Que hable la gente

Confío en las palabras de los filósofos que afirman que el lenguaje siempre es el primer paso para una revolución, así que me pone feliz y me da esperanza escuchar palabras de protesta, insultos inteligentes y voces indignadas ante el delirio de noticias sobre casos de corrupción y delitos contra lo público que conocemos cada día.

Había llegado a pensar que vivía en una sociedad que premia la corrupción y esto llegó a darme mucho miedo, esta pérdida de la idea de autoridad que emana por derecho de cada persona ciudadana, el total abandono de nuestro papel político, la absoluta y generalizada desidia hacia los asuntos públicos, olvidar la vigilancia. Sin embargo escucho de nuevo ideas y posiciones muy despiertas en boca de amigos y desconocidos, y me digo, una vez más, que esas palabras me salvan.

Me gusta leer esas voces indignadas, (la voz del amigo Perefe hace unos días en esta página es una de ellas) y me excitan especialmente cuando las escucho en la calle porque es mi elemento natural, quizá en una manifestación pero también cada vez más a la puerta del mercado y en cualquier esquina. “La gente habla”, me decían de pequeña para avisarme del tremendo poder que se esconde en la comunicación callejera.

Duermo muchísimo mejor tras haber escuchado a la señora que se apoya en su carrito de la compra con las acelgas asomando y le explica a una vecina lo que ha hecho Undargarín y ambas se indignan juntas después de 40 años leyendo el Hola! y pactan con firmeza la determinación de recordar, compartir y manifestar esa indignación. Me fascina el grupo de personas que espera el autobús desde hace más de veinte minutos, apiñadas bajo la marquesina una mañana de lluvia, entonando con el clamor de un coro espontáneo la enumeración exhaustiva de los servicios públicos municipales que cada vez funcionan peor y son más caros. O esas otras que se citan en una terraza de bar para tomar una cerveza y acaban por organizar un grupo de consumo responsable o una estrategia de protesta contra las reformas laborales. Me estimulan tremendamente todas esas pequeñas acciones de barrio, cotidianas y apenas visibles que nunca jamás aparecerán en los medios de comunicación porque son diminutas, pero que esconden cargas de profundidad capaces de despedazar grandes muros cuando trabajan al mismo tiempo y en la misma dirección.

 Sí, creo que lo hacemos muy bien cuando hablamos alto y claro. Así que démonos esta enhorabuena… y sigamos hablando.

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12 pensamientos en “Que hable la gente

  1. Gracias por tus comentarios, compi! a mi me pone tu estilo 😉 y claro q si, hablemos! La palabra, hablar, comunicarnos es la manera más transparente de ponernos a todos en nuestro sitio y hay tantos personajillos, tantos impresentables, tantos parásitos, tantos sátrapas que están ocupando un espacio, en ocasiones, desmesurado; en otras, inmerecido y en otras tantas, innecesario… que no podemos quedar impasibles y sin voz ante ellos. Si perdieron la vergüenza por el camino, debemos hacérselo ver.

  2. Eso es Perefe, “no podemos quedarnos impasibles y sin voz”, ahí veo yo el meollo del asunto. Ya lo dice nuestro lema: pensamos, hablamos, actuamos. Pues eso, en marcha!!!

  3. La palabra es la esencia de la democracia. A través de ella, nos comunicamos con los demás e interpretamos sus respuestas. Bien es verdad, que el lenguaje está lleno de palabras “huecas”, verdaderas tonterías, que transmiten las personas sin criterio, generando bulos y rumores, que acaban convirtiéndose en falsedades. Este es un aspecto negativo, aunque lo verdaderamente importante sea la cara positiva de la palabra, es decir transmitir pensamientos.
    Y eso, eso mismo, no nos lo puede impedir nadie.

  4. Eso creo yo tb, Sita. La palabra es tan poderosa que tenemos q hacer un esfuerzo por no caer en el error de usarla con fines ponzoñosos. Es lamentable utilizarlas, la spalabras, para un uso distinto por el que han sido creadas.

  5. Pero conste que la palabras no tienen la culpa del mal uso que se les da, las pobres palabras, que siempre han estado a nuestro servicio y disposición, pero que han sido maltratadas en bocas farsantes y mentirosas… Menos mal que aún quedan realidades poéticas sinceras y auténticas, como cuando dos adolescentes se dicen “te quiero” sin saber muy bien qué es eso, pero al decirlo les tiembla el corazón.
    Mamma mia…. me estoy poniendo almíbar…!!! Es que vengo de jugar con mis sobrinos, y me enternecen….

  6. Pues llevas razón, sí señor ¡qué culpa tienen las palabras del mal uso que se haga de ellas!
    Sólo son palabras, cosa distinta es como se utilicen, eso depende de las personas. Pero poder tienen ¿no?
    Pues eso ¡viva la palabra!

  7. Pues sí, que corra el tequila sobre todo HOY, día negro como pocos. Eso sí; antes de emborracharme, me voy a la mani de las 18’30, a gritar PALABRAS en favor de los servicios públicos y en contra de los corruptos mangantes que, encima, se salen de rositas. A LA CALLE!!!!

    • Yo también voy. Salgo ya mismo. Iré con la pancarta del STEPV, Intersindical Valenciana. A ver si nos vemos. Si no, creo que mañana hay algo organizado…
      Que hable, y que grite, la gente.

    • será tb por ese ‘ruido’ q genera la saturación y q hemos comentado en clase? será q vivimos excesivamente acelerados y la exigencia de la inmediatez prima sobre la necesidad de detenerse, escuchar y disfrutar el momento?

      escuché el otro día esa noticia del violinista y no me sorprendió, pero si que me decepcionó. 😦

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