Hot Stuff: cuerpo

Se me ha quedado el cuerpo incendiado toda la semana. La simple brisa en la calle me eriza todo el vello y se perpetúa una sensación de humedad allá donde mi piel se pliega. Cuando me despierto por las mañanas froto mi carne contra las sábanas, me toco y me masturbo bajo el agua de la ducha y en mi nariz vuela el olor concreto de ese otro cuerpo hasta cuando tengo delante un plato de raviolis al pesto. Mis oídos escuchan jadeos al detenerme en los semáforos y, aunque mis ojos parecen mirar con la atención acostumbrada, ante la imagen extraña de la realidad se cuelan como diapositivas instantes oníricos de un deseo voraz. Cuanta importancia tiene de pronto mi cuerpo. ¿Me habría olvidado de él…?

Curiosa paradoja, la de haber recuperado la conciencia celular justo cuando el Gobierno pretende imponer una Ley que establece límites irracionales a la libertad decisoria de mi cuerpo femenino. Epicuro se alejó demasiado del poder. Preferiría un cuerpo poético, sólo sensorial, dedicado y destinado al placer, pero no, resulta que es también un cuerpo político. Y quizá deba volver a las calles formando un triángulo con las manos, más de viente años después, para dejar claro que mi placer no tiene ninguna relación con mi maternidad, la cual no considero en absoluto una obligación ni voy a permitir que se me imponga, del mismo modo que no acepto imposiciones sexuales que no constituyan placer para mí. Cuanta importancia tiene de pronto mi cuerpo… que hasta es motivo de debates públicos. ¡Que me dejen a solas con él! Que me lo encuentro bajo la ducha en perfecta comunión con el sentido de la vida, en la intimidad de mi lavabo, el único lugar donde una mujer debería desactivar naturalmente un proceso de embarazo que no desea, si conociéramos nuestro cuerpo lo suficiente como para provocarnos una menstruación con la simple ayuda de tres dedos y una espátula. Qué larguísima ignominia han sufrido nuestras vaginas, mostradas en los foros públicos como objetos políticos, recipientes de tiranías, cavidades sometidas, máquinas programadas de reproducción.

Vuelvo a mi cuerpo poético, que puede ser tan íntimo como el silencio interior.  Regreso al deseo voraz, a las manos calientes que me recorren con la avidez de los insectos y guían mi sangre al galope pateándome la aorta. Aparto la realidad unos momentos, los suficientes para descubrirme en una diapositiva onírica en la que mis yemas esquían por debajo de la tela buscando el pezón. Me toco el vientre, los labios, los hombros. Permito que mis manos desciendan hasta abrazarme los muslos, se tensan mis nalgas y se eriza mi lengua, levanto mi falda y me muestro, me abro, me abro más. Hasta la brisa me acaricia y se relame. Mis dedos son picaportes y saben qué hacer, conocen los caminos y los procesos para abrir las puertas y activar los jugos, así que engordan mi clítoris eléctrico y luego se deslizan suavemente al interior rozando las paredes de la entrada para hundirse en mi cueva cálida, todos ellos, regocijados de un mismo cuerpo que ya es sólo agua, hasta que repiquen las mil campanas del orgasmo.

Ahora reposo, confundida entre lo poético y lo político de este incendio, pero al menos revivida.

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7 pensamientos en “Hot Stuff: cuerpo

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