Una de romanos

'Empujando a Vespasiano'.

‘Carton’ Heston y Messala empujando a Vespasiano

Este periodo de Semana Santa es sinónimo de ‘péplum’, más conocido como ‘una de romanos’ que decía Sabina. No hace falta ser cristiano, ni católico, apostólico, ni mucho menos romano para ver este tipo de pelis. Forman parte de nuestro acervo cultural y ¡ay de aquel que ose repudiarlas! Porque se pierde una buena ocasión para recibir una lección primero, de buen cine, segundo de soberbias interpretaciones, tercero de historia y por último, son un bálsamo en el que se concentran toda una serie de valores que me hacen pensar que sin duda, los que hoy en día rigen nuestros destinos, cuando llega la pascua, pasan del ‘péplum’.

Aunque tampoco creo que este término sea el más apropiado, creo que el péplum es a las superproducciones históricas, lo que el spaghetti western al western. Es decir, un subgénero que tuvo su periodo álgido a finales de los 60 y 70, pero que nunca llegó a tener esa consideración de superproducción histórica.

Las de romanos, como mandan los cánones del séptimo arte, son pocas y cada año resulta gratificante revisarlas, porque aunque la fotografía o algunos exteriores resulten arcaicos, encontramos escenas y diálogos que sobreviven al paso del tiempo y siempre permanecen vigentes, porque, en definitiva, se tratan cuestiones vitales como el amor, la pasión, el odio, la misericordia o el perdón. Y aunque en la actualidad giremos la cara a estos términos, las reacciones que nos provocan siguen siendo las mismas.

El amor hacia tu pareja o tu familia, la pasión por tu trabajo (el que la tenga), el odio en aquellos que no son capaces de asumir sus propias limitaciones, la misericordia con los que padecen o el perdón cuando reconocemos nuestra culpa, no son cuestiones puramente religiosas, forman parte de cada uno de nosotros, responden a cuestiones éticas.

El hecho de apartarnos de la religión por una razón empírica o de distanciarnos de la Iglesia porque su mensaje a nivel comunicacional es peor que obsoleto, debiera servir para hacernos mejores personas, porque mostraría que no necesitamos un refuerzo como el que nos da, en este caso, la religión católica. Demostraría que lo tenemos asimilado e interiorizado, pero la realidad acaba siendo otra. La merma que sufrimos, la laguna que tenemos es educacional, porque ya no queremos disponer de 3 horas para ver una peli de romanos, ni mucho menos reflexionar sobre el mensaje que nos trasladan, renunciamos al conocimiento histórico que nos brindan y crecemos con unos muñones éticos que lo flipamos.

Y si queréis saber una cosa, ha llegado la Pascua y he vuelto a ver Espartaco, Ben-Hur y Quo Vadis? Y podría hacerlo extensivo a Los diez mandamientos, Sansón y Dalila o La Caída del Imperio Romano y poco más. No entro a valorar, tan siquiera, este tipo de cine bíblico en los años 70, 80 o 90, ya que simplemente es nocivo para la salud.

Y si me preguntáis quien soy, sin titubear os responderé: ‘Yo soy Espartaco’.

Cada loco, con su tema

Es curioso esto de las elecciones y los miedos que generan entre los políticos. En estos momentos los partidos parecen más un patio de colegio que una organización de personas adultas que trabajan por el bien común.

No hace bien a su política de comunicación que la noticia esté en las peleas entre las distintas facciones de un partido, en lugar de en el programa que van a llevar a cabo si consiguen ganar las elecciones.

En el PP, a la crisis tras los malos resultados en las elecciones andaluzas se une el incendio creado por el nombramiento de Esperanza Aguirre como candidata a la alcaldía de Madrid y el cuestionamiento interno de la labor de portavoz de Cospedal y su distanciamiento con la política de comunicación del Gobierno.

En el PSOE el enfrentamiento (o no) entre Pedro Sánchez y Susana Díaz sigue llenando titulares, aunque parece que ambos han llegado a una entente cordial, después del triunfo de Díaz en las elecciones andaluzas.

susana y pedro

Pero los problemas más gordos están en los dos partidos minoritarios con representación en las Cortes: IU y UPyD. Ambos son los que más están sintiendo la presión de las nuevas fuerzas políticas en auge: Podemos y Ciudadanos. Y a sus dirigentes les ha entrado el miedo.

Y lo peor es que el miedo paraliza, te hace arremeter contra los que tienes cerca y cometes más estupideces de lo normal. Y así la imagen de estos partidos es cada vez peor y los votantes se siguen alejando de ellos… la pescadilla que se muerde la cola, vamos.

En vez de contar con un plan de comunicación de crisis y de actuar conforme a criterios razonables para salir cuanto antes de la situación y recuperar la confianza de los ciudadanos, lo que están haciendo unos (IU) es negar la realidad y meterse en guerras internas a cuenta de la candidatura en Madrid; y los otros (UPyD), que me perdonen, pero parecen como ratas huyendo del barco que se está hundiendo o, como he leído en alguna parte, son como el mito de Saturno devorando a sus hijos.

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Como cantaba Serrat, cada loco, con su tema… aunque creo que los dirigentes políticos deberían de cambiar de tema si quieren sacar algo en claro en los próximos meses.

Parece que los únicos que se salvan de esta crisis son Ciudadanos y Podemos… o quizá es que sus buenas expectativas electorales hacen que sus problemas queden más o menos ocultos. Aunque algunas fisuras han aparecido en Podemos, con las distintas acusaciones a sus líderes y ahora con la votación a la investidura de Susana Díaz en Andalucía.

Las elecciones del próximo 24-M prometen, por primera vez en muchos años, muy interesantes y darán mucho juego. Estaremos atentos.