Simbología santa

Tenía la intención de escribir un post sobre la simbología de la Semana Santa y cómo se ha utilizado con el paso de los siglos para comunicar a los fieles la doctrina católica pero todo lo que me sale es poco respetuoso con la cosa religiosa. Y no me apetece ser poco respetuosa aquí, la verdad.

Señor Indio Cherokee

Y es que parece que en cuanto se habla de religión y una dice que los símbolos de la Semana Santa le parecen más o menos lo mismo que la danza de la lluvia de los indios cherokee, la gente se suliveya que es una barbaridad. Y, qué quieren que les diga, es lo mismo: una manifestación pública de fe, cargada de simbología. Una, de señores con plumas invocando a la lluvia purificadora; otra, de señores con capuchones representando escenas de la Biblia. Y son las dos igual de respetables.

Quizás la diferencia más importante es que hay poquitos señores con plumas que saltan mirando las nubes y millones de señores que estos días llevan capuchón (que miran lo de la lluvia también, pero por otras razones). Porque, en lo demás, pues viene a ser lo mismo: un proceso comunicativo intencionado, dominado por los símbolos, comprendidos y compartidos por todos los receptores, fieles, en estos casos.

Señores Nazarenos

Señores Nazarenos

Esto me lleva a pensar que quizás (quizás sólo, ojo) las manifestaciones públicas de la fe son, básicamente, una cuestión de símbolos que transmiten el mensaje y cohesionan al personal. Y es aquí donde la Iglesia católica ha sido la más lista a lo largo de la historia, en lo de la cohesión: la de cosas que se le han ocurrido para hacer piña y conseguir que mucha gente comparta la simbología religiosa durante todos estos siglos: procesiones, misas, sacramentos, quedadas mundiales para ver al Papa…

El caso es que, como decía, después de mucho escribir y borrar, escribir y borrar, me he dado cuenta de que, por muy bien que me la sepa, igual no soy la más adecuada para tratar el tema de la simbología de la Semana Santa, a pesar del enorme valor comunicativo que ha tenido a lo largo de los siglos y de lo que me gusta el tema. El de la simbología y la comunicación.

La imagen del Indico Cherokee es de aquí y la de los nazarenos de aquí.

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Futbolistas, cardenales y viceversa

No puedo más que admitir que he seguido con atención la evolución de los acontecimientos desde la dimisión de Benedicto XVI hasta la elección de Francisco como su sucesor, y toda una serie de perfiles que se van dibujando ahora sobre el nuevo Pontífice.

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Me pasa algo muy parecido con el fútbol. Detesto con todas mis fuerzas cierta prensa deportiva, engalanada de falta de rigor, basada en dimes y diretes, que vive de la bronca, de manera servil y banal. Un periodismo que se jacta de sus fuentes pero que rara vez las nombra. No sé si me parecen más viles unos u otros, reunidos todos al calor de un restaurante caro (no siempre bueno), haciéndose los importantes. Empiezo por admitir que sigo esa prensa muy de cerca, pero vamos a seguir diciendo que el tema en cuestión no deja de ser una banalidad (por mucha pasta que mueva) y que lo mínimo que se les debería exigir es un pelín de decoro. Señores, no se hagan los importantes, que al fin y al cabo no dejan de estar vendiendo su profesionalidad (los chivatos y los soplones).

Dicho esto, y salvando de la quema a otros muchos periodistas deportivos de categoría, seguiré por reconocer que espero con ilusión la apertura del mercado de fichajes. Siempre he comparado este tipo de prensa con la del corazón. Blanco y en botella, a qué negarlo.

El caso es que con todo esto del Cónclave y toda la pesca, atento como he estado a la prensa española e italiana, me ha quedado un regusto a prensa deportiva. Por supuesto, libro de la quema a muchos profesionales que han hecho interesantes análisis sobre los perfiles de los candidatos, sobre las circunstancias actuales de la Iglesia y lo que puede estar demandando, así como el retrato del actual y flamante Papa. Pero no podemos negar que ha sido un auténtico marujeo, que han proliferado las quinielas y que nos han cosido a chismes (nos hablan hasta de la antigua novia del Papa). Oigan, y a mí este tema no me parece banal. Porque, nos guste o no, incide en cierto modo (o puede hacerlo, o debería hacerlo) en el orden de las cosas, en la vida de millones de personas en todo el mundo. Que no, que no se puede tratar el Cónclave como si fuera el Balón de Oro; que Francisco no es Messi, ni es Scola CR7; que aquí no nos jugamos nadie un Campeonato del Mundo, que no.

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Que la realidad, al margen de las creencias particulares, es que el Papa tiene la oportunidad de dar un giro al destino de la Iglesia. Que las señales que nos está enviando van en esa dirección: la elección del nombre, la actitud ejemplar, la rebeldía ante lo pre-supuesto, una vuelta a la esencia… A mí todo esto me huele a giro (esperado) como este Papa me huele a Concilio (aunque no inmediato).

No le sigo en twitter ni en Facebook pero sí estoy atento a través de la prensa a las maneras y a los mensajes que trata de enviar Francisco. Sin olvidar que su elección es en sí un mensaje de quienes le votaron (algunos de los cuales puede que, de hecho, acaben lamentándolo). No me olvido de que ha tenido 8 años para preparar su Pontificado y parece decidido a ejercerlo con firmeza y determinación. Podría decir que rezaré por su éxito. Baste por lo pronto con desearle buena suerte.

Hay una cosa que se me hace bola en el lenguaje de Francisco, leo demasiadas referencias al diablo y al infierno, y muy pocas a la salvación. Tal vez es sólo una sensación; tal vez no he leído lo suficiente; tal vez se trate de un lenguaje con el que no estoy familiarizado (que es ítalo-argentino, jué!). Tal vez.