Arranca un nuevo curso, un año nuevo…

Sube las escaleras del primer piso rápido, previo paso esquivo por el hall mientras saluda a la ‘señora burbuja’ de la ventanilla de información y entra en el aula 15, como lo viene haciendo desde hace siete años ¿ya?

Y, sin embargo, cada año es diferente, cada cuatrimestre, en este caso, es una sorpresa, una incógnita, un interrogante saber qué esperan, qué espera él de ellos; bueno, él si que lo sabe: ‘entiendan, por favor, qué hago y el incalculable valor que ese trabajo le puede reportar a su organización, cliente o empresa’. Es lo que tiene el intangible de la comunicación, cuesta entender hasta para los que aspiran a dedicarse a ello.

Vuelven, antes de entrar, esa mezcla de nervios e impaciencia que le dejan a uno la boca seca. Nervios e impaciencia por ver esa treintena de caras nuevas, comenzar a retener los primeros nombres o apellidos, evaluar las primeras impresiones, sacar las primeras conclusiones, sin que ello condicione la intensa relación que van a iniciar durante esos próximos cuatro meses.

Memorable 'Rebelión en las aulas'.

Memorable ‘Rebelión en las aulas’.

Y después de siete años, cómo acometer la materia cuando el contexto ya no es el mismo. Cómo encarar el programa cuando sobre tus pies has visto y esquivado el desplome de empresas, agencias y medios. Cuando has sorteado ere’s, regateas a una crisis que se hace eterna, ves como compañeros desisten y reorientan su camino hacia otros derroteros bien distintos, aunque igual de dignos, eso sí. Constatas las escasas oportunidades para jóvenes. Ves como tú mismo y tu entorno se resienten, por momentos, y aprietas los dientes: ahora tienes una familia. Pero hoy ya no quieres lo mejor para los tuyos, aspiras a lo mismo que el resto, no por conformismo, así lo quieres desde la honestidad y el sentido común. No quieres lo mejor a costa de terceros, el caso es que tú siempre lo tuviste claro.

Es un cambio de paradigma, de mentalidad que se asienta en las nuevas generaciones. Es un poso colaborativo y que invita a compartir conocimientos el que remueve los cimientos de pasadas burbujas y falsos talentos que socavaban el desarrollo del resto. Y tu empiezas a verlo.

Entrañable 'Monsieur Lazhar'.

Entrañable ‘Monsieur Lazhar’.

Y cuando entras y les saludas y os dais mutuamente la bienvenida, por obra y gracia de la comunicación no verbal, antes siquiera de mediar palabra, los más avezados ya han entendido la primera lección de este tiempo que vivimos: vales lo que eres, no lo que representa el cargo que ostentas. Vas a darlo todo y en ese impasse no te sentirás vacío, sino que saldrás lleno, porque no hay mayor recompensa que darlo todo sin esperar nada a cambio y que te lo paguen con atención y participación.

Ese es el valor de la docencia y si ésta la impartes en el Grado de Comunicación, la conjunción de elementos satisfactorios puede ser plena.

¡Bienvenidos, pues, a una nueva temporada! ¡Tomen asiento y guarden silencio, por favor!

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Ofertas de empleo desconocidas para community managers

Casi todos los días recibo alguna que otra oferta de empleo en la que se busca un community manager.

Algunas resultan muy curiosas porque, a la hora de describir el puesto, hay empresas que aún no tiene claro qué es un community manager, a qué se dedica y qué hace.

Perfectamente, mi vecino del cuarto, que presume de conocer las redes sociales y las utiliza para colgar las fotos de las fiestas y de la falla del barrio, podía optar a muchas de ellas; cosa que me preocupa porque las posibilidades de ser yo la persona contratada pueden descender considerablemente. Eso, sin contar que, si mi vecino decide trabajar como freelance con las empresas demandantes, pueda reventar los precios del mercado de tal manera que hasta me deje sin margen en una improbable subasta.

Ser community manager no es un hobby es tener una profesión

Ser community manager no es un hobby es tener una profesión

Pero bueno, más allá de la ironía, hay ofertas de empleo para community managers que dan mucha risa. Sobre todo, las que se publican en ese portal de empleo mundialmente conocido por todos y llamado Infojobs. Hace poco, una empresa de Barcelona buscaba un community manager “que conociera y utilizara las redes sociales y que supiera escribir”. Algo así como si un teatro buscara a un actor que supiera actuar o una editorial buscara un corrector que supiera lengua ¿Absurdo? Pues sí. Además, para recochineo del anuncio, pagaban entre 10.000 y 12.000 euros al año, según valía del candidato, y exigían conocimientos de programación web ¿Vergonzoso? Pues también.

Muchas veces, esa clase de absurdo y de poca vergüenza irrita, y mucho, por lo que tiene tras de sí: la devaluación, la poca consideración social de la profesión del community management (porque sí, es una profesión, no un hobby). Porque un community manager usa las redes sociales como herramienta (por lo tanto, las debe conocer en profundidad) y la palabra como medio, o viceversa, da igual. No es community manager aquel que no sabe escribir como tampoco es cirujano aquel que nunca ha entrado en un quirófano.

Si yo fuera las empresas que se anuncian en Infojobs, le pediría muchas otras cosas a un community manager. Le pediría que dominara blogger y wordpress, que tuviera algo de conocimientos de SEO, SEM y SMO, que supiera interpretar los resultados de Google Analytics, que construyera con acierto estrategias de linkbuilding, que hiciera análisis de keywords y que evitara las técnicas de black hat. Algo de idea, he dicho, no todo, porque para eso ya está mi amiga Natalia Chen que sabe mucho de esto, que imparte cursos buenísimos y que posiciona, como nadie en Valencia, páginas web de empresas.

Google

Reputación online y mucho más…

Le pediría además que no sólo tuviera conocimientos técnicos, sino que supiera comunicar, conectar con su público, saber en qué redes está y por qué, ser cercano a él, robarle un poco de su tiempo y hacerle querer un poquito a la empresa (sí, eso del engagement).

Hasta me pemitiría el lujo de pedirle que fuera, además, un poco estratega de social media, que supiera elaborar un plan de comunicación para la empresa con su DAFO correspondiente, que pudiera establecer unos objetivos de las acciones que implementara, que estuviera capacitado para estudiar los públicos objetivos y hasta que tuviera previsto un plan de crisis para mantener a salvo la reputación online en caso de problemas.

Metiéndome en su vida personal, hasta le sugeriría que rezara cada noche una oración por el SEO, Padre Todopoderoso, creador del posicionamiento orgánico y de la tierra. Quizás, entonces, mi vecino del cuarto no pensaría que él, que también usa Facebook  para charlar con sus amigos del gimnasio y del bar, es community manager.

Claro que, para pedir todo esto antes hay que saber qué y para qué se necesita un community manager. Y, de paso, pagarle como a un profesional cualificado, que es lo que es. Pero, bueno, como la paciencia y la coherencia no están entre mis pocas virtudes, reconozco que me inscribo en estas ofertas de Infojobs. Al fin y al cabo, utilizo las redes sociales y creo que sé escribir ¡Qué más me da!

‘Conversaciones’, para el banco de Beniparrell

El otro día coincidí con un colega periodista, de ese tipo de personas que pese a la escasa asiduidad con la que nos vemos vas entablando amistad. Y me invitó a charlar en una sala de reuniones de su redacción de periódico, en un ambiente que me recordaba por el color, el formato de nuestro encuentro y el tono distendido, a esas ‘Conversaciones’ que un conocido Banco ha promovido a través de parejas de personajes públicos.

sillones tu y yo

Y hablamos del espacio laboral, del nuestro, de cómo las redacciones de periódicos ya no bullen con ese quehacer antaño ruidoso, de cómo las absorciones y fusiones, de cómo los ERE’s e Internet están esquilmando un sector que representaba una de las patas importantes de la mesa de la democracia. E hicimos extensivo ese lamento a emisoras de radio y televisiones. Constatamos como ni en el mejor de los momentos (entre 1995-2005) para los medios fue un negocio saneado. La escasez de recursos ha provocado que las emisoras funcionen con lo mínimo y las nuevas tecnologías ‘han ayudado’ a ello. Las televisiones comarcales y municipales que sembraron de ‘alcachofas multicolores’ nuestro territorio se han extinguido, casi en su totalidad, y las que resisten, lo hacen como los maquis, a fuerza de tirarse al monte, escapando del cautiverio al que les sometía la administración local de turno.

Y en ese momento le dije: ‘Vicente, y ¿qué hacemos ante la diáspora que provocará en breve el Ente? Ese mismo que albergaba junto a buenos profesionales, un gran número de estómagos agradecidos’.

‘No lo sé, Pedro’ –me confesó. ‘Solo sé que son muchos, muchos más los que ya han tenido que buscarse la vida por otros derroteros, lejos del periodismo. Y este desembarco que ya se ha iniciado, nos trae a la orilla a profesionales viciados, y lo digo desde el mayor de mis respetos. Los que llegan no tienen el cuerpo preparado ni para la realidad de siempre de este mercado, ni mucho menos para cómo ahora se halla’.

‘Y ¿qué me dices de los que se van licenciando año tras año?’ –me suelta él. Me quedé un segundo pensando y le respondí: ‘ya no es sólo nuestro problema, me refiero a los titulados que salgan de periodismo… Vengo de hablar con los ingenieros Industriales, Agrónomos y de Caminos y están pasando por lo mismo; tengo amigos arquitectos que no visan ni proyectan; ¿qué harán, por ejemplo, los publicistas y relaciones públicas? Si los medios de comunicación están heridos de muerte, si las agencias están cayendo a menos que se reconviertan, qué harán las Centrales de medios, qué ha sido del sector publicitario en el que no sé ni como resisten las marcas de automoción, los perfumes por navidad o cualquier otro campo de actividad vinculado a la estacionalidad, ya sea moda, juguetes, alimentación o cerveza, por poner algunos ejemplos’.

A ambos nos sobrevino un atisbo de esperanza, en el fondo, porque amamos nuestra profesión. Me refiero a que la red asume parte del negocio que se ha perdido en la calle, solo que la rentabilidad no es la misma ni de lejos. Y pensamos que deberá haber, por tanto, una criba y si el ‘gratis total’ es algo de lo que nunca hemos disfrutado en nuestro día a día off line, también deberá llegar a ese mundo digital en el que nos desenvolvemos. Una cosa es compartir conocimientos y otra bien distinta que un servicio no esté sujeto a una contraprestación. Y la información siempre fue un servicio en si mismo.     

Aquello de que ‘la verdad nos hará libres’, sigue siendo tan cierto como lo que venimos escuchando en estos días: ‘solo el contenido nos hará diferentes’. Tomemos, pues, buena nota los comunicadores.

Y finalizada nuestra conversación, nos despedimos, sabiendo que, de un modo u otro, seguiremos en contacto.

P.D. Dos lecturas (espero que) recomendables: El último que apague la luz y ¿Para qué servimos los periodistas? (hoy). 

 

La milonga de emprender

Estoy cabreadísima.  Últimamente se habla mucho de los emprendedores como si fueran unos superhéroes o algo parecido. No hago más que leer noticias como que “Rajoy lanza un compromiso con los emprendedores“, que “Cospedal pone 28 millones de euros a disposición de jóvenes emprendedores”; queMadrid busca emprendedores con espíritu olímpico”; o que el “Programa ‘Lanzadera’ de Juan Roig para emprendedoresva a traernos numerosos beneficios sociales.

Emprender por emprender no va a ninguna parte

Emprender por emprender no va a ninguna parte

Y pienso, ¡qué asco! Creo que se está usando el concepto de emprendedor como un argumento político para eludir responsabilidades y ganar votos. Estos políticos que nos gobiernan y nos han gobernado hasta ahora no tienen ni idea de las cuestiones relativas a emprender y es inútil que nos convenzan sobre ello. Señores, emprender por emprender o hacerlo por necesidad no va a ninguna parte ni es la salvación a nuestros problemas. Dejen de vender la cabra de que emprender es guai porque no es cierto.

Si algún político de los que tanto habla de emprendedores tuviera un poquito de experiencia en esta materia (y un muchito de decencia), podría darnos lecciones. Mientras, por favor, dejen de hacer el ridículo porque ninguno de ustedes, que yo sepa, ha sido nunca emprendedor. Realmente, de lo que podrían darnos clases es de cómo ser opositor y, después, funcionario: Rajoy, administrador de la propiedad desde los 24 años; Rubalcaba, profesor universitario desde los 25; Sáez de Santa María, abogado del Estado desde los 27…

Los emprendedores son una pieza más de la sociedad, igual de importante que la de los funcionarios y la de los trabajadores por cuenta ajena. Pero, intentar que uno sea lo que no es o no quiere ser no tiene ninguna lógica y es una excusa para centrifugar las responsabilidades: si estás en el paro, es por tu culpa, por no haber emprendido con éxito.

Si todos fuésemos emprendedores no habría instituciones públicas y nadie querría ser funcionario. Tampoco podríamos encontrar trabajadores para las empresas porque todo el mundo tendría la suya propia. Y, ¿a quién iba a premiar Juan Roig para que compartiera con los demás sus habilidades, conocimientos y recursos y desafiara a las dificultades existentes?, tal como recoge en la convocatoria de su programa Lanzadera. Pues, a nadie.

Señores políticos, dejen de liar con el tema de emprender

Señores políticos, dejen de liar con el tema de emprender

Por favor, dejen de liar la madeja y trabajen de una vez la paz y la igualdad social. Consigan crear instituciones públicas en las que los funcionarios tengan vocación de servicio público, ayuden a que los trabajadores tengan unas buenas coberturas sociales y creen de una vez puestos de trabajo.

No intenten que un funcionario monte una empresa porque no va a funcionar. No pretendan que alguien que ha sido, y quiere seguir siendo, trabajador por cuenta ajena, ahora se vuelva empresario en dos días a cambio de una tarifa plana de autónomo.

Emprenderá quien realmente sienta que puede hacerlo. Así de simple. No los 6 millones de parados, que no encuentran trabajo, por mucho que les quieran convencer de que ese camino va a ser su salvación definitiva.

Tengan sentido de la responsabilidad, por favor, y dejen que cada uno sea lo que le dé la gana. No vendan ilusiones falsas, ni cuentos chinos, ni verdades a medias a cambio de un puñado de cuotas de autónomo, porque lo único que van a conseguir es que la gente se frustre de nuevo.