En comunicación hay que saber nadar y guardar la ropa

the-swimmer-lancaster[1]Corren tiempos de marketing de contenidos, de contar historias, de una publicidad que emocione, que transmita experiencias como nunca antes lo ha hecho. Son días en los que se requiere un diálogo fluido entre los consumidores y las marcas, entre las personas y las empresas. La comunicación sigue cambiando y el modo en que nos comunicamos todos, personas, organizaciones, empresas, marcas… también. Y el que no quiera verlo se convertirá en un holograma con fecha de caducidad cercana.

La comunicación que conecta hoy es la que conmueve, necesitamos que nos sorprendan porque parece que ya estemos de vuelta de todo, saturados, infoxicados, sobrecargados. Parece que sólo nos vaya lo último, lo más moderno, evitamos lo antiguo o como mucho lo disfrazamos de vintage. Si tan sólo nos detuviéramos un instante y fuéramos capaces de echar la vista atrás nos encontraríamos un sinfín de cosas, detalles, historias que hemos evitado por rancios, sin reparar en que esa actitud nos hace a nosotros antiguos frente a lo que es y será verdaderamente moderno.

the-swimmer-poster[1]El otro día caí en la cuenta de ello. Una peli por un canal caspa, pero de esos que tienen mérito por aguantar año tras año. El nadador (the swimmer) de 1968 con un espectacular cincuentón, Burt Lancaster, que interpreta a un ejecutivo publicista en su auge y caída y nos invita a acompañarlo en su declive, en un camino de regreso a casa, yendo, nada menos que, de piscina en piscina. Una crítica feroz al sueño americano, en un momento en el que nadie se atrevió a hacerlo. Normal que fuera un fracaso en taquilla.

No les desvelo más del guión, si tienen curiosidad, acérquense a la película o al libro, cuando el argumento está basado en la condición humana, éste no pasa de moda. ¡Ah! y el amigo Burt está brutal. A mí me ‘llegó’, reconozco que mis veranos de joven eran un transitar de piscina en piscina. tumblr_ml2z2eQSHb1qgpddwo1_1280[1]

El nadador es, sin duda, uno de los mejores ejemplos hoy de lo que es contar historias y hacerlo a través de múltiples soportes, adaptando el contenido a cada uno de los canales.

El nadador es un relato corto original de John Cheever, publicado en 1964. Un relato crítico y conmovedor que inspiró una película en 1968, no menos conmovedora y crítica. Y esta a su vez, ya con un contenido desvirtuado sirvió de idea para un spot de televisión para la marca Levi’s, en 1992. Un anuncio que recuperaba la estética de los 50 y el way of life americano, pero con un toque trasgresor con una soberbia canción de Dinah Washington que grabó en 1952 y que se había compuesto (¡oigan bien!) en 1932.

Les hablo de literatura, cine, publicidad, música… ¿Qué tenemos con todos esos ingredientes? Historias, historias adaptadas a públicos y canales en cada momento. Hacia eso mismo nos dicen que se encamina la comunicación en estos tiempos. No nos asustemos, pues. Si hay algo que no entendamos, siempre podemos volver la vista atrás. Lo viejo es nuevo. He necesitado ver como asoman las canas en mi pelo y en mi barba para entenderlo. ¡Qué le vamos a hacer, siempre fui lento de reflejos!

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¿Dónde estamos ahora?

En algún momento hemos abordado en este blog la comunicación más básica, la personal, la que se produce entre uno mismo. Si, cuando uno habla consigo mismo, también es una suerte de comunicación y en ella uno se autoanaliza, se evalúa, se justifica, se critica o se reafirma, según sea el balance que se haga finalmente de ello.

Y seguro que todos en algún momento nos hemos hecho esta pregunta: ¿Dónde estamos ahora? Pues bien, Mister Bowie se la ha planteado, justo al cumplir 66 años y estar alejado los diez últimos de la escena. Y ha hecho públicos sus pensamientos, eso sí, de manera un tanto enigmática.

David-Bowie-Photo-by-Jimmy-King[1]

¿Dónde estamos ahora? Es una cuestión que da título al single que sirve de adelanto a su nuevo álbum que verá la luz en el mes de marzo y sin duda (pese a las críticas, frías en su mayoría, de los que se saben entendidos) ha tenido una buena campaña de promoción y difusión. Será que la ausencia se ha entendido larga, en eso seguro que coincidimos todos.

Se trata de un tema sobrio, nostálgico, melancólico, monocorde, minimalista y un video clip más austero todavía, pero tremendamente bello. Su melodía y la voz del Duque desvelan un halo de esperanza, de rebeldía, de ‘aquí estoy yo’ pese a todo y todos, no de cansancio y hundimiento, como expresan algunos, que se traduce en el crescendo rítmico que acompaña a una letra básica, sintética, de pocas palabras, pero con una gran carga simbólica.

Disfrútenla y reivindíquense todos aquellos que ya hayan corrido lo suficiente como para detenerse y mirar atrás, contemplar todo lo vivido y preguntarse where are we now? 

Seguro que todos tuvimos que coger en algún momento ese tren, con todo lo que suponía dejar atrás…

Seguro que todos nos hemos quedado en algún momento sentados, viendo al resto pasar…

Seguro que en algún momento hemos tenido la capacidad, ya fuese en pesadillas o sueños, de ‘despertar a nuestros muertos’…

Seguro que en algún momento nos hemos sentido perdidos en el tiempo…

Pero seguro que todos aquellos que ya hayan corrido lo suficiente se han dado cuenta que llega un momento en el que sabes: LO SABES. Y ese momento es AHORA.

Y te das cuenta como Bowie, y te relaja saber que no pasa nada mientras haya sol; no pasa nada mientras llegue la lluvia, mientras exista el fuego, mientras esté yo y mientras estés tú conmigo.

Ese es Bowie, como cualquiera de nosotros que haya vivido, e imagino que cantando como canta estará curado de espanto ante críticas bisoñas que adolecen de la madurez de un artista como él, camaleónico, que siempre ha estado ahí, con sus altos y bajos, con sus entradas a lo grande y sus ‘mutis por el foro’. Como cualquier otra persona.

Siempre se ha utilizado el socorrido mensaje de que la música es un lenguaje universal. En este caso un vehículo idóneo de comunicación. De ahí que la utilice Bowie, que se borró de la ceremonia de las Olimpiadas de Londres por desavenencias con la dirección artística, para recordarnos que el camino recorrido ha sido largo y para el que le queda necesita saber que no estará solo.

PD: Bowie DEP Forever (11-01-XVI).

Hot stuff: fijación

Abandonó apresurado el local. Sin despedirse de nadie. Empezó a sentirse incómodo, como en otras ocasiones, y una melodía le trajo a la mente un recuerdo dormido. Sintió un ahogo y una presión que crecía en su pecho. Ya en la puerta, el repiquetear de unos tacones le recordaron lo mismo. El recuerdo le perseguía y encauzó su cuerpo alterado en sentido contrario al latir de esos mismos tacones.

En cuanto tuvo un segundo, volvió en sí, recuperó el ánimo y recondujo su rumbo hacia donde había dejado el coche. Pero a veces conducir en medio de la noche no es la mejor forma de evitar tus fantasmas. La luna delantera se convierte en una pantalla en la que se reproducen nítidamente todos tus oscuros pensamientos.

Y así sucedió. Conducía de manera mecánica, al tiempo que un sinfín de imágenes se reflejaban en el cristal. Pero una se repetía de forma insistente. Unas piernas largas, muy largas, de mujer.

Así fue, unas piernas largas, muy largas que limitaban al norte por una estrecha falda gris marengo de tubo y cintura alta. La que escogen las ejecutivas el día que se reúne el consejo. Ustedes sabrán porqué. Mientras que al sur estaban flanqueadas por unos estilosos zapatos de tacón, por supuesto, negros. Y una sutil media protegía de cualquier agresión externa esas largas, bonitas e interminables piernas. Unas piernas que recurrentemente veía alejarse. Eso es lo que recordaba. Unas piernas que mostraban en su paso determinación y que luego atisbaban cierta duda. Precisamente, esa duda, anunciaba el triunfo de la pasión frente a la obligación. Era la victoria de lo inesperado ante el tedio. Era lo negro frente a lo blanco. Era lo más y era para ambos.

Todo lo que venía tras esa duda en el caminar, tras esa media vuelta de unas piernas que decidían entre sucumbir o resistir, era el sabor del placer condensado en un furtivo beso, que luego tornaba de suave en violento. Su tacto y sus manos rodeándolo, al igual que él se explayaba con las suyas por su cuerpo. Un cuerpo vedado, inaccesible y que ahora hacía suyo. Un goce irrepetible, por prohibido, pero que se repitió una y cien veces. Unas miradas extraviadas, un gemido primitivo. Un latido espasmódico. Un temblor que sacudía esas mismas piernas que habían mostrado seguridad a cada paso.

Era como ser uno mismo y conocer al otro sin máscara ninguna y disfrutar del placer que suponía el hallazgo. Un placer que era infinitamente distinto a lo hasta ahora conocido. Era en boca de Sade, como ‘un dulce tabú’.

Un semáforo en rojo ni siquiera visto. Suerte que apenas hay tráfico, porque su cuerpo sigue en el coche, pero su mente cabalga desbocada mientras nota las yemas de sus dedos como escalan desde el empeine de sus pies hasta encaramarse a sus rodillas y como sus manos se revuelven para ocultarse de camino a su entrepierna, mientras se reproducen en ella los temblores, como si un movimiento en la falla provocara estragos en el subsuelo de la epidermis de sus largas, largas piernas.

A partir de ahí vio en el cristal como el placer se intensificaba, como se cruzaban las miradas con los ojos entornados, como se decían ‘te deseo’ con el tacto, con el sabor de su piel, con los continuos jadeos.

Un haz de luces le devuelve a este mundo. Un claxon de advertencia, un frenazo que le permite por un segundo revisar su trayectoria y esquivar un vehículo que se incorporaba a la calzada con preferencia.

Pero en un instante vuelve ella. De nuevo sus piernas, ahora prácticamente desnuda desaparece de la estancia para atender una llamada privada y su regreso vuelve a ser otro triunfo de la pasión ante la desidia que provoca la rutina. Una vez más vuelve y gozan en secreto y se aleja y vuelve. Y él no repara que en ese juego gozoso de escapadas y regresos, quizá algún día esa fuga no tenga retorno. Él tiene una fijación que está detenida en sus piernas. Unas piernas que se marcharon hace dos años y que no han vuelto.

Gentileza de Mr., AlbirNota sus besos en el cuello, como sus manos revuelven su cabello. Se sorprende sintiendo como, de repente, esas mismas manos se apoderan de su centro. Se nota desarmado, desnudo, pero henchido de placer. Un placer que descarga finalmente cuando ella está sobre él y él dentro de ella. Lo que viene después es un estado ideal que nada tiene que ver con lo establecido. Lo que ocurre entre ellos después es tan largo y duradero como toda la tensión acumulada hasta el momento. Una extraña atracción impide que se separen sus cuerpos. Quedan abrazados, sus piernas entrelazadas, sus cuerpos fundidos sin posibilidad de separación hasta que despunte el alba. Pero de eso hace ya dos largos años y ella no ha vuelto.

De nuevo un claxon, una sirena estridente, haces de luces que no le impiden ver unas piernas largas, extremadamente largas, de nuevo.

Sabe que ya no cabe el regreso, después de tanto tiempo sin tener noticias de ella. Bueno, si que lo sabe, quizás no quiere verlo. Acelera y un fuerte golpe que recibe por el lateral derecho lo deja cruzado en la calzada, justo por el mismo punto en el que avanza a buena marcha un camión de reparto. Un segundo golpe, este aún más violento, arrastra el coche unos treinta metros, hasta dejarlo ladeado en la cuneta. El lado del piloto está totalmente destrozado. Tras unos interminables minutos y antes de que el conductor del camión, la policía y otros dos vehículos implicados en el siniestro se den cita ante los restos de su coche, él se arrastra fuera y cae en el suelo. Ahora la sangre ya no le deja ver esas largas y hermosas piernas. Y se alegra por un segundo, antes de cerrar los ojos, de recuperar su visión, de apartarse definitivamente de su fijación.

 

Cerrado por vacaciones

El verano tiene un no sé qué de indolente que hace que nos tomemos las cosas con calma, que el tiempo sea amarillo y brillante y nos movamos más despacio. Y, para algunos, también es momento de parar, relajarse y recargar las pilas para el invierno.

Es nuestro caso. Comunicación de resistencia se toma unas breves vacaciones, para disfrutar del tempo tranquilo que tanta falta nos hace.

Nos leemos en unos días. Disfruten.

 

Groove armada, At the river
If you’re fond of sand dunes and salty air,
quaint little villages just here and there.

Tres diferencias

El mundo se comunica con nosotros a través de sonidos, aromas, sabores, imágenes, roces, impulsos…

Unas veces estamos abiertos, receptivos, preparados, y percibimos esa melodía escuchada al azar en todo su esplendor. Otras, no somos capaces de reconocer el peligro de un alimento en mal estado porque no le prestamos atención a su olor. O andamos tan absortos pensando en nuestras cosas que no nos damos cuenta de que el semáforo ha cambiado de color. Unas veces no notamos el cariño que expresa un apretón en el hombro y otras salvamos el cuello por hacer caso a nuestro instinto.

El mundo se comunica con nosotros incluso aunque no queramos, aunque no estemos preparados para lo que nos tiene que decir, aunque no entendamos todos los mensajes.

En este contexto, con tal cantidad de información que tenemos que procesar constantemente, sería lógico pensar que, o bien estamos superentrenados y somos capaces de discriminar los mensajes importantes e interiorizarlos, o bien estamos expuestos a tantos estímulos sensoriales durante todo el tiempo que a menudo se nos escapa lo obvio y pinchamos.

Pinchamos a menudo.

¿No se lo creen? Encuentren las tres diferencias en el siguiente vídeo de Django Reinhardt. Les reto.

Disfruten de la música y que tengan buen fin de semana.

Hoy es uno de esos días

Hay días que nos damos cuenta de la suerte que tenemos, a pesar de todo.

Nos sentimos bien sin razón aparente aunque, si escarbamos un poco, es fácil darnos cuenta de que parte de ese sentimiento agradable y reconfortante se debe a que podemos compartir la vida con personas a las que queremos y que nos quieren.

Hoy es uno de esos días. Y suena suave y tranquilo pero con carácter.

Hagan que hoy sea uno de esos días. Disfrútenlo.

Girl from Ipanema, Tom Jobim y Joao Gilberto.

De la manipulación

De la comunicación se pueden decir muchas cosas. Fíjate, buscas en Google y salen 45.000.000 millones de resultados en 0’20 segundos.

Sin embargo, de todas estas cosas que se pueden decir de la comunicación, cuando se define de manera académica casi nunca se habla de manipular. Y, en definitiva, la comunicación siempre conlleva una manipulación, siempre tiene intención. Manipula incluso cuando el objetivo del emisor es transmitir un mensaje plano, sin opinión, aséptico, simplemente, porque elige transmitir esa información y no otra, en ese momento.

Y luego están los casos en los que la comunicación, clara y llanamente, manipula. A lo grande, con la intención de hacer creer al mundo algo que no es. Hay quien dice que nunca se puede engañar a todas las personas todo el tiempo pero creo que es cuestión de diseñar una estrategia y seguirla, calibrando las crisis, previendo efectos y consecuencias y aplicando correctivos.

Como muestra, la historia está llena de (presuntos) engaños a gran escala, leyendas urbanas o no que pasan de generación en generación: que si Franco tenía un doble, que si la bala mágica de Kennedy, que si Disney está criogenizado esperando a que se encuentre una cura, que si Nicholas Cage es un vampiro… y no quiero ni pensar la cantidad de cosas que nunca han salido a la luz y son realmente importantes.

El caso es que, ahora, con los medios que tenemos a nuestro alcance, parece que es más fácil disponer de una opinión y la contraria para decantarnos por una u otra versión del asunto pero ¿se imaginan lo fácil que era hace 20 años montar un engaño de estos a lo grande? Por no hablar de hace 30, 40 o 50…

Vamos a quedarnos aquí. Hace 50 años, con una de las grandes historias de manipulación del imaginario colectivo, que aún colea y sigue sin respuesta. Mi favorita, por razones sentimentales. Y porque me hace reflexionar sobre lo fácil que puede ser engañar a millones de personas durante años manteniendo una estrategia de comunicación sin fisuras.

¿Llegaremos a saber la verdad algún día?

Que disfruten del espectáculo.