Acerca de Pérez

A veces escribo en sitios. Si pudiera, escribiría siempre. En todos los sitios. Pero no me da la vida.

Las imágenes de Boston

Hace sólo unas horas, tres explosiones han causado tres muertos y un centenar de heridos en Boston, ciudad que estaba celebrando en esos momentos su famosa maratón.

Que es una barbarie, no tiene discusión, no vamos a entrar en eso. Sobre todo porque a estas horas todos podemos ser testigos directos gracias a las docenas de imágenes muy explícitas que ya hay circulando por la Red.

Lo primero que me ha venido a la cabeza ha sido la autocensura que se impusieron los medios en los atentados de Nueva York, Madrid o Londres en cuanto a las imágenes. Esta autocensura ha sido objeto de análisis durante años pero, claro, cuando todas estas catástrofes ocurrieron no existían las redes sociales, especialmente Twitter. La autocensura de los medios de comunicación no tuvo competidores, no tuvo que lidiar contra los ciudadanos y las redes sociales.

Ahora sí, y parece que el debate ya no existe: las imágenes, por crudas que sean, por poco respetuosas que parezcan para las víctimas y sus familias, se difunden. Ya no hay debate. Sin aparente discusión, las ediciones digitales de los periódicos han creado fotogalerías que, a pocas horas del suceso, ya se han convertido en las páginas más vistas. Hay alguna reflexión, cierto, pero ¿debate? No lo parece.

Tiendo a pensar que el debate ha desaparecido para los medios de comunicación porque son conscientes de que las imágenes van a circular igualmente, las publiquen ellos o no y, claro, no pueden quedarse al margen y perder su cuota de mercado en un día en el que todos vamos a querer saber qué ha pasado y vamos a consumir prensa. Las imágenes, por macabras que sean, van a seguir apareciendo en Twitter, en Facebook, en blogs… así que la autocensura en los medios de comunicación no es posible. No es ni discutible.

Ya no se puede llegar a un acuerdo tácito y paternalista para no publicar las peores imágenes bajo la excusa de que no es necesario mostrar lo peor de lo que es capaz el ser humano. Ni tan siquiera puede argüirse el respeto y consideración a las víctimas. Muchas de las personas que van a compartir y retuitear esas fotos no saben nada de la ética periodística, no van a reflexionar las razones por las que deben compartir esas imágenes o no. Simplemente, van a hacerlo. No son periodistas, no tienen por qué plantearse esas reflexiones, no tienen por qué ser éticos. Tampoco parece que los periodistas tengan mucha obligación de serlo pero ¿alguien se lo plantea en un día como hoy?

Muchos de los ciudadanos que van a ayudar a difundir esas imágenes se escudarán en la libertad y el derecho a la información para compartir esa foto de un hombre mutilado, como si fuera necesaria para ilustrar la terrible realidad. Y quizás tengan razón en que son libres para compartir esas imágenes, y hasta tengan derecho. Mi pregunta es si es realmente necesario que lo hagan, pasando por encima de la libertad y el derecho de los muertos, los heridos y sus familias.

No lo tengo claro, la verdad, nada claro. ¿Y ustedes? ¿Creen que prima el derecho a la información sobre el de las víctimas?

 

Comemos tarde por culpa de Franco, una razón como cualquier otra

Si queremos estar informados, y hasta que se demuestre lo contrario, los medios de comunicación son la referencia. Seguramente muchas personas dirán que ahora hay blogs, páginas, Twitter… pscheeee, paparruchas. Un medio de comunicación con profesionales, rutinas productivas y estructura de producción debe ser la referencia para quien quiere estar informado. ¿Son mejorables? Sí. ¿Hay otras formas de informarse? Sí. ¿Es periodismo? Rara vez.

Con este punto de partida, estoy convencida de que la mejor única manera de enfrentarse a los medios de comunicación si queremos estar informados es con espíritu crítico, teniendo en cuenta varias cosas:

  • Que los medios de comunicación son empresas y que, como tales, sirven a intereses concretos y tienen servidumbres.
  • Que no hemos de perder de vista qué medio leemos y sus intereses y servidumbres. Nunca. Bajo ningún concepto.
  • Que el periodismo lo hacen personas y que, aunque sean muy profesionales, honestos y todo eso, es imposible la objetividad total. La simple elección de publicar una noticia y no otra, el espacio que ocupa, su amplitud, su seguimiento… todas las decisiones que se toman implican cierta subjetividad, más o menos tendenciosa. La objetividad no existe.
  • Que la información es poder y “el poder” siempre quiere conseguir cosas. Y para eso utiliza la información. Un bucle. El alfa y el omega.

Tooootal, que si queremos estar informados estamos obligados a ejercitar todos los días la duda, el afán de conocimiento, la capacidad de reflexionar y cuestionarnos lo que creemos verdad verdadera. El espíritu crítico, vaya. Porque si no nos las tragaremos como puños todos los días de nuestra vida.

A ver, que no es que yo crea que los medios de comunicación tienen la más mínima intención de mentir, dirigir nuestro pensamiento en uno u otro sentido, desviar nuestra atención o algo así, pero es que a veces veo cosas y, qué quieren, me da qué pensar en que si un tema aparentemente tan banal como el cambio de hora y su origen se instrumentaliza de esta manera ¿qué no pasará con otras cuestiones de actualidad en las que esté en juego mucho más que perder o ganar una hora un sábado cada seis meses?

Y lo digo por esto.

Como cada año, con motivo del cambio de hora primaveral, muchos medios publican informaciones explicando las razones. Por ejemplo, para la Agencia SINC, la noticia es esta:

El Servicio de Información y noticias científicas explica las razones por las que tenemos el uso horario acual

El Servicio de Información y noticias científicas explica las razones por las que tenemos el uso horario actual y el por qué del reciente cambio de hora.

¿Por qué en España comemos a las tres? Agencia SINC.

Sín embargo, la interpretación de Público.es es esta:

Público.es

Público.es no se corta un pelo: la culpa de todo la tiene Franco y su filonazismo.

Franco desfasó el horario español para sintonizar con los nazis. Público.es

No pongo en duda la veracidad del contenido pero ¿de verdad es el único titular posible, el único titular objetivo, independiente y todo eso que se supone que tienen que ser los medios de comunicación? Sinceramente, no lo creo.

Cuando veo estas cosas se me ocurren muchas preguntas pero me quedo con una ¿esto es periodismo? 

Simbología santa

Tenía la intención de escribir un post sobre la simbología de la Semana Santa y cómo se ha utilizado con el paso de los siglos para comunicar a los fieles la doctrina católica pero todo lo que me sale es poco respetuoso con la cosa religiosa. Y no me apetece ser poco respetuosa aquí, la verdad.

Señor Indio Cherokee

Y es que parece que en cuanto se habla de religión y una dice que los símbolos de la Semana Santa le parecen más o menos lo mismo que la danza de la lluvia de los indios cherokee, la gente se suliveya que es una barbaridad. Y, qué quieren que les diga, es lo mismo: una manifestación pública de fe, cargada de simbología. Una, de señores con plumas invocando a la lluvia purificadora; otra, de señores con capuchones representando escenas de la Biblia. Y son las dos igual de respetables.

Quizás la diferencia más importante es que hay poquitos señores con plumas que saltan mirando las nubes y millones de señores que estos días llevan capuchón (que miran lo de la lluvia también, pero por otras razones). Porque, en lo demás, pues viene a ser lo mismo: un proceso comunicativo intencionado, dominado por los símbolos, comprendidos y compartidos por todos los receptores, fieles, en estos casos.

Señores Nazarenos

Señores Nazarenos

Esto me lleva a pensar que quizás (quizás sólo, ojo) las manifestaciones públicas de la fe son, básicamente, una cuestión de símbolos que transmiten el mensaje y cohesionan al personal. Y es aquí donde la Iglesia católica ha sido la más lista a lo largo de la historia, en lo de la cohesión: la de cosas que se le han ocurrido para hacer piña y conseguir que mucha gente comparta la simbología religiosa durante todos estos siglos: procesiones, misas, sacramentos, quedadas mundiales para ver al Papa…

El caso es que, como decía, después de mucho escribir y borrar, escribir y borrar, me he dado cuenta de que, por muy bien que me la sepa, igual no soy la más adecuada para tratar el tema de la simbología de la Semana Santa, a pesar del enorme valor comunicativo que ha tenido a lo largo de los siglos y de lo que me gusta el tema. El de la simbología y la comunicación.

La imagen del Indico Cherokee es de aquí y la de los nazarenos de aquí.

Valencia en Fallas

Las Fallas son una fiesta eminentemente sensorial: el omnipresente ruido de petardos y los pasodobles en las calles, para acompañar a los falleros en sus pasacalles; el olor de la pólvora allá por donde vas; el olor y el sabor del chocolate con buñuelos; los colores de los monumentos falleros y de los trajes de las falleras; el contacto con las miles de personas en todas partes, el calor del fuego purificador…

Las Fallas son una fiesta sensorial.

Quizás por eso son tan apreciadas por visitantes de todo el mundo, año tras año. Para cualquier forastero es fácil apreciar a través de sus sentidos la riqueza y la espectacularidad de la fiesta, que se vive intensamente en las calles de los pueblos y ciudades. Porque los sentidos no engañan, ¿no? Uno ve lo que ve y escucha lo que escucha, ¿no?

Den al play en este vídeo, cierren los ojos y escuchen atentamente:

 
La 9ª Sinfonía de Vicente Caballer.

Los sentidos también nos engañan, miren, si no:

Disfruten de lo que queda de las Fallas. Y si no han podido venir este año, vengan el que viene, no se arrepentirán.

Significante y significado

Simplificando hasta el absurdo para no escribir un post de 80.000 palabras, supongo que estamos de acuerdo en que el lenguaje es una convención humana, que otorga un significado concreto a un significante. Un requisito imprescindible para que el lenguaje (cualquier lenguaje) sirva para comunicarse es que el emisor y el receptor compartan el mismo conjunto de códigos para codificar y descodificar el mensaje. Así de simple y así de complicado.

Con el paso del tiempo hay significantes que cambian de significado. Si nos fijamos en dos momentos cercanos en el tiempo, ese cambio quizás sea imperceptible, hace falta perspectiva para apreciar los matices de la evolución del lenguaje. Como la modificación en el significado se produce en el emisor y el receptor a la vez, sigue habiendo comunicación. No pasa nada.

El problema surge cuando uno de los elementos, emisor o receptor, cambia unilateralmente el significado. Deja de haber una convención, un acuerdo, y se produce una falta de comunicación total. Muy mal.

Se conoce que esto es lo que ha pasado con lo de las ruedas de prensa. De un tiempo a esta parte, los emisores, quienes convocan a los periodistas, llaman “rueda de prensa” a un acto que no lo es. Antes, una rueda de prensa era un encuentro con periodistas para presentar una idea, un producto, un evento, lo que fuera. El convocante invitaba a los periodista, hacía una declaración y luego se sometía a sus preguntas.

Antes se suponía que el convocante, a quien se presupone la profesionalidad, buen hacer y competencia en su puesto, conocía las reglas, lo que se había convenido que era una rueda de prensa: un espacio para promover el diálogo con los periodistas.

Ahora ya no. Algunos han roto este acuerdo. Ahora hay convocantes que, en un ejercicio de manipulación perverso y ladino, llaman rueda de prensa a monólogos sin turno de preguntas. Como en el Club de la Comedia pero sin risas.

Quiero pensar que al principio los periodistas se sorprendían tanto que no sabían como reaccionar. ¿Ser invitados para que no les dejaran hacer su trabajo, preguntar? Inadmisible, no puede ser, se me debe haber escapado algo, he debido entrar en un agujero negro de gusano y una brecha espacio-temporal ha hecho que me pierda el turno de preguntas, NO PUEDE SER.

También quiero pensar que a los responsables de los medios de comunicación esto les pilló desprevenidos, luego pensaban que no se iba a repetir y que por eso seguían enviando a sus plumillas a esas “ruedas de prensa” falsas, a ver si este era el día que se permitían preguntas. Y no.

Lo que me niego a aceptar es que los medios de comunicación han estado aceptando el cambio unilateral del significado de “rueda de prensa” por el de “comparecencia” porque temen perder ingresos publicitarios millonarios si llevan la contraria a los convocantes que, curiosamente, invierten una pasta en publicidad. O porque temen represalias en forma de perder fuentes, confidentes y soplones. O por intereses oscuros que huelen mal. U otras razones igual de malotas que nunca conoceremos.

Y me niego a aceptarlo porque, si es así, el plante con el que amenazaron a la ministra Ana Mato hace unos días en una reunión en la ONU es una patochada de dimensiones épicas, ya que deberían haberlo hecho desde la primera “rueda de prensa” falsa. Y aquí, en casa, a ver si así se volvía al antiguo significado.

¿Qué será lo próximo? ¿Dar una “rueda de prensa” desde un monitor de TV, en otra habitación? Bah, imposible.

Ya lo pensaré mañana

Me gustaría viajar al futuro como las de las lejías para saber cómo se analizará dentro de diez o quince años la “estrategia” de comunicación de los partidos políticos españoles que estamos sufriendo últimamente. Me gustaría saberlo para volver y decirles que, a menos que cambien radicalmente su comportamiento, su “estrategia” va a tener graves consecuencias y va a hacer que pierdan las elecciones y, por tanto, la posibilidad de gobernar, que es su razón de ser.

Eso es imposible. Lo de viajar al futuro, digo. Lo de que haya consecuencias también. Y, ya que me apuran, hasta lo de la “estrategia”.

Entrecomillo “estrategia” porque queda demasiado grande para lo que está pasando.

estrategia. (Del lat. strategĭa, y este del gr. στρατηγία).

1. f. Arte de dirigir las operaciones militares.

2. f. Arte, traza para dirigir un asunto.

3. f. Mat. En un proceso regulable, conjunto de las reglas que aseguran una decisión óptima en cada momento.

Hay de todo menos arte o reglas.

No hay ningún partido político actualmente que muestre una estrategia de comunicación clara, más allá de intentar quemar a los demás. En la sociedad de la información, tenemos políticos que mienten abiertamente, que impiden el ejercicio natural y transparente del periodismo, que opinan alegremente sobre lo primero que les pasa por la cabeza, que proponen hoy lo que no pusieron en marcha ayer, cuando podían haberlo hecho

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La estrategia en la comunicación política ya no existe. Ha desaparecido al mismo ritmo que se ha instaurado el efecto Scarlett: ya lo pensaré mañana. Lo importante es minimizar el daño de hoy, a toda costa, con la esperanza de que nadie se acuerde, a la espera de que no se descubra nada nuevo mañana. Y, por supuesto, sin pensar en las consecuencias porque, si algo estamos dejando claro los ciudadanos a los políticos es que sus actos rara vez tienen consecuencias.

tumblr_mcoh4vJ9fA1qbrs65o3_r2_250Cualquiera hubiera pensado que la irrupción de las redes sociales, la consolidación de la sociedad de la información, el imperio del conocimiento, obligaría a la clase política a renovarse, a adaptarse a los nuevos tiempos y a mostrarse más transparente. Cualquiera se hubiera equivocado.

Tu yo digital es inmortal

En general, tenemos muy mal resuelto lo de la muerte. Y es curioso, es lo único que podemos tener claro en la vida: todos morimos.

No pasa nada, no hay por qué ponerse dramáticos ni tontos por lo de mal agüero, la muerte es ley de vida. Es triste, sobre todo si quien se muere es alguien a quien quieres, y es muy doloroso, sobre todo si es inesperado o es alguien joven que tenía toda la vida por delante. Pero es inevitable. Y, sin embargo, hay una resistencia natural a hablar de la muerte o de todo lo que la rodea.

Hasta ahora tenemos más o menos resuelto qué queremos que pase con nuestras propiedades en el Código Civil y, también con más o menos fortuna, qué queremos que pase con nosotros si llega el momento y no podemos tomar decisiones sobre cómo nos gustaría que nos trataran, gracias al testamento vital. Pero en los últimos años ha surgido una nueva necesidad: ¿qué pasa con el “yo” digital? ¿Qué pasa con nuestras cuentas en las redes sociales? Nosotros morimos pero nuestro yo digital es inmortal.

No es baladí. Imaginen ver cómo Facebook le recuerda el cumpleaños de alguien fallecido. O que Twitter les sugiera seguir a alguien que saben que ya no existe. Francamente, doloroso y desagradable.

Ante esta situación, las principales redes sociales han reaccionado y han propuesto diferentes soluciones:

Incluso han surgido algunas iniciativas que ayudan a tomar decisiones, con mayor o menor fortuna, sobre las cuentas de las personas que fallecen. Es el caso de If I dieLegacy Locker o Foowill.

Nuestro yo digital nunca muere así que no está de más pensar un poco en ello y tomar decisiones mientras podamos, para no hacer la puñeta a los que se quedan.

Al final, la mejor opción para no poner las cosas más difíciles es dejar por escrito nuestras contraseñas a una persona de confianza, para estar seguros de que todo se gestiona con cariño. ¿Están de acuerdo?