Sólo para fans de la salchicha de Conchita

Me declaro fan de Eurovisión, lo reconozco y no me lo callo. Bueno, tampoco soy de los de pintarse la cara, ni de tararear la letra de la canción que represente a mi país hasta la saciedad, pero me atrae el espectáculo en sí y esa mezcla kitsch que aporta Europa cuando se sube a un escenario y se pone a cantar. Y además, en los últimos años como que el festival se ha recuperado, ¿no creen? Pues bien, desde el sábado noche, tras el bulle-bulle desatado por la victoria de Conchita Wurst (salchicha, en alemán, por cierto) estoy más convencido que nunca de que las huestes que la critican ni tan siquiera se han detenido a escuchar dos estrofas de su canción. Tranquilos, tampoco se alarmen por el título del post, este es un sitio con las cosas en su sitio y el sentido común lo guardamos a buen recaudo. Aquí les dejo, pues, la canción traducida, porque no tiene desperdicio y unas conclusiones al respecto de todo ello:

Letra de la canción de Conchita Wurst, Rise like a phoenix

Despertando entre los escombros,                                               wurst                                      caminando sobre cristal,
los vecinos dicen que somos problemáticos,
bueno, ese tiempo ha pasado.

Mirando de cerca al espejo,
no, ese no soy yo,
un extraño acercándose,
¿quién puede ser esta persona?

Hoy, para nada me conocerías,
de la luz que palidece, yo vuelo,
me alzo como un fénix,
salido de las cenizas,
buscando, más que venganza,                   wurst 2
una recompensa.

Fuiste avisado,
una vez que me transforme,
una vez que renazca,
sabes que me alzaré como un fénix,
pero tú eres mi llama (Estribillo).

Vete a meterte en tus asuntos,                       clicks
actúa como si fueras libre,
nadie podría haber presenciado,
lo que tú me hiciste a mí.

Porque hoy, no me conocerías,
y has tenido que verlo,
para creerlo,
de la luz que palidece, yo vuelo.

Me alzo como un fénix,
salido de las cenizas,
buscando, más que venganza,
una recompensa.

(Estribillo)                                                    wurst 4

Me levanto hacia el cielo,
tú me tiras abajo, pero
voy a volar.

Y alzarme como un fénix
salido de las cenizas,
buscando, más que venganza,
una recompensa.

(Estribillo) Fuiste avisado,
una vez que me transforme,
una vez que renazca.
Sabes que me alzaré como un fénix,
pero tú eres mi llama.

Conchita Wurst (Austria) – Alzándome como un fénix. Canción ganadora de Eurovisión 2014.

La lectura que saco de esto es que a las ‘hordas’, las que se declaran anti, las que tachan cualquier atisbo de anomalía frente a lo convencional, les falta sentido del humor. Pero mucho, oigan (que diría mi amiga Pérez). No voy a capturar pantallas de las barbaridades que tuve que leer por twitter, ni del humo que echaban los ‘guaxaps’. Desde luego el que se convierte en transgresor y Conchita lo es, sabe que le pueden venir leches por todos lados; pero su constancia, tras releer su wikipedia y un par de entrevistas, es cuanto menos meritoria.

Inventar un personaje para alcanzar un sueño que por ti mismo igual no tienes posibilidad de cumplir ¿qué daño hace? Si además atesoras maneras, si tienes buena voz y estas instruido en el noble arte del espectáculo. ¿Cuántos hombres en diferentes culturas han asumido el rol de la mujer en el teatro porque a estas les estaba negado pisar las tablas?

Qué hay más irónico que inventarte un personaje en el que te sientas realizado y más si es del sexo contrario y realizar, como Conchita, un giro extraño e inesperado y en ese papel de mujer que asumes como hombre, te dejas una barba poblada que como Tom (su nombre real)… no llevas a diario. ¿Es o no un ejercicio de fina ironía?

Es el sueño de alguien que lo ha intentado en varias etapas de su vida y que lo ha conseguido siendo otra persona. Y todo mientras se presentaba a concursos como Tom, mientras curraba de escaparatista como Tom y se formaba en el mundo de la moda, como Tom.

Su asalto a la fama, más que salto, es toda una estrategia de comunicación en la que los medios de comunicación se han rendido a sus encantos y los que lo han acabado conociendo, han reconocido su talento. El caso es que no solo se tuvo que travestir de mujer para que repararan en él, sino que además incorporó a su estilo ese símbolo velludo tan de moda en el estilismo masculino: la barba.

Y en este contexto, ¿quién es más cínico, el artista o el público que como si de un circo se tratara reclama cada día un más difícil todavía?

Bravo por Tom y por Conchita. Me encantaría escucharla como chica Bond, su tema de Eurovisión daba la talla como para incorporarse a la saga del agente 007.

 

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Un Cuento de Navidad (parte II)

Recordad que dejamos a Pilar en plena calle (ver parte I) a escasas dos horas de la cena de Nochebuena, sin sus compras, sin móvil, sin zapato… sin ganas de nada:

De pronto escucha una voz familiar que le dice: ¿Te puedo ayudar, Pilar? Y suena a música celestial. Una voz fuerte y una mano que se posa en su brazo. ¡Es Josep! ¿Cuánto hace que no lo veía? ¿Cuánto hace que lo dejó? ¿Cuánto que lo desterró de su pensamiento?

Fin de la primera parte

Parte II:

Aquella tarde Josep la acompañó a los comercios. Pilar estaba presa de un estado de nervios y en shock al toparse con su inesperada y ¿olvidada? presencia y ella recogió todos los encargos, mientras él se ofreció a pasar por una zapatería cercana y hacerse con un par de zapatos de su número, sacar el coche del parking y lo más insólito, conseguir poner de nuevo operativo su móvil tras acercarse a una tienda de su compañía. Él siempre fue así de dispuesto.

Apenas hubo tiempo de hablar, Josep le entregó las llaves del coche, su móvil resucitado y un par de zapatos nuevos, de sobra conocía sus gustos. Se despidieron con un beso y un ligero abrazo amistoso. Ni un quedaremos, ni dame tu número, tan sólo un sencillo y sincero:

–          Feliz Navidad, Pilar.

–          Feliz Navidad, Josep.

de-compras-shopping

Josep transmitía en su rostro serenidad y alegría por el fortuito encuentro y Pilar, ya algo más relajada y, sobre todo, muy agradecida, aún no salía del todo de su asombro. Pero cual Cenicienta que escucha sonar las campanadas, salió corriendo a la cita con los suyos.

Ya en casa, Pilar, se recompuso como bien sabía hacer por fuera, sin mostrar qué cuerno le pudiese suceder por dentro y se refugió, de nuevo, en su rol de madre, esposa y anfitriona perfecta.

La aparición inesperada de un antiguo amor volvía a diluirse en la noche de los tiempos, o eso creía, o eso pensaba o ¿eso es lo que quería?

Hasta que antes de sentarse a la cena, mientras disfrutaban del aperitivo, el mayor de sus hijos que le había cogido el móvil le dijo:

– ¡Mami, qué curiosa esta app nueva que te has instalado hoy! Ya me explicarás para qué sirve.

– ¿Cuál tete? –le responde su madre.

– Pone ‘TND’ -explica el adolescente.

– No sé cual me dices, cariño –insiste Pilar.

– Son las siglas de ‘Todo lo que Nunca me Dijiste’ -concreta el listillo de su hijo.

Pilar se quedó de piedra y ruborizada, mientras se hacía un silencio entre el resto de comensales que supo cortar su marido:

– Tete, ya sabes lo tecnológica que es la mami, pero ahora todos a la mesa y ya dejaremos que nos lo cuente en los postres…

Y los compases de fondo que dejaban escuchar un melancólico ‘ordinary day’ subieron de tono. El CD de Perry Blake fue un regalo de Josep y Pilar lo puso inconscientemente, mientras todos ocupaban su sitio en la cena de Nochebuena.

Un cuento de Navidad (parte I)

(Se aconseja acompañar lectura con audio final)

Deja apresurada el despacho. Cuando apaga las luces y sale al rellano ya es noche cerrada. La iluminación navideña de la calle le devuelve una luz especial al frío ambiente que se respira y le hiela la cara. Los comercios apuran su hora de cierre y en todas las esquinas le llegan entrañables melodías navideñas. Pero se agobia, al recordar los encargos que debía cumplir antes de llegar a casa. Enumera mentalmente: el salmón marinado, los salazones, el vino  blanco,  los frutos secos… ¿qué más? pensó… y los regalos, el que le correspondía hacer a ‘su amigo invisible’, otra vez su cuñada, ese tutorial vivo de ‘marisa vidilla’ por dios, pero y qué más…

shopping

Los tacones no son buen aliado para sortear las duras aceras donde ya se acumula algo de nieve o lo peor, hielo, pero el glamour siempre fue así de exigente. Ataviada con guantes, foulard, abrigo, el preceptivo ‘sac’ donde cabe encontrar de todo menos lo que buscas y un ‘pies quietos’ repentino al cambiar el semáforo a rojo. Momento que aprovecha para buscar la lista de encargos en el bolso. Pasan los segundos y su desespero va en aumento mientras sigue escarbando en ese bolso de ilusionista sin fondo. Semáforo verde para peatones y la lista no aparece. “¡No pasa nada!” Se dice sin convicción. Ha pasado las notas a su smartphone y se detiene, mientras bullen las calles de transeúntes acelerados. Y al sacar su móvil un ligero empujón de un viandante es el culpable de que esa pieza de última tecnología sin la que ya no somos nadie se le desprenda de su mano izquierda y dé con sus elementos en el frío y gélido suelo. Como si de un transbordador espacial challenger se tratara, la parte delantera se desprende de la tapa y esta a su vez de la batería; tres cuerpos extraños esparcidos por el suelo y un gesto rápido y preciso que se apresta a recogerlos.

marron

Lo monta con ciertos nervios pero el móvil parece herido de consideración. Es Nochebuena, su marido y los niños se encargan de preparar el salón y de decorar la mesa. Ella debe llevar el grueso de la cena, acuden sus suegros y las dos hermanas de su marido con sus respectivas parejas. Nunca pensó que casarse con el marido perfecto implicara tener la suegra y las cuñadas perfectas (ironía). Cena para diez a las diez y ya son casi las siete. Cansada y agobiada su nerviosismo va in crescendo. Calcula: está a diez minutos andando de las tiendas, de las que tendrá que volver al parking donde tiene el X1, diez minutos más y a veinte minutos de casa en coche, en el mejor de los casos. En el trabajo le ha resultado imposible ahuecar antes, son días de cierre de balances, pese a que, ingenua de ella, pensaba tomarse la tarde libre. ¿Es necesario todo esto? se pregunta acongojada. Demasiado agobio y esfuerzo para tener que cenar con su familia política, lo piensa, pero siempre negará reconocerlo en público, es una norma de politesse que tiene bien aprendida como esposa ideal y mejor madre. Era todo tan fácil cuando se trataba de su propia familia y su madre lo coordinaba todo…

Comienza a andar y su tacón derecho se incrusta en una rejilla y éste parece gemir de dolor mientras ese preciso punto señala el final de su taconeo. Todo acompañado de un traspié que le hace dar con sus rodillas y manos en el suelo. Se alza ya con menos vigor que cuando había recogido el móvil y queda muy tocada física y mentalmente. Ahora qué hago, qué hago, no voy a llegar, no puedo más… se dice para sí.

De pronto escucha una voz perdida en el tiempo pero íntimamente familiar que le dice: ¿Te puedo ayudar, Pilar? Y suena a música celestial. Una voz fuerte, acompañada de una mano no menos fuerte que toma su brazo. ¡Es Josep! ¿Cuánto hace que no lo veía? ¿Cuánto hace que lo dejó? ¿Cuánto que lo desterró de su pensamiento? …

Fin de la primera parte.

 

Diferentes formas de comunicación no verbal

Magia – Stop motion de Eduardo Zulaica from Eduardo Zulaica Campoy on Vimeo.

Recientemente describí a una persona con esta expresión: “De este -en mi pueblo- diríamos que es un chuloputa“.

Eso no quiere decir que sea un proxeneta sino que tiene un “postureo” (no sé si es correcto el vocablo pero se utiliza mucho y es muy ocurrente-descriptivo) que lo dice todo. ¿A que te viene a la cabeza mas de uno?

Según se le veía venir ya te hacías a la idea y cuando abría la boca lo confirmaba. Probablemente sea un padre maravilloso pero, ¡la madre que le parió! que también sería una madre estupenda y… muy paciente para aguantarle hasta que se fue de casa. Amor de madre.

Hace ya unos años trabajé en Amex, multinacional americana de referencia, y cuando íbamos a las convenciones europeas el espectáculo era impresionante. Los VPs (Vicepresidentes, había un montón) subían al estrado como Clark Gable y los actores de Hollywood cuando van a recibir el Oscar: pisando fuerte, con estilo y elegancia (algún caso en los Goya también hay). Luego se ponían a soltar su discurso sin papeles mirando a ambos lados de la sala. Ya sabéis, los teleprompters son esas pantallitas transparentes a los dos lados por dónde les va pasando el texto que leen como si improvisaran. (Si, ese que se le estropeó a Obama en un discurso en Alemania hace unos días). Lo hacían con esa voz estupenda y en un inglés impresionante, como de lengua materna, que lo era: la mayoría eran británicos.

Tengo la sensación de que algunos directivos actuales han perdido algo respecto a aquellos, pero puede que sólo sea una sensación.

Otro caso de comunicación no verbal es el de los sordomudos en la TV. No termino de entender porqué en algunos casos ponen a un traductor simultáneo en un cuadradito en lugar de poner el texto a pie de pantalla. ¿O es que son analfabetos los sordomudos? No lo creo.

El caso extremo de comunicación no verbal es el de los mimos. ¡Maravilla lo que dicen sin abrir la boca! Cuando vas por la calle tienes dos tipos de mimos. Los que se pintan de un color y se disfrazan de piratas o de lo que sea y se mueven como robots cuando suena la moneda en la lata. ¡Me encantan! Y asustan a muchos niños.

Con los otros no puedo. Esos que se pintan la cara de mimo y se quedan de pie encima de una caja durante horas totalmente parados y sin moverse. Me dan ganas de decirles que se limpien la cara, se sienten en un banco y pongan la lata del dinero. Por mi parte, recibirían mas apoyo financiero.

Y por último están los magos que abarcan todo el espectro. Desde Juan Tamarit que no para de hablar (¿se habrá arreglado los dientes? ¡espero que no!) hasta esos que no dicen una sóla palabra y utilizan las manos para decirlo todo: lo que han hecho y prepararte para lo que va a venir.

Y me pregunto ¿Se puede fotografiar la Magia? Eduardo lleva unos cuantos meses trabajando en el tema y parece que lo ha conseguido. La fotografía y el vídeo, otra forma de comunicación no verbal, pero siempre mejor con música de fondo: anima mucho.

Mi / Tu ‘YO’ como marca / protagonista

La comunicación en estado puro, la interpersonal o grupal, la que no está sujeta a filtros, canales, caracteres, ni redes es rica en matices y puede adquirir múltiples formas, en función del entorno, del momento, del estado de ánimo en el que nos encontremos, de la diversidad del grupo en el que nos movamos o las rivalidades con las que topemos.

Esta es una comunicación mutante y nosotros nos metamorfoseamos con ella. Y la posición que adoptemos, la personalidad que asumamos, dirá mucho de nosotros ante el resto. Seamos eclécticos, pues, mutemos y desconcertemos.

Lo que está claro es que cuando dormimos nadie nos roba el papel de protagonista, cuando despertamos seguimos siéndolo y solo cuando compartimos las primeras palabras con nuestro entorno (parejas, hijos, vecinos, señora de la limpieza…) empezamos a ceder protagonismo frente a terceros.

Esa misma comunicación interpersonal es materia de estudio y aprendizaje también en el ámbito profesional: ya sea protocolo, marketing, ventas, recursos humanos, pero sobre todo lo es para profesionales de la comunicación y las Relaciones Públicas.

La gestión, promoción y ‘venta’ de nuestra propia ‘marca’, nuestro ‘YO’, debe ser rica en matices para que no nos juzguen desde un primer momento y muramos de encasillamiento.

pou2[1]

Nuestros movimientos en público deben ser tan estudiados como los que se preparan en escena, y al tiempo tan naturales que no parezcan impostados.

Bienvenidos al ‘postureo’ de las Relaciones Públicas. Si dominas tu entorno y te ceden protagonismo, asúmelo o declínalo con gusto; si por rango, edad, posición o desconocimiento lo asumen otros frente a ti, no compitas, ejerce de complemento y solo deja tu impronta (con un gesto o comentario certero) cuando sepas que ha llegado tu momento.

No siempre vamos a poder ser ‘protas’ y tampoco es que sea necesario para defender o ‘colar’ nuestro mensaje, los que se empeñan en ello acaban cayendo del pedestal al que se subieron. Pero disfrutemos con esas posibilidades. Hoy triunfo, hoy soy secundario (actor de reparto, como eufemismo), hoy ‘me borro’, hoy soy humilde, mañana guerrero… disfrutemos mientras nos enriquecemos.

Al final, el verdadero ‘prota’ no es el que se lo cree, sino el que consigue que se lo crean terceros. Es una mezcla de buena educación, mejores maneras, sentido del humor, unas cuantas dosis de ironía, sarcasmo, saber observar y escuchar, para poder responder mejor cuando llegue el momento y que quede claro, yo no sé de esto porque lo domino o lo ejerzo. Lo sé porque lo aprendo día a día de mis maestros. Y no me confundan todo esto, por favor, con artes nada nobles como son la pedantería o la arrogancia. Hoy no hablamos de esto. Hablamos como siempre me dice un buen amigo de marketing life o de otro (igual de bueno) que se inclina por el personal couch. 

Y sobre todo, tengan en cuenta que esto vale para cualquier ámbito de nuestro día a día (una reunión de empresa, una mesa redonda, una reunión de vecinos, un afterwork o unas birras en una terraza). Sirve tanto para un cóctel de etiqueta como para un botellón y un buen ejercicio es pasar de uno a otro en el mismo día. Es cuestión de actitud, yo lo he hecho*.

 

Otro buen ejemplo sería trasladar el cuidado de tu YO, tu imagen, tu POU a las redes. Pero esto da para otro post, se lo cedo a mis compis.

En fin, cuiden su YO, es él quien sale todas las mañanas para ganar su sustento.

* Dedicado a la VI Promoción de Licenciados en Publicidad y Relaciones Públicas de ESIC (Valencia).

    

¿Novela negra o literatura fúnebre?

Necropolis de Argiñeta

Siempre puedes elegir entre la literatura funeraria y la novela negra. Necrópolis de Argiñeta, Elorrio, Bizkaia.

Todo empezó el puente de Todos los Santos de 2012.

En mis manos cayó un libro “Aquí yace … o no”, el libro que tienes que leer antes de morirte, de Marta Sanmamed. Estaba calentito, recién publicado y con la tinta todavía húmeda.

aqui yace

de Marta Sanmamed

Marta toca todos los temas … fúnebres, sólo con leer el índice te puedes morir de la risa, pero la historia de las esquelas de El País de cada 21 de marzo -recordando a Elena Lupiañez Salanova- es realmente interesante.

Encuadernada para morirte de gusto excepto el efecto de las fotos, en blanco y negro sobre el papel color crema, que pierden mucho con ese fondo.

En temas fúnebres lo de las fotos no está arreglado porque los autores en muchos casos no se pueden recorrer todos los cementerios, o no son fotógrafos profesionales, por lo que tiran de imágenes facilitadas por otros. Además los cementerios no tienen por que ser los sitios ideales para hacer fotos alegres, con mucha vidilla.

Jesús Pozo escribe “De cuerpo presente”, Vida, anécdotas y curiosidades de 13 sepultureros. Yo creo que le sobra uno porque con Fray Tobías, el fossor poeta, me da la sensación que se rayó un poco. Jesús nos explica en el glosario que cadáver es “el cuerpo humano durante los cinco primeros años siguientes a la muerte”, en cuanto cumples ese plazo te conviertes en resto cadavérico, que suena peor incluso.

Así que ya sabes, al morir nos dividimos en dos. El cuerpo se convierte en cadáver y a los 5 años (si no te han incinerado) en restos cadavéricos. El alma se va por otro lado y puede acabar en 4 lugares diferentes que son el cielo, el infierno, el purgatorio o seguir vagando por este mundo como un fantasma.

Me atreví con un tercero de Nieves Concostrina, “Polvo eres”, con una gran colección de esquelas, epitafios y anécdotas aunque las fotos … lo dicho antes. Una especie de Celtiberia Show de Luis Carandel, pero en siniestro.

Sinceramente hay que disfrutar poco a poco este género literario que es la literatura fúnebre, un género atípico. Me quedo con ‘Aquí yace…’ si tengo que elegir.

Para otro puente he dejado los libros de Paco Belmonte, sepulturero y escritor.

De ahí decidí pasar a la novela negra, por dar un poco de alegría a mi experiencia literaria que estaba un poco gris en esos momentos. Y me atreví con 3.

Por cierto si quieres saber algo de detectives y de sus autores este es tu blog  del cacereño Eugenio Fuentes.

Leí una novela de Raymond Chandler del detective Philip Marlowe, un clásico. Fuera de las películas no sabía que existiera Marlowe: un clásico delicioso. No recuerdo el título.

Después leí “Tatuaje” de Manuel Vázquez Montalbán con el detective Pepe Carvalho con el que disfruté desentrañando los misterios de un asesinato.

Y por último leí “Los que hemos amado” de Willy Uribe, una novela de dos surfistas de Getxo que en los años 80 viajan a Marruecos a hacer surf (o es a comprar hachis?) y … más muertos que en una película del Oeste. Willy ya lo dice, “Trataré de explicarte lo que pueda, aunque Sergio Santos era un tío muy complicado”.

Ahora he decidido pasarme a la novela negra nórdica, la trilogía de Stig Larsson a base de:

  • Los hombres que no amaban a las mujeres.
  • La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina.
  • La reina en el palacio de las corrientes de aire.

Este autor tuvo la mala pata de morirse justo antes de publicarse la primera de ellas, en fin.

De todas formas como ya las leí en su día voy a re-visionar los DVDs de las tres películas: cine sueco, planos cortos, la “alegre” Noomi Rapace y pocas sonrisas. No va a ser la alegría de la huerta pero … al leer el título de esta entrada, ¿te esperabas algo más alegre?

Pisando fuerte

Uno puede llegar a saber muchas cosas de los demás, sin tener una idea real de cómo lo ven o la imagen que traslada al resto. Hace poco entré en un ascensor lleno de espejos y me sorprendió ver como se reflejaban mi espalda y mi nuca. ¡Y no reconocí a mi ‘yo trasero’! Acostumbrado a verse uno de frente, nos resulta raro saber cómo seremos dándonos la espalda. 

Igual que no solemos reconocer nuestra voz grabada, nos cuesta saber qué imagen damos por los cuartos traseros. Y el caso es que todo eso dice tanto de nosotros como lo que creemos que ofrecemos de fachada.

Y aún hay un aspecto que me resulta más curioso, propio de la comunicación no verbal y es, no sé si han reparado en ello: nuestra forma de caminar, de movernos. La manera de andar cuando nos aproximamos a un grupo de trabajo para presentarnos e iniciar una reunión, nuestra forma de pasear por la rúe, o cuando acudimos prestos a una cita y la pareja está a escasos metros esperándonos, cuando aceleramos el paso por miedo o urgencia o cuando nos llama el profesor para que salgamos a la pizarra o cuando tu eres el profesor y deambulas por el aula.

Desde luego, esto no tiene nada que ver con las/os autómatas que van y vienen sin alma por la pasarela. Me refiero a lo que transmitimos en movimiento. Moverte mientras el otro está quieto observando, es la forma más primaria de comunicarse. Suelen ser unos segundos, previos al inicio de una comunicación total con nuestra pareja, amigo o colega. Y justo en esos segundos previos, revelamos buena parte de lo que somos, de la que será nuestra actitud a partir de ese momento: seguridad, duda, convencimiento, autoridad, pedantería, chabacanería, rechazo, atracción… mil conceptos que se nos desvelan tan solo con la forma de caminar hacia nuestro encuentro. Nuestra forma de caminar, la dirección que toma nuestra mirada, la posición de nuestros hombros, brazos y manos. Todo arroja información de nosotros mismos y condiciona la parte principal de nuestra inminente comunicación.

Pues bien, hay arquetipos de esta comunicación inicial que me maravillan de manera especial: los artistas del celuloide.      

Reservoir_Dogs_by_Tomaszelhombre[1]Por supuesto, hay un sinfín de ejemplos que darían para escribir más de un tratado o igual ya existen varios, pero me quedo con estos. Me quedo con El Duque, un John Wayne de paso firme y lento que denotaban seguridad y peso, entendido éste último como poder y respeto; con un Gary Cooper, sinónimo de serenidad, elegancia y fuerza personificadas, pero una fuerza con matices de fragilidad que él tan bien sabía administrar en su beneficio y todo eso lo transmitía desde su mirada, pasando por sus manos y acabando por su pisada; o qué me dicen de Robert Mitchum, la robustez e insolencia atemperadas por quien se sabe violento y reprime a la bestia que lleva dentro; o de Henry Fonda y Clint Eastwood, en su etapa adulta, ambos, eran estereotipos similares: brazos caídos y espalda curvada que, sin embargo, escondían la furia en su mirada; o el sin par James Stewart, el de paso desgarbado y nervioso que revelaba la bondad de un gran tipo; o Burt Lancaster, el atleta, y es que sus comienzos en la carpa lo marcaron para el resto: agilidad, velocidad y la gracia del que se desenvuelve bien en la escena; o Kirk Douglas, similar a su compañero de andanzas pero con la particularidad de comunicar siempre más de cintura para arriba… o un Lee Marvin, siempre distante, inaccesible y de paso firme y rotundo… y se me olvidaba, Charlton Heston, impecable también por arriba, pero con un caminar muy particular que le hizo inconfundible en escena, entre arrastrado por unas rodillas que se miraban, pero con rebeldía y fuerza. Y muchos más: Paul Newman, Redford, Brando, Quinn, Brynner, Coburn, McQueen

Mientras que en la pantalla actual, Robert de Niro o Al Pacino, sufren el paso del tiempo, sobre todo el segundo y no destacan por su ‘gracilidad’. O el de un Samuel L. Jackson con un caminar rítmico, acompasado y el de Bruce Willis, muy peculiar, ya que lo hace con el morro cruzado y sin apenas acompañarse de los brazos, curioso. O el punto mega hortera del Travolta setentero. Está claro que habría y hay muchos. Pero hoy en día, sólo se me ocurre uno que está a la altura de los clásicos y es Ewan Mcgregor. Verlo caminar es pura coreografía, parece que baile en sus desplazamientos, muestra una personalidad apabullante cuando lo hace y aunque me cueste decirlo, le tengo que dar la razón a mi mujer. No es una cuestión de talla o medidas, simplemente es de los que ‘llena’ la pantalla cuando su presencia adquiere movimiento.

En fin, ¿muchas horas de cine? ¿Muchas horas de parque viéndoles pasar a ustedes? ¿Mucha imaginación? Desde luego, nos podemos comunicar sin decir una palabra.

Va por todos ustedes, señores. Por los que caminan su inmortalidad a través de la gran pantalla y por todas las personas que en su caminar nos desvelan retazos de su vida, porque, aunque sea de manera inconsciente, sentimos la necesidad de comunicar.