Los caminos invisibles

Paseo por las calles de mi barrio, Ruzafa, que fue el más voluptuoso jardín al sur del río Turia en tiempos de los árabes, paseo por aceras atestadas de terrazas de bar y recuerdo esas mismas calles silenciosas hace quince años, cuando empecé a vivir aquí, todo es cuestión de tiempo. Los cambios se suceden continuamente y en general las personas sabemos aceptarlos, somos capaces de introducir nuevos objetivos en nuestras vidas y tomamos decisiones conscientes que incorporan cambios fundamentales como la materia de unos estudios superiores o la maternidad. No es que no sepamos adaptarnos a los cambios, claro que sabemos, con más o menos dolor dependiendo de nuestros deseos reales, pero sabemos, lo hacemos. Lo peliagudo del cambio al que nos enfrentamos ahora, creo yo, no es su naturaleza transformadora, sino el nivel de incertidumbre.

Por ejemplo, reconstruir nuestro concepto del trabajo y, excepto aquellas personas que pueden vivir sin trabajar y que no esperaría descubrir leyendo este blog, la mayoría de los seres humanos trabajamos. Muy bien, pues veamos que está pasando en el ámbito del trabajo e intentemos organizar lo que tenemos -conocimientos, experiencia, contactos, habilidades…- con un orden diferente. Tampoco estaría mal revisar qué necesitamos del trabajo, si sólo se trata de dinero o si valoramos otros aspectos como la creatividad, el grupo, el beneficio para la sociedad, la solidaridad, el respeto por el medio ambiente o qué sé yo… el horario.

Bien, vamos allá, ale! Emprendemos un nuevo camino en nuestras vidas. No es que no sepamos cómo hacer este cambio, es que nadie sabe decir hacia dónde hay que dirigirse para lograrlo, o mejor dicho, para acertar en la elección del camino y no cambiar a peor. Con lo fácil que sería que alguien abriese una puerta y gritara por un megáfono: a ver, todo el mundo a formar, aquí está el camino correcto, vayan pasando de uno en uno. Pues no es así, es más, cuidadín si esto sucede.

Da pereza, lo sé. Hablo con personas de mi generación, alrededor de 40 años, todas llevamos tiempo trabajando y muchas habíamos construido ilusiones, algunas incluso las hicimos realidad, de modo que la consciencia del cambio implica también la renuncia a lo que fue. Sí, estoy dispuesta a hacer este cambio, pero siento tristeza por extraviar el camino profesional que anduve durante largo tiempo y que en algunas ocasiones me pareció un sendero maravilloso para recorrerlo durante toda una vida. Y también siento vértigo. Algo parecido a lo que experimenta el saltador de trampolín justo cuando pierde el contacto con la tabla de madera, el preciso momento de iniciar un vuelo sin alas a través del viento. Por favor, por favor, repite una voz bajo el gorro de látex, sólo necesito que haya suficiente agua para no partirme la cabeza contra el suelo.

Sí, cambiaremos. Sobreviviremos. Pero tenemos tanto derecho a reclamar unas condiciones de trabajo dignas como a manifestar el desánimo que nos produce la obligatoriedad de ese cambio cuando no es deseado, y por supuesto, tenemos derecho a sentir y expresar la melancolía por lo que perdemos.

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9 pensamientos en “Los caminos invisibles

  1. Querida, qué bien resumes el dolorcito agudo que me acompaña en el último medio año, la ansiedad (todavía tolerable), el vértigo del salto al vacío… Tú eres anguila, a menudo eléctrica, así que todavía esperamos muchos latigazo tuyos (aunque este me haya dejado un poso de tristeza). Seguiré leyéndote y visitaré más campos como los que ilustran este texto. ¡Más verde y menos lexatín!

  2. OE! Gusto de encontrarte! Sácate esa tristeza que te ha dejado el texto y lánzate a la piscina, que tú ya has dado otros saltos de trampolín y has demostrado un estilo bien elegante. Dale unos mordiscos en el muslo a tu retoño de mi parte, y nos vemos por el campo (o sea, en el jardín del Turia mismamente). Amunt!

  3. Me dejas de una pieza, Mar i Vi, pero te propongo q me des la mano, q saltemos juntos, q iniciemos ese mismo camino… ya no se trata de la meta, ni del objetivo, no se trata de llegar a ningún sitio… el cambio ha venido para quedarse y si tenemos que cambiar a diario, por lo menos q nos pille rodeados de los q queremos, para así hacérnoslo más llevadero 😉

  4. Esa es la cuestión, que por muchos caminos que se abran, que no es el caso, normalmente el cambio es para peor. Y eso produce desazón, falta de ilusión, diría incluso que depresión. Vivir para trabajar o trabajar para vivir. Ahora esto es incuestionable, vivimos para trabajar (quiénes todavía pueden) y sobrevivimos con el trabajo.

    • ay ay, Sita….! Pero eso no puede ser! Me niego a vivir para trabajar! Recuerdo el mensaje que lucía sobre la puerta de Auschwitz, “El trabajo os hará libres”. NOOOOOOOOR!!!!!!

  5. Si no fuese porque te conozco… Pensaría que lo he escrito yo está pasada noche en un momento de sonambulismo!
    Gracias por decirlo así de bien jefa

  6. caminos invisibles o saltos al vacío…podía ser el comienzo de un relato surrealista o tal vez una novela de un neoyorkino repleta de historias cruzadas …pero es una realidad tan palpable…
    la realidad es que el trabajo se hizo no para dignificar al hombre y a la mujer sino más bien para comenzar a separar a las personas en diferentes clases sociales, para estratificar los deseos, para poder repartir entre unos pocos el tiempo que tenemos y arrebatarselo a otros…cuando me da por leer el diario a veces creo leer el libro que me regalo mi padre y nunca me he terminado ¨tiempos difíciles¨…hemos vuelto a la época de la industrializacióno o es que nunca hemos salido de ella? tal vez escondido tras nuestra realidad coloreada de postmodernidad no la hemos visto y llegando a tiempos difíciles como los que corren ahora somos más sensibles a una realidad que nos ha acompañado siempre…que cada día intentan quitarnos nuestras ganas de ser sin ser nadie, nuestras ganas de amar sin poyectar solo hacia un rumbo…yo pienso en girar la brújula cuantas veces me plazca, con un rumbo deseoso de cambiar cuando mi mano le toque y si, armarnos de valor para que la rutina no nos enturbie el viaje y dignificar no nuestro deseo de ser alguien sino más bien nuestro deseo de vivir, el deseo de tener un trabajo digno en el que podamos disfrutar…me encantaría seguir pero el sueño me llama tras una jornada de duro trabajo… y te apoyo en el cambio…visionaria..
    P.D:.yo siempre voy a contracorriente tota la vida sin querer una seguridad laboral y cuando por fin me decido va y llega la crisis ,jajajjajajaja
    un besito de bona nit guapa y que la fuerza nos acompañe siempre.

  7. Mon dieu, muchas gracias por tu comentario, tan sensible y tan certero, escrito de madrugada tras la jornada laboral y por ello más cercano a la entraña y al deseo. Pues sí, Carola, que la fuerza nos acompañe siempre. Y que siempre quede eso que tú has explicado tan bien: nuestro deseo de vivir.

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