Mensaje (a facebook) en una botella

Las Fallas tienen esa extraña habilidad de ralentizar el tiempo, de dejar todo aparcado y una vez han pasado, nos lanzamos de nuevo al ruedo. Sólo que, de repente, notamos la arena diferente, la luz del sol tiene un brillo inusual, pese a que no nos resulta desconocido. Debe ser la primavera, la ‘primera verdad’, como he escuchado hoy en la radio, si descomponemos la palabra y nos remitimos al latín, aunque llevado a un tono poético, puesto que el verdadero desglose sería ‘prima’ (primer) ‘ver, veris’ (verde) y éste suena más lógico.

No obstante, la primera verdad que hallamos los que notamos el paso del tiempo es una mayor reticencia a los cambios y esta desazón me sobrevino días atrás al consultar la actualización de ‘mi facebook’, porque es mío y me lo habían cambiado con un regusto dañino a la vista y una recomposición que se puede definir de cualquier forma menos estilosa.

Ya lo sé, no es el primer cambio, los vienen haciendo desde el principio, pero si es, atendiendo a mi sensible vista, hasta la fecha, el más agresivo.  Desde luego los que no nos consideramos nativos digitales sufrimos las consecuencias y la fobia de ese trastorno del ‘cambio continuo’ y no acabamos de entender la velocidad a la que está sometido todo. Las empresas, las marcas ya no valen lo que son, su valor está en lo que serán capaces de ser. Vivimos en un presente condicionado cada vez más por el futuro, cuando hasta hace, apenas, 30 años en nuestra civilización regía todo lo contrario: éramos el resultado de lo que una vez fuimos. Nuestro presente, entonces, estaba ligado a nuestro pasado. Es un cambio extremadamente severo para que algunas generaciones, como la mía, vivamos ese tránsito sin estar sometidos a tensiones y riesgos.

botella con mensaje tecnologico

¡Qué me devuelvan mi facebook, coño! ¿O es mi PC el que se ha quedado obsoleto? Desde luego paso de actualizar, por el momento, la aplicación para face en mi smartphone. Ya sé que en unos meses no le daré importancia, pero la putada de esto es que todo va tan rápido que no nos da tiempo a generar recuerdos, cada vez tenemos menos trastos/gadgtes/souvenirs de esos que moldeaban nuestro perfil social y psicológico y que tenían un valor emocional incalculable, porque ahora lo que se lleva siempre es lo último (el iphone 4, 5, 6…) sin reparar en que lo último nace viejo. Yo, por si acaso, cual Diógenes desatado, sigo acumulando en garajes y trasteros: elementos, detalles, libros, cómics, álbumes, figuritas… En definitiva, ‘cositas’ que algún día me den pistas sobre mí mismo, por si pierdo el sentido, para que me recuerden quien soy ó quien fui, por si mi mente ‘me da error’ o la tecnología me lanza a un futuro incierto cual astronauta en Gravity y me deja en un limbo en el que olvido quién era y lo que anhelaba.

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En memoria de Adolfo Suárez y de todas aquellas personas anónimas que dejan este mundo vacías y desnudas de recuerdos y a todas sus familias, amigos y colectivos que dedican sus esfuerzos a contrarrestar una enfermedad sin (apenas hoy) remedio.

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Cuando las solicitudes de amistad en Facebook son como invitaciones a una boda

Ya sé que está muy feo decirle a una persona que no te interesa tenerla como amigo en Facebook. Pero, no me digáis que, a veces, no os habéis sentido impotentes al no saber qué hacer cuando realmente esas personas que te piden amistad no te importan.

En general, tendemos a mantener el contacto en Facebook con todas las personas que han pasado por nuestras vidas, aunque sólo fuera por unos días. Pero muchas veces es bueno pararse a pensar qué relación tenemos con cada una de ellas a la hora de añadirlas como amigos.

Voy a poner un ejemplo. Todos hemos recibido, en alguna ocasión, en el llamado mundo offline, una invitación a una boda y hemos dicho: ¿y éstos por qué me invitan? Pues de igual modo,  algo similar pasa en Facebook cuando recibimos una solicitud de amistad y vemos el careto de la persona. Ganas tienen algunos y algunas de meternos en unos compromisos de aúpa.

solicitud amistad facebook

Esas inquietantes solicitudes de amistad

Vamos a ver: ¿Por qué hemos de añadir en Facebook a alguien del colegio con el que no hemos hablado nunca? Diré más, ¿por qué nos mandan ciertas personas solicitudes de amistad cuando de críos les caíamos mal? No entiendo. ¿Qué son? ¿masoquistas?

Un caso similar pasa con los clientes. Por regla general, no todos los clientes que uno tiene son sus amigos. Y, seguramente, si vieran nuestros fotomontajes con cuerpos esculturales y medio en pelotas, dejarían de vernos como personas serias. ¿Para que nos piden amistad? ¡Ché!, vete a Linkedin y ya está.

Los jefes, tres cuartos de lo mismo. ¿Para qué piden los jefes ser amigos de sus subordinados en el Facebook? Digo yo que será para que dejen de colar las excusas de llegar 15 minutos tarde por la mañana porque, si no, no lo entiendo.

Algo similar pasa con los familiares, que algunos son para echarles de comer aparte. Ojo, yo tengo a mi padre y a mi hermana (porque me caen realmente bien), pero ¿qué pasa cuando un tío carnal te pide amistad en Facebook? A mi me pasó, lo acepté porque me sabía mal y un día en una reunión familiar aproveché para pedirle el voto para un concurso de Facebook y me dijo: “Yo no tengo eso”. ¡Me quedé muerta, claro!

Puedes querer mucho a tus amigos, pero eso no quita también para que se tengan distintos gustos. Seguro que tenéis amigos aficionados a la caza y al tiro deportivo que os piden amistad en Facebook y sabéis de sobra que van a inundar vuestro muro de parejas de azulones, torcaces, liebres y ciervos que posiblemente, además, estén muertos. ¿Qué haces? Puffff… difícil situación.

Muchos hemos pensado que una persona más en Facebook no hace daño. Pero, claro, al igual que no vas contando tu vida por ahí a la peña ni enseñándoles tu álbum de comunión al primero con el que hablas por la calle, pues claro, hay cosas que son tan íntimas y personas que son tan raras que no quieres que formen parte de tu Facebook.

¿Sabéis qué os digo? Que cuantos más contactos tengamos, más difícil será llevar un seguimiento de las personas que más nos importan. Yo no he tenido aún que hacer limpieza en mi Facebook, pero sé que muchas personas la han hecho. Y he de reconocer que no todos nuestros contactos de Facebook deberían ser nuestros amigos. Si nos ceñimos al concepto puro de amistad tendríamos un Facebook con 10 amigos, que distaría muy mucho de ser red social. Lo mejor, ponerlos en un grupo en Whatsapp y llamarlo : “lailolailolá, amigos de verdad”.

Creo que es bueno, de vez en cuando, que sepamos que sólo nosotros decidimos a quién queremos tener como amigos en Facebook y si hacemos las cosas por compromiso no le sacaremos todo el provecho que podríamos darle. ¿No creéis?

Indigentes digitales, os adoro

Tengo varios amigos que pasan olímpicamente de las redes sociales, muchos otros que las utilizan de vez en cuando y se tiran semanas sin entrar a consultarlas; algunos que ni siquiera tienen Facebook, un par de ellos que se acaban de instalar WhatsApp en el smartphone y creen con eso que ya han entrado en la era 2.0 y otros, que aún confunden el Twitter con el Tuenti (y que ya son casos perdidos para mi).

Yo me río mucho con ellos y, desde el cariño, les llamo “indigentes digitales”. Pero, a veces, me hacen reflexionar, y mucho, porque con sus argumentos me desmontan el mundo.

Redes sociales

Las redes sociales son sólo una puerta al mundo donde viven tus amigos

Oye, Bea, me dicen, que esto ‘del Internet’ a mi no me va. Oye, que no pasa nada si aún no tienes una cuenta en Google + (léase Google Más), aunque ya haga dos años que salió.

Que no pasa nada si no tienes Twitter en el móvil y no puedes leer las menciones un minuto después de que te las escriban. Que si te tiras dos semanas sin entrar a Facebook, no se acaba el mundo. Y que si no conoces cuáles son los Trending Topics del momento, te cabreas menos y vives más feliz.

Estoy segura de que 9 de cada 10 personas que estáis leyendo esto os estáis mordiendo las uñas, pero a mi, a veces, me dan ganas de comprobar si realmente no pasa nada por desconectar unos días. Igual, quién sabe, sorprendentemente y casi contra todo pronóstico, el sol sigue saliendo, igual hay atardeceres increíbles que me estoy perdiendo, parques llenos de gente con la que no estoy hablando, conciertos de los que no estoy disfrutando, música en los pubs que no estoy bailando, gente nueva que no estoy conociendo.

Y es que, quizás, de vez en cuando, sea conveniente marcharse del mundo online para ver de lejos a tus amigos.  A los de verdad, no a los del Facebook. A los que echas de menos; amigos que te gustaría que estuvieran aquí, aquellos que te ponen un SMS tradicional en el móvil y te dicen que tienen ganas de abrazarte, los que te mandan un  mail para decirte que te echan de menos, los que te llaman porque se les hace raro no oír tu voz.

Saltar

¡Saltemos al mundo exterior! Puede que nos estemos perdiendo algo

Desde los ojos de mis indigentes digitales, igual las redes sociales son sólo una puerta al mundo donde viven tus amigos. Vuelvo a repetir, los de verdad. A los que echas de menos.  Igual es cierto que se puede vivir sin Facebook y sin Twitter, por mucha “inercia social” que tengas. Posiblemente, vivir sin tus amigos de verdad cueste mucho más.

Puede que la era online haya traído consigo una explicación distinta a lo que expertos en psicología conocen por el término de amigo. Ahora bien, no me digáis que no os resulta difícil no estar conectados a las redes.

A mi, sí. Pero, como dice Punset: “Life is a mistake”.