Pecar por omisión

Vía Kaos en la red conocemos la publicación de L’ANUARI MÈDIA.CAT, un trabajo que recoge quince reportajes sobre los temas que han sido silenciados por los medios de comunicación en 2011.

Este anuario analiza temas de gran interés y repercusión ciudadanos silenciados sistemáticamente por los medios de comunicación social generalistas y tradicionales. Información que nos ocultan, con premeditación y alevosía, me atrevería a decir.

Revisando los temas, no me extraña que hayan sido “olvidados” por esos medios que se llenan la boca diciendo que su deber es informar, denunciar, velar por el derecho a la información y todo eso, porque entre ellos se encuentran algunos de los grandes tabúes contemporáneos: los abusos y tejemanejes de la Casa Real española, las malas prácticas de algunos bancos catalanes, especulaciones manifiestas, fraudes, corrupción…

La lectura de este tipo de artículos me plantea una reflexión recurrente: la cantidad de informaciones que nos ocultan los medios, la manipulación de la agenda informativa, cómo crean diariamente, casi hora a hora, aquello sobre lo que debemos pensar, opinar y discutir, escondiendo entre la maraña informativa política, económica y futbolera otras cosas realmente importantes, con la esperanza de que su omisión pase desapercibida. La información es poder, recuerden. Mucha información, mucho poder.

No deja de sorprenderme tanto el esfuerzo por crear una actualidad como el éxito por obviar, tranquilamente, la otra, la que no les interesa. Y esa, la otra, es la que me da más miedo, porque sigo teniendo el temor ese atávico a lo desconocido, al monstruo en el armario, a las sombras en la oscuridad.

Además de sorprenderme, me jode. Porque pienso que, sometidos a las presiones que siempre han sufrido, a las servidumbres, a la mano de hierro del poder y el dinero, los medios de comunicación tradicionales van a perder la única oportunidad que les queda de sobrevivir dignamente, ofreciendo un periodismo digno, informando con rigor, veracidad y análisis objetivo. Y digo van a perder porque nada hace pensar que sigan el ritmo que marca la Red, ocupando un lugar de referencia. Como grandes empresas que son, les está costando adaptarse a los nuevos tiempos y sacrifican el buen trabajo periodístico por la inmediatez y la redifusión de la anécdota hasta que la convierten en noticia. El llamado postperiodismo parece que despega, pero sin gasolina, de momento.

Hace ya más de cuatro años, Carlos Soria reflexionaba en Levante-EMV sobre el futuro de los medios en la era digital y la necesidad de la ética periodística. El futuro ha llegado y los medios siguen en el pasado: comportándose como si fueran los dueños de la información. Y se equivocan.

Se peca de palabra, obra u omisión, amigos, no lo olviden.

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