Un cuento de Navidad (parte I)

(Se aconseja acompañar lectura con audio final)

Deja apresurada el despacho. Cuando apaga las luces y sale al rellano ya es noche cerrada. La iluminación navideña de la calle le devuelve una luz especial al frío ambiente que se respira y le hiela la cara. Los comercios apuran su hora de cierre y en todas las esquinas le llegan entrañables melodías navideñas. Pero se agobia, al recordar los encargos que debía cumplir antes de llegar a casa. Enumera mentalmente: el salmón marinado, los salazones, el vino  blanco,  los frutos secos… ¿qué más? pensó… y los regalos, el que le correspondía hacer a ‘su amigo invisible’, otra vez su cuñada, ese tutorial vivo de ‘marisa vidilla’ por dios, pero y qué más…

shopping

Los tacones no son buen aliado para sortear las duras aceras donde ya se acumula algo de nieve o lo peor, hielo, pero el glamour siempre fue así de exigente. Ataviada con guantes, foulard, abrigo, el preceptivo ‘sac’ donde cabe encontrar de todo menos lo que buscas y un ‘pies quietos’ repentino al cambiar el semáforo a rojo. Momento que aprovecha para buscar la lista de encargos en el bolso. Pasan los segundos y su desespero va en aumento mientras sigue escarbando en ese bolso de ilusionista sin fondo. Semáforo verde para peatones y la lista no aparece. “¡No pasa nada!” Se dice sin convicción. Ha pasado las notas a su smartphone y se detiene, mientras bullen las calles de transeúntes acelerados. Y al sacar su móvil un ligero empujón de un viandante es el culpable de que esa pieza de última tecnología sin la que ya no somos nadie se le desprenda de su mano izquierda y dé con sus elementos en el frío y gélido suelo. Como si de un transbordador espacial challenger se tratara, la parte delantera se desprende de la tapa y esta a su vez de la batería; tres cuerpos extraños esparcidos por el suelo y un gesto rápido y preciso que se apresta a recogerlos.

marron

Lo monta con ciertos nervios pero el móvil parece herido de consideración. Es Nochebuena, su marido y los niños se encargan de preparar el salón y de decorar la mesa. Ella debe llevar el grueso de la cena, acuden sus suegros y las dos hermanas de su marido con sus respectivas parejas. Nunca pensó que casarse con el marido perfecto implicara tener la suegra y las cuñadas perfectas (ironía). Cena para diez a las diez y ya son casi las siete. Cansada y agobiada su nerviosismo va in crescendo. Calcula: está a diez minutos andando de las tiendas, de las que tendrá que volver al parking donde tiene el X1, diez minutos más y a veinte minutos de casa en coche, en el mejor de los casos. En el trabajo le ha resultado imposible ahuecar antes, son días de cierre de balances, pese a que, ingenua de ella, pensaba tomarse la tarde libre. ¿Es necesario todo esto? se pregunta acongojada. Demasiado agobio y esfuerzo para tener que cenar con su familia política, lo piensa, pero siempre negará reconocerlo en público, es una norma de politesse que tiene bien aprendida como esposa ideal y mejor madre. Era todo tan fácil cuando se trataba de su propia familia y su madre lo coordinaba todo…

Comienza a andar y su tacón derecho se incrusta en una rejilla y éste parece gemir de dolor mientras ese preciso punto señala el final de su taconeo. Todo acompañado de un traspié que le hace dar con sus rodillas y manos en el suelo. Se alza ya con menos vigor que cuando había recogido el móvil y queda muy tocada física y mentalmente. Ahora qué hago, qué hago, no voy a llegar, no puedo más… se dice para sí.

De pronto escucha una voz perdida en el tiempo pero íntimamente familiar que le dice: ¿Te puedo ayudar, Pilar? Y suena a música celestial. Una voz fuerte, acompañada de una mano no menos fuerte que toma su brazo. ¡Es Josep! ¿Cuánto hace que no lo veía? ¿Cuánto hace que lo dejó? ¿Cuánto que lo desterró de su pensamiento? …

Fin de la primera parte.

 

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3 pensamientos en “Un cuento de Navidad (parte I)

  1. Pingback: Un Cuento de Navidad (parte II) | COMUNICACIÓN DE RESISTENCIA

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