Huelga

Nos alejamos de las organizaciones políticas porque no creemos en su funcionamiento interno. Del mismo modo que nos alejamos de las sindicales, a las que vemos como víctimas del pasado y rémoras de un presente en el que no tienen cabida.

Nos cuesta confiar en sindicatos que viven gracias a un Estado que les cubre el 80% de sus ingresos. Pierden su función si no son independientes y autosuficientes.

Nos oponemos a una administración sobredimensionada para que tengan cabida en ella los privilegiados de la alternancia política. Si todas coinciden en que se han visto reducidos sus ingresos (vivían del mogollón urbanístico que generaba recalificaciones y nuevas contribuciones), pues que reduzcan en igual medida su estructura.

Nos enerva el actual sistema de funcionariado que genera una inquietante cantidad de zombies que deambulan por espacios públicos sin noción del tiempo, sin riesgo de ser apercibidos y ajenos a los controles de productividad mínimos exigibles a cualquier otro trabajador.

Creo que creíamos en todo en lo que hemos dejado de creer, porque ya no creemos en lo que se han convertido.

Pancartas en la manifestación de Valencia durante la jornada de huelga general del 29 de marzo.

La base del problema está en el mismo sistema. Hemos engordado a la bestia y todos queremos ir a lomos de ella. Lo ideal sería que petara por dentro y se regenerara por fuera. Que no hubiera que nutrirla tanto (en materia de impuestos) y que aprendiéramos a caminar por nosotros mismos (emprendedurismo).

Hay que meterle un balón gástrico a la administración porque come demasiado para lo poco que produce.

En cuanto a la huelga, es normal que muchos no comulguemos con quien la ha convocado, ni mucho menos con quienes la han provocado. Creo que estamos del lado de los 5.300.000 parados, de los que casi 2.500.000 son de larga duración y estamos con el 50% de los jóvenes que no encuentra empleo.

Creemos en los autónomos (auténticos emprendedores) que subsisten con ahínco, creemos en las micropymes que mantienen el empleo, en el EMPRESARIO, que todos conocemos alguno. No el señor Rosell, ni mucho menos el Díaz Ferrán que se pasea por los tribunales, ni el déspota o negrero, que desgraciadamente también conocemos muchos de estos. No, me refiero al que arriesga, resiste y apuesta y te responde con franqueza: ‘si gano yo, ganamos todos’. Pregúntenles a todos ellos si han ido a la huelga.

Hace unos días un reconocido político (ahora), pese a que dejara España sumida en una profunda crisis, allá por los 90, decía que ya no gobiernan los estados, sino los mercados. Si es así, señor González (¡uy, se me ha escapado!), váyanse, pero todos, no los necesitamos.

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2 pensamientos en “Huelga

  1. Completamente de acuerdo.
    Hay situaciones que van generando un poso amargo de frustración, decepción y falta de empuje e ilusión.
    Ayer eché de menos la solidaridad. Estando las paradas de autobuses llenas de gente, los coches particulares no hacían ningún intento por recogernos. Y no hablo de desconocidos, sino de propios vecinos

    • buf! se están perdiendo demasiadas cosas sita! y salir a la calle desde luego es un acto solidario. Compartir transporte con vecinos tb debería serlo, igual q manifestarte respetando los dchos del resto, sin tener que romper nada, ni provocar desperfectos… bfinde a todos los callejeros! 😉

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