Hot stuff: fijación

Abandonó apresurado el local. Sin despedirse de nadie. Empezó a sentirse incómodo, como en otras ocasiones, y una melodía le trajo a la mente un recuerdo dormido. Sintió un ahogo y una presión que crecía en su pecho. Ya en la puerta, el repiquetear de unos tacones le recordaron lo mismo. El recuerdo le perseguía y encauzó su cuerpo alterado en sentido contrario al latir de esos mismos tacones.

En cuanto tuvo un segundo, volvió en sí, recuperó el ánimo y recondujo su rumbo hacia donde había dejado el coche. Pero a veces conducir en medio de la noche no es la mejor forma de evitar tus fantasmas. La luna delantera se convierte en una pantalla en la que se reproducen nítidamente todos tus oscuros pensamientos.

Y así sucedió. Conducía de manera mecánica, al tiempo que un sinfín de imágenes se reflejaban en el cristal. Pero una se repetía de forma insistente. Unas piernas largas, muy largas, de mujer.

Así fue, unas piernas largas, muy largas que limitaban al norte por una estrecha falda gris marengo de tubo y cintura alta. La que escogen las ejecutivas el día que se reúne el consejo. Ustedes sabrán porqué. Mientras que al sur estaban flanqueadas por unos estilosos zapatos de tacón, por supuesto, negros. Y una sutil media protegía de cualquier agresión externa esas largas, bonitas e interminables piernas. Unas piernas que recurrentemente veía alejarse. Eso es lo que recordaba. Unas piernas que mostraban en su paso determinación y que luego atisbaban cierta duda. Precisamente, esa duda, anunciaba el triunfo de la pasión frente a la obligación. Era la victoria de lo inesperado ante el tedio. Era lo negro frente a lo blanco. Era lo más y era para ambos.

Todo lo que venía tras esa duda en el caminar, tras esa media vuelta de unas piernas que decidían entre sucumbir o resistir, era el sabor del placer condensado en un furtivo beso, que luego tornaba de suave en violento. Su tacto y sus manos rodeándolo, al igual que él se explayaba con las suyas por su cuerpo. Un cuerpo vedado, inaccesible y que ahora hacía suyo. Un goce irrepetible, por prohibido, pero que se repitió una y cien veces. Unas miradas extraviadas, un gemido primitivo. Un latido espasmódico. Un temblor que sacudía esas mismas piernas que habían mostrado seguridad a cada paso.

Era como ser uno mismo y conocer al otro sin máscara ninguna y disfrutar del placer que suponía el hallazgo. Un placer que era infinitamente distinto a lo hasta ahora conocido. Era en boca de Sade, como ‘un dulce tabú’.

Un semáforo en rojo ni siquiera visto. Suerte que apenas hay tráfico, porque su cuerpo sigue en el coche, pero su mente cabalga desbocada mientras nota las yemas de sus dedos como escalan desde el empeine de sus pies hasta encaramarse a sus rodillas y como sus manos se revuelven para ocultarse de camino a su entrepierna, mientras se reproducen en ella los temblores, como si un movimiento en la falla provocara estragos en el subsuelo de la epidermis de sus largas, largas piernas.

A partir de ahí vio en el cristal como el placer se intensificaba, como se cruzaban las miradas con los ojos entornados, como se decían ‘te deseo’ con el tacto, con el sabor de su piel, con los continuos jadeos.

Un haz de luces le devuelve a este mundo. Un claxon de advertencia, un frenazo que le permite por un segundo revisar su trayectoria y esquivar un vehículo que se incorporaba a la calzada con preferencia.

Pero en un instante vuelve ella. De nuevo sus piernas, ahora prácticamente desnuda desaparece de la estancia para atender una llamada privada y su regreso vuelve a ser otro triunfo de la pasión ante la desidia que provoca la rutina. Una vez más vuelve y gozan en secreto y se aleja y vuelve. Y él no repara que en ese juego gozoso de escapadas y regresos, quizá algún día esa fuga no tenga retorno. Él tiene una fijación que está detenida en sus piernas. Unas piernas que se marcharon hace dos años y que no han vuelto.

Gentileza de Mr., AlbirNota sus besos en el cuello, como sus manos revuelven su cabello. Se sorprende sintiendo como, de repente, esas mismas manos se apoderan de su centro. Se nota desarmado, desnudo, pero henchido de placer. Un placer que descarga finalmente cuando ella está sobre él y él dentro de ella. Lo que viene después es un estado ideal que nada tiene que ver con lo establecido. Lo que ocurre entre ellos después es tan largo y duradero como toda la tensión acumulada hasta el momento. Una extraña atracción impide que se separen sus cuerpos. Quedan abrazados, sus piernas entrelazadas, sus cuerpos fundidos sin posibilidad de separación hasta que despunte el alba. Pero de eso hace ya dos largos años y ella no ha vuelto.

De nuevo un claxon, una sirena estridente, haces de luces que no le impiden ver unas piernas largas, extremadamente largas, de nuevo.

Sabe que ya no cabe el regreso, después de tanto tiempo sin tener noticias de ella. Bueno, si que lo sabe, quizás no quiere verlo. Acelera y un fuerte golpe que recibe por el lateral derecho lo deja cruzado en la calzada, justo por el mismo punto en el que avanza a buena marcha un camión de reparto. Un segundo golpe, este aún más violento, arrastra el coche unos treinta metros, hasta dejarlo ladeado en la cuneta. El lado del piloto está totalmente destrozado. Tras unos interminables minutos y antes de que el conductor del camión, la policía y otros dos vehículos implicados en el siniestro se den cita ante los restos de su coche, él se arrastra fuera y cae en el suelo. Ahora la sangre ya no le deja ver esas largas y hermosas piernas. Y se alegra por un segundo, antes de cerrar los ojos, de recuperar su visión, de apartarse definitivamente de su fijación.

 

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18 pensamientos en “Hot stuff: fijación

  1. Moraleja: si bebes no conduzcas! jajajajajaja!!!! Perefe, eso de la luna delantera del coche convertida en pantalla mientras conduces también lo he vivido yo, igualito que el protago de tu historia, y aunque el final no fue tan malo sí que tuve un susto. Me alegro de conocer tus fetiches, que tan escondiditos tenías….. Buena entrada para la vuelta al cole, sí señor!

  2. Ay escribir sobre estos temas no deja de ser (un poco) como quitarse la ropa en público y a uno las canas lo vuelven pudoroso jeje… ya retomaremos ‘cosillas’ de esas q escondemos al calor de la mistela! 😉 … y lo de la luna delantera como pantalla de vistarama, es verdad, no ha pasado a todos! MUAS!

  3. he visto desde mis solitaria habitación de hotel en Venecia, lejos de los focos y de la alfombra roja, a través de la pantalla, como en el coche pero en el ordenador, mis ojos traspasaban el blanco y negro hacia esas piernas, larguísimas.

      • Perefe, nada que contar (esta respuesta es muy socorrida). Solitaria y estupenda (eso sí) habitación en un hotel a las afueras de Venecia por trabajo (nada que ver con la Mostra) hasta el viernes. A ver si mañana por la noche cojo una lancha-taxi y me dejo caer por allí…

  4. Yo sé que tarde o temprano tendre un golpe con el coche…probablemente no sea grave porque sera en Valencia capital..pero me aventuro a decir que será entre los meses de Mayo y Septiembre y en la calle Colón… mas o menos a la altura de las ruinas, casi seguro.

  5. …. y El Corte Inglés coloca en un cartelón de 20 metros cuadrados a un pibón en bikini. Un pibón que nunca es un chico, por cierto….. O al menos no un chico solo; si hay chico es porque acompaña a la chica…. Mamma mia! Qué mundo este!!!!!

  6. Pingback: 100 post en uno | COMUNICACIÓN DE RESISTENCIA

  7. Perefe, un crack del relato corto erótico! que bueno. Por eso en ciudad los hombres tienen mas accidentes que las mujeres: los tacones y las faldas de tubo al norte! y las fotos muy bien! 🙂

    • Muchas gracias, Félix! jeje así de básicos somos los hombres, claro q tenemos más accidentes, pero las estadísticas nunca hablan de quienes los provocan (y esto va con doble lectura, no se me enfaden las de tacón y falda de tubo)

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