Tu yo digital es inmortal

En general, tenemos muy mal resuelto lo de la muerte. Y es curioso, es lo único que podemos tener claro en la vida: todos morimos.

No pasa nada, no hay por qué ponerse dramáticos ni tontos por lo de mal agüero, la muerte es ley de vida. Es triste, sobre todo si quien se muere es alguien a quien quieres, y es muy doloroso, sobre todo si es inesperado o es alguien joven que tenía toda la vida por delante. Pero es inevitable. Y, sin embargo, hay una resistencia natural a hablar de la muerte o de todo lo que la rodea.

Hasta ahora tenemos más o menos resuelto qué queremos que pase con nuestras propiedades en el Código Civil y, también con más o menos fortuna, qué queremos que pase con nosotros si llega el momento y no podemos tomar decisiones sobre cómo nos gustaría que nos trataran, gracias al testamento vital. Pero en los últimos años ha surgido una nueva necesidad: ¿qué pasa con el “yo” digital? ¿Qué pasa con nuestras cuentas en las redes sociales? Nosotros morimos pero nuestro yo digital es inmortal.

No es baladí. Imaginen ver cómo Facebook le recuerda el cumpleaños de alguien fallecido. O que Twitter les sugiera seguir a alguien que saben que ya no existe. Francamente, doloroso y desagradable.

Ante esta situación, las principales redes sociales han reaccionado y han propuesto diferentes soluciones:

Incluso han surgido algunas iniciativas que ayudan a tomar decisiones, con mayor o menor fortuna, sobre las cuentas de las personas que fallecen. Es el caso de If I dieLegacy Locker o Foowill.

Nuestro yo digital nunca muere así que no está de más pensar un poco en ello y tomar decisiones mientras podamos, para no hacer la puñeta a los que se quedan.

Al final, la mejor opción para no poner las cosas más difíciles es dejar por escrito nuestras contraseñas a una persona de confianza, para estar seguros de que todo se gestiona con cariño. ¿Están de acuerdo?

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