Mermelada de naranja amarga

Las instituciones académicas de la lengua no reconocen la palabra “habitaje” y por eso parece que no exista, pero para mí es la palabra que mejor define el habitar (vivir, morar) porque incluye el sufijo –aje. Esta maravilla de sufijo tiene tres posibles usos y todos ellos son estimulantes para la imaginación; son capaces de formar sustantivos “que expresan acción” pero también pueden designar “derechos que se pagan” y a veces indican conjunto, como en la palabra “ramaje”, otra que también me podría servir para construir el lugar que habito como un lugar donde suceden hechos y conflictos, donde convive la contradicción entre el derecho a tener una vivienda digna y el precio que hay que pagar por ello, un lugar habitado por muchos lugares ya que cuando hablo de casa hablo también de ciudad, del árbol completo. Las palabras son importantes. Por eso es una lástima no poder escribir “habitaje” y que cualquiera pudiera entenderlo a la primera, pero tampoco voy a dejar de escribir por eso, al fin y al cabo ya nos vamos entendiendo.

Vayamos al árbol. La ciudad entera, la casa. Hablemos de habitaje. Hace unos días un amigo consiguió con un par de herramientas, conocimiento empírico y paciencia lo que tantos filósofos, urbanistas y sociólogos han intentado explicar en tantas páginas. El amigo cosechó naranjas de los árboles del barrio de Ruzafa y fabricó una mermelada de naranja amarga como nunca en mi vida había probado. ¿Os imagináis a un tipo cogiendo naranjas de los árboles de las calles, metiéndolas en un cesto y yéndose para casa con el cesto bajo el brazo por el paso de cebra…?

Seguid imaginando y lo veréis en la cocina de su casa compartida enfrascado con la fruta y el azúcar para conseguir cerca de dos kilos de rica mermelada que todavía comparte con quien pase por allí. He leído palabras de sabios estudiosos del arte explicando que esto es la teatralidad. Y como hace un año que casi no piso los teatros, quiero agradecer profundamente a este amigo que me haya permitido comerme mi ciudad, mi casa, mi habitaje y entender mi digestión como una feliz transformación violenta entre tanto cotidiano muerto.

Perdonad si no escribo el nombre de mi amigo pero temo que las autoridades pudieran ejercer acciones contra él por haber cosechado fruta urbana sin el permiso correspondiente. También me parece interesante explicar que mi amigo cogió las naranjas al amparo la noche y que aprovechó las ramas bajas antes de la poda de invierno. Si a alguien le interesa la receta, que me escriba y veré lo que puedo hacer.

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4 pensamientos en “Mermelada de naranja amarga

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