El tiempo se acaba

Tenemos que decir cuánto queremos a las personas que queremos. Siempre. Todas las veces que podamos. Es importante. No deberíamos darlo por sentado, aunque sepamos que lo saben. Tenemos que decirlo. Deberíamos de decirlo. ¿Por qué nos cuesta tanto a veces, con lo fácil que es?

Tenemos que decirlo porque, un día, uno cualquiera, esas personas se van. Para siempre. No van a volver. A veces se van de repente; otras sabemos que es inevitable y ni siquiera así lo decimos. Y no sólo nos queda la pena de saber que no les hemos dicho todas las cosas que queríamos, que necesitábamos que supieran, no les hemos dicho que les queríamos o cuánto significaban para nosotros, sino que nos inunda la angustia de saber que no vamos a tener más oportunidades, se nos acabó el tiempo. TIC TAC TIC TAC TIC TAC. Y es que el tiempo se acaba. Todos los tiempos se acaban.

Hay muchas razones para no decirle a alguien que le quieres, muchas: no es el momento, se lo digo otro día, hay cosas más importantes, qué ridículo si no soy correspondido, es cursi… y, mi favorita, ya sabe que le quiero ¿para qué voy a decirlo? Todas se convierten en excusas baratas de barra de bar cuando nos damos cuenta de que ya no podemos decirlo más. Entonces se convierten en losas que, probablemente, llevaremos sobre el alma para siempre.

Son las cosas de la vida, de cómo nos relacionamos con el resto de seres humanos, de cómo gestionamos lo que significan para nosotros. Tenemos que aprender sobre la marcha a llevar estas relaciones y no siempre aprendemos a tiempo. No siempre tenemos tiempo. Porque el tiempo se acaba. TIC TAC TIC TAC TIC TAC.

Los seres humanos somos, claramente, imperfectos. Más que imperfectos, casi diría que somos gilipollas, porque, vamos, no me digan, querer a alguien y no decírselo es de ser un gilipollas pro.

Afortunadamente, hay personas que sí tienen claras sus prioridades y no tienen ningún reparo en decirte que te quieren, que te quieren mucho, que te quieren sin reservas. Si somos listos, y rápidos, quizás aprovechemos el momento y digamos “yo también te quiero. Mucho. Sin reservas”. Quizás de esta manera esas personas, sin saberlo, nos ayuden a evitar una de esas pesadas losas que nos hunden el alma un poquito cada día.

Les propongo un reto para hoy: díganle a alguien que le quieren. Mucho. Sin reservas. Nunca sabemos cuántas veces más vamos a poder decírselo.

Empiezo, yo, si quieren.

Te quiero. Mucho. Sin reservas.

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5 pensamientos en “El tiempo se acaba

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