta preocupado porque pierde mucho tiempo y

El 7% se han aburrido

Parece que Facebook está llegando a la fase de producto maduro, aunque no lleva mas de 8 años en el mercado, Cómo está el patio!

Es que, entre nosotros, Facebook es un poco rollo, o no?

¿Dónde estamos ahora?

En algún momento hemos abordado en este blog la comunicación más básica, la personal, la que se produce entre uno mismo. Si, cuando uno habla consigo mismo, también es una suerte de comunicación y en ella uno se autoanaliza, se evalúa, se justifica, se critica o se reafirma, según sea el balance que se haga finalmente de ello.

Y seguro que todos en algún momento nos hemos hecho esta pregunta: ¿Dónde estamos ahora? Pues bien, Mister Bowie se la ha planteado, justo al cumplir 66 años y estar alejado los diez últimos de la escena. Y ha hecho públicos sus pensamientos, eso sí, de manera un tanto enigmática.

David-Bowie-Photo-by-Jimmy-King[1]

¿Dónde estamos ahora? Es una cuestión que da título al single que sirve de adelanto a su nuevo álbum que verá la luz en el mes de marzo y sin duda (pese a las críticas, frías en su mayoría, de los que se saben entendidos) ha tenido una buena campaña de promoción y difusión. Será que la ausencia se ha entendido larga, en eso seguro que coincidimos todos.

Se trata de un tema sobrio, nostálgico, melancólico, monocorde, minimalista y un video clip más austero todavía, pero tremendamente bello. Su melodía y la voz del Duque desvelan un halo de esperanza, de rebeldía, de ‘aquí estoy yo’ pese a todo y todos, no de cansancio y hundimiento, como expresan algunos, que se traduce en el crescendo rítmico que acompaña a una letra básica, sintética, de pocas palabras, pero con una gran carga simbólica.

Disfrútenla y reivindíquense todos aquellos que ya hayan corrido lo suficiente como para detenerse y mirar atrás, contemplar todo lo vivido y preguntarse where are we now? 

Seguro que todos tuvimos que coger en algún momento ese tren, con todo lo que suponía dejar atrás…

Seguro que todos nos hemos quedado en algún momento sentados, viendo al resto pasar…

Seguro que en algún momento hemos tenido la capacidad, ya fuese en pesadillas o sueños, de ‘despertar a nuestros muertos’…

Seguro que en algún momento nos hemos sentido perdidos en el tiempo…

Pero seguro que todos aquellos que ya hayan corrido lo suficiente se han dado cuenta que llega un momento en el que sabes: LO SABES. Y ese momento es AHORA.

Y te das cuenta como Bowie, y te relaja saber que no pasa nada mientras haya sol; no pasa nada mientras llegue la lluvia, mientras exista el fuego, mientras esté yo y mientras estés tú conmigo.

Ese es Bowie, como cualquiera de nosotros que haya vivido, e imagino que cantando como canta estará curado de espanto ante críticas bisoñas que adolecen de la madurez de un artista como él, camaleónico, que siempre ha estado ahí, con sus altos y bajos, con sus entradas a lo grande y sus ‘mutis por el foro’. Como cualquier otra persona.

Siempre se ha utilizado el socorrido mensaje de que la música es un lenguaje universal. En este caso un vehículo idóneo de comunicación. De ahí que la utilice Bowie, que se borró de la ceremonia de las Olimpiadas de Londres por desavenencias con la dirección artística, para recordarnos que el camino recorrido ha sido largo y para el que le queda necesita saber que no estará solo.

PD: Bowie DEP Forever (11-01-XVI).

No te respondo porque no quiero

En mi humilde opinión, la vida de hipercomunicación que estamos experimentando tiene dos peros: la obligación y la inmediatez.

Son conceptos amplios, con muchos tentáculos:

  • Si recibimos un correo tenemos que responder.
  • Si nos llaman por teléfono tenemos que responder y, si no respondemos inmediatamente, tenemos que devolver la llamada. Cuanto antes.
  • Si recibimos un whatsapp tenemos que responder inmediatamente.
  • Si nos mencionan en Twitter, qué menos que responder o, por lo menos, si es algo agradable, marcar como favorito.

¿Qué pasa si no te apetece? Te aguantas. Es una cuestión de educación, dirían algunos. De primero de urbanidad, parece. Cosas de la cortesía.

Quizás. Seguramente. Pero eso no quita que sea una esclavitud. Con todas las letras: no podemos escapar.

La tecnología es sabia y si enviamos un mensaje y no recibimos una notificación sabemos que el destinatario lo ha recibido. Si llamamos sabemos que el otro lo sabe, aunque el teléfono esté apagado. Y ¡qué decir del Whatsapp! El doble check, el en línea y el últ. vez hoy a las… son implacables: “oye, que hace seis horas que te he enviado un WA y aún no me has respondido y sé (porque me lo dice la aplicación del demonio) que llevas toda la tarde conectada. Merezco una respuesta”. Esto no es una ejemplo, es un caso real de hace sólo unos días. Merezco una respuesta.

¿Qué pasa si no quiero responder? ¿Qué hay de mi libre albedrío? ¿No vivimos en un país libre? Pues no, se conoce que no. Te aguantas y respondes. Y de buenas maneras, no vaya a ser que el otro se lo tome a mal.

Y no es sano, qué quieren que les diga. No es ni medio sano. Porque el primer impulso, al menos el mío, es responder con un mensaje borde de esos que provoca que el otro no vuelva a enviar un WA jamás. O sí, no lo sé, soy de bloqueo fácil.

Yo reivindico mi derecho a no responder, a no devolver una llamada que quizás no me apetece hacer, a ignorar los múltiples canales de comunicación cuando no puedo o no quiero comunicarme. Reivindico mi derecho al silencio y al ostracismo, olvidando el miedo a que me den por muerta si no respondo al teléfono o al correo antes de seis horas.

Queridos, ya que no podemos ser más listos que la tecnología aprendamos a ser respetuosos con el silencio de los demás y a tener paciencia, empatía, tolerancia y entereza en nuestros corazones. Y a decir que no, que es muy sano.

No nos borren la sonrisa

Debe ser que en estos tiempos rancios nos queda la sensación, en plan auto inmolación, de que la culpa de todo la tienen las buenas personas. Debe ser que el buen gesto hace tiempo que no vende. Debe ser que la predisposición o la deferencia ya no se valoran. La colaboración y el apoyo desinteresado a terceros tan sólo se travisten de secuela plañidera. Pues bien, me niego a creerlo.

Aunque prime el horror frente a lo bucólico, el drama frente a la comedia. Eso sí, el drama, miedo o terror fácil, frente incluso a la comedia ligera, porque ésta, aún por ligera que sea, requiere un grandísimo ingenio y esfuerzo. Prima el enriquecimiento y la fama fácil y a toda costa, frente a, de nuevo, el tan denostado esfuerzo.

Nos idiotizan con falsos espectáculos que todos pagamos, mientras los que mueven los hilos no cumplen el objetivo por el que fueron elegidos. No cumplen con su vocación de servicio, mientras se enriquecen sin el menor pudor.

Ahora quieren, cada dos por tres, que nos tiremos a la calle estómagos agradecidos, amantes del marisco y de los relojes de lujo. Quieren nuestro silencio aquellos que nos oprimen y como medida de choque sólo se les ocurre oprimir aún más a las economías más débiles.

Quieren que nos quedemos impasibles ante tantos despropósitos y sólo la red a ráfagas o la calle hierven en cuentagotas.

Lo están haciendo tan rematadamente mal, ya sean políticos, consejeros, empresarios o banqueros. Y los pocos que lo hacen bien pagan por los errores de los que no se responsabilizan de sus malos actos, los que esquivan a la justicia, los que no rinden cuentas del dinero embolsado, los que se aferran a su condición de aforados, los que ‘se blindan’ en sus contratos.

¿Y qué hacen los medios de comunicación tradicionales, en lugar de cumplir su función informativa? Lo fácil, se venden. Se alinean en uno u otro bando. Ni informan, ni forman, en su inmensa mayoría deforman, cómplices del rodillo que impone el poder. ¡Qué triste!

¿Dónde se han dejado la moral toda esa sarta de pseudo profesionales? Así no puede sobrevivir el buen orden en organizaciones, instituciones o empresas, ni tampoco el periodismo.

Y en esto que llega la navidad y escuchas como los trabajadores de grandes empresas ceden su tradicional cesta a Cáritas y ves como bullen los economatos con sufridos voluntarios y como los bancos de alimentos (los verdaderos bancos) cuentan con ayuda de personas anónimas desinteresadas. Y entras en una Universidad en Valencia, como podría ser en cualquier Colegio o Instituto y, año tras año, hacen su campaña solidaria de alimentos; o como un restaurante del área metropolitana, que un lunes al mes abre sus puertas para dar de comer de forma gratuita a personas sin recursos; o como una amiga te ofrece flores de Pascua para una campaña benéfica; o tu suegro te pide juguetes en buen estado para llevarlos a la ONG en la que colabora y tu madre te dice que en la Asociación Católica, en la que también colabora, están preparando lotes de productos para familias necesitadas; o que parte de la taquilla de tal espectáculo servirá para la compra de alimentos… y así, centenares de pequeños casos, tantos que podría llegar hasta el infinito, en una interminable cadena de favores que sirve para recomponer, en cierto modo, todos los desaguisados y desórdenes que encontramos día a día en nuestro mundo más cercano. Y por un momento, te sientes bien y sonríes.

 

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Y en esto que llega la navidad ‘más apretada’ para nuestras economías y a la incertidumbre sociolaboral se le une la muerte de la inocencia. Te levantas con tus hijos y una vez desayunados ellos, mientras lo haces tú, escuchas por la radio el macabro desenlace de la matanza de Newtown. Es duro, muy duro y te escondes de los tuyos y escapas a la terraza porque las lágrimas inundan tu rostro. Asimilar tanta barbarie, cuando las víctimas son niños, tantos niños, y miras a los tuyos tras el cristal, jugando con su madre, al pie del árbol de navidad, riendo y cantando. Y lloras y vuelves a llorar, porque como padre tienes ese punto de vulnerabilidad, de indefensión que lleva implícita la paternidad y sabes que hay muchas familias que no van a volver a escuchar las risas de sus pequeños y lloras porque otras muchas lo han perdido todo, hasta sus casas; porque muchos otros están de repente en la calle… porque, en definitiva, la navidad tiene ese punto cruel que en tantos corazones genera rechazo.       

Y en momentos así, la humanidad salpica de nuevo tu persona, como en un tsunami de amor y moralidad, como el que viven los protagonistas de Lo imposible. Y te sientes vivo, entero y recuerdas que ayudar al prójimo no es sólo un mandamiento, no es un precepto exclusivo de la religión, de cualquiera de ellas. Es algo intrínseco a las personas.

Y cada uno con un pequeño gesto podemos devolver la sonrisa a los que en algún momento la perdieron. Por ejemplo, Sofía, mi hija de 5 años, irá en los próximos días a cantar villancicos a la residencia de la tercera edad que hay frente al cole, con sus compañeros de la clase y seguro que arrancarán entre los yayos más de una sonrisa. Yo ya tengo pensado algo también y ¿qué harán ustedes? Súmense a esa cadena de favores.

No nos borren la sonrisa y mucho menos en navidad.