Una lista de 10 sensaciones en frío tras las elecciones de mayo 2015

Las elecciones autonómicas y municipales de este mayo de 2015 nos dejan muchas conclusiones que vamos a resumir de manera sintética en diez, rememorando aquellas clásicas ‘Sensaciones en frío’ de nuestro blog:

 

1. Fin del bipartidismo. Ahora si que si, aunque los blues se escuden en que son la lista más votada (ejercicio de cinismo) o los coloraos digan que lideran el resurgir de la izquierda, cuando hay movimientos tipo Compromís o listas apoyadas por Podemos que casi les pasan por… la izquierda (más realidad aumentada).

2. La mujer al poder: Carmena, Colau, Oltra…

carmena colau

oltra

3. En la política caben todas las generaciones, señor Rivera: véase el caso de Manuela Carmena (71 años).

4. Suicidio colectivo de la formación magenta, pese a que todos le avisaron. ¿Por qué te has inmolado Rosa y has arrastrado a tu partido?

5. Las marcas también se pueden hacer viejas o tener fecha de caducidad ¿no Izquierda Unida?

6. En Madrid y Valencia ha caído el telón azul.

7. ¿En Barcelona no se habla ya de independencia?

8. Si, nos pueden gustar las marcas blancas ¿Y qué pasa?

9. ¿Podemos apoya listas que triunfan o listas que triunfan apoyan a Podemos?

10. Esto no ha hecho más que empezar: ahora toca resolver qué carajo hará Andalucía; qué pasará en septiembre con el independentismo catalán y si las Generales nos traerán un November rain que arrastre a las gaviotas mar adentro.

 

Diferentes formas de comunicación no verbal

Magia – Stop motion de Eduardo Zulaica from Eduardo Zulaica Campoy on Vimeo.

Recientemente describí a una persona con esta expresión: “De este -en mi pueblo- diríamos que es un chuloputa“.

Eso no quiere decir que sea un proxeneta sino que tiene un “postureo” (no sé si es correcto el vocablo pero se utiliza mucho y es muy ocurrente-descriptivo) que lo dice todo. ¿A que te viene a la cabeza mas de uno?

Según se le veía venir ya te hacías a la idea y cuando abría la boca lo confirmaba. Probablemente sea un padre maravilloso pero, ¡la madre que le parió! que también sería una madre estupenda y… muy paciente para aguantarle hasta que se fue de casa. Amor de madre.

Hace ya unos años trabajé en Amex, multinacional americana de referencia, y cuando íbamos a las convenciones europeas el espectáculo era impresionante. Los VPs (Vicepresidentes, había un montón) subían al estrado como Clark Gable y los actores de Hollywood cuando van a recibir el Oscar: pisando fuerte, con estilo y elegancia (algún caso en los Goya también hay). Luego se ponían a soltar su discurso sin papeles mirando a ambos lados de la sala. Ya sabéis, los teleprompters son esas pantallitas transparentes a los dos lados por dónde les va pasando el texto que leen como si improvisaran. (Si, ese que se le estropeó a Obama en un discurso en Alemania hace unos días). Lo hacían con esa voz estupenda y en un inglés impresionante, como de lengua materna, que lo era: la mayoría eran británicos.

Tengo la sensación de que algunos directivos actuales han perdido algo respecto a aquellos, pero puede que sólo sea una sensación.

Otro caso de comunicación no verbal es el de los sordomudos en la TV. No termino de entender porqué en algunos casos ponen a un traductor simultáneo en un cuadradito en lugar de poner el texto a pie de pantalla. ¿O es que son analfabetos los sordomudos? No lo creo.

El caso extremo de comunicación no verbal es el de los mimos. ¡Maravilla lo que dicen sin abrir la boca! Cuando vas por la calle tienes dos tipos de mimos. Los que se pintan de un color y se disfrazan de piratas o de lo que sea y se mueven como robots cuando suena la moneda en la lata. ¡Me encantan! Y asustan a muchos niños.

Con los otros no puedo. Esos que se pintan la cara de mimo y se quedan de pie encima de una caja durante horas totalmente parados y sin moverse. Me dan ganas de decirles que se limpien la cara, se sienten en un banco y pongan la lata del dinero. Por mi parte, recibirían mas apoyo financiero.

Y por último están los magos que abarcan todo el espectro. Desde Juan Tamarit que no para de hablar (¿se habrá arreglado los dientes? ¡espero que no!) hasta esos que no dicen una sóla palabra y utilizan las manos para decirlo todo: lo que han hecho y prepararte para lo que va a venir.

Y me pregunto ¿Se puede fotografiar la Magia? Eduardo lleva unos cuantos meses trabajando en el tema y parece que lo ha conseguido. La fotografía y el vídeo, otra forma de comunicación no verbal, pero siempre mejor con música de fondo: anima mucho.

Violencia de género vs violencia machista

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En poco más de 24 horas han sido asesinadas 4 mujeres la semana pasada.

Las estadísticas de los últimos 10 años son en 2012, 49, en 2011, 61, … 73, 56, 76, 71, 69, 57, 72 y en 2003, 71 víctimas. Poco mas de una por semana.

Cómo yo soy de ciencias no tengo muy claro la diferencia entre los dos conceptos.

Los políticos y, a veces, los periodistas utilizan indistintamente violencia de género y violencia machista así que he decidido enterarme.

Las primeras sensaciones son que lo de género hace referencia a masculino/femenino y que violencia machista hace referencia a que todos los hombres somos unos asesinos.

Mas de una mujer por semana acaba en el cementerio asesinada. De vez en cuando algún hombre también.

Mas de una mujer por semana acaba en el cementerio asesinada. De vez en cuando algún hombre también.

Sólo sensaciones, veamos en la RAE.

género.

  1. m. Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes.

No me aclara mucho pero parece que se refiere al género humano.

El María Moliner me lo complica aún más:
2
 Biol. Grupo taxonómico formado por especies que presentan características similares; es una categoría superior a especie e inferior a familia.

Veamos en la Wikipedia que ya nos lo cuenta todo de una tacada.

Violencia de género:

La violencia de género es un tipo de violencia física o psicológica ejercida contra cualquier persona sobre la base de su sexo o género …

… normalmente se la asocia a la violencia contra la mujer, aunque no son sinónimos …

… no toda la violencia contra la mujer puede identificarse como violencia de género, ya que el término hace referencia a aquel tipo de violencia que tiene sus raíces en las relaciones de género dominantes existentes en una sociedad, por lo que es habitual que exista cierta confusión al respecto …

Esto me deja más tranquilo, lo de la confusión.

Vamos a ver que es eso de la violencia machista.

Primero la RAE.

machismo.

  1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.

prepotente.

  1.  adj. Más poderoso que otros, o muy poderoso.
  2.  adj. Que abusa de su poder o hace alarde de él.

Esto si me queda muy claro: violencia por parte de un varón hacia las mujeres abusando de su poder.

Y me pregunto, ¿habrá violencia feminista? ¿Que es eso del feminismo?

feminismo.

1. m. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres.

2. m. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.

Esto me deja más tranquilo: soy feminista y no soy machista. De hecho muchas veces sé que las mujeres sois superiores en muchos aspectos, excepto en la fuerza.

Cantidad de mujeres viven atrapadas sin denunciar a sus maltratadores.

Cantidad de mujeres viven atrapadas sin denunciar a sus maltratadores.

Yo creo que  nos complicamos demasiado la vida. Al pan, pan y al vino, vino.

imbécil.

1. adj. Alelado, escaso de razón.

Imbécil no es un insulto, es un adjetivo que refleja claramente lo que quiere decir.

¿Porqué no somos tan claros con toda esta panda de hijos de puta y les llamamos por su nombre? ¿Porqué complicamos tanto la comunicación?

A mi se me ocurren un par de palabras que los dicen muy clarito:

asesinar.

1. tr. Matar a alguien con premeditación, alevosía, etc.

homicidio.

1. m. Muerte causada a una persona por otra.

3. m. Der. Delito consistente en matar a alguien sin que concurran las circunstancias de alevosía, precio o ensañamiento.

Más protección, mejores leyes y menos palabrería rara.

Lo dicho: Al pan, pan y al vino, vino.

Mejor legislación una justicia más ágil y mas protección.

Mejor legislación una justicia más ágil y mas protección.

¿Hace un escrache entre Splash y Gandía Shore?

Si todo evoluciona tan rápido como parece, si como diría el mismísimo Ricardo Boquerone ‘E un mondo dificcile… de vitta intensa… futuro incerto…’ ¿Cómo deberíamos resetear nuestras funciones para adaptarnos y estar al día? ¿Qué estará ocurriendo con aquella leyenda urbana que advertía del distanciamiento entre Universidad / Empresa? Si cuando las aguas bajaban calmadas, ya se hablaba de este desencuentro ¿Cómo estarán ahora con la velocidad que llevamos? Me inquieta solo pensarlo.

Si todo está sujeto a revisión ¿Cómo, cuándo y quién marca las reglas del juego? Si el programa que imparto de mi asignatura ya no vale para el curso próximo, si los partidos políticos responden a estructuras arcaicas, si los sindicatos están lastrados a un pasado que ya no es ni nostálgico, si el señor Roig dice que miremos a China (horreur!), si ni tan siquiera la barra de pan se rige por un precio mínimo / máximo, si para pleitear tienes primero que pagar, si te sale más a cuenta tener la pasta en un colchón que en una entidad financiera, la que sea… ¿para que queremos una administración tan brutal amparada en su afán regulatorio?

Si los medios de comunicación quieren seguir pujando por la inmediatez como valor diferencial, cuando me entero antes por una amiga del fallecimiento de Sarita que por ellos mismos ¿para qué siguen luchando en una batalla perdida, en lugar de aportar profundidad al contenido? Será que a nadie le preocupa ya la profundidad, porque ésta tampoco está hecha para digerir por un smartphone… ¡Uy, uy, uy! ¿Hacia dónde nos dirigimos?

Si los ciudadanos apuestan por plataformas antes que por las estructuras convencionales, si intuimos que ya no depende de un ‘buen gobierno’ para que haya una mínima estabilidad socioeconómica… ¿por qué partidos y gobiernos detentan el poder?

Sinceramente, o los medios se ponen del lado del ciudadano / consumidor / lector / oyente… o sucumbirán antes que el propio sistema que ya hace aguas. ¿Qué hacen los contertulios de Intereconomía o 13 TV radicalizándose y llamando ‘timoratos’ a los diputados del PP por no quejarse de los escraches? ¿Qué estrategia sigue la lumbreras de la Cospedal, tras estar más de quince días callada, para salir luego a pecho sacado (en sentido figurado, entiéndase y ahorrémonos todos el susto) y comparar escraches’ con el nazismo puro?

Por cierto, qué ‘palabro’: ¡los escraches! Y qué noble arte, sin llegar a las manos y al exabrupto, para decirle al señor diputado lo mal que lo están haciendo, sin tener que esperar cuatro años para comunicárselo en un sobre cerrado, ¡es tan frío, esto último!

Y va y un diputado del PP se sorprende del talante reflexivo de los mismos y la concejala socialista o ex, vayan ustedes a saber, sale a pecho descubierto, esta sí, en Interviú, con un titular que la honra: ‘total…’.

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Y en los largos momentos de espera, entre concentración, escrache o protesta, nos ponemos el salto de Raquel Mosquera o el de Falete, contando las olas que generan una y él / la / lo otro/a… no lo sé.

Pues bien, o empezamos un proceso de regeneración en todas las estructuras, sobre todo las de instituciones y partidos, o en la Península va a oler peor que en Borbotó y toda su contornada (penúltimo reducto de la huerta de Valencia) en época de abono. ¿No les llegan ya los efluvios?

Valencia en Fallas

Las Fallas son una fiesta eminentemente sensorial: el omnipresente ruido de petardos y los pasodobles en las calles, para acompañar a los falleros en sus pasacalles; el olor de la pólvora allá por donde vas; el olor y el sabor del chocolate con buñuelos; los colores de los monumentos falleros y de los trajes de las falleras; el contacto con las miles de personas en todas partes, el calor del fuego purificador…

Las Fallas son una fiesta sensorial.

Quizás por eso son tan apreciadas por visitantes de todo el mundo, año tras año. Para cualquier forastero es fácil apreciar a través de sus sentidos la riqueza y la espectacularidad de la fiesta, que se vive intensamente en las calles de los pueblos y ciudades. Porque los sentidos no engañan, ¿no? Uno ve lo que ve y escucha lo que escucha, ¿no?

Den al play en este vídeo, cierren los ojos y escuchen atentamente:

 
La 9ª Sinfonía de Vicente Caballer.

Los sentidos también nos engañan, miren, si no:

Disfruten de lo que queda de las Fallas. Y si no han podido venir este año, vengan el que viene, no se arrepentirán.

100 post en uno

A lo largo de todo el año os hemos insistido en algunas cosas como: Hablar en la calle, Hablar en la calle (2), Hablar en la calle (y3), ¡hasta tres veces! Al tiempo que hemos hablado De bilingüismo, De la política, De la manipulación, De los que votan.

Erigimos un Monumento a las especies en extinción, al que le dimos Agua de beber. Y advertimos del ¡¡¡PELIGRO!!! Del hecho de que La tristesse durera, porque la Tristeza nao tem fin, pese a La diferencia, la Ironía. Aunque colgáramos el cartel de Cerrado por vacaciones, en una hipotética Ciudad Publicidad. Y regresamos tras Un mes en la blogosfera y pensamos: Así nos va. Mientras lo que nos preocupaba era averiguar ¿Dónde está el teatro?

Y eso que teníamos Buenos propósitos de año nuevo, presentados con Tres diferencias y aderezados con Minutos musicales.
Descubrimos Sensaciones en frío y Sensaciones en frío (II) y pasamos de ahí a un calentón extremo como el de Hot stuff: cuerpo; sudor, saliva y sal; fijación; fetichismo y erotismo.

Nos perdimos en Conversaciones entre ventanas para hablar de Huelga, ¿Para qué la huelga?, nos preguntamos ¿Qué estás pensando? Que hable la gente. Y comprobamos que Se van, sin pedir Disculpas, en cualquier caso no les corresponde a ellos. Y solo pedimos: No nos borren la sonrisa. Gritamos al vacío: ¡Qué alguien pare esto! Y solo encontramos El silencio interior y les pedimos: Comuniquen buen rollo, por favor porque Queremos hacerlo mejor y no solo durante 12 horas de abril, sino durante Un año de blog y los que vengan, con el objetivo de hallar La verdad como respuesta, en defensa de la Libertad de expresión, porque nos mueve el Activismo y para evitar el Vandalismo.

Y nos crecimos y les dijimos: ¡A correr a la calle! Todos, A la calle: políticas y poéticas. ¡Y dale con los recortes, córtense un poco por favor! ¡Basta! Ak ak ak ak ak, daban ganas de decir: Moriré haciendo periódicos de papel. Porque El tiempo se acaba, para todos. Incluso para ti, Querido fantasma virtual y le retamos: Vuela conmigo si puedes, aunque sabíamos que iba a Pecar por omisión porque La falta de comunicación jode. Por eso insistimos: Leed, leed malditos.

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No hay Manual de crisis que resuelva esto, ni con la ayuda de El gran McGuffin, algo que se podía convertir en La noticia del verano, como lo de La (falsa) donación de la prima de Iniesta, o como ver Una de romanos, mientras Gira La Noria.

Esto no es un Facebook para todos, o Facebook, ¿más monetizado? Ella ya nos advirtió: Yo no soy experta en social media. Y yo le contesté, pues a mí Ya no me gusta el fútbol. No me deis Pan y circo. Estoy… hasta la naba. Y me consolaron: Vuelve al lado de la fuerza, porque el resultado ha sido Marcas 2 – Consumidores 0 (que no consumidor 2.0). Entonces supimos que El periodismo ha muerto, Gabinetes de Comunicación ¿RIP? y lo único que nos quedaba era encomendarnos al Ora et labora, nada hay más cruel que presenciar La muerte en directo. Nos quedó una sensación de Mermelada de naranja amarga, el sabor de Cosas que menos molan. Como si fuera Hoy es uno de esos días. Y nos preguntamos de nuevo: ¿Por qué, ahora, un blog? ¿Queremos esto? Imagen o palabra ¿y tú de quien eres?

Transitamos por Los caminos invisibles, no comíamos más que Bocados de realidad. Y de repente la lluvia, vivíamos de La raíz y los brotes, de qué nos servían las 35 matrículas, o The importante of beeing Earnest*, era una cuestión de La mala educación, era como el Pégame más, que me gusta… hasta que uno dijo: Me cago en… y hasta aquí puedo leer. Supimos que Paula Vázquez, la última damnificada le preguntó Dime por qué, merluzo y le dijeron Zapatero a tus zapatos.

En ese momento vimos el capítulo: Hoy, en Megacontrucciones: ‘Pasar a la historia’, descubrimos el motivo que no era más que una Obsolescencia programada versus mal de ojo y escuchamos alto y claro: Perxa, Tonet*. Nos levantamos Pisando fuerte, preguntamos ¿Alguien tiene el teléfono de la mansión de Los Vengadores?

Y en eso que se acabó el año.

 

Hablar en la calle (y 3)

Alrededor de las nueve de la mañana, cuando ni siquiera había desayunado todavía, con doce grados de temperatura y la ciudad desperezándose, he tenido un enfrentamiento verbal en plena calle, violento, irracional, estúpido.

Circulaba con mi bicicleta por encima de la acera en un tramo que siempre recorro de este modo porque el portal de mi casa queda al centro de una manzana y ese tramo de acera, bien o mal, lo recorro sin bajarme del sillín. Lo he hecho así desde hace 12 años, tantos como vivo en ese portal y nunca jamás he tenido ningún percance con un viandante, seguramente porque voy despacio y con respeto, cuidando de no importunar siquiera. Pero he de llegar a mi portal, no hay carril bici que pase por delante, de modo que llego sobre la bici en el deslizamiento dulce que provoca la levísima inclinación de mi calle hacia el norte.

Pues esta forma de llegar a mi casa se ha convertido en un problema desde que abrieron un bar que coloca su terraza ocupando este mismo tramo de acera que uso como pista de aterrizaje para llegar a mi casa. Es una terraza del tipo expansivo no sólo por estar ubicada a lo largo de la acera, sino porque las personas que en ella se sientan se expanden literalmente y ocupan con gran comodidad la mayor parte del suelo, de tal modo que en ocasiones los peatones debemos hacer cola para recorrer el estrecho pasillo que queda libre entre esa terraza y la fachada. Yo también camino esa acera a pie, claro, por eso lo puedo explicar, me ha sucedido a mí misma esto de hacer cola, esperar a que pase la señora que viene de frente con su carro de la compra y luego pasar yo, porque no cabemos ambas en el estrecho corredor que dejan libres los clientes de este bar, cómoda y ampliamente sentados en la terraza con sus perros desparramados a su alrededor, porque es un bar “dog friendly”, de modo que siempre hay perros descansando cómodamente sobre la acera, en cualquier lugar de la acera, también en este estrecho pasillo que nos dejan para circular a quienes no somos clientes del bar.

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Y esta mañana, después de un tiempo de tensiones no comunicadas que, por otra parte, motivaron esta serie de post sobre las calles y las terrazas, uno de los dueños del bar me ha interpelado directamente cuando pasaba con mi bicicleta por el estrecho pasillo mientras él montaba las mesas de la terraza. La explosión verbal no tiene ningún tipo de justificación, ni en este caso ni en ningún otro, ha sido una situación bochornosa que me avergüenza recordar, y me digo que parece mentira escribir sobre la posibilidad de “terrazas dialogantes” cuando yo misma me comporto con tan poca civilidad que soy capaz de responder gritando a un grito.

Nos hemos amenazado, él con denunciarme a la policía por circular en bicicleta por la acera, yo con denunciarle a la policía por desparramar su terraza privada ocupando sin miramientos el espacio público. Nos hemos amenazado, en lugar de dialogar, exponer cada uno su punto de vista, detallar las razones, el problema generado, exponernos y conocernos… nos hemos amenazado.

Lamento terminar esta serie de post con un relato tan agrio y una sensación tan deprimente, lamento de veras haber gritado a ese hombre en plena calle a las nueve de la mañana, aunque hubiera dormido poco y tuviera el estómago vacío y su grito haya penetrado en mis oídos como un estímulo violento. Desearía bajar ahora mismo a la calle, acercarme a ese bar, entrar, buscar a ese hombre, pedirle disculpas, sentarme en la barra y conversar con él. Seguramente tenemos muchas miradas comunes sobre el mundo, podemos entendernos, convivir y relacionarnos. Seguramente hasta podemos reírnos. Hablar en la calle, seguramente y en el fondo, es justo esto.

Hablar en la calle (2)

A propósito del espacio público como escenario para la conversación y el encuentro, me preguntaba hace unos días si las terrazas de los bares y las calles se complementan y se comunican por el simple hecho de desplegarse en un mismo lugar urbano. Tengo en cuenta que en tan sólo unos centímetros de diferencia pasamos de pisar un suelo público, común y de libre acceso (la calle), a ocupar un territorio condicionado por el consumo, un espacio excluyente por criterios económicos que puede permitirse denegar la admisión y que en virtud del pago de unos impuestos posee el uso privatizado de un espacio que nos pertenece a todos (la terraza).

Y bajo esta consideración me he dedicado a observar cómo se establecen en mi ciudad estas relaciones entre espacios públicos y privados, entendiendo que para comunicarse (tal y como se explica en la intención de este blog) se ha de hacer partícipe a otro de lo que uno tiene, manifestar o hacer saber algo a alguien, conversar, tratar, participar de un código común. De acuerdo con este criterio he paseado las calles de Valencia con la mirada atenta y he catalogado tres tipos de terrazas según la forma como se comunican con la calle: la extensiva, la depredadora y la dialogante.

La terraza extensiva es característica de las aceras. Se define por una fila interminable de mesas y sillas ajustadas contra los bordillos que dejan libre una pasarela de 1’5 metros de distancia hasta el nacimiento de las fachadas, lo que viene a ser un pasillo ajustado por el que deben circular las personas viandantes no sin cierta dificultad, sobre todo cuando se acompañan de carritos de la compra, bicicletas o monopatines, carros para el transporte de niños (tantas veces gemelos), aparatos para la ayuda al caminante anciano, etc. Un buen ejemplo de terraza extensiva es la Calle Literato Azorín del Barrio de Ruzafa. Durante la mayor parte del año se pueden recorrer varias manzanas de esta calle y sus adyacentes sin una sola interrupción de este tipo de terraza, cuyo mobiliario se extiende como una barrera asfixiante limitando las posibilidades de trayectos e itinerarios de los caminantes a estos pasadizos estancos, galerías de desfile que atentan también contra el derecho al anonimato, porque convierten al viandante que las atraviesa sin remedio en objeto de observación y escrutinio por parte del cliente cómodamente sentado.

En segundo lugar está la terraza depredadora, que abunda en las plazas pequeñas especialmente del centro histórico y zonas de mayor afluencia turística. Este tipo de terraza se instala cubriendo la totalidad del espacio público, sin dejar ni un solo resquicio de baldosa pisable por cuya presión con el zapato no se deba pagar una consumición. Un buen ejemplo es la Plaza del Tosal, en el Barrio del Carmen. Las terrazas que abarrotan este lugar no sólo no invitan al paso del  viandante en cualquier dirección que se quiera tomar, sino que lo impiden explícitamente con pequeñas vallas que demarcan la zona privada y su acceso en torno a sillones amplios y cómodos, a veces alfombras, flores y plantas de gran tamaño, calefacción en invierno y ventiladores en verano, iluminación indirecta, velas, mesitas auxiliares… es decir, la reproducción literal de un hogar de clase media. Y sinceramente, me parece mucho más civilizado el movimiento okupa sobre el espacio privado que esta depredación literal del espacio público. Al menos aquellos manifestaban claramente su necesidad y su disposición, mientras que estos otros se disfrazan de modernidad y atención al turismo.

Una terraza dialogante en la esquina de las calles Sevilla y Denia.

En tercer y último lugar están las terrazas dialogantes, que no son inclusivas pero al menos permiten que la calle las aloje y buscan en esa reciprocidad sus rasgos distintivos, excepcionales, detalles particulares que dependen del espacio en el que se insertan. Permiten que el aire circule alrededor del mobiliario y, por decirlo de una forma cinematográfica, hacen visible todo cuanto las circunda. Son ese tipo de terrazas en las que te sientas para mirar un fragmento de la ciudad… ¡y qué pocas hay! Lugares discretos, poco llamativos, ubicados en esquinas anodinas, con los elementos básicos para poder llamarse terraza -la mesa y la silla- que se nutren y afectan de la misma iluminación, la misma  temperatura y condiciones que la propia calle, sin alterar apenas nada de su fisonomía, sin alienar su relación con el paseante, sin bloquear, en definitiva, el tránsito locuaz e imprevisible del espacio urbano.

Así que finalmente y tras esta observación debo responder que no, en su mayoría las terrazas no se comunican con las calles, no se relacionan, no se comprenden, no se respetan. Sin embargo a mí me gustaría vivir en una ciudad donde esto fuera posible, así que voy a seguir con este mismo tema al menos un poco más, con la intención de aportar alguna idea que pudiera contribuir al habitaje de este lugar en el que todas nos despertamos cada día.

¿Para qué la huelga?

Me hago preguntas y busco respuestas. Cabe la posibilidad de que sea corto de miras, por lo que cualquier respuesta, de cualquier signo, que no atente contra mi libertad, será bien recibida y agradecida. Este post solo busca respuestas.

Durante estos días he oído hablar entre poco y nada sobre la huelga, ni sobre los motivos ni sobre secundarla o no. Puede deberse a que no vivo muy atento a los medios de comunicación, pero aún así me interesa otro tipo de información, directa, personal (de personas), sobre el porqué es secundada o no. Algún motivo tendremos.

A estas alturas a nadie se le escapa el profundo descontento social. Pocos serán los que, directa o indirectamente, no sientan los efectos de la crisis. Claro que hay gente muy afectada, afectada de verdad. Desde aquí, y en nombre de todo el equipo del blog, nuestra sincera solidaridad para con ellos. Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme para qué se convoca esta huelga, qué podemos conseguir.

No, no la voy a secundar. Tengo demasiado trabajo como para renunciar al precioso tiempo que me brinda un día entero. Lo que no haga durante un día de huelga tendré que recuperarlo porque, se mire por donde se mire, tengo que sacar adelante ese trabajo. Pero además, a qué negarlo, no creo que tenga efecto alguno secundarla. Me pregunto qué efectos positivos puede tener un día menos de trabajo en un país con graves dificultades, qué ganará la pequeña y mediana empresa que lo está pasando mal de verdad. ¿A quién queremos dar un toque de atención? ¿A unos políticos que no parecen estar preocupados por nuestros problemas y a quienes, vayan o no al hemiciclo, no se les restará un céntimo de su generosa nómina mensual? ¿Esos mismos que turnan las posturas en función de la distancia a la que se encuentran del poder? ¿Qué queremos, un cambio de gobierno? ¿Esa va a ser la lectura de una huelga? ¿A alguno de esos fines servirá la huelga o a justificar los emolumentos que reciben los sindicatos? ¿A algo o a acrecentar esta sensación que tenemos de no contar lo más mínimo?

No secundaré esta huelga, pero secundaría una manifestación: contra los recortes (o a favor de hacerlos donde toca), contra la corrupción, contra la pasividad ante nuestros problemas, para reclamar responsabilidad a la clase política, por poner algunos ejemplos.  Una manifestación que nos pondría a todos en la calle, como mínimo, de igual manera que nos manifestamos contra la guerra de Irak. No sé si eso serviría, pero creo que sí daría en qué pensar tanto a quienes nos gobiernan como a quienes aspiran a hacerlo.

Seguramente no estés de acuerdo conmigo. No intentes convencerme, ayúdame a comprender.

Hablar en la calle (1)

Entre las muchas razones por las que me gusta la calle hay una que viene al caso especialmente en este blog, y es que me sirve como espacio físico para múltiples formas de comunicación.

A veces basta con un gesto de la mano de una acera a otra, y este es un tipo de comunicación que me gusta mucho porque no necesita contextualización ni protocolo y tiene lugar en calles estrechas, en distancias próximas. Levantas la mano en un saludo de una acera a la otra porque has descubierto una cara amiga que camina por allá en sentido contrario, levantas entonces también las cejas con la intención de que tu gesto señale esa cara amiga en concreto en medio de otras personas que vienen y van por las aceras, y añades una sonrisa porque esa que camina por la otra acera y es amiga y la conectas sin necesidad de protocolos te alegra con su sola presencia, simplemente por haber aparecido, porque al levantar también su mano y abrir su sonrisa en dirección a ti constatas que sigue estando, que todavía es. No se trata una comunicación cutánea, no te aproximas a esa persona ni la besas ni le hablas, ni las niñas de los ojos se reflejan, ni se ubica el encuentro en la serie de idas y venidas matinales o semanales porque no se explica nada, es sólo una visión fugaz, un instante nada más que sin embargo suma tanto porque emociona y queda en la memoria a veces más, incluso, que una larga y exhaustiva conversación.

Me gusta mucho la comunicación en el espacio de la calle cuando es una situación espontánea, me refiero a esos encuentros casuales  que no estaban en la agenda y que permiten el juego de los imprevistos (qué delicia…! ese imprevisto por el que cambias el itinerario inicial…)

Otra cosa son las citas premeditadas, los encuentros marcados con fecha y hora. En estos casos, las pocas veces que me cito en la calle (en una esquina, a la altura de tal tienda, a la puerta de mi trabajo o del tuyo…), siempre es para ir a otro sitio en el que tenemos algo que hacer, de modo que el espacio de la cita es circunstancial, no nos quedamos en la calle. O quizá nos hemos citado porque tenemos algo de que hablar y vamos a desarrollar todo el ritual de la típica conversación occidental; sentarnos, quitarnos las chaquetas y los bolsos, ponernos cómodas, acercarnos, mirarnos, contextualizarnos, tomar algo frío o caliente mientras nos comunicamos… Como vivimos en esta ciudad adornada con tantos meses de sol y buen tiempo sería estúpido no aprovechar la posibilidad de tener el cielo sobre la cabeza, así que nuestra tendencia natural para conversar es hacerlo al aire libre donde normalmente la temperatura es buena. Y además, como dice mi madre, cuando ya no tienes nada más que decir puedes entretenerte viendo pasar a la gente.

Así que nos hemos citado porque tenemos algo de que hablar. Entonces buscamos un lugar al aire libre para sentarnos y comenzar el ritual. Y aquí empieza la cuestión de fondo.

Algunas veces, depende de con quién, nos sentamos en las escaleras de un portal, en el bordillo de un establecimiento o en un banco público, de los que apenas quedan, de modo que será una casualidad muy especial encontrar un banco público en la calle, fuera de un jardín o plaza céntrica, que no esté tapizado con excrementos de paloma, ocupado por una persona sin casa, deteriorado, o simplemente que sea lo bastante grande para albergar dos cuerpos, y no uno solo, como marca esa última tendencia de las sillas aisladas que adornan algunas calles de Valencia en puntos inverosímiles. Incluso cuando has quedado con la persona adecuada para ello, es cada vez más difícil encontrar un banco público para sentarse y hablar en la calle.

Lo cierto es que la mayor parte de las veces (hay para quien la media será todas las veces), la cita y el encuentro y la conversación que se producen en la calle se concretan en la terraza de un bar. Me pregunto si encontrarse y conversar en la terraza de un bar es lo mismo que hacerlo en la calle, quiero decir si la terraza es lo mismo que la calle por el simple hecho de desplegarse en ese espacio, me pregunto incluso si ambos espacios, si es que fueran dos y distintos, se complementan y se comunican, o si por el contrario se enfrentan y se desafían, como ciertamente yo creo que ocurre. Y con todas estas preguntas seguiré armando esta historia en el próximo post. El tema acaba de empezar, y va para largo.