Conversaciones entre ventanas

Las ventanas de mi cocina se abocan a un patio interior de manzana en el que convergen otras decenas de ventanas, habitantes todas de una misma ciudad interior. Son distintas a las ventanas externas, las que dan a la calle y se presuponen por ello expuestas: las ordenanzas municipales sobre higiene y estética urbana -esas que definen cómo se ve lo que se ve de una ciudad y que afectan a la totalidad de las fachadas de mi barrio “protegido”-, no se fijan en las ventanas de los patios interiores, claramente porque no se ven desde la calle y no corren el peligro de formar parte del álbum de fotos de un turista, algo que los políticos de esta ciudad cuantifican como la más perfecta representación de la materia urbana, como si eso fuera algo representable, cuando en realidad ni siquiera es aprehensible.

En el patio interior de manzana al que se abocan las ventanas de mi cocina hay tantos tipos de ventanas y tantas historias tras ellas como personas habitan esas casas. Cada cual diseña y modifica sus ventanas de acuerdo con sus necesidades, exacta y exclusivamente atendiendo al uso y al gusto de la habitación que iluminan, protegen y ponen en comunicación. De este modo no hay dos iguales. Son dominios de la voluntad hogareña con capacidad para construir relatos. Por sus materiales, formas, colores y tamaños hablan de la situación económica de los habitantes de esas casas, de su creatividad, su interés por la estética, su forma de convivir, su estructura familiar, su relación con la luz, el sol y la lluvia; hablan de sus hábitos de limpieza, de sus horarios, del tiempo que pasan en la cocina y de todo lo que sucede en esas cocinas que no es estrictamente cocinar. Incluso oscuras como escondites siguen hablando.

De modo que no tengo cortinas ni persianas, ningún objeto impide que mis ventanas se comuniquen con las otras y mi casa se llena a diario con las conversaciones de esta ciudad interna, astutamente oculta a las cámaras de los turistas y los inspectores, a la higiene de las ordenanzas y a la planificación de los arquitectos; una ciudad a salvo de esa otra, falsa y pretendida, que florece exuberante a nuestro alrededor.

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10 pensamientos en “Conversaciones entre ventanas

  1. Las ventanas abiertas invitan a mirar. Irremediablemente, ante una ventana abierta nos convertimos en voyeurs, como en La Ventana Indiscreta. Y nos lleva a imaginar las vidas de las personas que viven al otro lado.

    La de cosas que pueden saberse de alguien mirando por su ventana…

  2. y la de cosas que nos imaginamos a partir de cuatro datos: un gesto, una palabra más alta que otra, un susurro, una caricia… somos así de creativos, imaginativos e indiscretos. ¡Cuanta vida alberga un patio interior!

      • sí, sí, yo estoy aquí por él (qué os promociona maravillosamente) y me alegro de haber venido y mirar por vuestra ventana. Hay que asomarse por muchas ventanas –hacía adentro y hacía afuera– para conocer el mundo. Saludos.

  3. La façana interior: sempre de menys qualitat constructiva, però efectivament, de major qualitat veïnal. És molt més fàcil apropiar-se d’allò no protegit, no museitzat. La cara B, la sorpresa d’un disc, es la més misteriosa com la cara que no es veu de la lluna, que de ben segur és la que té vida.

    • Completament d’acord amb tú; cal mirar les cares B, cal atendre eixa part del món què no es mostra fàcilment als ulls, o ben al contrari, què s’amaga als ulls. Jo ho compare també amb la superfície i l’interior. En fi, què s’entenem! Salut!

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