El mundo no cambia por un millón de ‘Me gusta’

Hace ya algún tiempo que veo en las redes sociales a muchas personas que comparten, por ejemplo, su malestar en el muro de Facebook de una empresa y logran un mogollón de apoyos. Yo lo he hecho muchas veces, la verdad, con Mercadona o con Renfe.

Recientemente, he visto también como el fondo infantil de las Naciones Unidas Unicef ha lanzado una campaña en la que apela que hacer “Me gusta” en Facebook no ayuda a salvar personas, y lo que se necesita es que la gente done dinero.

Veo constantemente que en Twitter hay muchos tuits que con sus hashtags, y a fuerza de retuit, en pocas horas llegan a ser Trending Topic.

Y me pregunto: ¿esto cambia el mundo?

Y me respondo inmediatamente: no.

Imagen de la concentración por las víctimas del metro en la Plaza de la Virgen de Valencia, el pasado 3 de mayo

Imagen de la concentración por las víctimas del metro en la Plaza de la Virgen de Valencia, el pasado 3 de mayo

Un millón de “Me gusta” y varios Trending Topic no cambian nada, de momento, si no tienen consecuencias más allá. De qué sirve que nos quejemos continuamente en las redes sociales de las cosas que no nos gustan o de las empresas que se han portado mal con nosotros, si no movemos el culo.

No sirve de nada. En el caso de empresas con una buena reputación les puedes hacer una pequeña “mancha”; en el de aerolíneas como, por ejemplo, Ryanair no puede ser peor que la reputación que tienen.

Pero, además, me sigo preguntando: ¿les preocupa a las empresas nuestras opiniones en las redes sociales? A la gran mayoría, no. De hecho, muchas de ellas tienen presencia en redes sociales desde hace mucho tiempo, pero se gastan el dinero en bloggers para que hablen bien de ellas. Eso sí, son incapaces de gestionar las críticas en sus comunidades 2.0.

Lo mismo me sirve con el “activismo”. Las redes se llenan de tuits, menciones y retuits de diversos temas y se quedan sólo en eso, en una queja exhibicionista del momento porque, después, muy pocos van a las manifestaciones. Hala, ya he salvado Palestina y me he cagado en #cospedalhijadeputa poniendo un tuit o firmando en un actuable.

No, amigos. La verdadera revolución social será el día que sea social en el sentido estricto de la palabra, tal como  recoge la RAE: 1. adj. Perteneciente o relativo a la sociedad.

Lo que sirve de verdad son las hojas de reclamación, en las que las empresas tienen obligación de contestar y en la que las autoridades tienen que recibir copia.  Lo que sirve de verdad es dejar de votar a los gobernantes que creemos que no lo hacen bien. Lo que sirve de verdad es dejar de comprar a las empresas que no cumplen con sus consumidores. Y, sin embargo, pensamos que con un tuit, o una queja en Facebook ya hemos arreglado el mundo.

El día en que seamos capaces de sacar esas protestas del micromundo online a la realidad offline, habremos ganado de verdad. Hay algunos ejemplos esperanzadores: el 15M, los #olvidados del accidente de Metro Valencia, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, el indulto a la valenciana Emilia Soria acusada de utilizar una tarjeta de crédito que encontró en la calle, para comprar alimentos y pañales para sus hijas. Casos que han implicado de verdad a la sociedad y que nos han conmovido a todos .

Creedme, amigos, ahí fuera hay muchas maneras de quejarse mucho más útiles que poner “Me gusta”: asociaciones de consumidores, hojas de reclamación, manifestaciones, organizaciones…

Pero, ojo, hay que dejar de mirar la pantalla del ordenador, de la tablet o del smartphone. Como dice ese anuncio de Coca-Cola que tanto me gusta, (que parece ser una campaña contra el sedentarismo), hay que levantarse del sillón. Sólo así les demostraremos que han perdido.

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10 pensamientos en “El mundo no cambia por un millón de ‘Me gusta’

  1. Estoy de acuerdo contigo en general aunque apuntaría algo más: a veces el llamado activismo digital este no se diferencia mucho de lo que hace unos años, durante el boom de las ONG, se llamaba “sensibilización”. Se organizaban miles de actos “para sensibilizar”, sobre el hambre, las enfermedades más peregrinas, los países en vías de desarrollo… a los que sólo iban quienes ya estaban sensibilizados. Yo dudaba seriamente del impacto real de aquellas campañas y su traducción en activismo real. Igual que dudo ahora.

  2. Una aspirina (por no decir un prozac) para nuestra conciencia. Hay quien lo hace incluso de cara a la galería, como si los demás estuviéramos planteándonos si es buena o mala persona…
    Muy bien, Bea. Muy bien.

  3. Conozco una empresa que ha sido durante unos años entre las primeras “Best place to Work” en el país. Está despidiendo a cientos de personas estos meses y no creo que sea el mejor sitio para trabajar estos últimos años. La vida del marketing de RRHH vs la realidad.
    Es parecido a lo que explicas y, efectivamente, menos Me gusta (por cierto, porqué Facebook no tiene un botón “No me gusta?”) y mas “no te compro, porque no me sale o porque sois unos ….”.

    • Pues eso, o dejar de comprar billetes a determinadas compañías aéreas, o donar dinero a quien lo necesita, o dejar de votar a quien no nos representa… Vamos, “menos samba e mais treballar”

  4. Hola joven:
    Ya hace muchos inviernos dediqué un tiempo a dar una conferencia que se titulaba: “Átomos vs. Bits” y creo que encaja muy bien con lo que comentas en tu post.

    Creo que las redes sociales no son más que una herramienta no un fin en si mismo, eso sí… una herramienta de dimensiones considerables… pero una herramienta al fin y al cabo. Existe mucho “leroymerlin-adicto” cuyo principal objetivo se centra en adquirir las mejores, más modernas y exclusivas herramientas de bricolaje. Y después de su flamante compra, vuelve a su casa, la admira una y otra vez hasta que termina por guardarla en el banco de trabajo, junto a las adquisiciones anteriores… y vuelve a la caza y captura de la siguiente. Y así eternamente… y de qué le sirven la caladora, la fresadora, la amoladora, el juego de llaves allen y thor, el banco de trabajo… si luego no tiene un proyecto real en el que utilizarlas?

    Internet, sea cual sea su apellido, es una mezcla de altavoz y tablón de anuncios de última generación que tiene una asignatura pendiente… la correa de transmisión que le lleve a comunicar su “movimiento” al mundo de los átomos. Contrariamente a lo que se podría pensar, es muy fácil tener un millón de amigos tal y como nos decía el bueno de Roberto Carlos. Para muestra, aquel ecuatoriano que prometió “tatuarse el orto” cuando llegara a un millón de amigos en el FB. Llegó los 999.999 y desapareció… por lo visto no tenia la más mínima intención de tatuarse nada…

    A veces no podemos abstraernos y evitar dejarnos arrastrar por la e-vorágine, las e-modas, los e-sofismas y las falsas e-verdades… Para intentar poner las cosas en su sitio os sugiero un pequeño ejercicio, eso sí… no vale hacerse trampas al solitario… hay que ser honesto con nosotros mismos… La cosa es sencilla: después de una buena sesión 2.0 y después de platicar con todos nuestros amigos, contactos, seguidores y seguidoras, grupos… después de un buen atracón 2.0 en el que parece que nosotros solos movemos en universo… apaga el ordenador, mira por la ventana e intenta responderte: ¿y ahora qué? Si la respuesta no es un silencio frío e incómodo… bien… si no…
    :-))

    PD: Hace unas cuantas lunas escribí un par de artículos sobre cómo veo eso de las redes sociales aplicadas a las pymes… una reflexión que tenía que ver con el surf, con Orellana y la “exploración” de América por los primeros españoles… os invito a pasearos por allí y seguir conversando sobre el tema.

    • Gracias por tu reflexión y por tu aportación, Bakio. Estoy contigo cuando comentas eso “de qué sirven las herramientas si luego no se tiene un proyecto real en el que utilizarlas”. Yo pienso que hay que conseguir un millón de “Me gustas” con las herramientas y luego comprometerse realmente con la sociedad. Si no, algo estará fallando.
      Un saludo.

  5. Pingback: Átomos vs. Bits | El mundo está a favor de los pequeños…

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