35 matrículas

Internet y, especialmente, las redes sociales y, especialísimamente, Twitter, pueden encumbrar a alguien anónimo, llevarle al Olimpo de los dioses cibernéticos y convertirle en tema del momento en menos que canta un gallo. Y con esa misma rapidez e intensidad se puede hundir a una persona y hacer de su vida un infierno.

Hay muchísimos casos pero, qué quieren, esto es Internet, va de lo novedoso, así que vamos a hablar del último, que me ha dejado muerta.

Pablo Álvarez Meana es un asturiano de 22 años. Es un muchacho ejemplar, todo lo contrario de lo que se dice de la juventud actual: participa activamente en política, es ambicioso, emprendedor, presuntamente inteligente ¡si hasta tiene un expediente académico con 35 matrículas de honor! ¡Y EN GESTIÓN PÚBLICA! Es el nieto que toda abuela querría tener. Desde el punto de vista que nos ocupa, es un chico de su tiempo: tiene (tenía) una completísima página web en la que explica profusamente su ideario y referentes políticos (Donald Reagan. EJEM), sus intereses, sus aficiones…, tiene cuenta de Twitter con más de 6.000 seguidores (ahora privada), perfil en Linkedin, cuenta en Facebook, en Youtube… ¿Tiene? No, tenía. Porque su rastro personal ha medio desaparecido de la red y, lo que no lo ha hecho, ha sido privatizado.

¿Por qué?

Ha desactivado sus cuentas debido (supongo) al ciber acoso al que está  sometido desde hace unos días, cuando Twitter se lanzó a su cuello con el hashtag #35matriculas. He pedido ayuda a los colegas y no hemos sido capaces de recordar cómo surgió pero el caso es que la red se lanzó contra él de mil y una maneras. Hasta ha llegado a los tribunales, ya que él ha interpuesto varias querellas, a @Facudiaz y al administrador de Menéame, porque ha sentido vulnerado su honor.

Me atrevería a aventurar varias razones por las que este chaval ha sido atacado y humillado de manera inmisericorde:

  • Es del PP. Seh, asín es. ¿De verdad se merece que se le trate así sólo por ser del PP? Pscheee… no creo. ¿No somos tan de la libertad expresión, los de las redes sociales? ¿EH? ¿Qué pasa si uno es del PP y está orgulloso de ello?
  • Confía en sí mismo, tiene claro lo que quiere transmitir y es ambicioso. SE VENDE. Su página web ha desaparecido pero quedan restos en la caché. ¿A que jode que un muchacho tan joven tenga tan claro lo que quiere, eh, a que sí?
  • Parece un tipo emprendedor, que hace cosas, que se muestra, que responde a las primeras críticas de manera altanera y confiada. Y empieza a destacar. Y eso da rabia. Grrrrrrr… una rabia… ¿Por qué este tío con esas faltas de ortografía que, encima, es del PP, destaca sobre los demás? Grrrrrr… que rabia me da, voy a sumarme a la masa y a llenarle de mierda.

Total, que hemos conseguido que un chaval de 22 años que tiene muy claro a qué quiere dedicar su vida y que se dio cuenta de que Internet y las redes sociales podían servirle de ayuda y promoción no calculó que también podían hundirle en la miseria. Pobre.

Somos tan valientes…

Moraleja: las redes sociales, como todo, tienen un lado oscuro. Si no las utilizamos con sentido común corremos el riesgo de que la difusión de nuestra miseria sea tan estratosférica como la de nuestro éxito.

Y conste que me cae fatal.