Una brújula para Albert

Aún no he terminado de leer “Brújulas que buscan sonrisas perdidas”, de Albert Espinosa. Supongo que terminaré de hacerlo, pero me tiene atascado. Y me pasa con Albert Espinosa algo que no suele sucederme. Yo soy muy de dejar un libro si no me vale la pena. Pero es que Albert Espinosa me cae bien y me gusta su mensaje positivo.

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He leído “Todo lo que podríamos haber sido tú y yo, si no fuéramos tú y yo” y “Si tú me dices ven lo dejo todo, pero dime ven”. Qué títulos tan atípicos y sugerentes, ¿no? Pues lo más atípico de Espinosa no es el título de sus libros, sino sus historias. Ha creado un sistema de escritura muy original, muy orgánico, poco ortodoxo y un poco complejo pero que consigue enganchar al lector porque tiene un secreto: la empatía que despierta el personaje principal y narrador del relato. Crea un personaje cercano, buena gente, majete, que uno querría tener como amigo, alguien agradable al lado de quien se quiere pasar el rato. Alguien sencillo, como cualquiera de nosotros, que habla con honestidad de sí mismo, que narra la historia con emotividad y que consigue anclarse en el corazón del lector. De modo que, aunque las historias sean a veces retorcidas o extravagantes, la compañía del personaje vale la pena. Y como habla en primera persona, hace que le quieras.

Este último libro se le ha ido de las manos. Está siendo un éxito en ventas y supongo que más por afición al autor que por otra cosa. Siento decirlo porque Espinosa me cae estupendamente, pero no está bien escrito. Tiene erratas y falla en los signos de puntuación y a veces parece traducir literalmente a castellano del catalán. Pero además  hay partes en las que no sabe uno si está leyendo un libro o un guión.  Y no es lo mismo. Lo lamento porque pienso que sabe hacerlo mejor. Por eso creo que se le ha ido de las manos el desorden organizado de su planteamiento al escribir. Se ha vuelto tan sumamente orgánico que crea dificultades innecesarias al lector.

Otro tema sería si, ahora que está en cartelera “En el camino” (adaptación de un libro más que recomendable), hubiera tratado de escribir de manera reaccionaria. Pero, reaccionando, ¿contra qué? Yo creo que si Kerouac escribiera hoy lo haría de una manera pulcra y hasta puntillosa, tanto que se confundiría con el mismo Truman Capote. Porque, ante el desaguisado lingüístico en que vivimos, con la relajación verbal que impera, hoy lo reaccionario sería escribir de manera perfectamente correcta y armoniosa. Me parece que hoy la higiene verbal pasa por visitar a los clásicos de la literatura, por recuperar la forma original y perfecta del lenguaje. Y sin embargo todo indica que vamos en dirección contraria y los escritores deberían dar ejemplo si no queremos que el lenguaje siga deteriorándose.

Me parece estupendo que se escriba (y se lea) sobre lo que se quiera. Creo que la variedad está para satisfacer a todo el mundo. Y como también creo que leer no es un valor en sí mismo (¿por qué regla de tres es mejor que te guste leer que lo contrario?) supongo que hay que ser un poco crítico y exigente con lo que se lee (porque el mundo está sembrado de millones de libros).

Admiro y respeto mucho el talento para inventar y contar historias, y envidio la capacidad de escribirlas. Pero siempre espero que el escritor ponga toda el alma, toda la intención y el esfuerzo al hacerlo de manera correcta y, a ser posible, hermosa.

brujula antigua
Lo que se dice es importante, pero cómo se escribe no lo es menos. Y Albert Espinosa tiene un don al que debería hacer justicia.