Una campaña muy americana

Cada vez lo hacemos todo más como los americanos. No vamos a negar el poder que la primera potencia mundial tiene sobre nuestro modelo de vida, pero creo que la situación empieza a desbordarse un poquito.

Empezamos exportando Halloween, que no seré yo quien le haga ascos a una fiesta más en el calendario, para eso cualquier excusa es buena. Hemos continuado adaptando costumbres como el Black Friday o el Ciber Monday (y si quisieramos adaptarlo bien, tendríamos que buscar un pavo y celebrar Acción de Gracias el jueves anterior), todo sea por potenciar las compras y que el sector se recupere. Y hemos acabado haciendo que nuestros políticos expongan su vida y, en algunos casos, se pongan en ridículo acudiendo a programas de entretenimiento como lo hace Hilary Clinton o Donald Trumph, aunque todavía no hemos llegado al nivel de soltura que tienen ellos.

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Y cuando los veo pienso que no sé yo si me gustaría ser candidato a la presidencia del Gobierno. Y no porque tengan que saber cómo hacer frente al sepatarismo catalán o a la situación económica del país o a la lucha antiterrorista o a los miles de problemas que tiene España. Porque de esas cosas, en esos programas no se habla mucho, lo que importa ahora es mostrar su otro yo, resultar más simpáticos, accesibles y sobre todo, normales ante los ojos de los ciudadanos. Y eso no puede hacerse mítines, conceder entrevistas y participar en algún debate televisivo (que siguen siendo necesarios, pero no imprescindibles).

Algunos lo llaman política pop, porque se sirve del infoentretenimiento para llegar a la ciudadanía. A mi me parece una chorrada… me da igual que un candidato me caiga mejor o peor, sea más divertido o menos, yo quiero saber qué va a hacer, cómo y con quien. Pero teniendo en cuenta el éxito que están teniendo estos programas, me parece que soy una rara avis.

Esta nueva actitud creo que comenzó en septiembre, cuando Ana Rosa Quintana entró en las vidas de todos los candidatos para mostrar como es un día en su vida. A Iglesias le toco soltarse el pelo, a Rivera llevarla en moto, a Rajoy tomarse unas cañas y a Sánchez jugar a baloncesto…

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Luego se sumaron otros programas. El Hormiguero es el que más éxito ha tenido, con el baile de Soraya, la guitarra de Iglesias (que también llevo al programa de la Campos, donde se espera la presencia de Rajoy) o el chotis de Esperanza Aguirre.

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El debate entre Albert Rivera y Pablo Iglesias en Salvados fue memorable. Bertín Osborne ha sentado en su sofá y se ha metido en la cocina con Pedro Sánchez y a Mariano Rajoy. Un Rajoy que también ha sido tertuliano en El Larguero. Wyoming ha sentado en su mesa a otros, alguno de los cuales salieron un poco trasquilados. Y algunos más atrevidos se han arriesgado a acudir al programa de Calleja y acabaron un pelín accidentados.

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Todo esto sin abandonar los formatos más tradicionales como el objetivo, debates o entrevistas en informativos… yo estoy agotada de tanta aparición así que me imagino que para ellos será peor. No me extraña que Pablo Iglesias dijera que estaba cansado, tal exposición en los medios no tiene que ser buena para la salud. ¿Cuándo han dicho que son las elecciones?

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