Redes sociales: entre la dependencia y el hartazgo

Perdonad mi lentitud de reflejos, pero cada vez me doy más cuenta de que en los medios sociales existe una delgada línea entre la dependencia y el hartazgo. Un día nos despertamos encantados de estar tan comunicados y al día siguiente nos gustaría tirar el móvil por la ventana antes de irnos a dormir.

A veces nos cuesta salir del círculo vicioso de las redes sociales y encontrar el perfecto punto medio

A veces nos cuesta salir del círculo vicioso de las redes sociales y encontrar el perfecto punto medio

No hay quién nos entienda, la verdad. Estamos todos un poco “bipolares”. Nos cuesta tomar conciencia de esta situación y vemos súper complicado salir de ese círculo vicioso y encontrar el perfecto punto medio.

No es que yo quiera daros hoy consejos sobre cómo hacerlo, pero sí quiero compartir con vosotros unas reflexiones que yo misma me hago de vez en cuando. Sobre todo, cuando veo que se acerca el fin de semana, un largo puente festivo para descansar o unas mini vacaciones de esas que te relajan que no veas.

Si preguntas a un amigo, posiblemente te dé una solución sencilla: ¡Chica, apaga el móvil y desconecta de una vez! Y tú, en ese momento, piensas: ¡Espera, que ha llegado el listo! ¡Cómo si fuera fácil!

Estas frasecitas me recuerda a cuando quieres dejar de fumar y todo el mundo a tu alrededor te dice que es tan sencillo como tirar el paquete de golpe y limpiar tus pulmones por dentro. Sencillo no es, vamos a ver, pero en el fondo, si lo piensas bien, tampoco es un mal remedio.

Si estás en fase de dependencia con las redes sociales, el primer paso es reconocerlo. No te engañes. Hay que gritarlo alto y claro: ¡Estoy enganchado/-a a las redes sociales, no puedo vivir sin mi…! (póngase la red social a la que más adicción se tenga).

Plantéate en serio cuál es el motivo que te hace publicar cada dos por tres, que te hace mostrarte como superior a tus amigos, que te impide no estar 24 horas sin comentar. ¿Has pensado alguna vez si tus amigos se enfadarían por no verte en las redes un ratito?

Que sí, que ya sé que esto te mola, que quieres compartirlo todo, que tienes una marca personal que mantener y que si un día no publicas, Facebook chapa la paraeta, todos lo sabemos. Pero recuerda que cuidar tu yo, tu persona es esencial. Reconócelo, necesitas desconectar y pasar tiempo con los tuyos. ¿Acaso Mark Zuckerberg queda contigo de cañas y escucha tus problemas? ¿Acaso te llama por teléfono y te cuenta lo que va a hacer mañana?

Facebook engancha más a los que no utilizan las redes sociales como herramienta de trabajo

Facebook engancha más a los que no utilizan las redes sociales como herramienta de trabajo

La dependencia suele ser mayor problema para los que nos dedicamos al Social Media, ya que eso de lanzar el móvil por la ventana o apagarlo de inmediato no suele estar bien visto por los que te pagan por ello. Pero, eso no quita para que volvamos a hacernos la misma pregunta de siempre: ¿dónde está el límite entre lo personal y lo profesional? Que trabajes en el sector no significa que dejes de tener vida o que toda tu vida deba ser online. Lo dicen hasta las madres: “Estás todo el día enganchada, te vas a volver tonto-a”.

Dicen las malas lenguas que Facebook engancha más a los que no utilizan las redes sociales como herramienta de trabajo, que Twitter es la que atrapa más a los que trabajan en el sector por su inmediatez, su gran alcance y la cantidad de información que se mueve en ella. Aún así se puede, y se debe, desconectar. Es curioso cómo he escuchado a muchos profesionales de los buenos, de esos que tienen trabajo por un tubo, decir que se van fuera del país para poder estar sin red móvil, es decir, estar sin Internet y dejar de tener remordimientos. O poner el smartphone en modo “Conexión de datos desactivada” para tomarse un respiro.

Si eres de los que piensan que tus seguidores te dejarán de seguir y te abandonarán por completo por no actualizar cada cinco minutos tu estado, te diré que es más probable que te hagan ‘unfollow’ por hacer mucho ruido en su timeline. En mi caso prefiero seguir a gente que comparte contenidos por su interés y calidad, que a los que comparten ya por puro vicio. Además, la gente es comprensiva y entiende que todos tenemos derecho a vivir la vida.

Por eso, si estás saturado de tanta red social, relájate e imponte horarios de ocio y descanso en los que no toques ninguna de las redes. Tu vista, tu cuerpo, tu mente y la gente que te rodea agradecerá que no estés todo el día dándole a las teclas del móvil, de la tablet o del ordenador 🙂 .

Palabra de amiga.

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Pon un blog en tu vida

Me metí en esto de los blogs como en todo, tarde (pronto hará dos años de ello). Cuando ya los gurús de zapato de punta italiano presagiaban su desaparición. Me dio igual, también es verdad que ellos se equivocaron.

El caso es que siempre fui lento de reflejos, pero constante en mis esfuerzos. Hoy sigo aprendiendo y disfrutando haciéndolo. Me acerco a otros sitios, veo, leo y comparto, lo que puedo o quiero (más bien lo primero). En todo este tiempo he reencontrado amigas con las que colaboro en este empeño, otras han volado para asumir proyectos nuevos. He conocido a un par de personajes nobles (a uno in person), mientras que el otro sigue persiguiendo olas en Zarautz y un sitio propio que le asegure el sustento. Eso es Comunicación de Resistencia, una familia que deja puertas abiertas y así queremos que siga creciendo entre todos vosotros.

¡Estrenamos logotipo! :)

¡Estrenamos logotipo! 🙂

Desde luego, recomiendo acercarse a esto que llaman blogosfera, yo no he visto más que una pequeña porción de lo que debe ser una estrella, pero dicen que la red está llena. Por eso, hoy más que nunca, pienso que es bueno poner un blog en tu vida. Como ejemplo, os dejo diez razones para adentraros en la inmensidad que generan:

1. Haces nuevos amigos y recuperas otros extraviados. Dirás: ¡Bah! Para eso están las redes. Pero es que el que llega al blog te descubre ‘por dentro’ y tú a él o ella.

2. Te relacionas con desconocidos (sin aparente peligro).

3. Visitan tu pisito y te puedes ir a dormir sin tener que echarlos (que hagan lo que quieran).

4. Si es un blog con colaboradores, recuperas las bondades de trabajar en equipo. Son como las ‘redacciones del futuro’. Pero las del futuro de ahora mismo, porque las de antes (muchas de ellas) ya dan penita.

5. Das rienda suelta a tus opiniones, pero de una manera abierta y nada comprometida, no como cuando comes con tus padres y suegros y surge ese tema tabú: LA POLÍTICA (¡ups!).

6. Se genera diálogo y muchas veces del bueno. No del tipo: ‘agradecido, emocionado… gracias por venir’.

7. Te crea hábitos nuevos, de esos que, a pesar de superar los 40, no asumes del todo como tuyos: Constancia y responsabilidad (¡será posible!)

8. Y algo flipante: Te leen en Indonesia. Y acojona, te da vértigo la distancia y por otro lado, cuajo por si llega el momento de decirle al indonesio: Calla la boca, cabró!

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Concentración de Pin y Pon's.

Concentración no autorizada de Pin y Pon’s.

9. Te pueden hacer un pingback, (que enlacen tu texto) que viene a ser como tener unas pin y pon pero al revés. Tú subes un post y alguien te puede hacer un ping. ¡La leche de cacofónico!

10. Fuera coñas, si eres de los que te gusta leer y, de vez en cuando, opinar o escribir: Bienvenu!

En tiempos de crisis, ríete de Rajoy

Al mal tiempo, buena cara. Siempre se ha dicho. Pero, en esta época de crisis mucho más, la verdad, porque si no te echas unas risas estás más perdido que Wally en el Calderón.

La mayoría de nosotros vivimos agobiados porque no llegamos a fin de mes, porque la hipoteca es un miembro más de la familia desde hace décadas, porque la última vez que nos bajaron el sueldo fue hace una semana o, aún peor, porque alguien de nuestro entorno está en el paro. Miramos a nuestro alrededor y vemos a la clase política pasar de todo, a los bancos forrarse a nuestra costa y, encima, ponemos la televisión y nos damos cuenta de que los informativos hace años que sólo tienen dos secciones: “deportes” y “crisis”.

El diagnóstico es obvio: esta puñetera “desaceleración económica” nos está asfixiando. Pero, podéis estar tranquilos porque creo que he encontrado el remedio: tomaos los problemas con humor, meteos en el Facebook de Rajoy  y ponedlo verde.

¡Reíros de Mariano, de los grandes economistas, de los líos del PP, del community manager del presidente del Gobierno de España y, por qué no, también de vosotros mismos!

Al menos, eso es lo que hacen diariamente cientos de personas como nosotros. Y, aunque no sirve para nada, porque nadie te ofrece respuestas macroeconómicas ni soluciones concretas a tus problemas, mejora mogollón tu estado de ánimo y te ayuda a ponerle buena cara al mal tiempo.

Estos últimos días me he fijado con atención en la página de Facebook de nuestro presidente y me he hartado a reír. Me he reído tanto, que hasta se me ha olvidado que pago a fin de mes 257 euros de autónomos, que los 353 euros que mi marido y yo hemos desembolsado por los libros del cole de mi hijo considero que han sido una auténtica oferta. Me he reído tanto que he llegado incluso a pensar que los discos duros de los ordenadores esos que ha pedido el famoso juez los borraron porque había pelis porno (no por otra cosa), que lo de la Marca España es un valor en activo y que las últimas cifras del paro del mes de agosto (que por cierto, han bajado, por si no lo sabéis) nos auguran un futuro esperanzador.

¿Qué, que no os lo creéis? Pues yo sí. Y tengo el optimismo por las nubes, os lo juro. Repasad el Facebook de Rajoy y os convenceréis de lo que os digo. Como muestra, aquí os dejo un botón (aunque hay muchos más). Echad  un vistazo a estos pantallazos y reíros, que todavía es gratis. Ya veréis como cambia vuestra opinión sobre la cruda realidad y os sentís bastante mejor.

Viernes, 6 de septiembre de 2013. Cumbre del G-20 en el Facebook de Rajoy

Cumbre del G-20 en San Petersburgo

Comentarios de algunos de los “ciudadanos/seguidores”: (me quedo con el de las copas y el de la pluma)

Comentario G-20, 1Comentario G-20, 2Comentario G-20 3Comentario G-20 4Comentario G-20 5Comentario G-20 6Comentario G-20 7Comentario G-20 8Comentario G-20 9Comentario G-20 10Comentario G-20 11Comentario G-20 12Comentario G-20 13Así hasta 227 comentarios más que, de verdad, no tienen desperdicio. Por cierto, gracias al community manager por no haber borrado ninguno y dejar que nos riamos en tiempos difíciles. Aunque, ¡quién sabe!, igual no los ha borrado porque a él también le hacen olvidar lo mal que está el patio.

Como decía Albert Einstein, “En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”. Pues nada, todos a guiñarle un ojo y a sacarle la lengua a esta crisis nye Emoticonos de WordPress.

La vida libro a libro

Nunca se consideró un lector compulsivo, siempre le atrajo la letra, sus significados al encadenar palabras. Por eso igual leía una revista de bricolaje en una sala de espera, que la etiqueta de la composición del champú de camomila cuando se ausentaba al baño. Cualquier cosa, en un momento dado, podía resultar interesante.

Leía porque lo hacía desde que tenía uso de razón, al igual que también hacía otras muchas cosas. Pero ya de adulto, cuando uno empieza a asimilar que (igual) no cumplirá todos sus sueños, cuando la realidad en ciertos momentos se torna adversa, cuando las ocupaciones merman nuestros anhelos, él cayó en la cuenta que la lectura era más que nunca un fiel aliado de la evasión. Y así, le producía un grato placer irse a la cama tras leer dos, tres o treinta páginas de la novela que tuviera entre manos. La lectura previa al sueño, puesto que el resto del día se hacía complicado, se convirtió en ese último resquicio para fomentar ese proceso de comunicación introspectivo entre uno mismo; esa comunicación que luego se hace extensiva a los personajes con los que sentimos afinidad y por último, con las personas de nuestro entorno, a la hora de destacar las bondades (o simplezas) de tal o cual libro.

Siempre escogía su siguiente lectura por críticas o comentarios de programas de radio, revistas o suplementos de lectura en periódicos. Pero un día tras encadenar una buena racha de lectura entre clásicos, novela negra, autores actuales escandinavos, ingleses o latinos, sufrió un lapsus. No era el primero, pero este resultó demasiado largo. No daba con el libro idóneo y cayó en la cuenta que la lectura alteraba su estado de ánimo. Si era buena o muy buena, su actitud en el día a día era igual de positiva, pero en ese impasse de no dar con el siguiente libro notaba que su carácter se veía salpicado de manera negativa. Y hete aquí que un pequeño libro, pequeño por su tamaño, no por importancia, de un autor novel cercano, le sacó de esa rutina pasiva en la que se había sumido.

50-03 10.20.01

El autor: Ramón García, hermano de una muy buena amiga suya, Marga García. Su título: La Memoria Esquiva. Poco más de 200 páginas repletas de recuerdos, de sueños pasados, de lo que era la infancia, del papel que jugaban los abuelos, los padres, la familia, de lo que era el pueblo que luego se convierte en lugar de veraneo, de las cuitas de una saga familiar que bien podría ser la de cualquiera, aunque en este caso, y para honra de los suyos, sea la de los García García… porque todo eso es La Memoria Esquiva. Ramón García narra en esta primera obra, su memoria, la suya, de una manera original y atrevida, porque hay que ser atrevido para contar tu historia sin tapujos. Pero lo hace en un tono dulce y tierno, abriendo las ventanas, dejando pasar la luz, porque la luz también es la razón que mueve este libro. Un libro que invita a cada uno de los lectores a revivir y recuperar sus propios recuerdos, su propia memoria, aquella que por momentos parece olvidada para siempre y que vuelve con fuerza para ponernos en nuestro sitio y recordarnos quienes somos.

Eso es La Memoria Esquiva, el mejor libro que cayó en sus manos un verano, como éste que dejamos y que permanecía en su estantería desde hacía meses esperando que se decidiera por él, frente al yugo comercial que suele imponer el mercado.

Tras acabarlo le sobrevino otra ‘parada lectora’, pero esta es la propia que imponen los buenos libros que requieren un periodo de ‘duelo’ y reflexión al finalizarlos, como el que se relame tras un último bocado de un exquisito manjar o el que apura una buena copa de vino.