5 cositas que dan penita en los medios

1. Cada vez que escucho en programas de televisión nocturno: ‘vamos a avanzarles las portadas de prensa de mañana’, y el presentador las muestra en pantalla a través de impresiones en papel siento como si explotasen tres docenas de gatitos.

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Conclusión: hay cadenas de televisión que todavía funcionan como el siglo pasado.

2. Cada vez que me advierte un compañero con el manido: ‘mañana abrimos con… y lo petamos’, siento como se desangra el periodismo.

Conclusión: las exclusivas hace tiempo que dejaron de ser la chispa del periodismo, para eso hay miles de frentes, foros, sitios… sólo (parte de) la administración, los políticos y los propios medios recurren al papel ¿Trazamos un porcentaje de lo que representan estos tres respecto al resto de la opinión pública y nos centramos en análisis e investigación?

3. Cada vez que veo a medios (prensa, radio o TV) tratar cuestiones que hace días han transitado por la red me dan pinchazos en el costado izquierdo de mi pecho ¡penita! 😦

Conclusión: ¿por qué no buscan su propio sitio en lugar de andar a remolque por el mundo de la información?

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4. Cada vez que, además, algún medio cae en la trampa y se hace eco de algo que no es más que un bulo en la red… voy a la iglesia más cercana, da igual del culto que sea, y enciendo una velita.

Conclusión: ¿Qué fue de esa función social que reportaba veracidad y credibilidad al medio al contrastar la información? ¿Sucumbió ante las continuas reformas laborales?

5. Cada vez que las cadenas lanzan sus audiencias en plan mega top y el liderazgo está en un share del 21%, por ejemplo, y eso se traduce en 3 millones y algo de espectadores y el resto de cadenas sumando sus porcentajes aportan, pongamos por caso, casi 5 millones de personas más, en el mejor de los casos; esto nos ofrece pues, que de un espectro de 40 millones de habitantes cerca de 8 están viendo la tele convencional, nada que ver con los felices años en los que en los hogares se reunían todos sus miembros alrededor de ‘la caja’.

Conclusión: Fragmentación y pérdida paulatina de audiencias… ¿Se programa para un 20%? Puede que el resto (un 80%) de habitantes in Spain en horario de prime time o bien no tiene TV, o pasan de verla, o escogen su programación a la carta por internet, o tienen otras prioridades (trabajo, lectura, sexo… sueño) o son zombis y el aparatito del share registrado en un millar de hogares españoles de forma totalmente confidencial, simplemente, no los detecta. Esto se puede aplicar a radio y prensa, también, donde el EGM es un pozo de inspiración inagotable para la literatura de ciencia ficción, tras conocer lo que dan de sí las analíticas en la red.

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En definitiva, ‘las medias’ en los medios son tan pobres como en política… quizá si los medios mostrasen una vis más independiente sobre estos últimos les iría mejor, pero cuando la agenda nos la marcan sus señorías, no cabe duda que las audiencias bajan. Eso y que la creatividad no está tan valorada como el ‘copia y pega’ de lo que funciona.

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Flamenco, toros, orgullosos y fieros Machos Señoras: España representa …

La página de edeka.de traducida, ¡un despropósito!

La página de edeka.de traducida, ¡un despropósito!

Mi mujer llevaba ya tiempo diciéndome que tradujera la página web con uno de esos traductores que hay en internet, que seguro que además son gratis.
Alguien más, no recuerdo quién, me comentó que en el Chrome había una posibilidad de activar que quien llegara a tu web desde un ordenador con SO no español le saltara una ventana con la opción de traducirlo. Estamos llegando a un mundo sin fronteras lingüísticas.
Y yo lo había encontrado en alguna página en inglés o francés y como no lo necesitaba no lo hice.
Las dos opciones son muy económicas, eso sí.
Esto me recuerda a las dos veces que estuve en Bruselas en la presentación de varios nuevos programas de desarrollo. Era una sala con una capacidad para unas 200 personas. Estábamos unas 30 ó 40. A lo largo de toda la sala, en los altos, había unas 10 ó 15 cabinas de cristal donde iban circulando y turnándose unos 30 ó 40 traductores.
Uno por cabeza de los asistentes. ¡Un despropósito! diría mi mujer, y yo le daría la razón.
Con el italiano me atrevo también. A leer sobre todo, y a hablar.
Pero el otro día estuve en una web alemana de una empresa de alimentación, uno de los supermercados mas importantes del país: Edeka.
Llegué a una página en la que vendían un producto español, el chorizo, y no me puede resistir: ¡hice click en el botón de traducir!
Este fue el resultado, aunque he de reconocer que el ordenador no se rompió.
“Flamenco, toros, orgullosos y fieros Machos Señoras: España representa la pasión y el entusiasmo por la vida. Si usted está deseando para el compresas calientes Península Ibérica la próxima vez, simplemente date un pedazo de algo picante Chorizo Pamplona – y se siente en el centro de la famosa Fiesta del lugar.
Porque ofrecemos nuestras especialidades directamente EDEKA España en España y con ingredientes locales aquí – para genuino, auténtico placer. Usted tiene que probar. Mañana? No, el mejor ahora!”
¡Sin comentario!

No dar la brasa al cliente

No sé si será algo generalizado o es el colmo de la casualidad pero a lo largo de las últimas 2 semanas me habrán llamado alrededor de 10 empresas diferentes para hacerme una encuesta de calidad. También algunos proveedores de servicios me han pedido en persona que realice este tipo de encuesta. Como colofón, y a punto de negarme en redondo a realizar más encuestas llega al trabajo una encuesta del Instituto Nacional de Estadística que me cae a mí (y esa no se la salta un capitán general). Si alguien me contara esta historia diría que exagera. Lo que son las cosas…

Tampoco sé si estas empresas tienen relación entre sí (o sus call centre) y se han informado unas a otras del hecho de que gentilmente he respondido a sus encuestas, pero el caso es que me tienen frito. Y es que, lo que está pensado (o debería) como un tipo de comunicación con el cliente de gran utilidad para la evaluación del servicio (del grado de satisfacción del cliente, más bien) y como muestra al cliente de que a la empresa le importa la calidad de su servicio, termina por ser un tormento para el cliente. Porque uno quiere ser amable y solidario con las obligaciones de quien le pide ser encuestado pero termina por resultar molesto. Y este tipo de comunicación no debería ser molesta.

Me pregunto si no hay alguna empresa (call centre) que esté recomendando realizar este tipo de encuestas para mejorar la imagen de la empresa entre sus clientes. De esta manera las empresas se habrían lanzado a acribillar a sus clientes, directa o indirectamente, a través de esta práctica.

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El caso es que al principio uno la recibe de manera positiva. Molesto, pero positivo. Piensa, “bueno, está bien que se preocupen por analizar el nivel de satisfacción”. Pero a partir de la tercera o cuarta llamada, el usuario empieza a poner excusas del tipo “perdone pero en este momento me pilla mal” o “ahora no tengo tiempo” con mayor o menor grado de amabilidad en la respuesta, algo en lo que ya inciden otros factores que no tienen por qué estar relacionados con el tema en cuestión.

Pero a partir de la séptima y octava llamada el usuario ya debería haber superado su límite de paciencia por lo que las respuestas serán paulatinamente menos gratas. Si además, como a todos nos ha pasado alguna vez, hemos topado con algún operador maleducado que nos ha contestado mal o nos ha colgado en nuestras narices, pues seguramente nuestra inclinación hacia las encuestas se verá seriamente mermada.

Avisos a las empresas que hacen este tipo de encuestas:

1. Antes de afrontar cualquier tipo de acción dedicada a fidelizar o mejorar el servicio hay que hacer una evaluación de riesgos. Hacer las cosas por hacer nunca fue buena idea.

2. Se me antoja necesario hacer también una evaluación de la calidad de las encuestas. Mantener un operador maleducado es como escupir hacia arriba.

3. Yo ya he llegado a mi límite. ¡DÉJENME EN PAZ!

10 razones para volver a enamorarse de la Liga

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El pasado fin de semana se disputaba la última jornada de la Liga de fútbol, me la trufa si es BBVA o Endesa o lo que sea, para el caso que nos hacen esas marcas, me da igual cual sea el apellido de turno de la competición. Pero lo que si fue importante es constatar, tanto este fin de semana pasado como el anterior, diez razones, como podían ser veinte, por las que valió la pena volver a creer en el amor. El amor profundo que hubo una vez entre la Liga y sus forofos. A saber:

1. La Liga es para el finde. No hubo fútbol de Primera el lunes. ¿No se dan cuenta que va contra natura y además adultera la quiniela?

2. La Liga tiene su hora. Todos los partidos (los que se jugaban algo: permanencia, Champions o Uefa) se disputaban a la misma hora.

3. La Liga es amante de la radio. El punto anterior permitió recuperar el más auténtico carrusel deportivo por radio, con conexiones que iban de campo a campo recorriendo toda la geografía española.

4. La Liga si es cosa de dos, aburre. Es más de trios, de orgía. Por una vez, y ojalá sirviera más de precedente, Barça y Madrid cedieron el protagonismo a todos los demás equipos que el resto del año viven de las migajas que ellos dejan y ocuparon el espacio en los medios de comunicación deportivos que ellos copan.

5. La Liga es voyeur. Volvió a retransmitirse un partido en abierto y en sábado: ¡Alabado sea el señor! ¡Qué cansinos son los canales de pago! y su fragmentación de horarios, hasta reducirlos a átomos: un partido sábado a las 16:00, otro a las 18:00, otro a las 20.00, otro a las 22:00 y el domingo uno a las 12:00, otro a las 17:00, otro a las 19:00, otro a las 21:00 y si hace falta a las 23:00, ¡con dos cojones! ¡Joder, que nos gusta el fútbol, pero no hace falta verlos todos!

6. La Liga no es de amantes despechados. Mourinho se fue por la puerta de atrás, como no podía ser de otra forma (no le voy a dedicar más explicaciones a este personaje, no las merece). Me quedo en cambio con la despedida a Abidal, un ejemplo de superación.

7. La Liga provoca relaciones de amor/odio. Y si vamos más al detalle: Valencia y Depor dependían de si mismos para alcanzar sus objetivos (champions y permanencia) y ambos palmaron. Aunque el arbitraje de Clos Gómez en Sevilla fue de los malos, malos.

8. La Liga valora el desparpajo. La Real Sociedad cierra una gran temporada y se impuso al Depor jugando de naranja. No les digo más. ¡Paradojas de la vida! La alegría desatada de los donostiarras y las lágrimas de los niños recoge pelotas del Depor.

9. En la Liga como en cualquier relación, siempre hay uno que lo ‘lleva’ peor. El hundimiento del otrora Super Depor y el contraste que supone ver a su vecino, el Celta, salvarse.

10. La Liga pone ante ti amores antiguos. Que el Valencia se lo jugara todo a una carta frente al que había sido su técnico las últimas tres temporadas (Emery) y el que fuera segundo portero de referencia para el club de Mestalla (Palop). ¡Cosas del destino!

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Sin duda, son razones para volver a creer en ese idilio perfecto. En la posibilidad de ver un partido por semana en abierto, no pedimos más. Cada uno quiere ver a su equipo, eso es fidelidad. No me van los paquetes liga y champions que te bombardean a partidos a todas horas por un ‘módico precio’ de no sé cuantos euros al mes. Ya se decía desde hace mucho que la TV en las casas y en los dormitorios afectaba negativamente la relación de pareja, pues créanselo, en grandes dosis, también afecta a la relación entre fútbol y aficionados. Y los clubes y la LFP siguen sin querer verlo.

 

Nada en la TV

Creo que anteriormente he declarado de manera abierta que me gusta mirarla. Lo que no implica tragarse cualquier bodrio que a uno le plantan delante. Es exasperante ponerse ante el aparato cada noche y comprobar que, salvo contados casos, no hay nada. Todas las noches la misma conversación que nos tiene en un bucle:

– Cariño, ¿qué hay esta noche en la tele?

– Voy a ver.

Y tras comprobar el teletexto:

– Nada. Absolutamente nada.

Es penoso.  Al final optamos por una serie que nos da igual no volver a ver, o un “Españoles viajeros” o un “Callejeros por el mundo” en cualquier destino más o menos exótico que casi con seguridad ya hemos visto. Si, como a menudo afirmamos, la televisión acaba con nuestra vida amorosa, calculo que en estos tiempos debe estar de lo más animada. Salvo los martes. Los martes está “Master Chef” en el que disfrutamos viendo planificar y cocinar platos de dificultad desigual. Aunque últimamente está adquiriendo un tono de reality que no pinta nada, la cocina (o la comida) nos reúne a todos, despierta nuestros sentidos, nuestra creatividad y nuestro apetito. Hasta nuestra autoestima. Seguramente había gente que miraba los programas de talentos musicales y pensaba “yo canto mejor”. Ante Master Chef tenemos la oportunidad de probar y reunir a nuestros familiares para comprobarlo. El caso es que, si la memoria no me falla, RTVE no debería hacer publicidad, y eso debería incluir a los patrocinadores, ni supermercados ni electrodomésticos ni gobiernos regionales ni nada, que son nombrados habitualmente.

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Pero hay otra serie de programas de entretenimiento en los que hay una serie de personajes famosos que animan con sus juicios (mayormente inexpertos) y comentarios (generalmente impertinentes) las actuaciones de los participantes. Ahora está de moda que incluso los participantes sean famosos. Ya sólo nos queda ser espectadores. El caso es que por esos programas circulan una serie de personajes que viven constantemente haciendo promoción, promoción de sí mismos. Y el objetivo no es otro que, como reza el gazapo, estar en el candelabro. A la luz de las cifras de taquilla calculo que Santiago Segura ha debido ganar una pasta con la saga “Torrente”. ¿Qué hace en esos programas sino promocionarse hasta que tenga la próxima entrega? Pero me llama aún más la atención el caso de Guti, ese tan rebelde como talentoso exfutbolista, por los platós en plan Risto Mejide oxigenado. ¿Se promociona, es por vanidad o simplemente no tiene nada mejor que hacer? Y así con cantantes, cocineros, presentadores, etc. en diferentes situaciones, de supervivencia, de baile, en un trampolín, imitando, etc. Qué versátiles por otra parte. Me recuerda a esos grandes talentos capaces de actuar, cantar, bailar, montar a caballo, luchar, etc. Pero haciéndolo todo mal. A veces, sólo medio mal.

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Tenemos unos medios de comunicación bastante mediocres. La TV se lleva la palma. Qué lástima, con el buen invento que es. Gracias a los responsables por animar nuestras alcobas.

En comunicación hay que saber nadar y guardar la ropa

the-swimmer-lancaster[1]Corren tiempos de marketing de contenidos, de contar historias, de una publicidad que emocione, que transmita experiencias como nunca antes lo ha hecho. Son días en los que se requiere un diálogo fluido entre los consumidores y las marcas, entre las personas y las empresas. La comunicación sigue cambiando y el modo en que nos comunicamos todos, personas, organizaciones, empresas, marcas… también. Y el que no quiera verlo se convertirá en un holograma con fecha de caducidad cercana.

La comunicación que conecta hoy es la que conmueve, necesitamos que nos sorprendan porque parece que ya estemos de vuelta de todo, saturados, infoxicados, sobrecargados. Parece que sólo nos vaya lo último, lo más moderno, evitamos lo antiguo o como mucho lo disfrazamos de vintage. Si tan sólo nos detuviéramos un instante y fuéramos capaces de echar la vista atrás nos encontraríamos un sinfín de cosas, detalles, historias que hemos evitado por rancios, sin reparar en que esa actitud nos hace a nosotros antiguos frente a lo que es y será verdaderamente moderno.

the-swimmer-poster[1]El otro día caí en la cuenta de ello. Una peli por un canal caspa, pero de esos que tienen mérito por aguantar año tras año. El nadador (the swimmer) de 1968 con un espectacular cincuentón, Burt Lancaster, que interpreta a un ejecutivo publicista en su auge y caída y nos invita a acompañarlo en su declive, en un camino de regreso a casa, yendo, nada menos que, de piscina en piscina. Una crítica feroz al sueño americano, en un momento en el que nadie se atrevió a hacerlo. Normal que fuera un fracaso en taquilla.

No les desvelo más del guión, si tienen curiosidad, acérquense a la película o al libro, cuando el argumento está basado en la condición humana, éste no pasa de moda. ¡Ah! y el amigo Burt está brutal. A mí me ‘llegó’, reconozco que mis veranos de joven eran un transitar de piscina en piscina. tumblr_ml2z2eQSHb1qgpddwo1_1280[1]

El nadador es, sin duda, uno de los mejores ejemplos hoy de lo que es contar historias y hacerlo a través de múltiples soportes, adaptando el contenido a cada uno de los canales.

El nadador es un relato corto original de John Cheever, publicado en 1964. Un relato crítico y conmovedor que inspiró una película en 1968, no menos conmovedora y crítica. Y esta a su vez, ya con un contenido desvirtuado sirvió de idea para un spot de televisión para la marca Levi’s, en 1992. Un anuncio que recuperaba la estética de los 50 y el way of life americano, pero con un toque trasgresor con una soberbia canción de Dinah Washington que grabó en 1952 y que se había compuesto (¡oigan bien!) en 1932.

Les hablo de literatura, cine, publicidad, música… ¿Qué tenemos con todos esos ingredientes? Historias, historias adaptadas a públicos y canales en cada momento. Hacia eso mismo nos dicen que se encamina la comunicación en estos tiempos. No nos asustemos, pues. Si hay algo que no entendamos, siempre podemos volver la vista atrás. Lo viejo es nuevo. He necesitado ver como asoman las canas en mi pelo y en mi barba para entenderlo. ¡Qué le vamos a hacer, siempre fui lento de reflejos!

De marketing, deporte y política

Todos deberíamos cuestionarnos nuestra ética profesional de vez en cuando. O, al menos, alguna vez. Trabajar en marketing o en publicidad plantea dilemas al tratarse de materias que trabajan con las motivaciones de los individuos. Lo vemos día a día, en productos que se anuncian apelando al deseo y a las aspiraciones del público objetivo. Porque ¿cómo anunciar si no un perfume, por ejemplo?

A veces las asociaciones de ideas marcan el camino. Por ejemplo, la camiseta azulgrana del F.C. Barcelona, tiene una gran similitud con la bandera del Tíbet. Qué fácil para dicho club difundir la marca por ese territorio. Pero a veces sucede que el marketing actúa a la inversa, hacia el producto. Puede suceder, como he podido comprobar en tv, que los tibetanos luzcan las camisetas del Barça y las banderas del Tíbet como reivindicación política (justa por otra parte).

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El F.C. Barcelona ha sabido ganar terreno a los grandes titanes del fútbol en materia de marketing: Real Madrid (que ya hizo un excelente trabajo durante el primer mandato de Florentino Pérez) y Manchester United (al que contribuyeron mucho figuras mediáticas como Cantona, Beckham y CR7). De este modo se ha colocado en segunda posición en el ranking de clubes de fútbol con mayores ingresos, desbancando al United. Claro que cosechar un inusitado número de títulos en poco tiempo ha sido clave. Pero han sabido aprovechar la coyuntura.

Pero las asociaciones nos acercan a ciertos individuos y nos alejan de otros. De modo que tener un  público “cautivo” como el tibetano puede alejarnos del chino, infinitamente superior, con mayor poder adquisitivo, mayor fascinación por lo occidental y ciertos hábitos de consumo.

Si yo fuera directivo del Real Madrid me lanzaría a la carrera a por el público chino antes de que el Barça consiga colonizarlo. Me sigo preguntando si el rojo de la segunda equipación del año pasado tiene algo que ver. En tal caso yo habría intentado ajustar más el “pantone”. Pero el mercado chino tiene otro condicionante cultural, y es que no se casa con nadie, sólo con el éxito, y en los resultados deportivos entran otros factores que escapan al poder del directivo, por mucho dinero que invierta.

El Barcelona tiene una estrategia clara con Qatar: acercarse al mercado árabe y, tal vez, encarnar ciertos valores. Ya hizo algo parecido con Unicef, con el pretexto de difundir una idea, experimentando de paso si funciona en el “soci” lo de tener patrocinador en la camiseta. A mí me huele a emotividad en pos de un objetivo económico, qué quieren que les diga.

Pero espantoso me parece lo de la UNESCO patrocinando a un equipo de fútbol (en caso de que se trate de un patrocinio económico), el Málaga, o dejándose representar por él. Perfecta representación de aquello de mezclar churras con merinas.

Habría que revisar el uso que se hace del fútbol para difundir ideas políticas, y dejar que el fútbol sea lo que es: un juego.

En cualquier caso, volviendo al principio, los profesionales deberíamos reflexionar sobre la ética de nuestro trabajo, al menos alguna vez.