Seis blogs que bien merecen una referencia poética

Y un día me armé de valor y me atreví a decirle algo a la vecina del ático. Y fue como un Vine, bidi, briefing y cayó rendida en mis brazos, justo al day two y lo digo muy, muy en serio, no me estoy quedando con nadie, sé de lo que hablog, porque, en el fondo, soy  un poco the social market y un día tuve además de una, a mi segunda neurona.

Me encanta hacer esto, es como sembrar un plantón de ciprés y regarlo y atenderlo de cuando en cuando. Y cada año plantamos más, pero es el esfuerzo de los que me acompañan el que permite que dé sus frutos y algunos, desde luego, muy buenos.

Es lo que tiene implicarse, trabajar con gusto, descubrir cosas juntos, además de ponerle mucha constancia y creatividad para encontrar satisfacción en lo que haces. También es verdad, que pueden surgir brotes secos, ramas bordes que no dan fruto, pero el árbol pese a ellos sigue creciendo y algunos de esos brotes se recuperan y se adhieren fuertemente al tronco, mientras que otros acaban en el suelo pese al apoyo y riego que han compartido entre todos.

Laberinto de palabras

Laberinto de palabras

Y la sombra del ciprés, como aquel del claustro, se va alargando y va superando en altura a su propio dueño. Esa es la mayor satisfacción que encuentro como docente, que me agraden, me aporten y enriquezcan los textos de mis alumnos.

Será utópico pensar que una vez superado el plazo para el que fue concebido este trabajo continúe creciendo. Lo normal será que cese su desarrollo, pero por si una de aquellas continua, aunque sea con menos ramas, mucho más enjuto, pero sigue creciendo gracias al esfuerzo de uno o dos brotes que siguen en él inmersos, la gloria y el deleite que pudiera yo alcanzar será similar a la de aquel soneto de Gerardo Diego:

‘Enhiesto surtidor de sombra y sueño

que acongojas al cielo con tu lanza.

Chorro que a las estrellas casi alcanza

devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,

flecha de fe, saeta de esperanza.

Hoy llego a ti, riberas del Arlanza,

peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,

qué ansiedades sentí de diluirme

y ascender como tú, vuelto en cristales.

 Como tú, negra torre de arduos filos,

ejemplo de delirios verticales,

mudo ciprés en el fervor de Silos.

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Fan de la comunicación premium

La comunicación ya no es vertical, ni ascendente, ni descendente. La RSC ya no es la bula papal de otros tiempos. En el futuro, es decir ya, ‘las empresas u organizaciones serán sociales o no serán,’ es algo que venimos escuchando por múltiples foros y canales.

Pero en el día a día nos topamos con una Infanta que llega con ganas y preparada a testificar según sus abogados y luego resulta que no pasa de un no sabe, no contesta o no lo recuerdo, en el mejor de los casos; mientras Valenciano habla de sí misma en tercera persona, aduciendo además que: ‘el partido manda a Europa a los mejores’ y Bardem sigue con un lenguaje que es tan tosco y abrupto como su rostro. Es como si la actualidad, la comunicación que se deriva de ella, tirara millas hacia lo vacuo, lo fácil y llegados a ese punto, me quedo con el menor de los Trueba.

Sin duda, David Trueba ha sido todo un ejemplo de hombre tranquilo, paciente y hace escasos días nos dio muestras de su ingenio, sutileza, educación y elegancia en sus palabras que no ocultaban veladas críticas, porque no hace más daño el que ladra o insulta sino el que te ofende con retardo, puesto que necesitas unos segundos para notar que su punzada te ha dejado herido de muerte.

El otro día entendí entre gozoso y satisfecho que cuando el que gana es un perdedor, entonces, no todo está perdido.

Un Trueba reconocido

Un Trueba reconocido

Esa es la impresión que me dio Trueba, pero también me ayudó un descubrimiento que hice, el del gitano Enrique. Todo un hallazgo, merced a una revista digital, Verlanga, que publicaba un reportaje de dos artistas que gustan de plasmar sus obras en paredes desnudas. A uno de ellos, Txema Rodríguez, se acercó el gitano Enrique y enseguida conectaron. Poco más adelante el contenedor abandonado en un solar, en pleno polígono Vara de Quart (VLC), donde vive el gitano Enrique se convirtió en todo un ejemplo de street art.  Y entendí que la cultura y el arte no sólo nos hacen más digna nuestra existencia, sino que la enriquecen y decoran con nuestros sueños e ilusiones.

El gitano Enrique

El gitano Enrique

David Trueba y el gitano Enrique, pese al abismo que los separa, han dejado de ser esos dos perdedores y disfrutan de un reconocimiento merecido. La misma sociedad que nos los presentaba con indiferencia ha querido ahora devolverles una visibilidad sincera. Y sinceros han sido ellos, baste escuchar los discursos de Trueba, que salió hasta tres veces, y nos regaló un alegato coherente, humilde e inteligente. O el propio gitano Enrique que nos invitó a visitar su container de diseño porque el día es muy largo y está solo, sin luz, ni agua, ni radio, ni TV, ni wifi, ni creo que sepa lo que es… Y le encanta recibir visitas y enseñarles su nueva decoración, hecha por unos ‘chavales mu majos’.

El arte y la cultura tienen esas cosas, crees que no te llenan el estomago, pero te alimentan el ego, te dan fuerzas para seguir, para mostrarte al mundo y seguir reivindicando lo que es justo. Y era justo reconocer a Trueba, tras tantos años de nominaciones y justo devolverle ese sitio al gitano Enrique que la sociedad parecía haberle negado.

Me quedo, pues, con la comunicación reposada, una comunicación premium. Me quedo, también, del lado de los perdedores, porque soy uno de ellos, porque llevamos con elegancia la derrota y si algún remoto y lejano día ganamos, lo hacemos también de forma relajada, sin aspavientos, pero disfrutándolo por entero.

container