Pisando fuerte

Uno puede llegar a saber muchas cosas de los demás, sin tener una idea real de cómo lo ven o la imagen que traslada al resto. Hace poco entré en un ascensor lleno de espejos y me sorprendió ver como se reflejaban mi espalda y mi nuca. ¡Y no reconocí a mi ‘yo trasero’! Acostumbrado a verse uno de frente, nos resulta raro saber cómo seremos dándonos la espalda. 

Igual que no solemos reconocer nuestra voz grabada, nos cuesta saber qué imagen damos por los cuartos traseros. Y el caso es que todo eso dice tanto de nosotros como lo que creemos que ofrecemos de fachada.

Y aún hay un aspecto que me resulta más curioso, propio de la comunicación no verbal y es, no sé si han reparado en ello: nuestra forma de caminar, de movernos. La manera de andar cuando nos aproximamos a un grupo de trabajo para presentarnos e iniciar una reunión, nuestra forma de pasear por la rúe, o cuando acudimos prestos a una cita y la pareja está a escasos metros esperándonos, cuando aceleramos el paso por miedo o urgencia o cuando nos llama el profesor para que salgamos a la pizarra o cuando tu eres el profesor y deambulas por el aula.

Desde luego, esto no tiene nada que ver con las/os autómatas que van y vienen sin alma por la pasarela. Me refiero a lo que transmitimos en movimiento. Moverte mientras el otro está quieto observando, es la forma más primaria de comunicarse. Suelen ser unos segundos, previos al inicio de una comunicación total con nuestra pareja, amigo o colega. Y justo en esos segundos previos, revelamos buena parte de lo que somos, de la que será nuestra actitud a partir de ese momento: seguridad, duda, convencimiento, autoridad, pedantería, chabacanería, rechazo, atracción… mil conceptos que se nos desvelan tan solo con la forma de caminar hacia nuestro encuentro. Nuestra forma de caminar, la dirección que toma nuestra mirada, la posición de nuestros hombros, brazos y manos. Todo arroja información de nosotros mismos y condiciona la parte principal de nuestra inminente comunicación.

Pues bien, hay arquetipos de esta comunicación inicial que me maravillan de manera especial: los artistas del celuloide.      

Reservoir_Dogs_by_Tomaszelhombre[1]Por supuesto, hay un sinfín de ejemplos que darían para escribir más de un tratado o igual ya existen varios, pero me quedo con estos. Me quedo con El Duque, un John Wayne de paso firme y lento que denotaban seguridad y peso, entendido éste último como poder y respeto; con un Gary Cooper, sinónimo de serenidad, elegancia y fuerza personificadas, pero una fuerza con matices de fragilidad que él tan bien sabía administrar en su beneficio y todo eso lo transmitía desde su mirada, pasando por sus manos y acabando por su pisada; o qué me dicen de Robert Mitchum, la robustez e insolencia atemperadas por quien se sabe violento y reprime a la bestia que lleva dentro; o de Henry Fonda y Clint Eastwood, en su etapa adulta, ambos, eran estereotipos similares: brazos caídos y espalda curvada que, sin embargo, escondían la furia en su mirada; o el sin par James Stewart, el de paso desgarbado y nervioso que revelaba la bondad de un gran tipo; o Burt Lancaster, el atleta, y es que sus comienzos en la carpa lo marcaron para el resto: agilidad, velocidad y la gracia del que se desenvuelve bien en la escena; o Kirk Douglas, similar a su compañero de andanzas pero con la particularidad de comunicar siempre más de cintura para arriba… o un Lee Marvin, siempre distante, inaccesible y de paso firme y rotundo… y se me olvidaba, Charlton Heston, impecable también por arriba, pero con un caminar muy particular que le hizo inconfundible en escena, entre arrastrado por unas rodillas que se miraban, pero con rebeldía y fuerza. Y muchos más: Paul Newman, Redford, Brando, Quinn, Brynner, Coburn, McQueen

Mientras que en la pantalla actual, Robert de Niro o Al Pacino, sufren el paso del tiempo, sobre todo el segundo y no destacan por su ‘gracilidad’. O el de un Samuel L. Jackson con un caminar rítmico, acompasado y el de Bruce Willis, muy peculiar, ya que lo hace con el morro cruzado y sin apenas acompañarse de los brazos, curioso. O el punto mega hortera del Travolta setentero. Está claro que habría y hay muchos. Pero hoy en día, sólo se me ocurre uno que está a la altura de los clásicos y es Ewan Mcgregor. Verlo caminar es pura coreografía, parece que baile en sus desplazamientos, muestra una personalidad apabullante cuando lo hace y aunque me cueste decirlo, le tengo que dar la razón a mi mujer. No es una cuestión de talla o medidas, simplemente es de los que ‘llena’ la pantalla cuando su presencia adquiere movimiento.

En fin, ¿muchas horas de cine? ¿Muchas horas de parque viéndoles pasar a ustedes? ¿Mucha imaginación? Desde luego, nos podemos comunicar sin decir una palabra.

Va por todos ustedes, señores. Por los que caminan su inmortalidad a través de la gran pantalla y por todas las personas que en su caminar nos desvelan retazos de su vida, porque, aunque sea de manera inconsciente, sentimos la necesidad de comunicar.

 

 

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9 pensamientos en “Pisando fuerte

  1. Nuestro movimiento transmite tanto… a mí hay gente que me cae mal sólo por cómo se mueve. No es cuestión de torpeza, es más bien de falta de armonía espacial, no sabría explicarlo bien.

    Cary Grant y Paul Newman. Newman, sobre todo, con esa chulería en “La leyenda del indomable”. Y otro que se me quedó pegado: Carmelo Gómez en la serie La Regenta. Desde entonces tengo la manía de que cuando los hombres aprenden a andar con faldas las llevan mejor que las mujeres.

    Sobre este tema, el de caminar, de caminar de diferentes maneras, nuestros queridos Vol Ras tienen un espectáculo estupendo: Gestos, ganyotes y posturetes (os dejo aquí una reseña http://www.benetusserhoy.com/vol-ras-benetusser-moli/).

    Me ha encantao el post 🙂

      • yo, como buen voyeur, trato de sacar patrones de todo, de los andares, de los zapatos, de las manos, de las uñas, … de todo. Y, salvo una única excepción en la que puedo confiar, de ninguno se puede sacar conclusiones: sólo de la mirada. Ahora, con o sin conclusiones, observar puede producir mucho placer y cada cual es muy libre de sacar las conclusiones que quiera… de ahí a que los demás tengan que responder a nuestras expectativas…. no?

  2. Yo siempre he flipado especialmente con Steeve McQueen y Marlon Brando. Qué capacidad para llenar todo el espacio. Hoy en día creo que no hay nadie (en el cine, claro) con tanto magnetismo. Monica Belluci tiene esa capacidad, pero me temo que si la viera en persona se me caerían las pelotas al suelo. Me quedo con Keira Knightley, tan pizpireta.

    • Qué diferentes todos! y qué gran verdad lo de ‘llenar el espacio’… McQueen era soberbio desde su hermetismo, sin desperdiciar ni un gesto, amante de todos los deportes, de la velocidad… Hablando de la Belluci, (pedazo de mujer), pues su marido o ex o lo que sea: Vincent Cassel, siempre me ha flipao, tb!

      O la Sharon, oooh! con ese coeficiente intelectual superior a la media y rubia y de piernas largas… (me callo)

    • Muchas gracias! y gran hallazgo el tuyo como cinéfilo en la ‘resistencia’, al estar casado, con niños y en la tele pasar de clan a boing o de boing a clan, pasando únicamente por disney channel! 😦

  3. Pingback: 100 post en uno | COMUNICACIÓN DE RESISTENCIA

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