¿Novela negra o literatura fúnebre?

Necropolis de Argiñeta

Siempre puedes elegir entre la literatura funeraria y la novela negra. Necrópolis de Argiñeta, Elorrio, Bizkaia.

Todo empezó el puente de Todos los Santos de 2012.

En mis manos cayó un libro “Aquí yace … o no”, el libro que tienes que leer antes de morirte, de Marta Sanmamed. Estaba calentito, recién publicado y con la tinta todavía húmeda.

aqui yace

de Marta Sanmamed

Marta toca todos los temas … fúnebres, sólo con leer el índice te puedes morir de la risa, pero la historia de las esquelas de El País de cada 21 de marzo -recordando a Elena Lupiañez Salanova- es realmente interesante.

Encuadernada para morirte de gusto excepto el efecto de las fotos, en blanco y negro sobre el papel color crema, que pierden mucho con ese fondo.

En temas fúnebres lo de las fotos no está arreglado porque los autores en muchos casos no se pueden recorrer todos los cementerios, o no son fotógrafos profesionales, por lo que tiran de imágenes facilitadas por otros. Además los cementerios no tienen por que ser los sitios ideales para hacer fotos alegres, con mucha vidilla.

Jesús Pozo escribe “De cuerpo presente”, Vida, anécdotas y curiosidades de 13 sepultureros. Yo creo que le sobra uno porque con Fray Tobías, el fossor poeta, me da la sensación que se rayó un poco. Jesús nos explica en el glosario que cadáver es “el cuerpo humano durante los cinco primeros años siguientes a la muerte”, en cuanto cumples ese plazo te conviertes en resto cadavérico, que suena peor incluso.

Así que ya sabes, al morir nos dividimos en dos. El cuerpo se convierte en cadáver y a los 5 años (si no te han incinerado) en restos cadavéricos. El alma se va por otro lado y puede acabar en 4 lugares diferentes que son el cielo, el infierno, el purgatorio o seguir vagando por este mundo como un fantasma.

Me atreví con un tercero de Nieves Concostrina, “Polvo eres”, con una gran colección de esquelas, epitafios y anécdotas aunque las fotos … lo dicho antes. Una especie de Celtiberia Show de Luis Carandel, pero en siniestro.

Sinceramente hay que disfrutar poco a poco este género literario que es la literatura fúnebre, un género atípico. Me quedo con ‘Aquí yace…’ si tengo que elegir.

Para otro puente he dejado los libros de Paco Belmonte, sepulturero y escritor.

De ahí decidí pasar a la novela negra, por dar un poco de alegría a mi experiencia literaria que estaba un poco gris en esos momentos. Y me atreví con 3.

Por cierto si quieres saber algo de detectives y de sus autores este es tu blog  del cacereño Eugenio Fuentes.

Leí una novela de Raymond Chandler del detective Philip Marlowe, un clásico. Fuera de las películas no sabía que existiera Marlowe: un clásico delicioso. No recuerdo el título.

Después leí “Tatuaje” de Manuel Vázquez Montalbán con el detective Pepe Carvalho con el que disfruté desentrañando los misterios de un asesinato.

Y por último leí “Los que hemos amado” de Willy Uribe, una novela de dos surfistas de Getxo que en los años 80 viajan a Marruecos a hacer surf (o es a comprar hachis?) y … más muertos que en una película del Oeste. Willy ya lo dice, “Trataré de explicarte lo que pueda, aunque Sergio Santos era un tío muy complicado”.

Ahora he decidido pasarme a la novela negra nórdica, la trilogía de Stig Larsson a base de:

  • Los hombres que no amaban a las mujeres.
  • La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina.
  • La reina en el palacio de las corrientes de aire.

Este autor tuvo la mala pata de morirse justo antes de publicarse la primera de ellas, en fin.

De todas formas como ya las leí en su día voy a re-visionar los DVDs de las tres películas: cine sueco, planos cortos, la “alegre” Noomi Rapace y pocas sonrisas. No va a ser la alegría de la huerta pero … al leer el título de esta entrada, ¿te esperabas algo más alegre?

Anuncios

¡Qué alguien pare esto!

Sobrepasas los 40 y todo transcurre a velocidad de vértigo. ¿El tiempo no dura lo mismo para todos, sea cual sea la época o el momento? ¿Por qué en nuestra infancia los días parecían más largos? ¿Por qué esas tardes de ‘me aburro’ resultaban interminables?

El caso es que cuando éramos jóvenes ya nos lo advertían nuestros mayores y evidentemente creíamos que ‘chocheaban’ y hoy, en cambio,  nos atemorizamos al tener su mismo pensamiento.

Nos hacemos adultos y dejamos muchas cosas atrás, lugares entrañables, objetos personales, amistades (que no lo serían tanto), recuerdos que nos asaltan en la mitad de la noche, algunos agradables pero confusos como los de antiguos amores, otros no tanto, como aquellas pesadillas de exámenes ‘sorpresa’ cuando hace más de quince años que no hacemos ninguno. Pero el caso es que todo va a velocidad de vértigo, desde que trabajas (por decirlo de algún modo, en estos años), vives en pareja, eres padre… y hay una cuestión, sobre todo lo demás, que nos revela la rapidez con la que se mueve el calendario y es lo reducido que se queda tras el ‘centrifugado de madurez’ cuando descubres como se te solapan todos los planes y a mi, personalmente, me pone de mal talante no poder llegar a todo y entonces, mi cuerpo, como una señal de basta, de stop: peta.

Mi grupo de vecinos juerguistas del ‘guaxap’ envía un mensaje para ver el Valencia – Atlético en algún bareto, mientras mi primo, el músico, me avisa que el día de antes tienen una sesión en Lemmon Hobs y resulta que tengo una cena con unos amigos que ya habíamos aplazado una vez… y es la segunda ocasión en que un concierto de mi primo se solapa cuando quedo con estos amigos ¡Diantres!

Quiero ir a Mestalla con mi hermano y unos amigos, los mismos que han organizado una barbacoa en casa de Emilio para el día siguiente y que ya han retrasado dos veces: una de ellas por mi culpa-agenda. Mientras el grupo de periodismo-papis intentamos montar una tarde de ‘parque de bolas’ previa al partido de Mestalla.

Todo eso esquivando alguna cena de antiguos alumnos porque te coincide con un ‘finde’ rural, algún cumple de peques, porque no puedes estar en tres sitios al mismo tiempo y una quedada familiar porque tienes que decidir entre familia natural o política…

O cuando entre el ‘guaxap’ tratas de cerrar una quedada de grupo, mientras que por mail te convocan a otro sarao o en otro grupo de facebook se está poniendo fecha para otra cosa… y todos revisamos nuestras agendas y que si este día no, que ese otro tengo boda, pues el otro yo tampoco que tengo cumple de mi tía abuela, pues nosotros el otro estamos en Beniyoquesé… y a todos nos queda encima la sensación extraña de que los demás igual no ponen mucho de su parte… cuando todos somos iguales.  

Total, empiezo el puente y al segundo día peto. Lo normal. Y evidentemente la agenda salta por los aires. Diagnóstico: virus estomacal con proceso diarreico severo y congestión muco nasal. Para cuando salgo del trance de flojera en el que me encuentro escribo estas palabras y me asalta la duda: ¿acumulamos demasiados compromisos, nuestra vida social, que si bien ya soporta una comunicación incompleta debido a nuestras responsabilidades, se resiente? ¿Las relaciones son más inconstantes y efímeras que en nuestra juventud, cuando un amigo lo era todo?

Entre (amigos) copas

¿No tenemos la sensación de que hay personas que disfrutan con los prolegómenos (proceso de comunicación inicial) y se difuminan luego en la cita-quedada-desenlace?

¿Toda esta sobe exposición de elementos para favorecer la comunicación (redes, guaxap, mail, sms, en desuso, éste último, sin entrar ya en el chat, skype, hell, viber…) grupal, no nos idiotiza un poco a la hora de mantener relaciones normales (entiéndase aquellas en las que participan todos los sentidos) entre la familia, compañeros o amigos?

Tengo serios problemas para recordar mis constraseñas…

¡Qué alguien pare esto por Dios! Qué yo me bajo… me voy al baño 😦

 

PD: vale si, todas estas herramientas nos ayudan cuando es difícil hacer un hueco en la agenda, pero es tan chulo verse y reírse en directo…

 

Conversaciones entre ventanas

Las ventanas de mi cocina se abocan a un patio interior de manzana en el que convergen otras decenas de ventanas, habitantes todas de una misma ciudad interior. Son distintas a las ventanas externas, las que dan a la calle y se presuponen por ello expuestas: las ordenanzas municipales sobre higiene y estética urbana -esas que definen cómo se ve lo que se ve de una ciudad y que afectan a la totalidad de las fachadas de mi barrio “protegido”-, no se fijan en las ventanas de los patios interiores, claramente porque no se ven desde la calle y no corren el peligro de formar parte del álbum de fotos de un turista, algo que los políticos de esta ciudad cuantifican como la más perfecta representación de la materia urbana, como si eso fuera algo representable, cuando en realidad ni siquiera es aprehensible.

En el patio interior de manzana al que se abocan las ventanas de mi cocina hay tantos tipos de ventanas y tantas historias tras ellas como personas habitan esas casas. Cada cual diseña y modifica sus ventanas de acuerdo con sus necesidades, exacta y exclusivamente atendiendo al uso y al gusto de la habitación que iluminan, protegen y ponen en comunicación. De este modo no hay dos iguales. Son dominios de la voluntad hogareña con capacidad para construir relatos. Por sus materiales, formas, colores y tamaños hablan de la situación económica de los habitantes de esas casas, de su creatividad, su interés por la estética, su forma de convivir, su estructura familiar, su relación con la luz, el sol y la lluvia; hablan de sus hábitos de limpieza, de sus horarios, del tiempo que pasan en la cocina y de todo lo que sucede en esas cocinas que no es estrictamente cocinar. Incluso oscuras como escondites siguen hablando.

De modo que no tengo cortinas ni persianas, ningún objeto impide que mis ventanas se comuniquen con las otras y mi casa se llena a diario con las conversaciones de esta ciudad interna, astutamente oculta a las cámaras de los turistas y los inspectores, a la higiene de las ordenanzas y a la planificación de los arquitectos; una ciudad a salvo de esa otra, falsa y pretendida, que florece exuberante a nuestro alrededor.