Acerca de Bea Muñoz

Periodista convencida, con instinto para la #comunicación y alma para el #branding. Siempre aprendiendo, colaborando y dialogando. Amante del trabajo con previsión y experta en luchar contra molinos de viento. Un día me hice freelance y nada volvió a ser igual.

Si la vida te da golpes, cree en ti

A veces la vida te da golpes, que poco a poco vas intentando esquivar, hasta que llega alguno que te impacta frontalmente en la cara y te deja KO. Es el típico golpe que no esperabas (o a lo mejor sí), pero que te llega directamente a los morros y, cuando te llega, ya nadie te lo puede quitar. Al principio actúas como cualquier otra persona, intentas preguntar por qué, qué ha sucedido, por dónde ha venido, quién ha sido el que te lo ha dado, pero cuando encuentras la sinrazón, comienzas a pensar en positivo.

golpe

Escena de la película ‘Gilda’ FUENTE. hola.com

Y ahí está la clave, en darte cuenta de que todo es suplerfluo, en darte cuenta de que si realmente crees en ti, se puede. No hay nada más valioso en esta vida que la autoestima. Parte de ser uno mismo y parte de lo que resulta la autenticidad de uno es el poder seguir luchando, el poder seguir tus sueños. Creer en ti es el primer paso para hacer posible las cosas y para que otros, en tu misma situación, con la misma ostia en la cara que tú, también crean que es posible. Tener seguridad en nuestras decisiones y ser coherente en nuestros comportamientos; nos hace sentirnos seguros y nos permite además decir que ‘no’ cuando es necesario, tomando la decisión que consideramos correcta.

Cuando uno se cae, si quiere avanzar tiene que levantarse. Cuando uno es capaz de superar las barreras mentales que le acechan, es cuando se repite una y otra vez ¡sí puedo hacerlo! Y es entonces cuando se vuelve imparable.

Lo que hace irresistible a alguien de verdad es la autoconfianza. Eso es lo que atrae a la gente; esa sabiduría, esa aceptación de uno mismo. Si uno no confía en si mismo ¿quién va a confiar en él? Si te das por vencido en esta vida, estás más que perdido.

vida bella

Imagen de la película ‘La vida es bella’ FUENTE. youtube.com

Hay que dar tantas gracias por lo que tenemos, por la gente que hay a nuestro alrededor que nos aporta cosas, que nos faltarían hojas para poder escribir un libro.

Y es que hay muchas cosas en este mundo que sí que importan. Y una de ellas es ser uno mismo en esta sociedad que te obliga a ser como todos los demás. Sonríe a la vida, deja que tu sonrisa cambie el mundo, pero nunca que el mundo cambie tu sonrisa.

Así que cuando sientas que la vida no es fácil, que la vida te pone a prueba, piensa que esa prueba y esa felicidad no son incompatibles. Y recuerda, siempre recuerda, que la vida no se vive por los éxitos, sino por las emociones y por lo que éstas nos hacen sentir. Lo demás… ya sabes ¡a la basura!

Tarjetas negras, tarjetas opacas, tarjetas “B”: sólo para chorizos

Parecía que los bancos ya no eran capaces de darnos más disgustos, pero se han superado a ellos mismos. Lo que estamos viviendo estas últimas semanas con Caja Madrid y Bankia ya es el triple salto mortal con tirabuzón y marcha atrás de la desvergüenza. Lo de las tarjetas fantasma, negras, opacas, “B”, o como quieran llamarse es el despiporre total. 

Si estuviésemos hablando de una empresa privada normal, el contable de la casa ya habría cortado las manos de varios empleados por haberse gastado un par de euros de más en cañas, de eso podemos estar seguros, pero como, en este caso, el dinero que se gastaban esta serie de desalmados saqueadores era nuestro, la cosa cambia.

Para el que no lo sepa Caja Madrid y Bankia fueron rescatadas con dinero público, ese dinero que nos arrancaron con tenazas y que ahora falta para sanidad, para devolver el bono energético a 200.000 familias y que no se pelen de frío este invierno, para comedores, para becas, en resumen, para todo. Pues bien esos 15 “milloncejos de ná” que se cargaron en una cuenta de “quebrantos” (anda que no tiene narices el nombre) eran nuestros, de nuestro bolsillo y se los gastaron en campos de golf, en discotecas, en vino, en joyas, en compras en El Corte Inglés, en puros, en veterinarios para yeguas… y todo lo que nuestra sorprendida mente pueda imaginar.

tarjetas caja madrid

El gasto de las tarjeta negras ha ascendido a más de 15 millones de euros
FUENTE: ilovclicks.es

El shock puede ser aún mayor si tenemos en cuenta que las cajas de ahorro fueron creadas como entidades sin ánimo de lucro (no estoy de guasa, es verdad) cuyos beneficios se tenían que destinar a las Obras Sociales de la entidad y no sólo nos han “chorizado” el dinero que les dimos para salvar la caja sino que, de paso, también se han encargado de que no existan beneficios y que en las obras ésas se hayan quedado más secos que la mojama. Vamos, que nos han robado a la ida y también a la vuelta.

Reconozco que es verdad que este asunto de las tarjetas negras puede parecerse a otros saqueos de magnitudes siderales que hemos sufrido en otras ocasiones, pero esta vez ha ido más allá. Hemos visto, con verdadero asco, como existe una especie de patente de corso para meter la mano en la bolsa de los dineros ajenos y han destruido la poquita confianza que teníamos todavía en los políticos al uso. Da igual del partido que sean, estaban todos conchabados, estaban todos unidos en el trinque. Esta panda de saqueadores tenían un acuerdo para vivir a todo tren a costa nuestra y que una vez perdida, aunque ahora intenten arreglarlo con demandas, dimisiones y amenazas de expulsión a los afiliados, el daño está hecho y va a ser difícil repararlo. Va a ser muy complicado que olvidemos este episodio.

Pegatina protesta en una oficina de Bankia en Valencia FUENTE: Facebook

Pegatina protesta en una oficina de Bankia en Valencia
FUENTE: Facebook

Sólo digo una cosa, señores, las elecciones se acercan poco a poco. Puede ser un buen momento para decirles a estos desalmados que ya les vale, que ha llegado el momento de que se marchen a casa, eso si no les toca antes hacer una parada y fonda en la cárcel.

¡Ojalá!

El placer de la comunicación sencilla

¿Cuánto tiempo hace que caminas como sin rumbo por la calle y no te paras a ver un atardecer, escuchar la lluvia (bueno eso es porque aquí en Valencia casi no llueve y cuando llueve, llueve muy mal) o respirar un poco de aire en el parque? ¿Cuánto hace que no quedas con los amigos simplemente para charlar, con los móviles apagados, verse las caras sin webcam y compartir unas sonrisas más allá de los emoticonos del Whatsapp que nos tienen secuestrados a todos?

¡Pues todas esas cosas son gratis! Y, además, comunicarlas no cuesta nada, que lo sepáis.

No necesitas casi nada para  FUENTE: Flickr.com

No necesitas casi nada para tener una vida agradable
FUENTE: Flickr.com

Estamos mal de la cabeza y no lo sabemos. Hace demasiado tiempo que sólo parece que los grandes ascetas disfrutan y son felices sin tener la necesidad de acumular más y más trabajo, más y más cosas inútiles que, una vez están en nuestras manos, descubrimos que no nos hacen felices, sino más bien lo contrario, nos esclavizan y se transforman en un puente para conseguir algo más grande y exclusivo. Queremos el último modelo de artilugio “guayparanada” porque estamos seguros que si acabamos consiguiéndolo vamos a ser “lo más”. Hipotecamos hasta a nuestros nietos por conseguirlo, pero es igual, nos sentimos igual de pringados y de pringadas.

Lo que parece claro es que algo hacemos mal, ya no es la búsqueda de la felicidad lo que nos mueve, sino el gustirrinín ese que nos da (humanos que somos) tener más que la vecina del quinto, enseñarlo y que le reconcoma la envidia cochina. ¿Alguna vez has llegado a pensar que no necesitamos casi nada de lo que nos meten en la cabeza para tener una vida agradable? Igual esta es la gran trampa del capitalismo salvaje que vivimos. Con ella nos tienen atrapados por el pescuezo, nos han hecho creer que la vida se reduce a una lucha por amontonar, al “estilo Diógenes“. Nos hemos transformado en simples robots que mueven la rueda para retroalimentarla una y otra vez, hasta el infinito.

Nos matamos trabajando por unos eurillos (que en realidad no tienen más valor que el que les dan las cosas), con ellos compramos muchas veces cacharros inservibles que otros robots fabrican y caprichos superflúos. Nos quedamos sin blanca y seguimos trabajando para conseguir más eurillos y así vuelta a empezar. Es una rueda no muy distinta a la de los hamsters, pensémoslo bien.

Hay puestas de sol que pueden llenar nuestras almas FUENTE: commons.wikimedia.org

Hay puestas de sol que pueden llenar nuestras almas
FUENTE: commons.wikimedia.org

Ahora que estamos ya en otoño, que las horas parece que se acortan un poco más y que todos volvemos a la marcha habitual, igual es un buen momento para intentar volver al placer de la comunicación sencilla, a las cosas que no requieren ni complicaciones, ni gastos, ni siquiera Wi-Fi de Gowex. Cosas como parar en un banco al atardecer (de los de sentarse, que los otros dan grima) y disfrutar de una puesta de sol, sucede a diario pero la pantalla del Iphone no nos deja verla. Entonces descubriremos que la felicidad no entiende de ideología, ni de economía, ni de bolsa ni de hipotecas ni del FROB. La felicidad es más simple que todo eso, está en nosotros, hemos de saber cultivarla, de comunicarla con cosas simples y humanas que al final son las que nos llenan. Entonces descubriremos que la vida no es un asco, como nos están haciendo creer incrustándonoslo a martillazos en nuestro ADN para así hacernos sentir desgraciados y mantenernos aborregados a su merced.

Contaba John Lennon que cuando tenía 5 años su madre le decía que la felicidad era la clave de la vida y que un día en el colegio, un profesor le preguntó qué quería ser de mayor. Lennon contestó: feliz. El profesor le reprochó que no entendía la pregunta y dice que él respondió: usted no entiende la vida.

Por eso, quisiera desearos de todo corazón que seáis capaces de encontrar ese momento de paz y felicidad que os merecéis, esa puesta de sol que llene vuestras almas. Yo voy a intentarlo, me hace mucha falta.

Sólo un luchador comprende a otro luchador

Hace ya unos meses, llevo familiarizándome, (cómo no, por cuestiones de trabajo), con temas relacionados con el emprendedurismo y con ciertos blogs de emprendedores: Dídac Lee, Carlos Blanco, Martin Varsavsky, Marek Fodor, etc. A fuerza de que la obligación me apriete, estoy descubriendo cosas realmente curiosas y me estoy enganchando a algunos de sus consejos y aprendiendo un poco de lo que saben y de los errores que cometen y comparten generosamente en sus blogs.  Pero, si hay algo que he aprendido de todo esto es que sólo un luchador puede comprender a otro luchador. Me explico.

Hace hoy un año, porque no tuve más remedio y porque el paro (como a muchos otros) me machacó de malas formas, empecé mi aventura como “freelancer” ejerciendo de periodista y gestora de contenido online. Después de casi un año de trabajo, duro, intenso, apasionado hasta límites insospechados y perdiendo también algo de dinero por el camino, me siento ya un poco parte de esa tribu de luchadores que trabajan por modificar la realidad de uno mismo y construir el futuro. Que saben que la única forma de sacarse las castañas del fuego, es equivocarte, reaccionar a tiempo, y aprender la lección. Y que no hay más derrota que la de no haberlo intentado. Vamos, que en cierta medida me siento un poco, salvando muchísimo las distancias, como esos miles de luchadores como yo, que no han tenido otra solución que reinventarse a si mismos, tal como nos cuentan a veces los blogs de emprendedurismo que citaba antes.

Siéntete parte de la tribu de luchadores
FUENTE: Pixabay.com

En todo este camino he tenido gente maravillosa que me ha apoyado y ha confiado en mi ¡Cómo no! De lo contrario no podría haberlo intentado nunca. Gente que ha tenido conversaciones solidarias conmigo en las que se cuentan alegrías y penas, se intenta ayudar contando alguna experiencia, facilitando algún contacto, y sobre todo, se adquiere un respeto y admiración por la otra persona. Gente que, de forma totalmente voluntaria, te ha enseñado que esto de ser luchador también funciona de forma bidireccional: unas veces te ayudan a ti, otras ayudas tú.

 FUENTE: J. Jakobsen

Cualquier luchador puede ayudarte en algún momento
FUENTE: J. Jakobsen

Ser luchador hoy en día es formar parte de esa parte solidaria de la vida que nos hace a todos un poco más fuertes, y nos devuelve ese sentimiento de orgullo de pertenencia a un grupo, a una tribu que a los 40 se ha visto obligada a volver a luchar. Recuerdo hace cosa de nueves meses, tal vez más, conocí a una persona a la que le estuve asesorando en lo que mejor sabía, sin pedir nada a cambio. A los pocos meses tuve un problemón (es decir, un problema de esos en los que no tienes ni puñetera idea) y esa misma persona que es un auténtico experto en su área, me ayudó muchísimo de forma totalmente desinteresada. Incluso hace poco, de forma proactiva, me volvió a echar un cable con su apoyo y experiencia para otra cosa que necesitaba. Cualquier luchador, ya sea “perro viejo”, ya sea “novato”, te puede echar un cable en algún momento. Y la verdad es que cuanto más lo pienso más me sorprendo. Ayer mismo tuve un ejemplo similar, y eso es algo que, por ejemplo, en todos mis años trabajando en empresas públicas nunca había experimentado. Para la gente todo era competición y rivalidad. Sin embargo, ahora, la competición y la rivalidad es contra nosotros mismos, los luchadores, en una carrera de fondo nocturna y con obstáculos. Por eso, ahora, entiendo que sólo un luchador comprende a otro luchador y que dure lo que dure esta aventura, no habría podido luchar por mi misma si otros no me hubieran ayudado.

¿Os ha pasado esto alguna vez?

Desde pequeños nos enseñan a perder y así nos va

Hace mucho tiempo que tengo la sensación de que desde pequeños nos enseñan a perder. Y claro, así nos va. Uno de los principales males que nos aquejan desde hace generaciones, es nuestra mentalidad, es decir, nuestra manera de pensar qué determina nuestras decisiones.

Nuestros hijos, quizás por reminiscencias de nuestros progenitores, así como por la conciencia social común al devenir de nuestra sociedad, están siendo educados y preparados para asumir el fracaso y no el éxito, y esto está fomentando en ellos la formación de actitudes “perdedoras” que se desarrollarán en la edad adulta. Porque, vuelvo a repetirlo, desde pequeños nos enseñan a perder y así nos va.

Me explico: cuando éramos niños quién no ha oído a decir a sus padres: “Ya verás como te vas a caer”, “No hagas eso”, “Ten cuidado”. Yo se lo sigo diciendo a mi hijo, cuando veo que sobrepasa sus límites. Pero sé que él, en el fondo, no quiere ni espera oír eso de su madre,  la persona que más aprecia del mundo, junto con su padre. Lo que el quiere oír, aunque no lo diga, sería: “Caerse es una opción, levantarse una obligación”, “Si no lo intento, no lo conseguiré”, “No tengas miedo a hacerlo”.

Cuando somos adolescentes, no contentos con inculcarnos, de pequeños,  los miedos que coartarán nuestra toma de decisiones en la edad adulta, escuchamos frases como: “¿Llevas la muda limpia?, por si pasa algo”, cuando lo más acertado sería preguntar: “¿Lllevas la muda limpia?, porque nunca se sabe dónde puedes encontrar  a tu media naranja”.

Hay que romper los esquemas que nos enseñan desde niños y enseñar a nuestros hijos a ganar FUENTE: Diario ABC

Hay que romper los esquemas que nos enseñan desde niños y enseñar a nuestros hijos a ganar
FUENTE: Diario ABC

Si queremos dotar de una actitud ganadora a la próxima generación, tendremos que formarla y educarla desde otro prisma más positivo y proactivo, que evite en la medida de lo posible conformarse, en el mejor de los casos, con menos perder y más saber ganar. Porque, de lo contrario, quienes perderemos seremos todos, ellos y nosotros. No deberíamos dejar que nadie, ni nosotros mismos, dijera a nuestros hijos lo que tienen que hacer, lo que pueden y lo que no. No deberíamos dejar que vivieran la  vida de otro, sino que vivieran su vida. Que vivieran su vida como quisieran y que consiguieran lo que realmente se merecen. Por favor, enseñemos a nuestros hijos a GANAR para que tengan el ÉXITO que se merecen. Aunque se equivoquen.

Cada vez que pienso en esto, cada vez que pienso en que desde pequeños nos enseñan a perder, me viene a la mente la escena de esa mítica película “Rocky Balboa“, la sexta de la saga Rocky, en la que el viejo boxeador le da una lección de vida a su hijo Paulie. Su actitud, es la de un ganador, sin duda. En su discurso, en pocas palabras, le dice a su hijo que siempre hay que luchar por el éxito, que hay que salir al mundo y buscar el triunfo, aunque se reciban golpes. Creo que no es bueno estar diciendo a nuestros hijos que no están donde quieren llegar por culpa de otros, “ESO LO HACEN LOS COBARDES Y TÚ NO LO ERES, TÚ ERES CAPAZ DE TODO”, dice Balboa.

No es fácil, pero merece la pena que enseñemos a nuestros hijos a ganar y no a perder. Y merece la pena que retengáis en la memoria la escena de la peli, aunque la calidad de la copia que os dejo aquí, no sea la mejor.

Olvídate, lo que se lleva es el marketing emocional

No le des más vueltas al asunto. Olvídate, lo que se lleva hoy en día en la comunicación es el marketing emocional.  Este es un término que, en cierto modo, se han inventado algunos, uniendo, creo yo, la definición que sobre “emoción” da la Real Academia de la Lengua Española (la RAE) y poniéndole el término “marketing” delante, que eso siempre vende mucho y bien.

La comunicación no es tal si no tiene como ingrediente el marketing emocional

La comunicación no es tal si no tiene como ingrediente el marketing emocional

RAE – emoción – Del latín emotĭo, – ōnis

1. f. Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática.

2. f. Interés expectante con que se participa en algo que está ocurriendo.

Últimamente, me he dado cuenta de que el marketing emocional lo es todo para mi y que un buen plan de comunicación no es nada si no tiene como ingrediente el marketing emocional. Hace 22 años (ahí es nada) cuando empecé a estudiar Periodismo la comunicación y el marketing no eran, ni por asomo, lo que son ahora.

Echando la vista atrás y recordando mis comienzos, no dejo de ver muchos paralelismos entre la exigencia y las condiciones laborales de aquellos años y las actuales. Pero, sin embargo, no veo ningún paralelismo en la forma de comunicar y hacer marketing que había antes y que hay ahora. Es lógico y obvio. Mucho han cambiado las cosas.

Hoy, como antes, muchos jóvenes siguen trabajando, por ejemplo, más de 12 horas diarias sin cobrar un euro (una peseta de entonces) con esos contratos de prácticas. Antes, como ahora, sufrimos las vacas flacas del sector y pasamos por épocas de paro o asumimos trabajos de mucha faena mal pagados, como cuando hace unos años nos quedábamos a dormir en emisoras de radio o periódicos por la patilla a cambio de aprender a hacer periodismo.

emociones

El consumidor ya no compra productos o servicios, compra y comparte emociones.

Pero, igual que en ese sentido la cosa sigue más o menos parecida, lo que sí ha evolucionado enormemente es la manera de comunicar, la forma en que hoy por hoy intentamos llegar a la gente. Y esta si es para mí la mayor diferencia entre los periodistas actuales y los de aquella época.

Vivimos en la época del Marketing Emocional. Es curioso ver como la tecnología y los recursos de los que ahora disponemos han convertido una enorme masa de difícil segmentación en personas únicas, seres individuales de los hoy tenemos infinidad de datos, impensables hace unos pocos años y que nos permiten estudiar cómo, donde y cuándo estarán más receptivos a nuestro mensaje. ¡Viva el Big Data de las narices!

Sin embargo, gracias a esa expansión de nuevos medios (como las redes sociales) poco a poco podemos conocer mejor a nuestro público y podemos llegar al meollo de la cuestión: la manera de comunicarnos con ellos y de transmitirles mejor la noticia.

Las antiguas estrategias de marketing, por ejemplo, se han visto ampliamente superadas en las Redes Sociales por el Marketing Emocional. Y muchos hemos sido los que nos hemos dado cuenta de que el consumidor o el ciudadano de a pie está hasta el pirro de la publicidad, del marketing tradicional y de la información pura y dura. Hoy, la gente tiene sobreinformación de productos y servicios, exceso de noticias que le interesan, lo tiene todo a golpe de ‘Enter’ y en muchos casos sabe más de todo que nosotros mismos. El consumidor ya no compra productos o servicios, compra y comparte emociones.

Volviendo al principio, a la propia definición de “emoción” con la que empezaba este post, he de decir que prefiero la segunda acepción de la RAE. Despertar ese “interés expectante” en el consumidor es la clave, ver crecer tu comunidad, tu público, tus lectores a partir de un mensaje que apela a su emoción es lo mejor, pero lo es aún más que el consumidor participe.

No le des más vueltas. Olvídate. Lo que se lleva es el marketing emocional.

Cuando las solicitudes de amistad en Facebook son como invitaciones a una boda

Ya sé que está muy feo decirle a una persona que no te interesa tenerla como amigo en Facebook. Pero, no me digáis que, a veces, no os habéis sentido impotentes al no saber qué hacer cuando realmente esas personas que te piden amistad no te importan.

En general, tendemos a mantener el contacto en Facebook con todas las personas que han pasado por nuestras vidas, aunque sólo fuera por unos días. Pero muchas veces es bueno pararse a pensar qué relación tenemos con cada una de ellas a la hora de añadirlas como amigos.

Voy a poner un ejemplo. Todos hemos recibido, en alguna ocasión, en el llamado mundo offline, una invitación a una boda y hemos dicho: ¿y éstos por qué me invitan? Pues de igual modo,  algo similar pasa en Facebook cuando recibimos una solicitud de amistad y vemos el careto de la persona. Ganas tienen algunos y algunas de meternos en unos compromisos de aúpa.

solicitud amistad facebook

Esas inquietantes solicitudes de amistad

Vamos a ver: ¿Por qué hemos de añadir en Facebook a alguien del colegio con el que no hemos hablado nunca? Diré más, ¿por qué nos mandan ciertas personas solicitudes de amistad cuando de críos les caíamos mal? No entiendo. ¿Qué son? ¿masoquistas?

Un caso similar pasa con los clientes. Por regla general, no todos los clientes que uno tiene son sus amigos. Y, seguramente, si vieran nuestros fotomontajes con cuerpos esculturales y medio en pelotas, dejarían de vernos como personas serias. ¿Para que nos piden amistad? ¡Ché!, vete a Linkedin y ya está.

Los jefes, tres cuartos de lo mismo. ¿Para qué piden los jefes ser amigos de sus subordinados en el Facebook? Digo yo que será para que dejen de colar las excusas de llegar 15 minutos tarde por la mañana porque, si no, no lo entiendo.

Algo similar pasa con los familiares, que algunos son para echarles de comer aparte. Ojo, yo tengo a mi padre y a mi hermana (porque me caen realmente bien), pero ¿qué pasa cuando un tío carnal te pide amistad en Facebook? A mi me pasó, lo acepté porque me sabía mal y un día en una reunión familiar aproveché para pedirle el voto para un concurso de Facebook y me dijo: “Yo no tengo eso”. ¡Me quedé muerta, claro!

Puedes querer mucho a tus amigos, pero eso no quita también para que se tengan distintos gustos. Seguro que tenéis amigos aficionados a la caza y al tiro deportivo que os piden amistad en Facebook y sabéis de sobra que van a inundar vuestro muro de parejas de azulones, torcaces, liebres y ciervos que posiblemente, además, estén muertos. ¿Qué haces? Puffff… difícil situación.

Muchos hemos pensado que una persona más en Facebook no hace daño. Pero, claro, al igual que no vas contando tu vida por ahí a la peña ni enseñándoles tu álbum de comunión al primero con el que hablas por la calle, pues claro, hay cosas que son tan íntimas y personas que son tan raras que no quieres que formen parte de tu Facebook.

¿Sabéis qué os digo? Que cuantos más contactos tengamos, más difícil será llevar un seguimiento de las personas que más nos importan. Yo no he tenido aún que hacer limpieza en mi Facebook, pero sé que muchas personas la han hecho. Y he de reconocer que no todos nuestros contactos de Facebook deberían ser nuestros amigos. Si nos ceñimos al concepto puro de amistad tendríamos un Facebook con 10 amigos, que distaría muy mucho de ser red social. Lo mejor, ponerlos en un grupo en Whatsapp y llamarlo : “lailolailolá, amigos de verdad”.

Creo que es bueno, de vez en cuando, que sepamos que sólo nosotros decidimos a quién queremos tener como amigos en Facebook y si hacemos las cosas por compromiso no le sacaremos todo el provecho que podríamos darle. ¿No creéis?