La raíz y los brotes

Estoy muy locuaz, sí. Es que me aferro a mi presente. Hoy se me ha roto una raíz, igual es por eso. Se rompió haciendo daño como casi todo lo que se rompe.  Se me fue el ancla y por un momento zozobré, como si ninguna dirección fuera a ninguna parte. He sentido una tristeza grande, sí, por eso estoy locuaz.

Me doy cuenta de lo importante que son para mí el habitaje y el pasado; el lugar y las personas, el tiempo en que eso ocurrió. Ahora habito otro espacio y otro momento, pero al mismo tiempo que mis ramas crecían hacia el cielo yo seguía manteniendo una raíz bien hundida en alguna parte de la tierra, una parte muy pequeña y anodina  que sin embargo completaba el mapa de mi vida. Mi pueblo y sus personas. Y no es que hayan desaparecido de mi vida hoy (seguramente hace tiempo que estaban bien lejos aunque yo creyera, o me hicieran creer, lo contrario), sino que los brotes en mis ramas hacia el cielo han temido perder el agua y el alimento.

Después quedó una sensación extrañamente racional, la certeza de haber sido excluída. No se trata de la familia, hablo de las amigas de la infancia. No lo digo en femenino porque me refiera a un grupo de personas, sino porque hablo de mujeres. Mujeres madres, todas, hoy reunidas con sus familias completas en un acontecimiento religioso y social, mujeres con las que compartí una larguísima parte de nuestras vidas en un carrusel de complicidad, amor, sexo y conflictos. Por eso siento que se me ha roto una raíz, aunque eso no me convierta en un árbol caído. La infancia, la adolescencia y la primera juventud nos pertenecieron en una misma coordenada hasta que cada cual eligió sus botas para caminar y yo pensaba que nuestro vínculo, por estar tan hundido en el primer pasado consciente, trascendía los mapas.

Me equivoqué. No tenemos la misma idea de la vida y no vivimos igual, ellas y yo. Aunque eso no nos hace diferentes ante la ley sí que nos separa en el orden natural. Eso me entristece, porque significa que no entendemos igual el sentido de los vínculos y con ello la forma en que somos mujeres.

Asi que me quito las botas un rato para dejar mis pies al aire y aliviar los ardores recuperando esta imagen de mi pasado inconsciente, el que existió sin raíces porque sólo se alimentaba de leche materna. Y me cercioro de que mis brotes no van a sufrir ningún daño en lo más alto y libre de mis ramas al cielo, alimentados como están por otras mujeres con quienes sí comparto este vivir, el de ahora.

1971