De la política

En los últimos años he tenido que explicar muchas veces a mi abuela, a mis padres, a las personas mayores que no se han incorporado a esta sociedad de la información, que no es que ahora seamos más viciosos o depravados (que puede que también) que antes, es que ahora todo se sabe más, y más alto.

Es como si cualquier cosa que hagamos pudiese amplificarse hasta el infinito y más allá y que por eso parecemos peores. Porque, claro, lo que se amplifica es lo chungo, no lo bonito.

Internet, las redes sociales, son los culpables responsables de que conozcamos hasta el último detalle escabroso de la vida de los famosos, de las muertes más truculentas, de los escándalos políticos… de la miseria del mundo, vaya. A veces, estos detalles afloran esgrimidos por los adalides de la libertad de información, como si fuese de vital importancia saber cuántos gramos se mete un famoso o con qué animal ha comparado un político a otro en una conversación privada.

Y no es de vital importancia. No lo es.

Bueno, a veces sí lo es.

Las redes sociales y, en última instancia y para no perder el paso, los medios de comunicación, convierten en noticia los chascarrillos y cotilleos de famosos, deportistas y políticos. Los de los primeros y segundos, claramente, no tienen mayor importancia: sus desvaríos no interfieren en la vida diaria del común de los mortales. Da igual si se casa el hijo de la Preysler, Fernando Llorente tiene problemas con su equipo o Bertín Osborne tiene nuevo programa. Eso sí da igual. Lo de los políticos no o a mí no me lo parece. No porque quiera saber cotilleos, sino porque determinados comportamientos que podrían considerarse privados dicen mucho de la persona que decide sobre las condiciones de vida de los ciudadanos a los que gobierna.

Dicen mucho de sus personalidades ególatras y fuera de la órbita de la ciudadanía , de su falta de ética y de su prepotencia.

Y eso que se supone que los políticos deberían ser un ejemplo ético y moral para la ciudadanía. Deberían ser primus inter pares, modelos de comportamiento, transmitir confianza, responsabilidad, coherencia, capacidad, rigor, transparencia, respeto a los derechos fundamentales, seriedad y compromiso.

Sin embargo, ¿qué transmiten sus comportamientos?

Y tantas otras cosas que han hecho que los ciudadanos tengamos tan mala opinión de los políticos y de la política.

¿Qué podemos hacer? ¿Podemos hacer algo? ¿Cómo podemos echar a personas que no sólo no son modelos de comportamiento sino que, además, son precisamente lo contrario, ejemplos de lo que no debería ser un político?

Ya me gustaría tener la respuesta pero les avanzo que no la tengo. Los ciudadanos somos en parte responsables de lo que está pasando pero, curiosamente, no se me ocurren muchas fórmulas para que puedan pasar otras cosas.

Y, sinceramente, es desolador.

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3 pensamientos en “De la política

  1. Ciertamente desolador, estoy contigo pero simplemente genial tu post Enhorabuena!
    Podríamos empezar recordando una pintada del Mayo del 68 que decía algo así… La acción no debe ser una reacción sino una creación

  2. Pingback: 100 post en uno | COMUNICACIÓN DE RESISTENCIA

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