Mi doble en las redes

Accedió al exigente mundo de las redes como casi todos, en plan autodidacta. Fue creando sus perfiles, ganando amigos y seguidores, ‘alimentando’ sus cuentas, generando movimiento. En definitiva,  conociendo y dejando conocerse.

Así fue transitando en su día a día digital. Compartiendo, comentando, en plan ‘me gusta’, retuiteando… Y añadiendo algunas nuevas amistades, siguiendo páginas afines, acercándose a sus marcas favoritas. Todo ello alternando periodos inactivos con otros de mayor presencia, como todos.

Y así fue creciendo virtualmente, pero sin que su vida digital perdiera el tono gris que ya había adquirido su existencia analógica. Y así fue, como digo, hasta que un día, comprobó que en twitter tenía un nuevo seguidor, no uno cualquiera de los apenas 20 que tenía. Uno diferente. Y constató que en linkedin tenía una invitación, una distinta, del mismo seguidor que había ganado en la red del ‘pajarito’. Y justo ese día recibió una solicitud de amistad vía facebook. Pero no como tantas otras de marcas, juegos, conocidos o de conocidos de conocidos… Se trataba del mismo perfil que en las otras redes ya se había manifestado.

¡Qué raro! Pensó. Otras veces había ignorado solicitudes de desconocidos y esta lo era, pero empezó a ver cosas que le resultaron familiares. Y se detuvo a ver esa petición especial en face, y pese a no contar con ningún vínculo con él, le resultó extrañamente familiar el nombre, misteriosamente reconocible su foto; e igual de extraña su mirada, que parecía clavarse desde la pantalla en sus propios ojos. Y sin dudarlo, pero sin aceptar aún su solicitud de amistad, comenzó a indagar en su perfil público.

No podía ser verdad lo que veía. Guardaba un extraño parecido con él, pero a diferencia de su persona, aquel contaba con abundante pelo y no se escondía tras unas aparatosas gafas. Curiosamente su perfil era bastante público. Vivía en la capital, era director general de una compañía de energías renovables, lucía un traje ajustado sin corbata, tenía una relación estable y tres hijos, apasionado de los deportes de riesgo, coleccionista de arte y vehículos antiguos.

Vaya, todo lo que él había anhelado y curiosamente había perdido o simplemente, no había alcanzado.    

Mi doble en Los Alpes, 1967

Mi doble en Los Alpes, 1967

En cambio, Miguel Pérez, como así se llamaba el sorprendido y metido a investigador internauta,  estaba separado, con una hija que apenas veía, con más entradas que pelo, lentes de aumento y gris, muy gris. Ejercía como mando intermedio, sin posibilidades de ascenso, en una compañía tan gris como él.

¿Qué querría de él su clon, Bruno P. (de Pérez, podía ser) de los Cobos? (¿quién iba a omitir en cambio este segundo?). Sin relación de parentesco, amistades comunes, sin vinculaciones posibles… Era como su alter ego, pero mejorado, más cool. Desde luego, su versión premium.

Miguel se apartó de la pantalla asustado, superado por la situación y abortó la consulta. Le ‘atrapó’ pensar que pudiera circular por la red un doble de sí mismo. Eran dos clones, exactamente iguales salvo honrosas cuestiones de estilo y de cuidado respecto al paso del tiempo.

Con el paso de los días obvió las peticiones de su alter ego y no se atrevió a comunicárselo a nadie. Tampoco es que tuviera muchos amigos. Ni siquiera a su psicoterapeuta del área de Salud Mental, ese uruguayo excéntrico que triunfaba en el barrio, precisamente por sus rarezas a la hora de desarrollar tratamientos.

Una noche recibió un mensaje privado de Bruno advirtiéndole que viajaba a Palencia por trabajo y que sería una ocasión idónea para, definitivamente, conocerse. Miguel dudó hasta el último momento, y el día de antes respondió con un frío monosílabo accediendo al encuentro. La curiosidad le pudo.

Entró en la cafetería acordada, se sentó en la última mesa más alejada de la barra y mientras iban cayendo lentos los minutos, cada vez se sentía más nervioso y contrariado. No vio entrar a nadie que se le pareciera. Finalmente, agachó la cabeza y hundió su mirada en los restos de la taza de café. En ese momento una voz familiar le preguntó:

¿Esperás a alguien, Miguel? ¿Quisás a Bruno?

Miguel alzó la mirada ya relajado. Y su psicoterapeuta  continuó:

¡Vos podés componer una mejor versión todavía de Péres de los Cobos! Llevo meses indicándole el camino que no querés ver. Recupere su mejor versión, no renuncie a su funsión de padre, saque sus ideas del cajón en la factoría… Sea un poco Bruno.

Aquella tarde Miguel recuperó algo que había extraviado hacía tanto tiempo que no sabía ni que un día lo tuvo: autoestima.

Y el uruguayo, por su parte, perdió un paciente.

 

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Una ruptura en tiempos de redes

Ella abandonó el grupo de WhatsApp que compartían con otros amigos y tampoco le respondió al WhatsApp particular que él le envió y en el que nunca llegaron a aparecer las dos famosas ‘rayitas’. No contestó a su llamada por Viber, ni dio señales vía Line. Tenía su twitter inactivo desde hace días, al igual que en facebook y no respondió a sus mensajes privados en ninguna de las dos redes. Su única actualización en face era que había dejado también el grupo que compartía con esas mismas amistades.

Le envió un e-mail del que tampoco obtuvo respuesta y en su Smartphone que no estaba apagado ni fuera de cobertura ya no cabían más mensajes.

Maldijo su suerte y pensó para qué le había servido tanta tecnología si no podía entender por qué se había truncado su relación y ni podía hablarlo por última vez con su pareja. Quizá no entendió que esa ‘última vez’ ya se había producido. Pero entre las parejas y más si hay conflicto o ruptura, ya se sabe, parece que el más perjudicado o dolido siempre necesita una explicación más. Y él no la tuvo, al menos eso creía.

Incluso probó con HeyTell, una app a modo de walkie talkie con la que tanto se habían reído en otras ocasiones, pero ni eso.

Y así fueron cayendo los días, de una manera cansina, agónica y sin tener noticias. Una situación que le desesperaba y le atenazaba a sus soportes móviles, esperando una respuesta que no iba a llegar nunca. Hasta que, sumido por la obsesión y el hastío, se le ocurrió utilizar esos mismos soportes en positivo, para llamar a su amigo, bajar a la terraza de la esquina, pedirse dos ‘rubias’ bien frías y como diría después su terapeuta: verbalizarlo.

Le vino bien, recordó con su amigo como la conoció, cuando comenzó su relación, todas las promesas que se habían hecho, todo lo que habían compartido en los últimos dos años, hasta desembocar en aquel detonante fatídico en el que empezó a resquebrajarse su relación que, por lo que luego entendió, ya hacía aguas y él no lo supo ver.

Una tarde, después del trabajo, quedaron y ella, por primera vez, apareció diferente, con un semblante serio, preocupada. Le explicó que hacía tiempo que le daba vueltas a una cosa y necesitaba decírselo, pero no tenía fuerzas para ello, y le regaló un libro con una nota que decía tan sólo: página 273. Él hizo ademán de abrirlo y ella le rogó que lo hiciera después, en su casa, cuando ya no estuvieran juntos.

Esa fue la última vez que la vio y habló con ella. Con el tiempo él ha rehecho su vida y le consta que ella también, en otra ciudad, con otra persona. Y sus perfiles en redes tampoco han vuelto a cruzarse, en parte por los parámetros de privacidad y en parte, también, porque él asimiló la conveniencia de no comunicarse.

PD: El libro era ‘La luz en casa de los demás’, de Chiara Gamberale y la página 273 arrancaba con una pregunta y tres posibles respuestas, que no por obvias eran menos ciertas:

< ¿Cómo termina un amor?

>Termina cuando ya no hay más, cuando hay demasiado o cuando en realidad nunca lo ha habido.

El mejor tuitero del siglo XX no tuvo Twitter

Todos sabemos que un tuit es un texto breve que, generalmente, consta de una sola frase y que expresa, de forma aguda y original, pensamientos filosóficos, humorísticos, pragmáticos, líricos o de cualquier otra índole.

¿Correcto?

Pues esta no es la definición de lo que es un tuit, sino una greguería, el género literario que creó Ramón Gómez de la Serna a principios del siglo pasado y que muchos de los que estáis rondando los cuarenta habréis estudiado, como yo, en vuestras clases de literatura española del colegio o la universidad. La verdad es que hace algún tiempo ya de eso, pero el otro día, buscando entre las estanterías del despacho de mi casa, encontré un viejo libro del escritor y periodista madrileño y comencé a repasar algunos de sus “tuits”, perdón, greguerías.

Tuits o greguerías ¿quién sabe?

Tuits o greguerías ¿quién sabe?

Pensé que la mezcla de humor, acidez, metáfora y juego lingüístico que usaba para sorprender al lector con sus concisas reflexiones habría tenido éxito en la red de los 140 caracteres. Ramón Gómez de la Serna, me dije, habría sido un tuitero con miles y miles de followers. El rey español del microblogging. Y sucumbí a las piruetas conceptuales del innovador pensador y así, entre greguerías, pasé la tarde.

Y me dije ¿por qué no rescatar al escritor de la estantería y lanzarlo al gran libro de la blogosfera? Y escribí un tuit en mi cuenta de Twitter, en homenaje al mejor tuitero del siglo XX que no pudo tener Twitter. Y, ahora, en este post comparto con vosotros unas Twitter-greguerías para seguir recordando al señor Gómez de la Serna:

  •  La medicina ofrece curar dentro de cien años a los que se están muriendo ahora mismo.
  • En lo que más avanza la civilización es en la perfección de los envases.
  • El ventilador debía dar aire caliente en invierno.
  • En las grandes solemnidades llenas de personajes uniformados parece que hay algunos repetidos.
  • No hay nada que desoriente tanto como un número de teléfono que hemos apuntado y que no sabemos a quién pertenece.
  • Hay tipos a los que es tan difícil sacarles una idea de la cabeza como el tapón que se ha hundido en la botella.
  • El Pensador de Rodin es un ajedrecista a quien le han quitado la mesa.
  • Los niños que serán los hombres precavidos son los que sacan punta a los dos extremos del lápiz.
La vida es eso: dos contra uno

La vida es eso: dos contra uno

Pero entre todas estas greguerías, dejadme que destaque la que yo misma escribí en mi cuenta de Twitter. Decía Goméz de la Serna que las greguerías nacieron del escepticismo. Probablemente también de una cierta incomodidad en los tiempos “inciertos” que le tocaron vivir. Hoy su greguería resulta, tristemente, igual de vigente que entonces.

  • El niño grita: “¡No vale!… Dos contra uno”!, y no sabe que toda la vida es eso: dos contra uno.

Flamenco, toros, orgullosos y fieros Machos Señoras: España representa …

La página de edeka.de traducida, ¡un despropósito!

La página de edeka.de traducida, ¡un despropósito!

Mi mujer llevaba ya tiempo diciéndome que tradujera la página web con uno de esos traductores que hay en internet, que seguro que además son gratis.
Alguien más, no recuerdo quién, me comentó que en el Chrome había una posibilidad de activar que quien llegara a tu web desde un ordenador con SO no español le saltara una ventana con la opción de traducirlo. Estamos llegando a un mundo sin fronteras lingüísticas.
Y yo lo había encontrado en alguna página en inglés o francés y como no lo necesitaba no lo hice.
Las dos opciones son muy económicas, eso sí.
Esto me recuerda a las dos veces que estuve en Bruselas en la presentación de varios nuevos programas de desarrollo. Era una sala con una capacidad para unas 200 personas. Estábamos unas 30 ó 40. A lo largo de toda la sala, en los altos, había unas 10 ó 15 cabinas de cristal donde iban circulando y turnándose unos 30 ó 40 traductores.
Uno por cabeza de los asistentes. ¡Un despropósito! diría mi mujer, y yo le daría la razón.
Con el italiano me atrevo también. A leer sobre todo, y a hablar.
Pero el otro día estuve en una web alemana de una empresa de alimentación, uno de los supermercados mas importantes del país: Edeka.
Llegué a una página en la que vendían un producto español, el chorizo, y no me puede resistir: ¡hice click en el botón de traducir!
Este fue el resultado, aunque he de reconocer que el ordenador no se rompió.
“Flamenco, toros, orgullosos y fieros Machos Señoras: España representa la pasión y el entusiasmo por la vida. Si usted está deseando para el compresas calientes Península Ibérica la próxima vez, simplemente date un pedazo de algo picante Chorizo Pamplona – y se siente en el centro de la famosa Fiesta del lugar.
Porque ofrecemos nuestras especialidades directamente EDEKA España en España y con ingredientes locales aquí – para genuino, auténtico placer. Usted tiene que probar. Mañana? No, el mejor ahora!”
¡Sin comentario!