La diferencia

Las dos últimas semanas de marzo estuve más tiempo en la calle que en mi casa. La buena temperatura tuvo su protagonismo en esta concreción de mi hábitat pero también fue el resultado de circunstancias diferentes, festivas por una parte y políticas por otra. Las fallas me tuvieron apegada al asfalto noche y día. Comprenderéis que viviendo en el barrio de Ruzafa sólo cabían dos posibilidades; unirse o huir. Y como mi cuenta corriente no me permite la huida pues decidí quedarme con todas las consecuencias a partir de un lema general que fui aplicando conforme crecía el número de visitantes en mis calles cotidianas; nada me irrita. Parece fácil, pero os aseguro que el esfuerzo inicial fue importante. Con el paso de los días, las paellas, la juerga, los paseos robados al tráfico por calles normalmente atestadas de vehículos y, por supuesto, las verbenas, que no cerraron nunca antes de las cuatro de la madrugada, mi cuerpo se fue adaptando a un horario extraño a ritmo de pasodoble y reguetón.

18 de marzo, 03:57h.
Verbena fallera en la calle Cuba.

Ruzafa es un barrio fallero dada la docena larga de comisiones fecundas que alberga y desde luego había monumentos (de poliespán la mayoría) en casi todas las encrucijadas, algunos de poco presupuesto y mucho ingenio crítico, otros de mucho presupuesto y rancia corrección política. Pero yo no hablaría sólo de fallas. Hablaría de alcohol, verbenas y pincha discos, de churros con chocolate, patatas asadas, pizza, bocatas de atún, tabla de ibéricos, pasteles húngaros, falafel, quesos de cabra, tartas gallegas y panes de un kilo. Hablaría de mi barrio como un gigantesco restaurante-bar iluminado con una profusión cegadora y martilleado por el síncope incansable de los petardos pequeños, los medianos, los grandes y los insoportables. Hablaría, en fin, de un parque temático instalado en el espacio público que cobra peaje para comer, beber, bailar, pasear o acercarse a una falla y que se eterniza del día a la noche y vuelta a empezar.

Diez días después de la cremà, punto y final de las fallas, mi barrio volvía poco a poco a la normalidad y de nuevo me vi habitando la calle, esta vez en el centro de la urbe por motivos políticos, formando parte de los miles y miles de personas que protestamos en la jornada de la huelga general por la última reforma laboral y, de paso, por tantas otras decisiones políticas que hacen nuestra vida peor y nuestro futuro temible. También había banderas pero estas eran sindicales, había cánticos pero eran consignas, había pancartas pero no narraban el segundo premio de la sección especial, sino la exigencia de justicia y servicios sociales a los que cualquier sociedad democrática tiene derecho.

29 de marzo, 20'00h.
Manifestación a su paso por la calle Xàtiva

Pienso que la diferencia esencial entre una y otra vivencia callejera es la dirección. Recuerdo nuestras miradas extraviadas durante las fallas, absorbidas las pupilas por tantos centros de atracción rutilante. Éramos paseantes sin rumbo exacto lanzados a un espacio atrapado en el ruido y la desorientación, con los cuerpos doblegados y rendidos al estímulo de los sentidos, felices por ello. Y recuerdo por otra parte nuestras miradas en la manifestación, concentradas en el adelante, enmarcadas en el paso común de la multitud que acapara el espacio público porque lo piensa como propio, y sea cual sea nuestra forma de vida marchamos al unísono del quejido con la fuerza psíquica de todo lo político y presente que tenemos en común, felices por ello. Somos cuerpos y somos mentes, siempre dueños (que no invitados) del suelo que pisamos juntos, pero en esta ocasión, y no en la otra, sabemos hacia donde vamos.

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5 pensamientos en “La diferencia

      • Radicalazos.

        Lo malo de las fallas es que no tienen medida, especialmente en los últimos años, en los que la cantidad de turismo que viene es aberrante y lo desvirtúa todo. O eso o es que nos hacemos mayores…

  1. Tendría que haberos alojado en mi casa un par de días durante las fallas, habríais visto de verdad de la buena lo que significa “desvirtuación”… lástima de ocasión, porque el año próximo……. no pienso repetir!

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