Porqué ya no soy de Mahou

En realidad, a mi me gusta la Mahou. Pero desde que han puesto en marcha la nueva campaña de publicidad me estoy quitando a modo de protesta. Y eso que, en realidad, la idea no es mala, varios grupos de famosos hablando de su predilección por Mahou, con sus amigos y disfrutando de un momento de ocio.

Pero llega un instante en que todo se estropea, cuando sale David Muñoz, dueño del restaurante de moda en Madrid, Diverxo, poseedor de tres estrellas Michelín. Nada más comenzar a hablar afirma: “Yo y mis amigos nos hicimos de Mahou aquí…” ¡¡¡Yo y mis amigos!!! Cada vez que lo oigo me viene a la cabeza la frase: “el burro delante para que no espante”.

No me puedo creer que la agencia que ha rodado este anuncio no tenga un corrector de estilo y lenguaje. Y aunque no lo tenga, ¿nadie se dio cuenta, en ningún momento del rodaje, edición, previsionado…?  Porque cantar, canta.

Total, que he decidido dejar de ser de Mahou. Sé que suena muy tonto, pero me parece importante la corrección en el lenguaje. Ya la dejamos de lado muchas veces, en algún sitio hay que marcar los límites.

Ya que estoy decidida a abandonar esta marca, me he embarcado en la búsqueda de una nueva y he dejado que la publicidad haga su trabajo y me convenza a la hora de elegir una nueva. Y mirando los anuncios de otras cervezas, no me ha costado mucho decidirme. La de Heineken (que va adaptándose para cada final de la Champions) no me la creo: policías tontos en Brasil y el tipo entra con dos botellas de cristal en un estadio de fútbol (alguien les ha explicado a los responsables de la campaña que eso está prohibido), y dos cervezas que deben de saber a rayos, después de todo el viaje en los bolsillos de su chaqueta, sin ningún tipo de refrigeración.

Hay otras más típicas, que no me dicen nada. Las de Mixta sigo sin entenderlas y no les encuentro la gracia.

Así que, a la espera de que la campaña Mediterráneamente de Estrella Damm me convenza para irme a una magnífica playa del Mediterráneo o seguir apoyando la cultura, creo que me voy a pasar a Amstel. Porque esa campaña me gusta. Son personas normales, que con humor y un simple gesto resumen la relación entre dos amigos. Como una mirada o un simple gesto puedes entenderte. Te sientes identificada con los protagonistas, porque uno puede verse en situaciones similares y todos hemos hecho gestos parecidos. ¿Quién no ha dado una palmada en el hombro a un amigo, para darle a entender que está con él, en un momento de crisis? ¿Quién no ha pedido una cerveza por gestos? Como dicen en su briefing: es un homenaje a todos aquellos que saben solucionar las cosas de una forma simple y que son #GeniosSinSaberlo.

Me gusta el concepto “genios sin saberlo”. Me gusta pensar que conozco a muchos genios que no saben que lo son. Seguro que a todo el mundo le viene a la cabeza unas cuantas personas sin pensar mucho. Pero yo sé que son genios y quiero agradecerles que estén a mi lado, que me hagan la vida más alegre, más fácil y me devuelvan la confianza en las personas. La próxima vez que quede con uno de ellos tendré que invitarle a una cerveza.

 

 

 

Desde pequeños nos enseñan a perder y así nos va

Hace mucho tiempo que tengo la sensación de que desde pequeños nos enseñan a perder. Y claro, así nos va. Uno de los principales males que nos aquejan desde hace generaciones, es nuestra mentalidad, es decir, nuestra manera de pensar qué determina nuestras decisiones.

Nuestros hijos, quizás por reminiscencias de nuestros progenitores, así como por la conciencia social común al devenir de nuestra sociedad, están siendo educados y preparados para asumir el fracaso y no el éxito, y esto está fomentando en ellos la formación de actitudes “perdedoras” que se desarrollarán en la edad adulta. Porque, vuelvo a repetirlo, desde pequeños nos enseñan a perder y así nos va.

Me explico: cuando éramos niños quién no ha oído a decir a sus padres: “Ya verás como te vas a caer”, “No hagas eso”, “Ten cuidado”. Yo se lo sigo diciendo a mi hijo, cuando veo que sobrepasa sus límites. Pero sé que él, en el fondo, no quiere ni espera oír eso de su madre,  la persona que más aprecia del mundo, junto con su padre. Lo que el quiere oír, aunque no lo diga, sería: “Caerse es una opción, levantarse una obligación”, “Si no lo intento, no lo conseguiré”, “No tengas miedo a hacerlo”.

Cuando somos adolescentes, no contentos con inculcarnos, de pequeños,  los miedos que coartarán nuestra toma de decisiones en la edad adulta, escuchamos frases como: “¿Llevas la muda limpia?, por si pasa algo”, cuando lo más acertado sería preguntar: “¿Lllevas la muda limpia?, porque nunca se sabe dónde puedes encontrar  a tu media naranja”.

Hay que romper los esquemas que nos enseñan desde niños y enseñar a nuestros hijos a ganar FUENTE: Diario ABC

Hay que romper los esquemas que nos enseñan desde niños y enseñar a nuestros hijos a ganar
FUENTE: Diario ABC

Si queremos dotar de una actitud ganadora a la próxima generación, tendremos que formarla y educarla desde otro prisma más positivo y proactivo, que evite en la medida de lo posible conformarse, en el mejor de los casos, con menos perder y más saber ganar. Porque, de lo contrario, quienes perderemos seremos todos, ellos y nosotros. No deberíamos dejar que nadie, ni nosotros mismos, dijera a nuestros hijos lo que tienen que hacer, lo que pueden y lo que no. No deberíamos dejar que vivieran la  vida de otro, sino que vivieran su vida. Que vivieran su vida como quisieran y que consiguieran lo que realmente se merecen. Por favor, enseñemos a nuestros hijos a GANAR para que tengan el ÉXITO que se merecen. Aunque se equivoquen.

Cada vez que pienso en esto, cada vez que pienso en que desde pequeños nos enseñan a perder, me viene a la mente la escena de esa mítica película “Rocky Balboa“, la sexta de la saga Rocky, en la que el viejo boxeador le da una lección de vida a su hijo Paulie. Su actitud, es la de un ganador, sin duda. En su discurso, en pocas palabras, le dice a su hijo que siempre hay que luchar por el éxito, que hay que salir al mundo y buscar el triunfo, aunque se reciban golpes. Creo que no es bueno estar diciendo a nuestros hijos que no están donde quieren llegar por culpa de otros, “ESO LO HACEN LOS COBARDES Y TÚ NO LO ERES, TÚ ERES CAPAZ DE TODO”, dice Balboa.

No es fácil, pero merece la pena que enseñemos a nuestros hijos a ganar y no a perder. Y merece la pena que retengáis en la memoria la escena de la peli, aunque la calidad de la copia que os dejo aquí, no sea la mejor.

Sólo para fans de la salchicha de Conchita

Me declaro fan de Eurovisión, lo reconozco y no me lo callo. Bueno, tampoco soy de los de pintarse la cara, ni de tararear la letra de la canción que represente a mi país hasta la saciedad, pero me atrae el espectáculo en sí y esa mezcla kitsch que aporta Europa cuando se sube a un escenario y se pone a cantar. Y además, en los últimos años como que el festival se ha recuperado, ¿no creen? Pues bien, desde el sábado noche, tras el bulle-bulle desatado por la victoria de Conchita Wurst (salchicha, en alemán, por cierto) estoy más convencido que nunca de que las huestes que la critican ni tan siquiera se han detenido a escuchar dos estrofas de su canción. Tranquilos, tampoco se alarmen por el título del post, este es un sitio con las cosas en su sitio y el sentido común lo guardamos a buen recaudo. Aquí les dejo, pues, la canción traducida, porque no tiene desperdicio y unas conclusiones al respecto de todo ello:

Letra de la canción de Conchita Wurst, Rise like a phoenix

Despertando entre los escombros,                                               wurst                                      caminando sobre cristal,
los vecinos dicen que somos problemáticos,
bueno, ese tiempo ha pasado.

Mirando de cerca al espejo,
no, ese no soy yo,
un extraño acercándose,
¿quién puede ser esta persona?

Hoy, para nada me conocerías,
de la luz que palidece, yo vuelo,
me alzo como un fénix,
salido de las cenizas,
buscando, más que venganza,                   wurst 2
una recompensa.

Fuiste avisado,
una vez que me transforme,
una vez que renazca,
sabes que me alzaré como un fénix,
pero tú eres mi llama (Estribillo).

Vete a meterte en tus asuntos,                       clicks
actúa como si fueras libre,
nadie podría haber presenciado,
lo que tú me hiciste a mí.

Porque hoy, no me conocerías,
y has tenido que verlo,
para creerlo,
de la luz que palidece, yo vuelo.

Me alzo como un fénix,
salido de las cenizas,
buscando, más que venganza,
una recompensa.

(Estribillo)                                                    wurst 4

Me levanto hacia el cielo,
tú me tiras abajo, pero
voy a volar.

Y alzarme como un fénix
salido de las cenizas,
buscando, más que venganza,
una recompensa.

(Estribillo) Fuiste avisado,
una vez que me transforme,
una vez que renazca.
Sabes que me alzaré como un fénix,
pero tú eres mi llama.

Conchita Wurst (Austria) – Alzándome como un fénix. Canción ganadora de Eurovisión 2014.

La lectura que saco de esto es que a las ‘hordas’, las que se declaran anti, las que tachan cualquier atisbo de anomalía frente a lo convencional, les falta sentido del humor. Pero mucho, oigan (que diría mi amiga Pérez). No voy a capturar pantallas de las barbaridades que tuve que leer por twitter, ni del humo que echaban los ‘guaxaps’. Desde luego el que se convierte en transgresor y Conchita lo es, sabe que le pueden venir leches por todos lados; pero su constancia, tras releer su wikipedia y un par de entrevistas, es cuanto menos meritoria.

Inventar un personaje para alcanzar un sueño que por ti mismo igual no tienes posibilidad de cumplir ¿qué daño hace? Si además atesoras maneras, si tienes buena voz y estas instruido en el noble arte del espectáculo. ¿Cuántos hombres en diferentes culturas han asumido el rol de la mujer en el teatro porque a estas les estaba negado pisar las tablas?

Qué hay más irónico que inventarte un personaje en el que te sientas realizado y más si es del sexo contrario y realizar, como Conchita, un giro extraño e inesperado y en ese papel de mujer que asumes como hombre, te dejas una barba poblada que como Tom (su nombre real)… no llevas a diario. ¿Es o no un ejercicio de fina ironía?

Es el sueño de alguien que lo ha intentado en varias etapas de su vida y que lo ha conseguido siendo otra persona. Y todo mientras se presentaba a concursos como Tom, mientras curraba de escaparatista como Tom y se formaba en el mundo de la moda, como Tom.

Su asalto a la fama, más que salto, es toda una estrategia de comunicación en la que los medios de comunicación se han rendido a sus encantos y los que lo han acabado conociendo, han reconocido su talento. El caso es que no solo se tuvo que travestir de mujer para que repararan en él, sino que además incorporó a su estilo ese símbolo velludo tan de moda en el estilismo masculino: la barba.

Y en este contexto, ¿quién es más cínico, el artista o el público que como si de un circo se tratara reclama cada día un más difícil todavía?

Bravo por Tom y por Conchita. Me encantaría escucharla como chica Bond, su tema de Eurovisión daba la talla como para incorporarse a la saga del agente 007.

 

El valor de una imagen

Creo que se ha perdido el valor de la imagen. No el valor de comunicar, pero sí el de transmitir. Hoy en día, todos llevamos una cámara en el bolsillo y hacemos fotos sin ton ni son para inmediatamente subirlas a las redes sociales. Ya no importa el qué queremos contar con esa imagen, sino que se vea que has estado allí. ¿Cuántas veces hemos hecho una foto y hemos pensado “esta la subo al Facebook”? No las subimos por explicar una historia, las subimos para captar el momento, un momento importante (o no) pero que no tiene un valor informativo y, a veces, ni siquiera estético, por muchos filtros de Instagram que utilicemos.

Sin embargo, hubo un tiempo en que una foto era algo muy importante. Contaba la historia de esa persona y no tenía la urgencia de la instantaneidad, sino el valor de durar en el tiempo.

Hace unos meses me encontré, en casa de mis abuelos, una caja de zapatos llena de fotos antiguas (¿por qué las fotos antiguas siempre se guardaban en cajas de zapatos? ¿Resisten mejor el paso del tiempo?), algunas de hace un siglo. Dejé lo que estaba haciendo para sumergirme en ese relato de la historia de mi familia. Fue como si mis antepasados me contaran como era su vida, cómo eran las costumbres de la Valencia de principios de siglo XX.

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Y me senté a escuchar lo que narraban esas imágenes: historias de una huerta que ya no existe, de hombres y mujeres trabajadores y de niños a los que les hacían posar de manera ridícula… Cuentan una vida muy diferente a la de hoy en día, pero con la que podemos identificarnos inmediatamente (vale, yo no vestiría a mi hijo como un barquillero en miniatura, pero hoy en día los disfrazamos de cualquier cosa sin problemas, ¿o no?).

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Y de eso se trata. Dar testimonio de una realidad, comunicar. La fotografía es un sistema de comunicación, tan potente como cualquier otro, a veces incluso mayor. Solo hay que echar un vistazo a alguno de los ganadores de los Pulitzer para comprobarlo. O sin ir más lejos, recorrer la muestra de fotoperiodismo valenciano que todos los años organiza la Unió de Periodistes.

Los medios de comunicación lo han entendido muy bien y la imagen ha ganado terreno al texto. El dicho, “una imagen vale más que mil palabras”, es cada vez más real en nuestros días. Y lo dice alguien que ha hecho de la palabra su profesión. ¿Os imagináis comprando uno de los periódicos de principios de siglo, donde todo era texto y sin ninguna imagen que atrajera tu atención? Intentadlo, es difícil pasar de la primera columna.

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