El cuento del Rey chocho y el Capitán flojo

Hace mucho tiempo, en un Reino no muy lejano, vivió un Rey otrora solvente, pero que con el tiempo se tornó chocho y descuidado, viejuno y cansado, de ojeras y papada profusas y asiduo de rodearse de muletas disculponas. Un Rey que en su etapa final de reinado pasó tantas veces por ‘chapa y pintura’ como años tuvo su mandato.

Un Rey cansado, como un león en invierno.

Un Rey cansado, como un león en invierno.

Y en aquel tiempo, hubo también un Capitán. Grandes gestas y éxitos en torneos le alzaron hasta ese cargo. Fue ídolo de jóvenes y de niños y habitual en causas nobles. Pero el tiempo que vence a todos, guardó un triste desenlace para ambos. Mientras el Rey tuvo un declive lento y paulatino, agravado por corruptelas familiares, cacerías miserables y devaneos extra maritales, en tiempos en los que su pueblo sufría, junto a una pertinaz crisis, a un gobierno incompetente e infructuoso; por su parte, el gran Capitán cayó, de repente, un año en el anonimato, porque siempre llega el momento en el que alguien es mejor que el mejor y a partir de ahí, se torna complicado ser uno más, cuando uno había sido siempre el único. Y el desenlace no pudo ser otro, cuando los habitantes de aquel Reino quebrado y dividido ya no soportaban tanto desaliento laboral, tanta carga impositiva, tanto desacierto macroeconómico y tan poco era el ejemplo y la virtud que debiera suponérsele a la casta que habitaba la Corte, pues sucedió lo inevitable. Llegó el turno de pagar las derrotas. Y el Rey cedió el trono en favor de su heredero, antes de que no hubiera nada que heredar. Y el Capitán, junto con su tropa, acusada también de nepotismo y acomodamiento, tuvo una ocasión de revalidar glorias pasadas, y así fue, devolvieron el escudo del Reino a su habitual sitio, al campo que está abonado por graves y severas derrotas que a lo largo de los años fueron cosechando. Y el éxito anterior se convirtió en un espejismo.

Un Capitán hundido, como el de 'la Roja'.

Un Capitán hundido, como el de ‘la Roja’.

Quizá nuestro Rey fue flor de un día, al igual que los éxitos de nuestro Capitán y su tropa. Quizá los habitantes del Reino vivieron durante unas horas en la cresta de la ola… y eso es lo que recordamos todos, porque tendemos a olvidar o tapar las desgracias, las enfermedades, las penurias, nuestras horas más bajas. El problema fue que nadie supo marcharse a tiempo, ni reyes ni capitanes. No entendieron que estar en primera línea requiere una exigencia elevada, la misma que algún día tuvieron, pero que perdieron, obnubilados por el poder y la fama. La verdad es que para cuando cayeron sus ídolos, el Reino y sus habitantes ya habían sufrido y soportado lo suyo. De ahí que apenas nadie llorara su despedida. Bastante tenían con sufrir el recorte de becas, la reducción de ayudas en comedores escolares, el desorbitado paro, el incremento desmedido de familias que tenían que recurrir a comedores sociales, la imposibilidad de generar ahorro, la falta de crédito, el agravamiento de una lacra como la exclusión social, los recortes sanitarios… Tuvieron que pasar muchos más años para que el Reino recuperara el esplendor de antaño. Algo de lo que solo cabe felicitar a sus habitantes, ellos fueron los que lo hicieron posible, con la fuerza de la voluntad popular y desterrando de su territorio a todos los delincuentes, viciados, acomodados y aforados.

Moraleja: Nada comparable a cómo venía ayer el telediario (Infanta, Urdangarín, Álvarez, Meyer, Castedo, UGT…) ¡oigan!.

6 revistas digitales que nos inspiran en Valencia

La información cultural en Valencia está en alza. Ahora sólo falta que la vida cultural en sí lo vuelva a estar o que la administración local o autonómica recuerden que una vez hubo. Ya no solo se informa de “lo oficial”, sino que existe todo un mundo alrededor de ese circuito, que ha impulsado el nacimiento de revistas, principalmente online, que tratan de hacerse eco de esa cultura paralela, creativa, de iniciativa privada e incluso alternativa. Algunas nacen independientes, otras bajo el amparo de algún ente o colectivo, pero todas tratan de dar una mirada diferente (adaptada a los nuevos tiempos y a las nuevas formas de comunicar) al activo, por valiente y emprendedor, panorama cultural valenciano.

Y en Comunicación de Resistencia pensamos, ¿por qué no hacer una lista? Ya que siguen y siguen de moda, nos hemos sumado a ello y hemos seleccionado seis revistas culturales valencianas, que destacan por su diseño, por su lenguaje o por sus reportajes:

Elhype:  interesante diseño de portada, muy visual, donde juegan con fotos en color y en blanco y negro y con pestañas en movimiento que resumen los reportajes destacados. Temas entretenidos, interesantes y curiosos (por ejemplo, conocía la costumbre del vermut, pero no que fuera tan importante aquí). Se habla de estilo de vida, gastronomía, cine, música, arte y cultura, turismo… pero como que de otra manera y ese enfoque nos llega. Cuenta con una amplia red de colaboradores, entre ellos a algunos tan conocidos como Rafa Martí, Paco Roca y Tonino, y otros muy queridos para nosotros como Mayte Pérez.

elhype

Verlanga:  una revista cultural centrada en Valencia y que con su nombre homenajea a dos maestros, Luis García y Carlos. Música, cine, arte, gastronomía son algunas de las secciones que conforman esta revista, con información muy interesante, divertida y útil, pero lo que más me ha llamado la atención son sus entrevistas. Entrevistas para tomarse su tiempo y disfrutar leyéndolas, no son de lectura rápida, como la mayoría que se hacen para Internet, son más de formato papel. También llama la atención el cuidado de la imagen y la limpieza que transmite este sitio, es fácil navegar por ella.

verlanga

Dreamers: un hallazgo reciente que ha visto la luz hace escasos días y que destaca por su planteamiento, su contenido y estética y su propia presentación. Dirigida a jóvenes preuniversitarios, Dreamers nace bajo el auspicio de Florida Universitària. Pero eso no quita para que los reportajes sean interesantes para cualquier tipo de público y como ejemplo dos artículos del actual número: No hay excusa o Cosas para inspirarte, con un enfoque que como advierte el subtítulo de la cabecera: ‘somos tu inspiración’, incentiva la innovación y el emprendimiento. Un diseño divertido y mucha imagen tipo cómic, que le da un punto divertido, completan el atractivo de esta nueva cabecera para el Centro Universitario ubicado en Catarroja, idea de Publip’s, una de las agencias más consolidadas de Valencia.

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Makma:  su objetivo es ser una plataforma de difusión cultural, que trata de impulsar el papel de la cultura como dinamizadora del cambio. Con este propósito Makma recoge la actualidad del arte, la literatura, el cine y la música, con un diseño sencillo y fácil de navegar. Su información no se limita a la ciudad de Valencia, si no que también recoge noticias de otras ciudades españolas. Una sección interesante es los Desayunos en Lotelito, donde se reflexiona sobre el sector.

makma

Y para acabar esta singular lista, dos secciones de cultura de dos digitales que creemos que merecen hacerse un hueco en ella: El Péndulo y Culturplaza. El Péndulo, la revista cultural de VlCNoticias, destaca por un diseño limpio, información de los principales eventos de la ciudad, de arte, tecnología o estilos de vida entre otras y entrevistas para saborear.

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Por su parte, Culturplaza, el brazo armado cultural de Valencia Plaza, apuesta por un diseño más clásico, pero su información no suele serlo. Desde análisis críticos con los dirigentes culturales valencianos a reportajes sobre nuevos espacios y nuevos talentos, pasando por el análisis de los aspectos culturales más destacados de la Comunidad.

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Esta es nuestra selección, seguro que falta alguna y nos encantaría incluirla y seguirla, porque sería un síntoma de que la cultura en Valencia tiene mucho futuro y de que la ciudad ha recuperado su posición de vanguardia, después de largos años de silencio.

Qué difícil es decir adiós

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Adiós creo que es la palabra que menos me gusta y una de las que más nos cuesta pronunciar del diccionario. Cuando nos despedimos, somos más de un ‘hasta luego’ o un ‘Nos vemos’. Incluso preferimos decirlo en otros idiomas, ‘Ciao’, ‘Au revoir’, ‘Bye’, cualquier otra palabra o expresión es buena, porque parece que no tiene el carácter definitivo de un adiós.

¿Cuántas veces hemos dicho u oído: ‘a mi las despedidas no me van’? De hecho, yo cuando me despido, siempre digo hasta pronto o cualquiera de sus mil variantes, antes que pronunciar un simple adiós. Siempre me da la sensación de que si digo adiós ya no volveré a ver más a esa persona.

Si incluso aceptamos a amigos en Facebook de los que no sabemos nada desde hace años y a los que luego ignoramos, pero los mantenemos en nuestra lista de contactos por si acaso. O los números de teléfono o direcciones de mail que no borramos, aunque no utilizamos nunca… es una manera de no despedirnos, de no decir adiós. Intentadlo, probar a borrar un número de teléfono de vuestro móvil, uno que no hayáis gastado en dos años, seguro que os cuesta.

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Un político no dice adiós, él se retira de la escena política (y siempre está disponible, por si acaso). ¿Acaso Rubalcaba la pronunció cuando anunció que se apartaba?

Un rey abdica, pero no dice adiós y hay que ver la que hay montada con su papel para el día después. Igual el hombre querría irse a disfrutar de su jubilación a Marivent o a otro lugar, pero aquí ya están trabajando en el perfil que tendrá como ¿rey padre?

Y en comunicación pasa lo mismo. Llevamos años despidiéndonos de los medios en papel, a favor del online, pero estos siguen aquí y no parece que vayan a desaparecer por el momento. También hemos intentando decir adiós a la publicidad tradicional, buscando nuevas estrategias, pero tampoco conseguimos abandonarla del todo. Todo indicaba que las redes sociales y los nuevos sistemas de comunicación iban a obligarnos a decir adiós a una costumbre tan buena como es quedar a tomar una cerveza con los amigos simplemente para charrar, pero tampoco lo han conseguido.

Adoptamos muy rápido las novedades, pero las viejas costumbres están tan arraigadas que nos cuesta abandonarlas, no sabemos decir adiós.

Y por eso cuando llega el momento de despedirse de verdad de alguien no podemos hacerlo. No nos sale la palabra. Y buscamos refugiarnos en recuerdos, en amigos comunes, en las fotos, para mantener la ilusión de que una parte de esa persona sigue con nosotros. Pero no es más que una ilusión y hay que decirle adiós. Llorar su pérdida, recordarle con todo el cariño del mundo, asumir que ya no está y soportar el dolor cuando quieras contarle algo y no puedas, cuando quieras ir a alguna parte y sea sin él. Es difícil decir adiós, pero es necesario para seguir adelante.

 

P.D.: Sé que no te gustaría esta canción y me llamarías DJ Muermo, pero así soy yo y esta es mi manera de decir: “Adiós José, te echaremos muchísimo de menos”.

Podemos con la Monarquía

El lenguaje y la comunicación se convierten en pieza clave en estos días y el que no lo quiera reconocer que se lo pregunte a Cospedal que ella se lo explica perfectamente ‘en diferido’ o a Arias Cañete que sin quererlo la puede acabar liando o a Borja Sémper que les puede describir como meterse en un jardín lleno de cardos o a Inda que es todo un ejemplo del periodismo zafio y obsoleto.

Caso aparte merecería saber cómo preparar una entrevista, debate o intervención según sea el canal (prensa, radio, TV y ahora incluso el chat virtual con fans o seguidores). O que se lo vuelvan a preguntar a Valenciano, que ‘abandonó’ un día entero la campaña para prepararlo ¡quién lo diría! O a Arias Cañete que montó un conclave en la calle Génova el mismo día por la mañana, ¿para qué? Para balbucear luego, leer folios o bajar simplemente al ruedo del ¡y tú más!

tvsTenemos políticos de medio pelo que desprecian el valor de la comunicación, en el fondo porque no están preparados (como para casi nada) y eso les genera miedo ¿O no recuerdan al de las comparecencias, que no ruedas de prensa, desde el escaparate de MlLAR?

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Es tan importante el lenguaje y la forma en que se representa que les voy a poner un ejemplo gráfico relacionado con el título de este mismo post. Se trata de dos frases de tan sólo cuatro palabras cada una. Algo nimio, pero determinante en el significado. Compruébenlo:

 

Caso 1: Podemos, con la Monarquía.

Caso 2: Podemos con la Monarquía.

¿Es lo mismo? ¿Qué ha cambiado? ¡¡¡Una simple coma!!! Se explica por sí solo y resulta obvio, pero una simple ‘coma’ es el abismo que hay entre una formación como Podemos que en el caso 1 mostraría su hipotético apoyo a la institución monárquica; o lo más creíble, que en el caso 2, el líder al frente de esta formación, al grito de ‘Podemos con la Monarquía’ y haciendo un guiño a su marca a través del lenguaje, mandara cargar a sus huestes contra la Casa Real.

Con este simple ejemplo de puntuación pueden hacerse cuenta de la importancia del lenguaje y la comunicación que, para colmo de los que nos dedicamos a ello, evoluciona más que los Pokémon de mis hijos.

He aquí otro modelo que bien ha analizado nuestro compañero bloguero, Álvaro Mohorte, ¿qué tiene en común una intervención de Pablo Iglesias entrevistado por Ana Pastor o SM en su mensaje al mundo de abdicación a la Corona? NADA, rien de rien. Al margen de con quién puedas estar de acuerdo, el Rey se despidió de la misma forma que se presentó hace 38 años: leyendo; eso sí, pasó de leer en papel al teleprompter y a esto habría que sumarle grandes dosis de cartón, de acartonamiento, adquirido, además, de forma inevitable por la edad. En cambio, el nuevo líder de la izquierda se presenta curtido en buenas plazas: profe de universidad, contertulio en la trinchera (13TV e Intereconomía, ahí es nada), con un programa de TV propio y con un discurso natural, actual, ordenado, directo, con sus palabras clave y rabiosamente claro.

Se podrá estar, como digo, de acuerdo o no, pero domina el medio y el nuevo medio: la red. Y dos cosas tiene a su favor: juventud, porque a ese verbo fácil le acompaña una memoria prodigiosa y una cultivada cultura. Y con la suma de las dos hace estragos ante los dinosaurios televisivos.

Desde luego, son nuevos/buenos tiempos para la comunicación como apunta ese conocido spot de Vodafone del que muchos periodistas aún no acabamos de pillarle el punto.


Pero lo cierto es que en la nueva comunicación prima el directo-directo y el que lleve el mensaje enlatado o en diferido… simplemente está jodido.