Vandalismo

Ya llegaron los primeros soles fuertes del año, esos que te queman la punta de la nariz y achicharran los brotes en las macetas. Señal de que se acerca el verano, implacable. Será por tanto bajo el sol ardiente como vamos a recorrer las calles mañana, en la mani del 12M, así que mejor llevar sombrero por lo que pueda caer y no hablo sólo de los rayos ultravioleta sino también de las promesas ministeriales, aquellas palabras funestas de Jorde Fernández Díaz sobre el endurecimiento del castigo contra el vandalismo callejero.

No es casualidad que el Ministro del Interior utilice la palabra “vandalismo” en lugar de “violencia”. Violencia ya sabemos todas lo que es; las mismas personas que nos manifestaremos mañana hemos hablado, trabajado y defendido de forma pública una postura de no violencia clara y determinada, que también implica una demanda a las fuerzas del orden público. Así que el Ministro, por mucho que quiera, no puede esgrimir la violencia de los manifestantes como justificación de cualquier medida contra esta actividad. Pero el vandalismo es otra cosa, es como una solución administrativa para adaptar las ordenanzas municipales a una idea concreta de ciudad, la idea personal y exclusiva de quienes gobiernan, como hacen los Ayuntamientos de Madrid o Barcelona cuando califican de vandálicas las pinturas murales y los grafitis, justificando con ello borrarlos, ocultarlos, perseguir a los artistas e imponerles sanciones y penas, en fin, castigos, como dice el Ministro.

Como veis, es una argucia muy astuta; no se trata de lanzar a la policía a correr tras los chavales por las calles, cosa que resulta un gasto tremendo de presupuesto, energía mediática y quiebra de la seguridad en el voto, sino de atraparlos en la red administrativa sancionadora lo que, a fin de cuentas, para la institución significa un ingreso (las multas en Madrid por hacer pinturas urbanas es de hasta 6.000 euros). Es decir, que cuando el Ministro habla de los vándalos se puede referir a cualquiera de nosotros, por ejemplo a mí, que tanto me gusta ondear pancartas subida a los hombros de mis amigos. ¿Qué hay en mi presencia, actitud o intención cuando estoy en la calle por lo que se me pueda calificar como vándalo? La promesa del Ministro no responde a esta pregunta. Quizá lo hagan los acontecimientos.

Tan ambigua y tramposa me parece esta palabra que necesito una aclaración, no vaya a resultar que para ir a la mani deba vestirme más correctamente, andar en fila india o aguantar la respiración. Acudo a la RAE. Vandalismo: “Devastación propia de los antiguos vándalos” / “Espíritu de destrucción que no respeta cosa alguna, sagrada ni profana”. ¡Bueno! Esto me tranquiliza mucho porque yo no puedo de ninguna manera hacer tales cosas, ni tampoco puedo relacionar a ninguna de las personas que conozco con los conceptos devastación y destrucción sino todo lo contrario. Lo malo es que la RAE no puede salvarnos de la indefinición, esa manipulación gramatical que se viste de blanco o negro según le convenga y que en la boca de un político como este encuentra el armario ropero perfecto, precisamente porque no conoce ni le importa un rábano la lengua que habla.

Indefinición

Volveré a escribir sobre la mani, que voy a vivir con mucha brevedad esta vez porque me he lanzado a la aventura de la cocina y mañana empiezo a trabajar a las 7. De modo que no podré gritar y bailar por la calle más que un par de horas, aunque algo de la dignidad que suponen estas convocatorias se me va a quedar en el cuerpo de todos modos. La dispensaré en cada plato que prepare esa noche porque al menos en el apetito no hay ambigüedad ni discusión posible, es una cuestión de placer. Lo que me hace pensar que los políticos comen fatal, por una parte, y que próximamente escribiré alguna entrada sobre gastronomía porque comer también es política.

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3 pensamientos en “Vandalismo

  1. Me encanta lo que has escrito, Mar i Vi. Lo llevas todo a tu terreno, tal cual haces en la vida. Voy a la mani, tras leer lo que has escrito, tenía otros asuntos pero los abandono, hay que estar. No sé si nos veremos pero las energías estarán presentes. Luego iremos de cena, no a tu restaurante pero pensaré en las personas de la cocina y en sus sueños mientres esté desgustando el plato. A las barricadas degustando el sabor…

    • Qué bien Llargo! Me alegra de que te hayas unido. Yo vuelvo ahora del restaurante, y por el camino he tenido la impresión de que el calor que hace en la calle (todavía, a estas horas) tiene que ver con la energía que hemos compartido hoy. Y tienes razón: hay que estar. Besos!

  2. Me dejais sin palabras y encima despertais mi apetito con esa prosa entre rebelde y culinaria q teneis. Q bonito lo de aderezar tus platos con ese sentimiento reivindicativo q ya nos sacude a todos! 😉

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