El imparcial del señor Ansón

Minientrada

La objetividad en la comunicación es una falacia. Las personas somos subjetivas porque tenemos sentimientos y memoria por lo que difícilmente no añadiremos aspectos personales a nuestra percepción del mundo.
Me da por preguntarme por qué le pedimos entonces objetividad a la prensa. Cabe cierto grado de imparcialidad/objetividad (¿es lo mismo? tal vez otro día reflexione sobre eso?) en la narración de los acontecimientos sucedidos pero, ¿en los artículos de opinión?
El señor Ansón (a quien no le preocupa que le quiten la tilde) lidera una cabecera con El Imparcial por nombre. No sólo me parece presuntuoso sino que, al incluir columnas de opinión, falta a su nombre. Además de velar el mensaje de que el resto de medios no lo son. ¿Se entiende así o estoy hilando muy fino?

25anson_d No, no me he molestado en leer El Imparcial. ¿Por qué debería hacerlo?

No dar la brasa al cliente

No sé si será algo generalizado o es el colmo de la casualidad pero a lo largo de las últimas 2 semanas me habrán llamado alrededor de 10 empresas diferentes para hacerme una encuesta de calidad. También algunos proveedores de servicios me han pedido en persona que realice este tipo de encuesta. Como colofón, y a punto de negarme en redondo a realizar más encuestas llega al trabajo una encuesta del Instituto Nacional de Estadística que me cae a mí (y esa no se la salta un capitán general). Si alguien me contara esta historia diría que exagera. Lo que son las cosas…

Tampoco sé si estas empresas tienen relación entre sí (o sus call centre) y se han informado unas a otras del hecho de que gentilmente he respondido a sus encuestas, pero el caso es que me tienen frito. Y es que, lo que está pensado (o debería) como un tipo de comunicación con el cliente de gran utilidad para la evaluación del servicio (del grado de satisfacción del cliente, más bien) y como muestra al cliente de que a la empresa le importa la calidad de su servicio, termina por ser un tormento para el cliente. Porque uno quiere ser amable y solidario con las obligaciones de quien le pide ser encuestado pero termina por resultar molesto. Y este tipo de comunicación no debería ser molesta.

Me pregunto si no hay alguna empresa (call centre) que esté recomendando realizar este tipo de encuestas para mejorar la imagen de la empresa entre sus clientes. De esta manera las empresas se habrían lanzado a acribillar a sus clientes, directa o indirectamente, a través de esta práctica.

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El caso es que al principio uno la recibe de manera positiva. Molesto, pero positivo. Piensa, “bueno, está bien que se preocupen por analizar el nivel de satisfacción”. Pero a partir de la tercera o cuarta llamada, el usuario empieza a poner excusas del tipo “perdone pero en este momento me pilla mal” o “ahora no tengo tiempo” con mayor o menor grado de amabilidad en la respuesta, algo en lo que ya inciden otros factores que no tienen por qué estar relacionados con el tema en cuestión.

Pero a partir de la séptima y octava llamada el usuario ya debería haber superado su límite de paciencia por lo que las respuestas serán paulatinamente menos gratas. Si además, como a todos nos ha pasado alguna vez, hemos topado con algún operador maleducado que nos ha contestado mal o nos ha colgado en nuestras narices, pues seguramente nuestra inclinación hacia las encuestas se verá seriamente mermada.

Avisos a las empresas que hacen este tipo de encuestas:

1. Antes de afrontar cualquier tipo de acción dedicada a fidelizar o mejorar el servicio hay que hacer una evaluación de riesgos. Hacer las cosas por hacer nunca fue buena idea.

2. Se me antoja necesario hacer también una evaluación de la calidad de las encuestas. Mantener un operador maleducado es como escupir hacia arriba.

3. Yo ya he llegado a mi límite. ¡DÉJENME EN PAZ!

Nada en la TV

Creo que anteriormente he declarado de manera abierta que me gusta mirarla. Lo que no implica tragarse cualquier bodrio que a uno le plantan delante. Es exasperante ponerse ante el aparato cada noche y comprobar que, salvo contados casos, no hay nada. Todas las noches la misma conversación que nos tiene en un bucle:

– Cariño, ¿qué hay esta noche en la tele?

– Voy a ver.

Y tras comprobar el teletexto:

– Nada. Absolutamente nada.

Es penoso.  Al final optamos por una serie que nos da igual no volver a ver, o un “Españoles viajeros” o un “Callejeros por el mundo” en cualquier destino más o menos exótico que casi con seguridad ya hemos visto. Si, como a menudo afirmamos, la televisión acaba con nuestra vida amorosa, calculo que en estos tiempos debe estar de lo más animada. Salvo los martes. Los martes está “Master Chef” en el que disfrutamos viendo planificar y cocinar platos de dificultad desigual. Aunque últimamente está adquiriendo un tono de reality que no pinta nada, la cocina (o la comida) nos reúne a todos, despierta nuestros sentidos, nuestra creatividad y nuestro apetito. Hasta nuestra autoestima. Seguramente había gente que miraba los programas de talentos musicales y pensaba “yo canto mejor”. Ante Master Chef tenemos la oportunidad de probar y reunir a nuestros familiares para comprobarlo. El caso es que, si la memoria no me falla, RTVE no debería hacer publicidad, y eso debería incluir a los patrocinadores, ni supermercados ni electrodomésticos ni gobiernos regionales ni nada, que son nombrados habitualmente.

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Pero hay otra serie de programas de entretenimiento en los que hay una serie de personajes famosos que animan con sus juicios (mayormente inexpertos) y comentarios (generalmente impertinentes) las actuaciones de los participantes. Ahora está de moda que incluso los participantes sean famosos. Ya sólo nos queda ser espectadores. El caso es que por esos programas circulan una serie de personajes que viven constantemente haciendo promoción, promoción de sí mismos. Y el objetivo no es otro que, como reza el gazapo, estar en el candelabro. A la luz de las cifras de taquilla calculo que Santiago Segura ha debido ganar una pasta con la saga “Torrente”. ¿Qué hace en esos programas sino promocionarse hasta que tenga la próxima entrega? Pero me llama aún más la atención el caso de Guti, ese tan rebelde como talentoso exfutbolista, por los platós en plan Risto Mejide oxigenado. ¿Se promociona, es por vanidad o simplemente no tiene nada mejor que hacer? Y así con cantantes, cocineros, presentadores, etc. en diferentes situaciones, de supervivencia, de baile, en un trampolín, imitando, etc. Qué versátiles por otra parte. Me recuerda a esos grandes talentos capaces de actuar, cantar, bailar, montar a caballo, luchar, etc. Pero haciéndolo todo mal. A veces, sólo medio mal.

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Tenemos unos medios de comunicación bastante mediocres. La TV se lleva la palma. Qué lástima, con el buen invento que es. Gracias a los responsables por animar nuestras alcobas.

Una brújula para Albert

Aún no he terminado de leer “Brújulas que buscan sonrisas perdidas”, de Albert Espinosa. Supongo que terminaré de hacerlo, pero me tiene atascado. Y me pasa con Albert Espinosa algo que no suele sucederme. Yo soy muy de dejar un libro si no me vale la pena. Pero es que Albert Espinosa me cae bien y me gusta su mensaje positivo.

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He leído “Todo lo que podríamos haber sido tú y yo, si no fuéramos tú y yo” y “Si tú me dices ven lo dejo todo, pero dime ven”. Qué títulos tan atípicos y sugerentes, ¿no? Pues lo más atípico de Espinosa no es el título de sus libros, sino sus historias. Ha creado un sistema de escritura muy original, muy orgánico, poco ortodoxo y un poco complejo pero que consigue enganchar al lector porque tiene un secreto: la empatía que despierta el personaje principal y narrador del relato. Crea un personaje cercano, buena gente, majete, que uno querría tener como amigo, alguien agradable al lado de quien se quiere pasar el rato. Alguien sencillo, como cualquiera de nosotros, que habla con honestidad de sí mismo, que narra la historia con emotividad y que consigue anclarse en el corazón del lector. De modo que, aunque las historias sean a veces retorcidas o extravagantes, la compañía del personaje vale la pena. Y como habla en primera persona, hace que le quieras.

Este último libro se le ha ido de las manos. Está siendo un éxito en ventas y supongo que más por afición al autor que por otra cosa. Siento decirlo porque Espinosa me cae estupendamente, pero no está bien escrito. Tiene erratas y falla en los signos de puntuación y a veces parece traducir literalmente a castellano del catalán. Pero además  hay partes en las que no sabe uno si está leyendo un libro o un guión.  Y no es lo mismo. Lo lamento porque pienso que sabe hacerlo mejor. Por eso creo que se le ha ido de las manos el desorden organizado de su planteamiento al escribir. Se ha vuelto tan sumamente orgánico que crea dificultades innecesarias al lector.

Otro tema sería si, ahora que está en cartelera “En el camino” (adaptación de un libro más que recomendable), hubiera tratado de escribir de manera reaccionaria. Pero, reaccionando, ¿contra qué? Yo creo que si Kerouac escribiera hoy lo haría de una manera pulcra y hasta puntillosa, tanto que se confundiría con el mismo Truman Capote. Porque, ante el desaguisado lingüístico en que vivimos, con la relajación verbal que impera, hoy lo reaccionario sería escribir de manera perfectamente correcta y armoniosa. Me parece que hoy la higiene verbal pasa por visitar a los clásicos de la literatura, por recuperar la forma original y perfecta del lenguaje. Y sin embargo todo indica que vamos en dirección contraria y los escritores deberían dar ejemplo si no queremos que el lenguaje siga deteriorándose.

Me parece estupendo que se escriba (y se lea) sobre lo que se quiera. Creo que la variedad está para satisfacer a todo el mundo. Y como también creo que leer no es un valor en sí mismo (¿por qué regla de tres es mejor que te guste leer que lo contrario?) supongo que hay que ser un poco crítico y exigente con lo que se lee (porque el mundo está sembrado de millones de libros).

Admiro y respeto mucho el talento para inventar y contar historias, y envidio la capacidad de escribirlas. Pero siempre espero que el escritor ponga toda el alma, toda la intención y el esfuerzo al hacerlo de manera correcta y, a ser posible, hermosa.

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Lo que se dice es importante, pero cómo se escribe no lo es menos. Y Albert Espinosa tiene un don al que debería hacer justicia.

Futbolistas, cardenales y viceversa

No puedo más que admitir que he seguido con atención la evolución de los acontecimientos desde la dimisión de Benedicto XVI hasta la elección de Francisco como su sucesor, y toda una serie de perfiles que se van dibujando ahora sobre el nuevo Pontífice.

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Me pasa algo muy parecido con el fútbol. Detesto con todas mis fuerzas cierta prensa deportiva, engalanada de falta de rigor, basada en dimes y diretes, que vive de la bronca, de manera servil y banal. Un periodismo que se jacta de sus fuentes pero que rara vez las nombra. No sé si me parecen más viles unos u otros, reunidos todos al calor de un restaurante caro (no siempre bueno), haciéndose los importantes. Empiezo por admitir que sigo esa prensa muy de cerca, pero vamos a seguir diciendo que el tema en cuestión no deja de ser una banalidad (por mucha pasta que mueva) y que lo mínimo que se les debería exigir es un pelín de decoro. Señores, no se hagan los importantes, que al fin y al cabo no dejan de estar vendiendo su profesionalidad (los chivatos y los soplones).

Dicho esto, y salvando de la quema a otros muchos periodistas deportivos de categoría, seguiré por reconocer que espero con ilusión la apertura del mercado de fichajes. Siempre he comparado este tipo de prensa con la del corazón. Blanco y en botella, a qué negarlo.

El caso es que con todo esto del Cónclave y toda la pesca, atento como he estado a la prensa española e italiana, me ha quedado un regusto a prensa deportiva. Por supuesto, libro de la quema a muchos profesionales que han hecho interesantes análisis sobre los perfiles de los candidatos, sobre las circunstancias actuales de la Iglesia y lo que puede estar demandando, así como el retrato del actual y flamante Papa. Pero no podemos negar que ha sido un auténtico marujeo, que han proliferado las quinielas y que nos han cosido a chismes (nos hablan hasta de la antigua novia del Papa). Oigan, y a mí este tema no me parece banal. Porque, nos guste o no, incide en cierto modo (o puede hacerlo, o debería hacerlo) en el orden de las cosas, en la vida de millones de personas en todo el mundo. Que no, que no se puede tratar el Cónclave como si fuera el Balón de Oro; que Francisco no es Messi, ni es Scola CR7; que aquí no nos jugamos nadie un Campeonato del Mundo, que no.

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Que la realidad, al margen de las creencias particulares, es que el Papa tiene la oportunidad de dar un giro al destino de la Iglesia. Que las señales que nos está enviando van en esa dirección: la elección del nombre, la actitud ejemplar, la rebeldía ante lo pre-supuesto, una vuelta a la esencia… A mí todo esto me huele a giro (esperado) como este Papa me huele a Concilio (aunque no inmediato).

No le sigo en twitter ni en Facebook pero sí estoy atento a través de la prensa a las maneras y a los mensajes que trata de enviar Francisco. Sin olvidar que su elección es en sí un mensaje de quienes le votaron (algunos de los cuales puede que, de hecho, acaben lamentándolo). No me olvido de que ha tenido 8 años para preparar su Pontificado y parece decidido a ejercerlo con firmeza y determinación. Podría decir que rezaré por su éxito. Baste por lo pronto con desearle buena suerte.

Hay una cosa que se me hace bola en el lenguaje de Francisco, leo demasiadas referencias al diablo y al infierno, y muy pocas a la salvación. Tal vez es sólo una sensación; tal vez no he leído lo suficiente; tal vez se trate de un lenguaje con el que no estoy familiarizado (que es ítalo-argentino, jué!). Tal vez.

El discreto encanto de las agencias

Reconozco que mi reacción a las noticias es particular, que me dejo llevar por el impulso de lo que me llama la atención. Y es que, ante el panorama informativo en general, de escasa calidad y carente de imparcialidad informativa, cuesta trabajo encontrar artículos que valgan el tiempo que les dedicamos. Es más, a nivel informativo, hay días en los que El Mundo Today me aporta más que la prensa. En serio.

Hoy mi vista se ha detenido ante un “artículo” sobre unas declaraciones de Morgan Stanley, uno de esos tiburones sin entrañas que juegan con los destinos de los ciudadanos como nosotros jugábamos (y jugamos) al Monopoly.

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Morgan Stanley dice que España va camino de ser “la próxima Alemania”. Evidentemente me he quedado tieso. ¿Y quién no? Con la que está cayendo, con lo mal que nos han estado diciendo durante meses que estamos, lo mal que lo hemos hecho, etc., y ahora resulta que, salta una “noticia” bomba, viene Draghi a España y llegan los tiburones de turno a decirnos que vamos fenomenal. Oigan, róbennos, pero hagan el favor de no burlarse en nuestras caras.

La noticia se reproduce (literalmente) en casi todos los periódicos nacionales (y de provincias) de información general (y especializados) gracias al trabajo de las súper agencias de información, a saber, EFE y Europa Press, que algunos becarios (porque si han sido periodistas profesionales –de los que cobran- tiene verdadero delito) han tenido la bondad de fusilar. ABC, EL PAIS, EL MUNDO, Expansión y un largo etcétera. Pero, ¡espera! que te pones a rascar un poco y ves que hasta el Huffington Post, ese medio ejemplar ha hecho igual. Y hasta en el extranjero. Mal de muchos consuelo de tontos. En fin. Esto es lo que yo llamo pidiorismo del bueno. Qué risa, ¿no?

Me he visto tentado a buscar algo más de información (noticias en Google) sobre lo que dicen los señores de MS y he descubierto el gran drama que se vive en su seno tras haber cerrado  el pasado ejercicio perdiendo 88 millones (aclárese que tras haber ganado 1.566 millones de euros el año anterior) hasta el punto de haber bajado un 30% el sueldo de su CEO (cómo me gustan estas abreviaturas que nadie tiene por qué entender y que tienen equivalente en español, nos hacen sentir tan ignorantes!) y que ahora asciendo a sólo 6 millones de euros. Honestamente el estómago no me ha dado para terminar de leer ese artículo que detalla lo que cobran otros tiburones. He ido directamente al final feliz “Morgan Stanley recientemente mostró señales de que estaba corrigiendo el rumbo”. Me quedo más tranquilo.

El pobre de Jamie Dimon

El pobre de Jamie Dimon

En definitiva, valiente tomadura de pelo, de los políticos, de los medios y de las agencias (de prensa y de calificación). Me siento estafado, que no derrotado (aún).

De marketing, deporte y política

Todos deberíamos cuestionarnos nuestra ética profesional de vez en cuando. O, al menos, alguna vez. Trabajar en marketing o en publicidad plantea dilemas al tratarse de materias que trabajan con las motivaciones de los individuos. Lo vemos día a día, en productos que se anuncian apelando al deseo y a las aspiraciones del público objetivo. Porque ¿cómo anunciar si no un perfume, por ejemplo?

A veces las asociaciones de ideas marcan el camino. Por ejemplo, la camiseta azulgrana del F.C. Barcelona, tiene una gran similitud con la bandera del Tíbet. Qué fácil para dicho club difundir la marca por ese territorio. Pero a veces sucede que el marketing actúa a la inversa, hacia el producto. Puede suceder, como he podido comprobar en tv, que los tibetanos luzcan las camisetas del Barça y las banderas del Tíbet como reivindicación política (justa por otra parte).

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El F.C. Barcelona ha sabido ganar terreno a los grandes titanes del fútbol en materia de marketing: Real Madrid (que ya hizo un excelente trabajo durante el primer mandato de Florentino Pérez) y Manchester United (al que contribuyeron mucho figuras mediáticas como Cantona, Beckham y CR7). De este modo se ha colocado en segunda posición en el ranking de clubes de fútbol con mayores ingresos, desbancando al United. Claro que cosechar un inusitado número de títulos en poco tiempo ha sido clave. Pero han sabido aprovechar la coyuntura.

Pero las asociaciones nos acercan a ciertos individuos y nos alejan de otros. De modo que tener un  público “cautivo” como el tibetano puede alejarnos del chino, infinitamente superior, con mayor poder adquisitivo, mayor fascinación por lo occidental y ciertos hábitos de consumo.

Si yo fuera directivo del Real Madrid me lanzaría a la carrera a por el público chino antes de que el Barça consiga colonizarlo. Me sigo preguntando si el rojo de la segunda equipación del año pasado tiene algo que ver. En tal caso yo habría intentado ajustar más el “pantone”. Pero el mercado chino tiene otro condicionante cultural, y es que no se casa con nadie, sólo con el éxito, y en los resultados deportivos entran otros factores que escapan al poder del directivo, por mucho dinero que invierta.

El Barcelona tiene una estrategia clara con Qatar: acercarse al mercado árabe y, tal vez, encarnar ciertos valores. Ya hizo algo parecido con Unicef, con el pretexto de difundir una idea, experimentando de paso si funciona en el “soci” lo de tener patrocinador en la camiseta. A mí me huele a emotividad en pos de un objetivo económico, qué quieren que les diga.

Pero espantoso me parece lo de la UNESCO patrocinando a un equipo de fútbol (en caso de que se trate de un patrocinio económico), el Málaga, o dejándose representar por él. Perfecta representación de aquello de mezclar churras con merinas.

Habría que revisar el uso que se hace del fútbol para difundir ideas políticas, y dejar que el fútbol sea lo que es: un juego.

En cualquier caso, volviendo al principio, los profesionales deberíamos reflexionar sobre la ética de nuestro trabajo, al menos alguna vez.