¡¡¡PELIGRO!!!

¡Atención! DOS DELINCUENTES PELIGROSOS andan sueltos por la ciudad. Pónganse a salvo, extremen las precauciones con los niños y los ancianos y salgan a la calle sólo si van acompañados, preferiblemente en formación manifestante.

Los dos delincuentes son fácilmente reconocibles, porque sus caretos han poblado los medios de comunicación durante años, de modo que si los descubre en un espacio público debe actuar de la siguiente manera:

1. No corra, no demuestre pánico, no pierda los nervios, intente mantener la calma.

2. Procure no arrojar objetos contundentes sobre los dos delincuentes, por si la policía estuviera cerca vigilando.

3. No avise a las fuerzas del orden ni busque apoyo legal: estos delincuentes están protegidos por el sistema, así que no servirá de nada.

4. Hágales una foto, maquille la imagen en cualquier programa editor y súbala a las redes sociales, lo más pronto posible. Es muy importante que sean identificados. También puede señalarlos con el dedo en su misma cara. Pero si esto le resulta violento, limítese a la foto.

5. Avise inmediatamente a los administradores de este blog enviando un comentario.

Seguiremos informando………………

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Que hable la gente

Confío en las palabras de los filósofos que afirman que el lenguaje siempre es el primer paso para una revolución, así que me pone feliz y me da esperanza escuchar palabras de protesta, insultos inteligentes y voces indignadas ante el delirio de noticias sobre casos de corrupción y delitos contra lo público que conocemos cada día.

Había llegado a pensar que vivía en una sociedad que premia la corrupción y esto llegó a darme mucho miedo, esta pérdida de la idea de autoridad que emana por derecho de cada persona ciudadana, el total abandono de nuestro papel político, la absoluta y generalizada desidia hacia los asuntos públicos, olvidar la vigilancia. Sin embargo escucho de nuevo ideas y posiciones muy despiertas en boca de amigos y desconocidos, y me digo, una vez más, que esas palabras me salvan.

Me gusta leer esas voces indignadas, (la voz del amigo Perefe hace unos días en esta página es una de ellas) y me excitan especialmente cuando las escucho en la calle porque es mi elemento natural, quizá en una manifestación pero también cada vez más a la puerta del mercado y en cualquier esquina. “La gente habla”, me decían de pequeña para avisarme del tremendo poder que se esconde en la comunicación callejera.

Duermo muchísimo mejor tras haber escuchado a la señora que se apoya en su carrito de la compra con las acelgas asomando y le explica a una vecina lo que ha hecho Undargarín y ambas se indignan juntas después de 40 años leyendo el Hola! y pactan con firmeza la determinación de recordar, compartir y manifestar esa indignación. Me fascina el grupo de personas que espera el autobús desde hace más de veinte minutos, apiñadas bajo la marquesina una mañana de lluvia, entonando con el clamor de un coro espontáneo la enumeración exhaustiva de los servicios públicos municipales que cada vez funcionan peor y son más caros. O esas otras que se citan en una terraza de bar para tomar una cerveza y acaban por organizar un grupo de consumo responsable o una estrategia de protesta contra las reformas laborales. Me estimulan tremendamente todas esas pequeñas acciones de barrio, cotidianas y apenas visibles que nunca jamás aparecerán en los medios de comunicación porque son diminutas, pero que esconden cargas de profundidad capaces de despedazar grandes muros cuando trabajan al mismo tiempo y en la misma dirección.

 Sí, creo que lo hacemos muy bien cuando hablamos alto y claro. Así que démonos esta enhorabuena… y sigamos hablando.

Se van

En los últimos meses una buena parte de personas cercanas y queridas por mí se ha ido de esta ciudad. Se han marchado a otras ciudades de Europa o Latinoamérica, unas veces por la oportunidad y otras por la esperanza de encontrarla, pero en todos los casos empujadas por la certeza de que aquí no van a estar mejor y en algunas ocasiones por la desesperación de constatar que con toda probabilidad estarán peor.

Hablo de “mejor” y “peor” y me refiero siempre al contexto laboral. El trabajo es uno de los conceptos que más radicalmente está cambiando. Entre otros muchos, la milonga de la crisis está horadando los caminos de la imaginación y observo cómo personas que durante años han trabajado como profesionales independientes ahora no encuentran plataformas ni sectores en los que desarrollar sus conocimientos. Tampoco discursos. A mí me parece una situación escalofriante. Me consuelo pensando que al menos pone de manifiesto una de las debilidades del neoliberalismo: que no protege ni respeta los conocimientos independientes de las personas porque sólo las considera consumidoras. ¿Seremos capaces de aprovechar esta debilidad…?

Siempre me he inventado mi trabajo. En las dos décadas pasadas esto significaba aplicar mis conocimientos sobre las grietas del sistema que pedían una reparación. Ahora el sistema ya no existe para mí, dudo que exista realmente para ninguna persona trabajadora porque vamos hacia la sumisión absoluta y eso no es ningun sistema de trabajo. Y me pregunto qué voy a hacer con mis conocimientos, qué vamos a hacer todas las personas.

Quienes se han ido también eran para mí una fuente importante de conocimientos. Compartían con personas de su alrededor sus proyectos, ideas, confusiones y hallazgos y estimulaban en todos nosotros los puntos de vista divergentes. Claro que yo puedo seguir en contacto con esas personas que se van, puedo conectarme por diversos canales y mantener activas las conversaciones, pero los procesos de crecimiento de sus conocimientos ya no sucederán aquí.

Parece que la movilidad es una de las claves para sobrevivir en los nuevos horizontes del trabajo. Eso parece. A mí me impresiona porque llevo un año sabático en el cuerpo y no me he movido de esta ciudad en todo ese tiempo, me dedico a observar cómo se van los demás y la pérdida que eso supone de “lo cutáneo”, como dice mi amigo Isaac. Pero hay tanta movilidad en mi paisaje interior tratando de inventar mi trabajo de nuevo que no puedo ni pensar en hacer la maleta, al menos no todavía. Cada cual tiene su tiempo.

…hasta ‘la naba’

En estos días en los que, si ya andábamos justitos, nos piden que nos apretemos un poquito más, parafraseando a un buen amigo, les diría que: ‘estoy hasta la naba’. Por aquello de que no suene tan tosco a sus señorías y por no ofender a vuestras mercedes, para no alterar sus delicados pabellones auditivos con semejantes ‘palabros’ malsonantes…

Válgame Dios, si mi pecado es importunarles mientras degustan cubiertos de 80 €/pax, ni quisiera yo, un humilde servidor, desear para vuecencias que les entre una mala arcada por gula manifiesta, mientras atraviesan, tras haber alargado la sobremesa, la calle Colón, el Paseo de la Castellana o les mêmes Champs Elysées, a lomos traseros de su A8 blindado y asientos de cuero.

Por Dios, discúlpenme sus ilustrísimas que pese a dejar el Estado esquilmado, la autonomía en barbecho, el ayuntamiento yermo… todo, como si de un solar se tratase, aún podamos albergar alguna duda, nosotros, plebeyos ignorantes, porque les endosen al cuello ya sea la Cruz de Isabel I de Castilla o el mismísimo cuerno del Cipote de Archidona, por los servicios prestados a la nación, para mayor honra de amigos, allegados, parásitos y orgullosos familiares.

Quía, ni que decir tiene el permitirse acabar el año en islas paradisíacas a razón de 2.400 €/noche, o que compren sustancias alucinógenas con la visa de su dirección general, perteneciente a su gobierno autónomo, ni que se les antoje plantar aeropuertos por doquier o estaciones de AVE, como si fueran apeaderos del BUS o igual es que, por aquello de la vertebración, se les ha quebrado la escasa buena parte que pudieran tener de cerebro y que ese fasto en infraestructuras innecesarias sirva, como el aeropuerto de Badajoz, para que al menos una piara de gorrinos campe a sus anchas para beneficio de nuestros paladares… por no recordar los de Huesca, Lleida, Reus, Ciudad Real, Castellón… por no hablar de los Nóos, Gürtel, Fabra, Emarsa, Campeón, Eres andaluces, los cortijos de Bono o Chaves, Faisanes o Palmas Arenas… ni tantas, tantas, tantas otras barbaridades que se nos antojaban ya en su momento innecesarias, injustas, desmedidas y que ahora seguimos viendo carentes de cualquier razonamiento lógico.

Pero que se crean con motivos para discutir sobre la miseria de salario mínimo que nos corresponde sin tener la dignidad de revisar el suyo, que si que se aleja tres o cuatro pueblos de toda economía de mercado, por Dios, me subleva.

No queremos una administración que nos salve, que quede claro. Lo que no debemos permitirnos es una administración que nos hunda.

Por todo ello, solo les deseo que la cólera de Odín caiga sobre todos uds, indignos, puesto que ya somos muchos los indignados; deseo que se desate la ira de los Titanes y deje como tierra quemada su insultante patrimonio. Que la maldición recaiga sobre todos los de su estirpe y se extienda a las generaciones venideras. Que el destierro los lleve en cueros hasta la isla de Perejil y que la soberanía vuelva, como una ramera de cara lavada, al pueblo. Puesto que estas al menos, lejos de ocultar su condición, se muestran al mundo sinceras.

Ah, y se me olvidaba, váyanse un ratín a la MIERDA y ya si eso, otro día se lo dedicamos a las mentes preclaras que manejan las finanzas, aunque de entrada ya les adelanto qué mal rayo les parta. A ellos, a sus cuentas en paraísos fiscales, sus repartos de beneficios, sus prebendas que para nosotros se tornan en comisiones, a sus rescates estatales y sus pensiones vitalicias.

No nos corten el buen rollo, mon dieu!

Comuniquen buen rollo, por favor

Nos invade el pesimismo. ¿Se han dado cuenta? Seguro que sí.

Es difícil encontrar buenas noticias. Corrupción, crisis, depresiones, paro, recortes, EREs, despidos, desconfianza,… podría enlazar cada una de estas palabras con cientos de páginas pero no lo haré, seguro que tienen muchísimas en mente. Porque ese es uno de los daños colaterales que tiene la Red: las malas noticias corren como la pólvora y se vuelven omnipresentes. En Twitter, en Facebook, en la bandeja de entrada de nuestro correo… ¡Están por todas partes! Y nos contagian el mal rollo.

No trivializo la situación, es difícil para muchos y lo peor es que no da la impresión de que vaya a mejorar. ¿Vamos a estar todo el tiempo que dure así de tristes y malhumorados? A ver si vamos a quedarnos así para siempre…

Quizás podamos hacer algo para contrarrestar la sensación general de tristeza y malhumor poniendo un poco de nuestra parte. Que no es que yo sea la alegría de la huerta, qué va. Soy pesimista por naturaleza y, precisamente por eso, me afecta especialmente el tono cenizo que me envuelve cada vez que me asomo a la Red. Es precisamente eso: se me pega el pesimismo y el mal rollo que me comunican los demás, así que supongo que algo de lo que yo comunico se le debe pegar a alguien, sobre todo si sigue la tendencia negativa imperante. Reciprocidad, lo llaman. Qué mal ¿no?

Por eso he decidio evitar hacerme eco de tantas y tantas malas noticias. No he dicho que vaya a conseguirlo, sólo que voy a intentarlo. Voy a intentar transmitir buen rollo. Sé que no voy a cambiar el mundo pero quizás sí contribuya a dar la vuelta a la tortilla al pequeño mundo que me rodea, a arrancar una sonrisa, por breve que sea, a hacer que alguien tararee una canción o que suelte una carcajada impúdica.

Es un compromiso difícil de mantener. Y hacerlo públicamente tiene sus riesgos: si fracaso, también será público. Y es probable que fracase, soy de contagio fácil. Pero, ya saben, fortuna audaces iuvat. Atrévanse a nadar contra corriente: comuniquen buen rollo. Porque sí.

Vuela conmigo. Si puedes.

Según la definición de publicidad de la RAE:

publicidad
1. f. Cualidad o estado de público.
2. f. Conjunto de medios que se emplean para divulgar o extender la noticia de las cosas o de los hechos.
3. f. Divulgación de noticias o anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores, usuarios, etc.

Quedémonos en esta última definición para reflexionar sobre la siguiente noticia:

El aeropuerto sin aviones de Castellón ha gastado 30 millones en publicidad

¿Para qué? ¿Para qué se ha gastado la empresa concesionaria del Aeropuerto de Castellón 30 millones de euros en publicidad si no tiene actividad y no sabe cuándo va a tenerla?

Me imagino a las mentes pensantes del aeropuerto definiendo una estrategia publicitaria, seleccionando los medios más adecuados para conseguir que posibles viajeros a Castellón lo elijan entre otros medios de transporte. Me imagino a los responsables de marketing ideando eslóganes para crear una imagen atractiva del aeropuerto para que los turistas viajen a la provincia. Lo harán en tren, o en autobús, porque en avión no pueden ir, pero el eslógan del aeropuerto debe quedar bien bonito.

Me gustaría imaginarme a esas personas deprimidas, ojerosas, hundidas profesionalmente, conscientes de que su esfuerzo no va a servir para nada, que, por muy buenas que sean sus campañas, son inútiles, porque nadie puede utilizar el aeropuerto de Castellón PORQUE NO LLEGAN NI SALEN AVIONES.

Me gustaría maginármelos así pero dudo mucho que esa idea de personas tristes y frustradas profesionalmente se ajuste a la realidad. Más al contrario, deben estar frotándose las manos, que en esta época de crisis una cuenta como esa, que se gasta 30 millones de euros en publicidad, no es moco de pavo. Y sin importarles lo más mínimo, supongo, la espantosa imagen con la que nace el aeropuerto de Castellón, porque eso supondrá una nueva campaña de lavado de imagen que tendrán que poner en marcha si alguna opera como tal, ergo, nuevos ingresos.

Y esto no puede ser, estamos en época de recortes y ajustes ¿no?

A veces esto de la publicidad me gusta más bien poco.

Mermelada de naranja amarga

Las instituciones académicas de la lengua no reconocen la palabra “habitaje” y por eso parece que no exista, pero para mí es la palabra que mejor define el habitar (vivir, morar) porque incluye el sufijo –aje. Esta maravilla de sufijo tiene tres posibles usos y todos ellos son estimulantes para la imaginación; son capaces de formar sustantivos “que expresan acción” pero también pueden designar “derechos que se pagan” y a veces indican conjunto, como en la palabra “ramaje”, otra que también me podría servir para construir el lugar que habito como un lugar donde suceden hechos y conflictos, donde convive la contradicción entre el derecho a tener una vivienda digna y el precio que hay que pagar por ello, un lugar habitado por muchos lugares ya que cuando hablo de casa hablo también de ciudad, del árbol completo. Las palabras son importantes. Por eso es una lástima no poder escribir “habitaje” y que cualquiera pudiera entenderlo a la primera, pero tampoco voy a dejar de escribir por eso, al fin y al cabo ya nos vamos entendiendo.

Vayamos al árbol. La ciudad entera, la casa. Hablemos de habitaje. Hace unos días un amigo consiguió con un par de herramientas, conocimiento empírico y paciencia lo que tantos filósofos, urbanistas y sociólogos han intentado explicar en tantas páginas. El amigo cosechó naranjas de los árboles del barrio de Ruzafa y fabricó una mermelada de naranja amarga como nunca en mi vida había probado. ¿Os imagináis a un tipo cogiendo naranjas de los árboles de las calles, metiéndolas en un cesto y yéndose para casa con el cesto bajo el brazo por el paso de cebra…?

Seguid imaginando y lo veréis en la cocina de su casa compartida enfrascado con la fruta y el azúcar para conseguir cerca de dos kilos de rica mermelada que todavía comparte con quien pase por allí. He leído palabras de sabios estudiosos del arte explicando que esto es la teatralidad. Y como hace un año que casi no piso los teatros, quiero agradecer profundamente a este amigo que me haya permitido comerme mi ciudad, mi casa, mi habitaje y entender mi digestión como una feliz transformación violenta entre tanto cotidiano muerto.

Perdonad si no escribo el nombre de mi amigo pero temo que las autoridades pudieran ejercer acciones contra él por haber cosechado fruta urbana sin el permiso correspondiente. También me parece interesante explicar que mi amigo cogió las naranjas al amparo la noche y que aprovechó las ramas bajas antes de la poda de invierno. Si a alguien le interesa la receta, que me escriba y veré lo que puedo hacer.