Querido fantasma virtual

Se insiste mucho en que la riqueza de las redes sociales se basa en compartir. Facebook, LinkedIn o Twitter, por ejemplo no tendrían razón de ser si sus usuarios no compartiéramos contenido, estados, música, pensamientos, conocimiento, opiniones… ¿Se imaginan? Una red con un montón de usuarios que no dicen nada…

Cada uno de los usuarios activos de una red social la enriquecemos, nos enriquecemos, con nuestras aportaciones y las de las personas de nuestro entorno. Gracias a nuestros contactos descubrimos cosas nuevas todos los días, aprendemos cosas que siguen estimulando nuestras ganas de saber más. Independientemente de la motivación de cada cual para compartir (afán de notoriedad, promoción social o profesional, superegos, etc.), sin esas aportaciones las redes sociales son un erial, una caja vacía, que pierde todo su atractivo.

Un atractivo curioso, creado por unos pocos, si tenemos en cuenta la regla del 1-9-90 que, tradicionalmente, define el comportamiento de los usuarios de internet. Esta regla dice que solo el 1% de la población de las redes sociales genera los contenidos, el 9% los comenta o los utiliza y el 90% sólo mira. Son los nuevos voyeurs.

Estos que componen el 90% son quienes más me intrigan: los que leen, ven y escuchan todo y nunca participan. Supongo que hay muchas razones por las que una persona decide ser usuaria de una red social y mantenerse aparentemente inactiva pero me cuesta entenderlas. Y digo “aparentemente” a propósito, ya que no cuento entre estos usuarios a aquellos que un día crearon un perfil, echaron un vistazo, decidieron que no les interesaba y nunca más han vuelto a aparecer, no. Me refiero a esos que sabes que están porque te envían comentarios por mensajería privada, activan un tímido “Me gusta” o un retuit de vez en cuando y comentan profusamente las publicaciones en el cara a cara, nunca en la red. No lo entiendo.

Me han dado muchas razones para justificar este comportamiento, todas igual de válidas:

  • exceso de pudor;
  • exceso de timidez;
  • exceso de prudencia;
  • exceso de pereza;
  • exceso de desconfianza en la utilidad de la red;
  • falta de confianza en las opiniones propias;
  • falta de tiempo.

En definitiva, excesos. Casi me atrevería a decir que la invisibilidad en las redes sociales está causada por excesos. Paradójico ¿no?

Y a mí me da una poca de pena porque ese silencio, esa invisibilidad, nos priva de muchas opiniones, conocimiento, música, reflexiones… en definitiva, contenidos, que seguirían enriqueciéndonos a todos pero que nunca conoceremos.

Me gustaría contar con la opinión de algunos de estos fantasmas virtuales para poder entenderles mejor pero me temo que, lamentablemente su exceso de se lo impedirá.

Aún así, voy a lanzar la pregunta, por si alguno se atrave a salir de su cascarón y le da por manifestarse: querido fantasma ¿a qué responde tu silencio?