Tarjetas negras, tarjetas opacas, tarjetas “B”: sólo para chorizos

Parecía que los bancos ya no eran capaces de darnos más disgustos, pero se han superado a ellos mismos. Lo que estamos viviendo estas últimas semanas con Caja Madrid y Bankia ya es el triple salto mortal con tirabuzón y marcha atrás de la desvergüenza. Lo de las tarjetas fantasma, negras, opacas, “B”, o como quieran llamarse es el despiporre total. 

Si estuviésemos hablando de una empresa privada normal, el contable de la casa ya habría cortado las manos de varios empleados por haberse gastado un par de euros de más en cañas, de eso podemos estar seguros, pero como, en este caso, el dinero que se gastaban esta serie de desalmados saqueadores era nuestro, la cosa cambia.

Para el que no lo sepa Caja Madrid y Bankia fueron rescatadas con dinero público, ese dinero que nos arrancaron con tenazas y que ahora falta para sanidad, para devolver el bono energético a 200.000 familias y que no se pelen de frío este invierno, para comedores, para becas, en resumen, para todo. Pues bien esos 15 “milloncejos de ná” que se cargaron en una cuenta de “quebrantos” (anda que no tiene narices el nombre) eran nuestros, de nuestro bolsillo y se los gastaron en campos de golf, en discotecas, en vino, en joyas, en compras en El Corte Inglés, en puros, en veterinarios para yeguas… y todo lo que nuestra sorprendida mente pueda imaginar.

tarjetas caja madrid

El gasto de las tarjeta negras ha ascendido a más de 15 millones de euros
FUENTE: ilovclicks.es

El shock puede ser aún mayor si tenemos en cuenta que las cajas de ahorro fueron creadas como entidades sin ánimo de lucro (no estoy de guasa, es verdad) cuyos beneficios se tenían que destinar a las Obras Sociales de la entidad y no sólo nos han “chorizado” el dinero que les dimos para salvar la caja sino que, de paso, también se han encargado de que no existan beneficios y que en las obras ésas se hayan quedado más secos que la mojama. Vamos, que nos han robado a la ida y también a la vuelta.

Reconozco que es verdad que este asunto de las tarjetas negras puede parecerse a otros saqueos de magnitudes siderales que hemos sufrido en otras ocasiones, pero esta vez ha ido más allá. Hemos visto, con verdadero asco, como existe una especie de patente de corso para meter la mano en la bolsa de los dineros ajenos y han destruido la poquita confianza que teníamos todavía en los políticos al uso. Da igual del partido que sean, estaban todos conchabados, estaban todos unidos en el trinque. Esta panda de saqueadores tenían un acuerdo para vivir a todo tren a costa nuestra y que una vez perdida, aunque ahora intenten arreglarlo con demandas, dimisiones y amenazas de expulsión a los afiliados, el daño está hecho y va a ser difícil repararlo. Va a ser muy complicado que olvidemos este episodio.

Pegatina protesta en una oficina de Bankia en Valencia FUENTE: Facebook

Pegatina protesta en una oficina de Bankia en Valencia
FUENTE: Facebook

Sólo digo una cosa, señores, las elecciones se acercan poco a poco. Puede ser un buen momento para decirles a estos desalmados que ya les vale, que ha llegado el momento de que se marchen a casa, eso si no les toca antes hacer una parada y fonda en la cárcel.

¡Ojalá!

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Gracias por las noticias curiosas

Tengo que dar las gracias a los medios por esas noticias curiosas que publican y que, en muchos casos, te arrancan una sonrisa o te hacen reconciliarte con la idea de que los seres humanos somos inteligentes, como la noticia de la transformación de las míticas cabinas inglesas.

Hay que disfrutar de esos momentos, porque últimamente hay pocos así. Leer un periódico, ver un telediario o escuchar la radio es como si estuvieras sentado en un potro de tortura, sin exagerar… bueno quizá exagero un poco, pero la verdad es que cada día me cuesta más prestar atención a los medios.

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Me resultan tediosos algunos asuntos, por ejemplo los que marcan la actualidad española en estos momentos: independentismo, Podemos y corrupción… No logro interesarme por ellos y muchas veces no paso de leer el titular. Han conseguido que me de igual si Cataluña consigue hacer el referéndum o no, aunque ya no sé si el objetivo es ese o es demostrar cual de los dos bandos hace más ruido; ya estoy saturada de oír hablar de Podemos, creo que su estrategia de estar en los medios se acabará volviendo en su contra, pero de momento no hay día en el que no aparezcan; y después de tantos casos de corrupción, un tema como el de las tarjetas de Caja Madrid no capta mi atención más que para pensar que no me parece tan raro que lo hicieran.

En cuanto a la actualidad internacional, la elección de los comisarios de la UE es un tema que debería ser de interés general, pero que no interesa a nadie; las protestas de Hong Kong son importantes, pero después de ver como se han desinflado en otros países ya me he desencantado; y con el resto de noticias me pasa poco más o menos lo mismo.

En muchas ocasiones me viene a la cabeza la frase de Mafalda: “¡Qué se pare el mundo que me quiero bajar!”. ¿Seré yo que estoy de bajón o será que la actualidad es aburrida? ¿O igual es una conjura judeomasónica de esas que salen en las películas y nos bombardean con noticias poco edificantes para que olvidemos preguntarnos por lo que de verdad importa?

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Por eso, en medio de este desinterés por las noticias en el que me he encuentro sumida, agradezco leer artículos que me hacen sonreir, algo que hace mucha falta hoy en día. Y, aunque son una tontería, últimamente me encuentro más interesada en echar un vistazo a los medios simplemente para ver cual es la noticias divertida del día. Como la del líder norcoreano, sus tobillos y sus zapatos de tacón cubano o chorradas que tendrían que salir en periódicos tipo Daily Mirror o The Sun, pero dan para unas buenas risas entorno a unas cervezas con los amigos.