No nos borren la sonrisa

Debe ser que en estos tiempos rancios nos queda la sensación, en plan auto inmolación, de que la culpa de todo la tienen las buenas personas. Debe ser que el buen gesto hace tiempo que no vende. Debe ser que la predisposición o la deferencia ya no se valoran. La colaboración y el apoyo desinteresado a terceros tan sólo se travisten de secuela plañidera. Pues bien, me niego a creerlo.

Aunque prime el horror frente a lo bucólico, el drama frente a la comedia. Eso sí, el drama, miedo o terror fácil, frente incluso a la comedia ligera, porque ésta, aún por ligera que sea, requiere un grandísimo ingenio y esfuerzo. Prima el enriquecimiento y la fama fácil y a toda costa, frente a, de nuevo, el tan denostado esfuerzo.

Nos idiotizan con falsos espectáculos que todos pagamos, mientras los que mueven los hilos no cumplen el objetivo por el que fueron elegidos. No cumplen con su vocación de servicio, mientras se enriquecen sin el menor pudor.

Ahora quieren, cada dos por tres, que nos tiremos a la calle estómagos agradecidos, amantes del marisco y de los relojes de lujo. Quieren nuestro silencio aquellos que nos oprimen y como medida de choque sólo se les ocurre oprimir aún más a las economías más débiles.

Quieren que nos quedemos impasibles ante tantos despropósitos y sólo la red a ráfagas o la calle hierven en cuentagotas.

Lo están haciendo tan rematadamente mal, ya sean políticos, consejeros, empresarios o banqueros. Y los pocos que lo hacen bien pagan por los errores de los que no se responsabilizan de sus malos actos, los que esquivan a la justicia, los que no rinden cuentas del dinero embolsado, los que se aferran a su condición de aforados, los que ‘se blindan’ en sus contratos.

¿Y qué hacen los medios de comunicación tradicionales, en lugar de cumplir su función informativa? Lo fácil, se venden. Se alinean en uno u otro bando. Ni informan, ni forman, en su inmensa mayoría deforman, cómplices del rodillo que impone el poder. ¡Qué triste!

¿Dónde se han dejado la moral toda esa sarta de pseudo profesionales? Así no puede sobrevivir el buen orden en organizaciones, instituciones o empresas, ni tampoco el periodismo.

Y en esto que llega la navidad y escuchas como los trabajadores de grandes empresas ceden su tradicional cesta a Cáritas y ves como bullen los economatos con sufridos voluntarios y como los bancos de alimentos (los verdaderos bancos) cuentan con ayuda de personas anónimas desinteresadas. Y entras en una Universidad en Valencia, como podría ser en cualquier Colegio o Instituto y, año tras año, hacen su campaña solidaria de alimentos; o como un restaurante del área metropolitana, que un lunes al mes abre sus puertas para dar de comer de forma gratuita a personas sin recursos; o como una amiga te ofrece flores de Pascua para una campaña benéfica; o tu suegro te pide juguetes en buen estado para llevarlos a la ONG en la que colabora y tu madre te dice que en la Asociación Católica, en la que también colabora, están preparando lotes de productos para familias necesitadas; o que parte de la taquilla de tal espectáculo servirá para la compra de alimentos… y así, centenares de pequeños casos, tantos que podría llegar hasta el infinito, en una interminable cadena de favores que sirve para recomponer, en cierto modo, todos los desaguisados y desórdenes que encontramos día a día en nuestro mundo más cercano. Y por un momento, te sientes bien y sonríes.

 

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Y en esto que llega la navidad ‘más apretada’ para nuestras economías y a la incertidumbre sociolaboral se le une la muerte de la inocencia. Te levantas con tus hijos y una vez desayunados ellos, mientras lo haces tú, escuchas por la radio el macabro desenlace de la matanza de Newtown. Es duro, muy duro y te escondes de los tuyos y escapas a la terraza porque las lágrimas inundan tu rostro. Asimilar tanta barbarie, cuando las víctimas son niños, tantos niños, y miras a los tuyos tras el cristal, jugando con su madre, al pie del árbol de navidad, riendo y cantando. Y lloras y vuelves a llorar, porque como padre tienes ese punto de vulnerabilidad, de indefensión que lleva implícita la paternidad y sabes que hay muchas familias que no van a volver a escuchar las risas de sus pequeños y lloras porque otras muchas lo han perdido todo, hasta sus casas; porque muchos otros están de repente en la calle… porque, en definitiva, la navidad tiene ese punto cruel que en tantos corazones genera rechazo.       

Y en momentos así, la humanidad salpica de nuevo tu persona, como en un tsunami de amor y moralidad, como el que viven los protagonistas de Lo imposible. Y te sientes vivo, entero y recuerdas que ayudar al prójimo no es sólo un mandamiento, no es un precepto exclusivo de la religión, de cualquiera de ellas. Es algo intrínseco a las personas.

Y cada uno con un pequeño gesto podemos devolver la sonrisa a los que en algún momento la perdieron. Por ejemplo, Sofía, mi hija de 5 años, irá en los próximos días a cantar villancicos a la residencia de la tercera edad que hay frente al cole, con sus compañeros de la clase y seguro que arrancarán entre los yayos más de una sonrisa. Yo ya tengo pensado algo también y ¿qué harán ustedes? Súmense a esa cadena de favores.

No nos borren la sonrisa y mucho menos en navidad.           

 

    

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11 pensamientos en “No nos borren la sonrisa

  1. ¡Qué razón llevas! He tenido que dejar de aportar dinero, porque no lo tengo, a ciertas ONG o instituciones con las que colaboraba… Pero he descubierto el voluntariado. El trabajo in situ, sin más afán que intentar ser solidaria y ayudar a los que lo necesitan más que yo, Por eso, puedo sonreír. Porque todos los días consigo cosas que no valen dinero, pero sí satisfacción. Esto es estar a pie de calle y darte cuenta que eres muy afortunada con ganar 488,95€ de prestación por desempleo. Es tanto, que hasta lo he repartido. SOY FELIZ. E intento arrancar sonrisas. Por primera vez en muchos años puedo decir de corazón, FELIZ NAVIDAD.

  2. El buenrollismo no está reñido con el compromiso y la solidaridad, eso está claro. Y tampoco con la indignación, que conste. No perdamos la sonrisa pero tampoco perdamos la capacidad de criticar y actuar contra lo que nos parece injusto, lo que es injusto.

  3. Pingback: 100 post en uno | COMUNICACIÓN DE RESISTENCIA

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