Tres diferencias

El mundo se comunica con nosotros a través de sonidos, aromas, sabores, imágenes, roces, impulsos…

Unas veces estamos abiertos, receptivos, preparados, y percibimos esa melodía escuchada al azar en todo su esplendor. Otras, no somos capaces de reconocer el peligro de un alimento en mal estado porque no le prestamos atención a su olor. O andamos tan absortos pensando en nuestras cosas que no nos damos cuenta de que el semáforo ha cambiado de color. Unas veces no notamos el cariño que expresa un apretón en el hombro y otras salvamos el cuello por hacer caso a nuestro instinto.

El mundo se comunica con nosotros incluso aunque no queramos, aunque no estemos preparados para lo que nos tiene que decir, aunque no entendamos todos los mensajes.

En este contexto, con tal cantidad de información que tenemos que procesar constantemente, sería lógico pensar que, o bien estamos superentrenados y somos capaces de discriminar los mensajes importantes e interiorizarlos, o bien estamos expuestos a tantos estímulos sensoriales durante todo el tiempo que a menudo se nos escapa lo obvio y pinchamos.

Pinchamos a menudo.

¿No se lo creen? Encuentren las tres diferencias en el siguiente vídeo de Django Reinhardt. Les reto.

Disfruten de la música y que tengan buen fin de semana.

Anuncios