Futbolistas, cardenales y viceversa

No puedo más que admitir que he seguido con atención la evolución de los acontecimientos desde la dimisión de Benedicto XVI hasta la elección de Francisco como su sucesor, y toda una serie de perfiles que se van dibujando ahora sobre el nuevo Pontífice.

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Me pasa algo muy parecido con el fútbol. Detesto con todas mis fuerzas cierta prensa deportiva, engalanada de falta de rigor, basada en dimes y diretes, que vive de la bronca, de manera servil y banal. Un periodismo que se jacta de sus fuentes pero que rara vez las nombra. No sé si me parecen más viles unos u otros, reunidos todos al calor de un restaurante caro (no siempre bueno), haciéndose los importantes. Empiezo por admitir que sigo esa prensa muy de cerca, pero vamos a seguir diciendo que el tema en cuestión no deja de ser una banalidad (por mucha pasta que mueva) y que lo mínimo que se les debería exigir es un pelín de decoro. Señores, no se hagan los importantes, que al fin y al cabo no dejan de estar vendiendo su profesionalidad (los chivatos y los soplones).

Dicho esto, y salvando de la quema a otros muchos periodistas deportivos de categoría, seguiré por reconocer que espero con ilusión la apertura del mercado de fichajes. Siempre he comparado este tipo de prensa con la del corazón. Blanco y en botella, a qué negarlo.

El caso es que con todo esto del Cónclave y toda la pesca, atento como he estado a la prensa española e italiana, me ha quedado un regusto a prensa deportiva. Por supuesto, libro de la quema a muchos profesionales que han hecho interesantes análisis sobre los perfiles de los candidatos, sobre las circunstancias actuales de la Iglesia y lo que puede estar demandando, así como el retrato del actual y flamante Papa. Pero no podemos negar que ha sido un auténtico marujeo, que han proliferado las quinielas y que nos han cosido a chismes (nos hablan hasta de la antigua novia del Papa). Oigan, y a mí este tema no me parece banal. Porque, nos guste o no, incide en cierto modo (o puede hacerlo, o debería hacerlo) en el orden de las cosas, en la vida de millones de personas en todo el mundo. Que no, que no se puede tratar el Cónclave como si fuera el Balón de Oro; que Francisco no es Messi, ni es Scola CR7; que aquí no nos jugamos nadie un Campeonato del Mundo, que no.

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Que la realidad, al margen de las creencias particulares, es que el Papa tiene la oportunidad de dar un giro al destino de la Iglesia. Que las señales que nos está enviando van en esa dirección: la elección del nombre, la actitud ejemplar, la rebeldía ante lo pre-supuesto, una vuelta a la esencia… A mí todo esto me huele a giro (esperado) como este Papa me huele a Concilio (aunque no inmediato).

No le sigo en twitter ni en Facebook pero sí estoy atento a través de la prensa a las maneras y a los mensajes que trata de enviar Francisco. Sin olvidar que su elección es en sí un mensaje de quienes le votaron (algunos de los cuales puede que, de hecho, acaben lamentándolo). No me olvido de que ha tenido 8 años para preparar su Pontificado y parece decidido a ejercerlo con firmeza y determinación. Podría decir que rezaré por su éxito. Baste por lo pronto con desearle buena suerte.

Hay una cosa que se me hace bola en el lenguaje de Francisco, leo demasiadas referencias al diablo y al infierno, y muy pocas a la salvación. Tal vez es sólo una sensación; tal vez no he leído lo suficiente; tal vez se trate de un lenguaje con el que no estoy familiarizado (que es ítalo-argentino, jué!). Tal vez.

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4 pensamientos en “Futbolistas, cardenales y viceversa

  1. La verdad… molaría que nos sorprendiera, pero haciendo algo, removiendo las estructuras, aireándolas, sacándoles el polvo… aunque tampoco creo que se ha valorado, en su justa medida, la retirada de Benedicto, hay que tenerlos puestos para abandonar la causa, aún por sentirse viejo o quizá por estar harto de zancadillas… en cualquier caso, lo que es de chirigota es el seguimiento mediático, más parecido a una previa de fútbol que a otra cosa… Mon Dieu! 😦

  2. Yo estoy a la espera de la política real del nuevo Papa. Para la Iglesia católica, como para todas las religiones, los símbolos son eso, símbolos. Habrá que ver si realmente significan algo, si, como dice Pere, hay cambios estructurales. Si no, que se llame Francisco y paga sus almuerzos no tiene ningún valor.

    • Cierto. Y no creo que el tema del ecumenismo sea tan prioritario. Pero vamos, esto es vitalicio (en principio, al menos), de modo que habrá tiempo para comprobarlo. A no ser que todo el interéende reduzca al fuego fatuo informativo…

  3. Qué gusto da leerte, incluso en temas en los que no soy yo muy… entendida. Creía que era la única atónita en la retrasmisión de la fumata blanca y todo lo que lo rodeó.

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