Ofertas de empleo desconocidas para community managers

Casi todos los días recibo alguna que otra oferta de empleo en la que se busca un community manager.

Algunas resultan muy curiosas porque, a la hora de describir el puesto, hay empresas que aún no tiene claro qué es un community manager, a qué se dedica y qué hace.

Perfectamente, mi vecino del cuarto, que presume de conocer las redes sociales y las utiliza para colgar las fotos de las fiestas y de la falla del barrio, podía optar a muchas de ellas; cosa que me preocupa porque las posibilidades de ser yo la persona contratada pueden descender considerablemente. Eso, sin contar que, si mi vecino decide trabajar como freelance con las empresas demandantes, pueda reventar los precios del mercado de tal manera que hasta me deje sin margen en una improbable subasta.

Ser community manager no es un hobby es tener una profesión

Ser community manager no es un hobby es tener una profesión

Pero bueno, más allá de la ironía, hay ofertas de empleo para community managers que dan mucha risa. Sobre todo, las que se publican en ese portal de empleo mundialmente conocido por todos y llamado Infojobs. Hace poco, una empresa de Barcelona buscaba un community manager “que conociera y utilizara las redes sociales y que supiera escribir”. Algo así como si un teatro buscara a un actor que supiera actuar o una editorial buscara un corrector que supiera lengua ¿Absurdo? Pues sí. Además, para recochineo del anuncio, pagaban entre 10.000 y 12.000 euros al año, según valía del candidato, y exigían conocimientos de programación web ¿Vergonzoso? Pues también.

Muchas veces, esa clase de absurdo y de poca vergüenza irrita, y mucho, por lo que tiene tras de sí: la devaluación, la poca consideración social de la profesión del community management (porque sí, es una profesión, no un hobby). Porque un community manager usa las redes sociales como herramienta (por lo tanto, las debe conocer en profundidad) y la palabra como medio, o viceversa, da igual. No es community manager aquel que no sabe escribir como tampoco es cirujano aquel que nunca ha entrado en un quirófano.

Si yo fuera las empresas que se anuncian en Infojobs, le pediría muchas otras cosas a un community manager. Le pediría que dominara blogger y wordpress, que tuviera algo de conocimientos de SEO, SEM y SMO, que supiera interpretar los resultados de Google Analytics, que construyera con acierto estrategias de linkbuilding, que hiciera análisis de keywords y que evitara las técnicas de black hat. Algo de idea, he dicho, no todo, porque para eso ya está mi amiga Natalia Chen que sabe mucho de esto, que imparte cursos buenísimos y que posiciona, como nadie en Valencia, páginas web de empresas.

Google

Reputación online y mucho más…

Le pediría además que no sólo tuviera conocimientos técnicos, sino que supiera comunicar, conectar con su público, saber en qué redes está y por qué, ser cercano a él, robarle un poco de su tiempo y hacerle querer un poquito a la empresa (sí, eso del engagement).

Hasta me pemitiría el lujo de pedirle que fuera, además, un poco estratega de social media, que supiera elaborar un plan de comunicación para la empresa con su DAFO correspondiente, que pudiera establecer unos objetivos de las acciones que implementara, que estuviera capacitado para estudiar los públicos objetivos y hasta que tuviera previsto un plan de crisis para mantener a salvo la reputación online en caso de problemas.

Metiéndome en su vida personal, hasta le sugeriría que rezara cada noche una oración por el SEO, Padre Todopoderoso, creador del posicionamiento orgánico y de la tierra. Quizás, entonces, mi vecino del cuarto no pensaría que él, que también usa Facebook  para charlar con sus amigos del gimnasio y del bar, es community manager.

Claro que, para pedir todo esto antes hay que saber qué y para qué se necesita un community manager. Y, de paso, pagarle como a un profesional cualificado, que es lo que es. Pero, bueno, como la paciencia y la coherencia no están entre mis pocas virtudes, reconozco que me inscribo en estas ofertas de Infojobs. Al fin y al cabo, utilizo las redes sociales y creo que sé escribir ¡Qué más me da!

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Diferentes formas de comunicación no verbal

Magia – Stop motion de Eduardo Zulaica from Eduardo Zulaica Campoy on Vimeo.

Recientemente describí a una persona con esta expresión: “De este -en mi pueblo- diríamos que es un chuloputa“.

Eso no quiere decir que sea un proxeneta sino que tiene un “postureo” (no sé si es correcto el vocablo pero se utiliza mucho y es muy ocurrente-descriptivo) que lo dice todo. ¿A que te viene a la cabeza mas de uno?

Según se le veía venir ya te hacías a la idea y cuando abría la boca lo confirmaba. Probablemente sea un padre maravilloso pero, ¡la madre que le parió! que también sería una madre estupenda y… muy paciente para aguantarle hasta que se fue de casa. Amor de madre.

Hace ya unos años trabajé en Amex, multinacional americana de referencia, y cuando íbamos a las convenciones europeas el espectáculo era impresionante. Los VPs (Vicepresidentes, había un montón) subían al estrado como Clark Gable y los actores de Hollywood cuando van a recibir el Oscar: pisando fuerte, con estilo y elegancia (algún caso en los Goya también hay). Luego se ponían a soltar su discurso sin papeles mirando a ambos lados de la sala. Ya sabéis, los teleprompters son esas pantallitas transparentes a los dos lados por dónde les va pasando el texto que leen como si improvisaran. (Si, ese que se le estropeó a Obama en un discurso en Alemania hace unos días). Lo hacían con esa voz estupenda y en un inglés impresionante, como de lengua materna, que lo era: la mayoría eran británicos.

Tengo la sensación de que algunos directivos actuales han perdido algo respecto a aquellos, pero puede que sólo sea una sensación.

Otro caso de comunicación no verbal es el de los sordomudos en la TV. No termino de entender porqué en algunos casos ponen a un traductor simultáneo en un cuadradito en lugar de poner el texto a pie de pantalla. ¿O es que son analfabetos los sordomudos? No lo creo.

El caso extremo de comunicación no verbal es el de los mimos. ¡Maravilla lo que dicen sin abrir la boca! Cuando vas por la calle tienes dos tipos de mimos. Los que se pintan de un color y se disfrazan de piratas o de lo que sea y se mueven como robots cuando suena la moneda en la lata. ¡Me encantan! Y asustan a muchos niños.

Con los otros no puedo. Esos que se pintan la cara de mimo y se quedan de pie encima de una caja durante horas totalmente parados y sin moverse. Me dan ganas de decirles que se limpien la cara, se sienten en un banco y pongan la lata del dinero. Por mi parte, recibirían mas apoyo financiero.

Y por último están los magos que abarcan todo el espectro. Desde Juan Tamarit que no para de hablar (¿se habrá arreglado los dientes? ¡espero que no!) hasta esos que no dicen una sóla palabra y utilizan las manos para decirlo todo: lo que han hecho y prepararte para lo que va a venir.

Y me pregunto ¿Se puede fotografiar la Magia? Eduardo lleva unos cuantos meses trabajando en el tema y parece que lo ha conseguido. La fotografía y el vídeo, otra forma de comunicación no verbal, pero siempre mejor con música de fondo: anima mucho.

Una lista de modelos (con humor) en las redes

El muro en las redes es un reflejo de nuestro estado de ánimo, es como nuestro reflejo en el espejo, a menos que seamos vampiros. Por ello, podemos sacar múltiples conclusiones de cómo están nuestros ‘amigos/as’ viendo sus comentarios, sus imágenes, o sus posts.

Incluso podemos elucubrar si están pasados de vueltas o sobre actuados. Cuantas veces hemos visto e identificado toda esta serie de modelos:

  • El modelo Bécquer, en aquellos que se muestran entre empanaos, lánguidos y románticos. Vale tanto para enamorados como para los que estan superando una ruptura.

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  • Modelo Coelho, para aquellos que habiendo pasado el modelo anterior caen en un abismo que requiere grandes dosis de autoayuda (harto empalagosos). 

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  • Modelo No sin mi perro/a – gato/a. Obsesos de todo aquello que tenga más de dos patas. 

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  • Modelo ‘Salvar al soldado Ryan’ para todos aquellos que comparten grandes cadenas de desgracias y enfermedades que solo se curan a través de ‘likes’wonder[1]
  •  Modelo soy fantástica, aquí si me permiten la licencia voy a obviar al género masculino, porque la verdad no somos tan dados a ello, ¡leches! El rollo es que me acaban de venir a la mente dos casos flagrantes. En cualquier caso, saben a qué me refiero: soy feliz, la vida me sonríe, todo me sale super guay, mi coche es el mejor, mi pareja es ideal, ¿crisis, qué crisis? Voy de fiesta en fiesta y bla bla bla, bla bla bla y más bla bla bla. ¡Falsas!  
  • Modelo instagram para aquellos que petan su muro diariamente de rincones y momentos vintage. En el fondo deben arrastrar el trauma de no haber llegado a ser directores de fotografía en la serie Cuéntame. 

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  • Modelo geoloco, imposible quedar con él, salvo que descubras que en ese preciso instante estáis en la misma terraza (jajaja). Ideal para las mafias de Europa del Este porque están en todos lados menos en su casa.
  • Modelo me desnudo ante el mundo y en la calle le cuesta saludarte ¿será consecuencia de lo anterior o no es consciente de su comportamiento contradictorio? 
  • Modelo Vótame, es muy fácil, bueno, reconozco que todos lo hemos sido alguna vez, pero si hacemos un promedio de los cerca de 600 amigos que tienes y que el año tiene 365 días, sales a 1,6 votaciones por día y la verdad es que cansa.

Y así podríamos estar hasta que nos diesen las uvas, seguro que se os ocurren tropecientos modelos más frikis y graciosos que estos. Pero a lo que iba, ¿cómo interpretar, sin embargo, las ausencias, los silencios, los periodos de inactividad? Sencillo, si de verdad es tu amigo/a, descuelga el teléfono.

Les dejo aquí una serie de posts, extraídos de este blog, relacionados con nuestro perfil en las redes: me refiero a Cosas que menos molan, No te respondo porque no quiero, Comuniquen buen rollo por favor, La fatiga de facebook ¿o no? Indigentes digitales os adoro, Los malentendidos en las redes sociales son ETA*, Tu yo digital es inmortal, Querido fantasma virtual o Mi/ tu YO protagonista.

 

     

El imparcial del señor Ansón

Minientrada

La objetividad en la comunicación es una falacia. Las personas somos subjetivas porque tenemos sentimientos y memoria por lo que difícilmente no añadiremos aspectos personales a nuestra percepción del mundo.
Me da por preguntarme por qué le pedimos entonces objetividad a la prensa. Cabe cierto grado de imparcialidad/objetividad (¿es lo mismo? tal vez otro día reflexione sobre eso?) en la narración de los acontecimientos sucedidos pero, ¿en los artículos de opinión?
El señor Ansón (a quien no le preocupa que le quiten la tilde) lidera una cabecera con El Imparcial por nombre. No sólo me parece presuntuoso sino que, al incluir columnas de opinión, falta a su nombre. Además de velar el mensaje de que el resto de medios no lo son. ¿Se entiende así o estoy hilando muy fino?

25anson_d No, no me he molestado en leer El Imparcial. ¿Por qué debería hacerlo?

Hacia la comunicación efímera

Las nuevas tecnologías, los hábitos de vida, nuestra realidad socioeconómica  condiciona nuestra existencia. Y la cuestión es ¿ganamos o perdemos calidad de vida con el paso del tiempo?

¿Por qué todo tiene que ser tan rápido? Seguimos debatiendo cual será el papel de los medios de comunicación en un futuro inmediato, por no decir ya, y resulta que nosotros con la ayuda de las nuevas tecnologías y las tendencias de nuestra sociedad, no sólo hemos asimilado sus mecanismos, sino que los hemos sobrepasado.

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Voy a Mestalla y subo una foto, no me espero a hacerlo después del partido, ya no tendría sentido; estamos en el cumple de Marichuspi y nos etiquetamos en una imagen, no lo hago tras la resaca, ya no estaríamos para risas; me invitan a la inauguración fashion de la frutería de la esquina y me ‘geolocalizo’; voy en AVE a la capi y lo ‘casco’ antes de que arranque la máquina y me quede sin cobertura, ¡válgame dios!*

* Hago un inciso para especificar que todos estos comentarios son en primera persona, no porque sean propios de mi persona, sino para evitar herir sensibilidades de terceros.

Nos hemos convertido en ‘reporteros’ de nuestra propia existencia y la realidad informativa, la de los medios, parece que no nos siga el ritmo. El papel (prensa), salvo para los propios medios y políticos es un refrendo del ayer y por tanto, para la sociedad actual nace ‘viejo’. La radio, a excepción de boletines horarios, asume su condición de espacio de reflexión, opinión y entretenimiento para acompañantes individuales, que no solitarios y la televisión, sin duda, será la que tenga mayor vida, al tiempo que ofrece el resultado más pobre de los tres medios analizados.

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La prensa digital, al igual que la radio digital (la que obvia las ondas) pugna por hacerse un hueco, pero este no se encuentra en sus sitios web, sino que comparte espacio en las diferentes redes y convive con el resto del universo, o sea todos nosotros, en igualdad de condiciones, ya sea página personal o de empresa.

Es decir, nos estamos cargando los medios convencionales y resulta que copiamos su fórmula de inmediatez, pero multiplicada a un 4G por mil. Y convertimos aquel mensaje revolucionario de ‘liberté, égalité, fraternité’ en algo tan tragicómico como ‘paripé, frivolité et superficialité’ cuando analizamos la vida media de un comentario en un muro, la vida media de un tweet, el promedio de vida de un post, las posibilidades de un simple comentario, frente a la viralidad que puede obtener una imagen, la pereza o inconveniencia de ver un video que alguien comparte, si no te viene bien en ese momento, o el rechazo que puede generar el pinchar un enlace de un post a un blog, o un artículo o lo que sea ¿qué secuencia de iluminada dicha tiene que conjurarse para convertir en viral, trending topic o super mega compartido un asunto o tema?

Transitamos hacia una comunicación efímera, sintética y escueta, en la que todos tenemos atril y micro para comunicar y de hecho lo hacemos, pero solo en contadas ocasiones, ese proceso sublime y fantástico de emisión y respuesta, se produce, y se convierte, entonces, en un gozo extraordinario, en el que disfrutan por igual los dos ‘comunicandos’. ¡Pruébenlo! No hagan como mi hija cuando me canta: ‘habla chucho que no te escucho’.

¿Hay políticos que no den asco, señor Aquarius?

Ahora que en el Congreso de los Diputados se acaba el gin-tonic de marca a precio de garrafón, va y resulta que nuestros políticos entran de lleno en la Era Aquarius.

¡Cómo me mola! De verdad. Lo digo en serio: ¡me mola cantidad!

La marca Aquarius ha logrado con su último anuncio ahondar en esa visión isotónica de la realidad en la que vivimos, con la buena intención de que no perdamos la fe en el ser humano. Ya hace tiempo, nos pregonó su ideario a lo Raphael style. Después, enarboló como nadie el apadrinamiento rural. Y ahora nos vende, como pocos lo han hecho, a los políticos.

¿Cómo se os quedó el cuerpo cuando visteis el spot?

A mi, sinceramente, aunque esté mal que lo diga, me gustó y me vino a la mente una persona que conozco, que honra la condición de político, a la que aprecio, y que, por cierto, siempre me ha caído bien: Elena Bastidas, alcaldesa del municipio de Alzira (Valencia).

Mira que, cuando vi el anuncio, me podían haber venido a la cabeza nombres de malos políticos. Vamos, esos que vemos todos los días en televisión y que dan voz a titulares que nos exasperan y ponen a prueba nuestra inteligencia emocional. Pero, no, me vino ella.

Quizá juegue a su favor que ese día me había levantado positiva y que en la portada del periódico con el que había desayunado aparecía Bastidas, martillo en mano, derribando los ladrillos con los que se había tapiado una de las casas que ha expropiado con valentía a los cochinos bancos y que va a rehabilitar, para alquilarlas a precios bajos a personas desahuciadas de su localidad.

Fue justo entonces cuando pensé que el anuncio (con ciertas críticas mañaneras ya en las redes sociales) me gustaba. Hoy en día, todos tenemos la impresión de que los políticos están cada vez más desconectados de la realidad que crean e imponen; que se erigen en portavoces de un pueblo que habla un lenguaje distinto y quiere cosas distintas. Estamos más que hartos de verlos actuar como déspotas nada ilustrados y como caricaturas políticas de una oligarquía democrática. Vivimos amargados viendo que ellos siempre ganan y que, de una u otra forma, siempre tienen la razón y, encima, son inmunes a la cárcel.

Imagen de la alcaldesa de Torrelodones en el anuncio de Aquarius

Imagen de la alcaldesa de Torrelodones en el anuncio de Aquarius

Pero, claro, si calificamos al todo por aquellas partes que más salen en la prensa, podemos colocar etiquetas que no se corresponden con el trabajo diario de políticos cercanos como los que se ven en el spot o como el que hace Bastidas; un trabajo que igual nosotros desconocemos, pero que quizá sea bien conocido en sus pueblos. Y ya no sólo por sus votantes, sino por todo el conjunto de vecinos.

Y ése, precisamente, es por el lado que yo creo que va el spot y por el lado con el que yo lo vi.

Sin valorar si con el anuncio se va a vender más o menos Aquarius o si ganan más o menos los políticos, creo que la apuesta de la marca no deja de ser una apuesta oportunista que recoge un buen insight que pasea por las calles. Pero, es valiente y arriesgada como lo son algunos de esos políticos extraordinarios y minoritarios a los que representa.

Para lo que nos tiene que servir el anuncio, creo yo, es para obligar a la otra parte de este proceso comunicativo, los políticos ordinarios y mayoritarios, a que reflexionen de verdad y cambien de una vez de trabajo. Porque si los del anuncio son tan buenos y tanto hacen, pues oye que encabecen de una vez las listas y renueven un poco este aire político actual que ya está tan viciado.

Al final de la corrida, todos somos la misma cosa: ciudadanos y compradores de bebidas. Y, al final, todos queremos propuestas que nos suban la adrenalina un poco.

Vamos, dicho de otra forma, que a todos nos gusta beber un Aquarius que nos sepa a algo.

No dar la brasa al cliente

No sé si será algo generalizado o es el colmo de la casualidad pero a lo largo de las últimas 2 semanas me habrán llamado alrededor de 10 empresas diferentes para hacerme una encuesta de calidad. También algunos proveedores de servicios me han pedido en persona que realice este tipo de encuesta. Como colofón, y a punto de negarme en redondo a realizar más encuestas llega al trabajo una encuesta del Instituto Nacional de Estadística que me cae a mí (y esa no se la salta un capitán general). Si alguien me contara esta historia diría que exagera. Lo que son las cosas…

Tampoco sé si estas empresas tienen relación entre sí (o sus call centre) y se han informado unas a otras del hecho de que gentilmente he respondido a sus encuestas, pero el caso es que me tienen frito. Y es que, lo que está pensado (o debería) como un tipo de comunicación con el cliente de gran utilidad para la evaluación del servicio (del grado de satisfacción del cliente, más bien) y como muestra al cliente de que a la empresa le importa la calidad de su servicio, termina por ser un tormento para el cliente. Porque uno quiere ser amable y solidario con las obligaciones de quien le pide ser encuestado pero termina por resultar molesto. Y este tipo de comunicación no debería ser molesta.

Me pregunto si no hay alguna empresa (call centre) que esté recomendando realizar este tipo de encuestas para mejorar la imagen de la empresa entre sus clientes. De esta manera las empresas se habrían lanzado a acribillar a sus clientes, directa o indirectamente, a través de esta práctica.

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El caso es que al principio uno la recibe de manera positiva. Molesto, pero positivo. Piensa, “bueno, está bien que se preocupen por analizar el nivel de satisfacción”. Pero a partir de la tercera o cuarta llamada, el usuario empieza a poner excusas del tipo “perdone pero en este momento me pilla mal” o “ahora no tengo tiempo” con mayor o menor grado de amabilidad en la respuesta, algo en lo que ya inciden otros factores que no tienen por qué estar relacionados con el tema en cuestión.

Pero a partir de la séptima y octava llamada el usuario ya debería haber superado su límite de paciencia por lo que las respuestas serán paulatinamente menos gratas. Si además, como a todos nos ha pasado alguna vez, hemos topado con algún operador maleducado que nos ha contestado mal o nos ha colgado en nuestras narices, pues seguramente nuestra inclinación hacia las encuestas se verá seriamente mermada.

Avisos a las empresas que hacen este tipo de encuestas:

1. Antes de afrontar cualquier tipo de acción dedicada a fidelizar o mejorar el servicio hay que hacer una evaluación de riesgos. Hacer las cosas por hacer nunca fue buena idea.

2. Se me antoja necesario hacer también una evaluación de la calidad de las encuestas. Mantener un operador maleducado es como escupir hacia arriba.

3. Yo ya he llegado a mi límite. ¡DÉJENME EN PAZ!