Cerrado por vacaciones

El verano tiene un no sé qué de indolente que hace que nos tomemos las cosas con calma, que el tiempo sea amarillo y brillante y nos movamos más despacio. Y, para algunos, también es momento de parar, relajarse y recargar las pilas para el invierno.

Es nuestro caso. Comunicación de resistencia se toma unas breves vacaciones, para disfrutar del tempo tranquilo que tanta falta nos hace.

Nos leemos en unos días. Disfruten.

 

Groove armada, At the river
If you’re fond of sand dunes and salty air,
quaint little villages just here and there.

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Libertad de expresión

¿Se han parado a pensar alguna vez en cuánto se ha tenido que sufrir, en cuánto se sufre aún en el mundo, por la libertad de expresión? Yo lo he pensado quizás vagamente, pero nunca de manera tan intensa como ahora. Nunca me ha dado miedo perder el derecho a la libertad de expresión, ni había pensado realmente en lo que supondría perderlo, hasta ahora.

Últimamente no dejo de leer y escuchar directrices de diferentes organismos que limitan, prohíben o amenazan, censuran, en definitiva, la libertad de expresión.

Es el caso de los funcionarios, que reciben recomendaciones sobre el papel que deben ocupar en la sociedad: el de no opinadores. O de Facua, organización amenazada por el gobierno por ser demasiado crítica con los recortes. O los militares, que tiene ya de por sí muy limitado el ejercicio de este derecho fundamental.

Pero eso no es todo, sólo es lo más explícito, son sólo algunos ejemplos de  prohibiones a colectivos destacados. Limitar la libertad de expresión es mucho más: es amenazar a medios de comunicación con retirar la publicidad institucional para dirigir la línea editorial; es presionar al sistema financiero para que reduzca el crédito a los medios de comunicación; es retirar financiación a televisiones y radios públicas, con la excusa de la ineludible reducción del gasto y la promesa de su privatización y, por tanto, de su servilismo; es permitir la concentración de los medios en grandes grupos, para unificar el mensaje y aborregar al personal; es no conceder ruedas de prensa, ni permitir preguntas, ni responderlas; es contribuir a la precarización del trabajo de periodistas hasta conseguir su desgana e indolencia, cuando no su abandono de la profesión.

Últimamente pienso que, poco a poco, la libertad de expresión se ha quedado en el ámbito privado, acongojada y temerosa de salir y que la amordacen. De momento, ese ámbito privado puede hacerse algo más público a través de la Red, de páginas, blogs y redes sociales. Sí, pero ¿hasta cuándo?

Me resisto a pensar que la defensa y ejercicio de un derecho fundamental pueda quedar limitado a estos espacios, me indigna y me entristece a partes iguales. Sin embargo, y por si acaso, me sumo a la iniciativa de César Calderón, con la esperanza de que sea un temor pasajero que podremos vencer a base de democracia y palabras.

Captura de pantalla 2012 08 04 a las 11.38.17 ¿Quieres libertad de expresión? Abre tu blog y gánatela

Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Hot Stuff: erotismo

El vestido de la discordia.

Cuenta la leyenda que Billy Wilder se vio obligado a cerrar el foco e iluminar sólo la cara de Marilyn mientras cantaba I wanna be loved by you en Con faldas y a lo loco (1959) porque no llevaba sujetador y el vestido que llevaba era tan sutil que la cámara captaba cada uno de sus movimientos, incluidos los de sus pechos, y que era demasiado erótico para la época.

No fue la primera vez, ni la última, que Marilyn Monroe tenía problemas con estudios y directores por ese motivo: demasiado erótica, demasiado sexy, demasiado cachondo todo lo que pasaba a su alrededor.

Cómo han cambiado las cosas. Ahora el erotismo ha perdido todo ese glamour mezclado con falsa ingenuidad que tenía, que creó mitos y diosas. Hoy se usa para vender cualquier cosa: coches, desodorantes, perfumes… hasta papel higiénico. Una lástima. Porque me da que pensar que la sobreexposición, como en otros aspectos de la vida, hace que nos blindemos frente al mensaje, y que dejemos de percibir el sutil erotismo de un movimiento, de un suspiro, de una melodía, de una mirada o de un espacio vacío.

Me pregunto que dirían los más jóvenes de los mitos eróticos del siglo XX. Qué dirían de Michelle Pfeiffer cantando sobre el piano de Beau Bridges. O de Sharon Stone cruzando las piernas. O de Salma Hayek y su serpiente. O de Jamie Lee Curtis bailando torpemente frente a Arnold.

Es más, me pregunto cuántos son capaces de apreciar el erotismo en los labios entreabiertos de la Bardot, el pelo mojado de Ursula Andress saliendo en bikini de la playa, las interminables piernas de Cyd Charisse o a Lana Turner revolcándose en la playa con el inmenso Burt Lancaster. ¿Qué dirían de Jayne Mansfield o de Mae West?

Uf. Qué calor. Y qué vieja me siento.